Ciprínidos
Cómo adaptarse
Última actualización 16/06/2011@13:15:25 GMT+1
Practicar la pesca de la carpa en esta estación del año no es tarea fácil. Encontrar el escenario ideal, localizar a los peces, acertar con el cebado de las aguas, con los aparejos de pesca que debemos utilizar y, sobre todo, extremar las precauciones, son los puntos a tener en cuenta.
Texto y fotos: Fran granados
Team SuperCarp.com
Para practicar la pesca en verano debemos ser muy precavidos, sobre todo durante las sesiones largas. Las altas temperaturas hacen muy complicada la permanencia en la orilla, por lo que hay que buscar un escenario que nos facilite la estancia. Por ello es necesario decantarse por pesquiles situados en ríos, lagunas y embalses con abundante arboleda a pie de agua o, como último recurso, procurar la sombra con la ayuda de un gran toldo; y aún así, tomar todas las precauciones posibles.
LOCALIZAR A LOS PECES. El primer paso, como siempre, consiste en localizar a los peces. Es una labor ardua, sobre todo en la franja central del día. Sin duda alguna, las mejores horas para observar cualquier señal que revele la presencia de las carpas son las comprendidas entre la puesta y la salida del sol. En verano, la estabilidad meteorológica y las elevadas temperaturas hacen que las carpas permanezcan poco activas durante el día y dediquen un tiempo mínimo a alimentarse. Al finalizar la primavera, la capa superficial de las masas de agua parada es rica en oxígeno, pero la alta temperatura la hace no apta para que las carpas se establezcan en ella. Además, a estos ciprínidos les molesta la luz intensa, ya que sus ojos no están preparados para las situaciones de luminosidad extrema. Se podría decir que se trata de un estrato casi intransitable para los peces.
En las horas de sol, es interesante buscar algún signo de actividad en zonas con profundidades medias y altas, en torno a los 5-10 metros. A esa altura suele estar la termoclina, que verdaderamente es la capa más atractiva para la mayoría de los peces y para muchos seres vivos que están dentro de la cadena alimenticia de la carpa; ya que esta capa intermedia se encuentra a la temperatura óptima para que los peces se muevan con más soltura. Paralelamente, las carpas buscan también zonas resguardadas de los potentes rayos del sol, sean sombras de árboles, presas, grandes cortados…
Hay que añadir que, conforme transcurre el verano, la franja intermedia o termoclina se va quedando sin oxígeno, lo que ralentiza aún más el metabolismo de los peces y, en muchos casos, les obliga a buscar áreas que ofrezcan protección y, simultáneamente, sean ricas en oxígeno. Teniendo en cuenta la escasez de oxígeno, otras áreas interesantes son las posibles entradas de agua. Si las hubiera, no dudaremos en centrar nuestra pesca en estas zonas; son atractivas para la carpa en cualquier etapa del año debido a la entrada de alimentos arrastrados por la corriente, pero en estas fechas, además, proporcionan un extra muy preciado: oxígeno.
Otros sectores muy visitados por los peces son las zonas de algas. Al igual que la vegetación terrestre, durante el día estas consumen dióxido de carbono y expulsan oxígeno, que se diluye en el agua. En torno a estos bosques subacuáticos existe un ecosistema muy definido que constituye otra fuente de alimento natural y, por si fuera poco, ofrece una protección sin igual que la carpa valora enormemente.
Los días en los meses cálidos se caracterizan por ser muy similares en cuanto a la posición anticiclónica, humedad relativa, presión atmosférica, temperatura… lo que hace que un cambio meteorológico importante que varíe alguno de los parámetros provoque que la carpa se active y se movilice hasta algunos puntos concretos. Por ejemplo, un fuerte viento moverá el agua formando olas que romperán en alguna orilla y, como consecuencia, el agua de dicho margen se oxigenará rápidamente. Además, si el viento proviene del norte o del noreste, refrescará la capa superficial del lago, originando la aparición de un área altamente atrayente para la carpa. Si de antemano, al llegar al embalse, nos encontramos con fuerte viento, buscaremos siempre un pesquil en el que dicho viento nos pegue de cara. Otro cambio atmosférico interesante es el de las tormentas veraniegas, que pasan tan rápido como llegan, pero que descargan una importante cantidad de agua, la cual oxigena y refresca la superficie del lago, activando a los peces mucho antes de su llegada.
Por otro lado, cuando avanza el atardecer y se va metiendo la noche, la temperatura ambiental baja considerablemente, al igual que la luminosidad. Los peces abandonan la comodidad de las profundidades, suben a las capas superiores y se acercan a las orillas en busca de otros alimentos que complementen su dieta, como insectos caídos al agua, camarones, cangrejos, larvas, pequeños peces… que proporcionan un importante aporte de proteínas. Durante las horas comprendidas entre el anochecer y el amanecer situaremos nuestros cebos cerca de la orilla. Os sorprenderéis de los resultados.
