Hoy en día se puede decir que el spinning o lance ligero es una modalidad altamente consolidada en la península Ibérica y, desde luego, en Canarias. Sin embargo, y a diferencia del territorio peninsular, la aproximación más habitual a este modo de pesca en las islas se asocia casi exclusivamente a la orilla, hasta el punto de que todavía en nuestros días existen pescadores insulares que no conciben su práctica desde embarcación. La particular morfología de nuestras costas, con grandes batimetrías a tiro de lance y abundantes predadores en sus inmediaciones favorece esta tendencia, si bien no es menos cierto que este mismo aspecto geográfico limita al pescador de tierra, que no puede acceder a amplios tramos del litoral costero a causa de una orografía simplemente impracticable. Asimismo, el reciente auge del spinning ha generado una importante presión sobre determinadas zonas que, más allá de afectar más o menos al rendimiento en capturas, socava el ánimo de aquellos spinners que buscan en su actividad la tranquilidad y la intimidad del contacto en solitario con el medio.
EL MEDIO. El spinning embarcado en Canarias se desarrolla generalmente muy cerca de la costa. Como hemos señalado anteriormente, la morfología de la zona inframareal de las islas es muy radical, por lo que las profundidades aptas para la práctica de la modalidad se encuentran casi siempre en la franja de mar inmediata al dominio terrestre. Sólo ante ocasionales pajareras o averíos mar adentro podemos hablar de un spinning verdaderamente off-shore, si bien estas situaciones no dejan de ser fortuitas o circunscritas a momentos de temporada muy concretos.
Habremos pues de dirigir nuestra embarcación hacia las proximidades de la orilla, tomando como referencia el rango que va desde 0 a 30 metros de profundidad. Superar este límite, aunque factible, supondría extralimitarse en las posibilidades de la modalidad, invadiendo ya un territorio más propicio para el jigging ligero.
Dentro de este dominio marítimo encontramos en las islas diferentes tipos de ecosistemas interesantes para la pesca: desde los sebadales (praderas de fanerógamas marinas), propios de los sustratos arenosos, hasta las comunidades de algas fotófilas o los blanquizales (fondos cubiertos de algas calcáreas), vinculados a fondos rocosos. Todos estos entornos soportan comunidades de peces relativamente estables que sirven como reclamo a diversos depredadores, y en ocasiones, como es el caso de los veriles (zonas de fuerte pendiente y fondo irregular), podemos hablar de lugares donde la presencia de potenciales presas es casi permanente.
Por otro lado, serán también de interés todas aquellas zonas con accidentes geográficos o artificiales que por su morfología generen corrientes o afloramiento de nutrientes, tales como cabos, puntas, roques, bajas, bajones, pecios, jaulas… Cualquier alteración del continuum costero puede constituir un hervidero de vida si acertamos a atacarla en el momento adecuado.
EL EQUIPO: MEJOR LIGERO. Aparte de poder pescar en zonas inaccesibles por tierra, y de la tranquilidad inherente a ello, otra de las ventajas del embarcado radica en el hecho de poder pescar ligero. Pescando desde embarcación gozamos de una movilidad que nos permite colocarnos más cerca de las potenciales capturas, al tiempo que podemos posicionarnos para pescar siempre a favor de los habituales y molestos vientos costeros. Así, no serán necesarios grandes pesos de señuelos ni lances kilométricos para llegar hasta los peces a pesar de los elementos, tal y como suele ocurrir cuando pescamos desde la orilla.
Por otra parte, el embarque de las capturas tendrá siempre lugar en el azul, en cómodas varaduras lejos de los pétreos y filosos escalones tan típicos de la franja costera, que obligan a dotar a los equipos in-shore de un alto poder de levado.
Por último, la pesca ligera nos proporcionará combates mucho más equilibrados con nuestros contendientes habituales (peces de 2 a 6 kilos) y nos permitirá pescar durante más tiempo, ya que la carga física con equipos livianos se reduce ostensiblemente.
¿Y qué entendemos en Canarias por equipo ligero? Pues para empezar hablaremos de cañas con una potencia de lanzado de entre 10 y 50 gramos, y en general de alrededor de dos metros de longitud para garantizar un buen equilibrio entre el lance, la articulación de señuelos y el confort para el lanzado dentro de una embarcación de reducida eslora o con varios pescadores. Asimismo, una vara de acción rápida o moderadamente rápida será lo más recomendable, pues será este perfil de blank el que mejor se adapte a la gran mayoría de los señuelos que utilizamos habitualmente.
El maridaje lógico para estas cañas será un carrete de tamaño 3000 (estándar Shimano) cargado de trenzado de 15 libras, el cual culminaremos con un bajo de fluorocarbono de 0,40 mm.
Obviamente, y dentro de las posibilidades de cada pescador, conviene que todos los elementos del equipamiento pesquero sean de calidad contrastada, algo decisivo no sólo en su durabilidad sino también en su eficacia, particularmente cuando pescamos al límite con equipos ligeros.
ACCIÓN DE PESCA: ENTORNOS, SEÑUELOS Y PECES. Asumiendo que en las islas es posible capturar casi cualquier pez, en cualquier parte y de cualquier manera, intentaremos tirar de casuística para hacer un recorrido por la columna de agua y descubrir qué candidatos son los más proclives a nuestra actividad, al tiempo que daremos algunas pautas sobre los señuelos y las técnicas a priori más efectivas en función de cada situación o momento:
- Dominio bentónico: territorio jigcasting. Si de lo que se trata es de peinar las inmediaciones del fondo, nuestra primera opción serán los señuelos metálicos. Dentro de este amplio segmento encontramos, en primer lugar, los clásicos jigs de metal: modelos como los Sea flower de Maria o las célebres sardinas metálicas de Yo-zuri son garantía de capturas, aunque conviene dotarlos de un buen anzuelado (siempre anzuelos simples, en cola o como assist) para evitar sorpresas desagradables ante bentónicos de porte. Otra opción muy válida para rastrear el bentos inmediato son los jigs de bucktail, probablemente uno de los señuelos más polivalentes que existen y que gustamos de utilizar en sus versiones de minnow y arrow head. Asimismo, y sobre todo para días lentos o peces resabiados, una opción que se viene imponiendo con fuerza es el uso de grandes vinilos plomados como los Shaker de Lunker city, los Megabass X-layer o los Super Fluke de Zoom. Por último, no debemos olvidar los revolucionarios rubber jigs, que también encuentran su sitio dentro del universo jigcasting con modelos de peso reducido como los Shimano Engetsu o los Hart Wasabi, ambos mortales de necesidad.
Siempre en la delgada línea que separa el jigcasting del jigging vertical puro y duro, la acción de pesca con todos estos señuelos de vocación profundista se caracterizará por un jerking pausado, errático y poco sostenido que no nos aleja en demasía del fondo, al que haremos regresar a nuestro engaño una y otra vez tras animarlo en los primeros metros de ascensión por la columna de agua. Este intenso trabajo sobre las capas inmediatas al bentos puede depararnos interesantes capturas en forma de bocinegros (Pagrus pagrus), samas (Dentex gibbosus), dentones (Dentex dentex), abades (Mycteroperca fusca) o meros (Epinephelus marginatus), aunque también conviene reconocer que no resulta la variante más productiva de la modalidad, por cuanto las especies bentónicas de los fondos más someros sufren el mayor impacto de la flota artesanal y sus nasas.
- Medias aguas: minnows al poder. Este territorio, que se extiende desde el límite superior del dominio bentónico hasta una cuarta de la superficie, es sin duda la zona más prolífica en lo que a capturas se refiere. Se trata del coto de caza por excelencia de nuestros pelágicos y semipelágicos más abundantes, tales como bicudas (Sphyraena viridensis), pejerreyes (Pomatomus saltator) y sierras (Sarda sarda), aparte de carángidos ocasionales como jureles (Pseudocaranx dentex) o medregales (particularmente Seriola rivoliana). Puede darse también el caso de que eventualmente algún bentónico puro (sobre todo abades y dentones) suba hasta este dominio pelágico, aunque no deja de ser algo muy poco frecuente y más bien propio de días de muy alta actividad.
Para pescar estas aguas podemos, en primer lugar, dar continuidad al trabajo con los señuelos de fondo mencionados anteriormente, que con un trabajo más prolongado y rápido hasta cotas menos hondas pueden resultar también altamente efectivos. Especialmente interesantes son las cucharillas poligonales como la Spanyid Raider u ondulantes del tipo Blue Fox de Moresilda, aparte de los traídos bucktails, siempre eficaces en recogidas lineales ágiles o en dientes de sierra.
Sin embargo, el señuelo con más mordiente en esta porción de la columna de agua es el minnow, seguramente responsable de buena parte de nuestras capturas. En general nos gustan de buen tamaño, de más de 12 centímetros para los de arquitectura convencional y más de 15 para los vanguardistas slim. Una acción rápida alternada con un jerking contundente suele ser la fórmula de recogida habitual, aunque en ocasiones puede ser necesario un trabajo más lento y lineal.
Los días de mar de viento y superficies arremolinadas resultan ideales para estos señuelos, que despliegan todo su encanto justo donde las aguas oxigenadas y revueltas de la superficie se funden con la claridad de las aplaceradas y claras capas inferiores. El elenco de posibles modelos es extremadamente amplio: desde clásicos como el Rapala X-Rap, el Maria la Segunda o el Duel Aile-magnet F, hasta plugs más técnicos como los Daiwa Shore line o Salt pro, los Navarone o Flash minnow de Lucky Craft, o el siempre interesante Feed Shallow. Salvo modelos muy concretos, es conveniente sustituir el anzuelado de serie por triples con garantías, pues no son precisamente lubinas lo que vamos a encontrar en nuestras aguas subtropicales.