En ríos, lagunas y pequeños embalses, en los que el agua no permanece parada, sino que existe una corriente continua, la pesca es totalmente diferente. Para empezar, se elimina el problema de la escasez de oxígeno, aunque prevalecen la elevada temperatura del agua y la alta luminosidad. El flujo de agua mezcla las capas eliminando las diferencias en todas las profundidades. En estos escenarios, el nivel de agua es bastante estable durante todo el año y suele existir una espesa arboleda dibujando el contorno de las orillas. Buscaremos a las carpas bajo las sombras de los árboles, bien sea en la orilla de enfrente si estuviera al alcance o en la nuestra propia, en cuyo caso, es recomendable no pescar bajo las cañas, sino realizar lances casi paralelos a nuestra margen para alejar el cebo de nuestra posición y evitar que la carpa se percate de la presencia humana.
CEBADO DE LAS AGUAS. Una vez localizadas las carpas y decidido dónde vamos a situar nuestros cebos de anzuelo, pasaremos al cebado de las aguas. El cebado dependerá de varios factores: cantidad y tamaño medio de los peces, existencia de minitalla, cangrejos y tortugas, y duración de la sesión de pesca. Si el escenario tiene una cantidad elevada de peces pasto o minitalla evitaremos el engodo y los cebos libres de tamaño reducido como micropellets, miniboilies, maíz, cañamón y pequeñas semillas en general, porque son muy atrayentes y los peces pequeños están muy activos con el agua caliente; entrarán y arrasarán el cebadero en muy poco tiempo.
Para intentar seleccionar las carpas más grandes usaremos boilies de gran tamaño, de 30-40 mm. En el anzuelo colocaremos una e incluso dos bolas de hasta 50 mm si fuera necesario. En esta situación y para jornadas cortas, de menos de 24 horas, echaremos al agua entre ? y ? kilo de boilies, dependiendo de la población de carpas; y siempre estaremos a tiempo de lanzar más en caso necesario. En sesiones largas incrementaremos la cantidad del cebado inicial para no hacer ruido durante el resto de la jornada aunque, del mismo modo, podemos poner más si fuese necesario. Concentraremos el cebadero, colocando los cebos libres en aproximadamente 20 m?. En caso de tener tortugas y/o cangrejos, dejaremos endurecer los boilies hasta que queden como piedras. También podemos usar chufas como cebos libres y de anzuelo; las podemos encontrar de tamaño micro, normal y monster. Este tubérculo no les es apetecible a estos “bichos”, sin embargo, a las carpas les encantan. Es importante cocer las chufas y dejarlas en su punto, no menos de 30 minutos a fuego fuerte a partir de la ebullición y con un remojo previo de 48 horas. Si no lo hacemos así, perjudicaremos a los peces que las coman, ya que es una semilla difícil de digerir y daña enormemente el aparato digestivo si no está bien preparada.
En esta situación de pesca abriremos un poco más el comedero y repetiremos el cebado en intervalos de 2-3 horas. De este modo mantendremos el pesquil activo y siempre habrá comida bajo el agua. El dilema en los escenarios que contienen estos pequeños predadores es determinar, con más o menos exactitud, cuánto dura el cebo en el hair. Para conocer aproximadamente cada cuánto tiempo tenemos que poner cebos nuevos, recogeremos una caña a las 2 horas de iniciar la pesca. Si el boilie está al 50% recogeremos la segunda caña a la hora siguiente; si está al 25% o menos, concluiremos que lo ideal es sacar las cañas cada 3 horas. De la misma manera, si al recoger la primera caña sacamos el hair pelado, reduciremos la espera a 1 hora y la siguiente a 30 minutos después. Repetiremos este proceso hasta encontrar la pausa adecuada entre lance y lance.
Por último, si pescamos el lugar ideal, es decir, sin cangrejos, tortugas, ni minitalla y con una buena cantidad de peces grandes durante, por ejemplo, un fin de semana, comenzaremos por realizar un cebadero con 4-6 kilos de comida compuesta por cañamón, maíz dulce, micropellets y boilies de 10 y 15 mm del sabor elegido, todo dispersado en unos 20 m?. Independientemente de la estrategia del cebado y teniendo la posibilidad de pescar con 3 cañas, situaremos la primera en el interior del comedero, la segunda en la periferia, por detrás, y la tercera a 10-12 metros por delante de la concentración de cebos libres, tal y como si dibujáramos una línea recta que atravesase el cebadero. Dependiendo de la presión de pesca a la que esté sometido el lago, triunfará una u otra caña, pero por norma general suele ser la segunda o la tercera.