Finalmente, tampoco debemos dejar de considerar los paseantes hundidos cuando de explorar las aguas azules se trata, pues manejados adecuadamente después de dejarlos profundizar resultan altamente atractivos por su movimiento sinuoso y pronunciado. Aunque su manejo no resulta del todo sencillo, vale la pena entregarse al sutil muñequeo propio de su uso, sumamente entretenido a la par que efectivo. Modelos como el Adaggio de Duel, el Wander de Lucky Craft o el incombustible Mr Joe de Sert son señuelos que no defraudarán a quien sepa darles una oportunidad.
- Superficie: espectáculo garantizado. Coronando la columna de agua encontramos el último límite acuático, o sea, la superficie y el agua que se mueve un palmo bajo ella; ese punto que debería poner coto vital a las andanzas de los peces pero que nuestros señuelos se empeñan en hacer que rompan una y otra vez.
Hay que admitir que la pesca de superficie en Canarias no tiene la productividad que en otras latitudes más septentrionales o tropicales, si bien existen momentos en que un señuelo que rompa estridentemente la quietud de la frontera aire-mar puede marcar la diferencia. En orden de menor a mayor dificultad técnica, los señuelos de superficie que solemos usar son skipping lures, poppers, pencils y paseantes.
Los skipping lures (o señuelos saltadores) y los poppers son verdaderos elefantes en una cacharrería, que rompen la superficie en recogidas a menudo rápidas y continuas tan seductoras para los peces como para el pescador. Bouder y Peppy son fiables exponentes de los primeros, mientras los Roosta y Polaris popper son ejemplos incontestables de los segundos.
Los pencils son el paso natural tras los poppers. Ya admiten algo más de muñeca y algunos modelos se prestan incluso al WTD (walking the dog) o clásica recogida a tironcitos continuos y cortos que generan un movimiento zigzagueante en el señuelo. Aunque son muchos los modelos que se pueden encontrar hoy en el mercado, nosotros seguimos siendo fieles al legendario Surface cruiser de Yo-zuri, todo un seguro de explosiones en superficie al que sólo penalizan unos acabados excesivamente frágiles. Eso sí, para días de mar revuelta nos reservamos el mítico Patchinko de Xorüs, un verdadero fajador tan fácil de animar vía twitching como capaz de provocar a un depredador hasta en medio de la más recalcitrante marejada.
Por otro lado, los reyes indiscutibles de la superficie son los paseantes. La dificultad que entraña su manejo y la variedad de acciones que les podemos imprimir bajo nuestra atenta mirada los dotan de un encanto especial, un sex-appeal indiscutible que los peces, como nosotros, saben apreciar. Los Sammy de Lucky Craft o los Z-Clawn de Zenith son buenas opciones para días de aguas calmas y claras, mientras que el Hidro-pencil de Yo-zuri o el US Irony de Zip baits son excelentes candidatos para la pesca en aguas hostiles. Ver evolucionar a estos reclamos entre las olas y leer entre ellas los eventuales ataques es algo que no tiene precio, aun cuando ello pueda ir en detrimento de la pesca en términos cuantitativos.
De todos los peces sugestionables por los señuelos de superficie el pejerrey o anjova es, sin lugar a dudas, el más proclive a las aventuras “aéreas”, tanto por su tendencia a los ataques a flor de agua como por los saltos en que se prodiga una vez prendido del anzuelo. Asimismo, los medregales o serviolas, a menudo tan reacios a todo tipo de señuelos hundidos, acostumbran a responder bien ante las perturbaciones que ese señuelo “invisible” produce en la superficie. Los dorados o lampugas, abundantes en temporada, no dudan en seguir y atacar con saña cualquier artilugio top-water y los sierras, bicudas o bonitos listados tampoco dudarán en subir al ataque si la situación es propicia para ello.
C & S: IRRENUNCIABLE. Pescando a spinning desde embarcación la captura y suelta no debe sólo ser una libre opción personal, sino casi un imperativo. Peces como sierras y bicudas pueden alcanzar en determinados momentos la dimensión de plaga bíblica, y desde luego no tiene ningún sentido caer en pescatas obscenas una vez cubiertos los cupos legales. Por otro lado, especies como el pejerrey, en franca regresión en las islas, merecen todo nuestro mimo y consideración, algo que podríamos hacer extensivo a ciertos bentónicos como el abade, que no contando a spinning con el hándicap de la sobre-expansión de la vejiga puede ser devuelto a su medio sin mayor problema. Y es que minimizar nuestra incidencia sobre los peces es, sin ningún género de dudas, el mejor modo de maximizar nuestras futuras capturas.