APAREJOS DE PESCA. Respecto a los aparejos de pesca, hoy en día los pescadores de carpas pueden encontrar detectores electrónicos de picada, vulgarmente conocidos como alarmas, en cualquier tienda de pesca y por muy poco dinero. La tecnología y las temperaturas que se alcanzan en España a lo largo de estos meses no son compatibles al 100%, por lo que, si contamos con unos detectores de baja calidad, nos situaremos cerca de las cañas, para que en caso de que no marque acústicamente la picada, escuchemos los carretes soltando hilo. Bajo mi punto de vista, adquirir un juego de detectores de gama media-alta es una de las mejores inversiones que se pueden realizar; ya que dan tranquilidad y seguridad durante el día y aún más por la noche.
Con los carretes ocurre algo parecido. Su maquinaria está compuesta por decenas de piezas plásticas y de metal. Cada una de ellas dilata de una forma diferente con el calor y puede que el carrete no funcione después de estar algunas horas bajo el sol. Recuerdo que en mis comienzos tuve unos Okuma. En invierno funcionaban de miedo, pero al llegar el verano, lanzaba la caña, tensaba la línea y probaba que el carrete soltara hilo en caso de una picada, pero al pasar un par de horas, el baitrunner se autobloqueaba y, cuando llegaba la picada, mi caña salía literalmente disparada del trípode y me tocaba lanzarme sobre la marcha detrás de ella.
Si todo lo hemos hecho correctamente, lo normal es que antes o después lleguen las ansiadas picadas. Si estas se producen por la noche y guardamos el pez en un saco de retención, realizaremos las oportunas fotos nada más levantarnos, para liberar a nuestra captura lo antes posible. La sesión fotográfica debe ser corta y no olvidaremos humedecer constantemente la piel de la carpa vertiendo directamente sobre ella agua en abundancia; así evitaremos que se reseque y, por consiguiente, se dañe la mucosa protectora que cubre el cuerpo del pez. Recordad que lo más importante es conservar la integridad de los peces, que deben ser devueltos en las mejores condiciones posibles.
EXTREMAR LAS PRECAUCIONES. Esta modalidad de pesca se caracteriza por la duración de las sesiones. Lejos de las típicas salidas mañaneras de los pescadores de coup, nosotros, por norma general, permanecemos varios días a pie de orilla. Personalmente, en verano no suelo hacer sesiones excesivamente largas pero, como dije al principio, cuando las he hecho, he sido muy prudente. Hay que tener en cuenta que durante la estación estival, a partir de 30º C hay que extremar las precauciones y, por encima de 35º C se puede estar en una situación de verdadero peligro.
Fatiga, piel caliente y seca, dolor de cabeza, sensación de mareo o de vértigo, calambres musculares… son síntomas que pueden ser el aviso de problemas mucho más serios, incluso mortales, debidos a la deshidratación o a un golpe de calor. En esta época, los mecanismos fisiológicos de adaptación entran en funcionamiento, pero tienen sus límites y, una vez sobrepasados, los riesgos para la salud son reales. El organismo se ve sometido a exigencias muy superiores a las habituales y requiere, tanto modificar el comportamiento, como adoptar ciertos hábitos dirigidos a soportar mejor estas condiciones en las que desarrollamos nuestro deporte favorito. Debemos seguir una serie de medidas preventivas, sencillas pero eficaces, para conservar intacto nuestro bienestar y poder disfrutar al máximo de lo que nos gusta, la pesca y el medio ambiente. Si su piel es muy fotosensible no arriesgue la salud durante el día, siempre puede realizar sesiones cortas que abarquen desde el atardecer hasta el mediodía y que, en realidad, son las horas de máxima actividad de las carpas en el estío.
LOS MOSQUITOS. Un tema que me inquieta bastante en este tiempo es el de los mosquitos. Yo soy un auténtico imán para estos insectos, por lo que en mi equipo no faltan los repelentes, insecticida para rociar el bivvy antes de acostarme y otro componente muy importante, el amoniaco, para aliviar los molestos picores; basta con llenar un pequeño bote y aplicar una gotas sobre las picaduras.
Últimamente, por si no tuviéramos bastante con los autóctonos, se está extendiendo por toda la península otra especie invasora, conocida comúnmente como mosquito tigre, por las llamativas manchas y bandas blancas que posee sobre su negro cuerpo. Su picadura es especialmente dolorosa, causando inflamación y escozor persistentes, e incluso reacciones alérgicas graves. Estas hinchazones perduran mucho más tiempo que las provocadas por los mosquitos autóctonos. Pero lo peor de todo es que son potencialmente peligrosos debido a las graves enfermedades que pueden llegar a transmitir, hasta 23; y se sospecha que puedan hacerlo de alguna más.
Repelentes como el DEET y el Icaridin en concentraciones iguales o superiores al 20 %, son los repelentes más adecuados para evitar las picaduras de nuestro mosquito y del tigre. Otros como el IR3535 y el citrodiol en concentraciones elevadas podrían ser una buena alternativa, pero tendremos en cuenta que con estos últimos se pueden requerir más aplicaciones para obtener la misma respuesta.