Editorial
Última actualización 18/05/2011@13:06:06 GMT+1
Uno de los grandes handicaps que ha tenido la pesca tradicionalmente en nuestro país ha sido la independencia con la que se ha actuado, bien a nivel personal o de asociaciones. En pocas palabras, se acostumbra a caminar solo cuando de reivindicar derechos y reconocimientos para el pescador se refiere. Más acuciado es el problema aún cuando hablamos de la pesca en agua dulce, donde, a pesar de existir miles de clubes y organismos, pocas veces es posible que se pongan de acuerdo para demandar algo. La pesca, de siempre, ha tenido un problema de representatividad ante la opinión pública y ante la Administración, motivo por el cual la gestión y los logros hayan sido pocos en las últimas décadas.
Pese a todo ello, parece que en las últimas temporadas, tanto en agua dulce como en salada, comienzan a cobrar importancia las agrupaciones de asociaciones de pescadores con un corte conservacionista, como no podía ser de otro modo en estos tiempos, y eso es de agradecer. El resultado es que se han convertido en interlocutores y portavoces de nuestro colectivo y se hacen oír, por lo que su labor es fundamental. Más en estos tiempos en los que la pesca marítima vive convulsa por una inexplicable comparación legal con la pesca comercial: son numerosos los casos de recortes de cupos y temporadas al meter en un saco ambas formas de pesca, cuando el efecto real de una y otra nada tiene que ver. Buena parte de esta labor de reivindicación la está llevando a cabo la Confederación Española de Pesca Responsable, que se ha convertido por méritos propios en la representante de nuestros intereses en ese ámbito.
Esta entidad precisamente acaba de firmar un convenio de colaboración con la Asociación de Navegantes de Recreo (ANAVRE), que además está reconocida como representante de los usuarios por la Dirección General de la Marina Mercante, aglutinando a su vez diversas asociaciones. Con este convenio se consigue una representación más fuerte aún frente a la Administración y se hace frente común en la defensa de algunos objetivos como la formación de tripulaciones y armadores o crear una plataforma de negociación en defensa de los intereses de los pescadores recreativos, entre otras cosas. Lo cual no es poco si se tiene en cuenta que poco o nada se contaba con este sector a la hora de tomar decisiones relativas a la gestión de poblaciones de especies marinas o la titulación náutica.
Creemos que este tipo de uniones, que poco a poco colocan al colectivo de pescadores en un escenario de diálogo y negociación con aquellos que dictan las normas y las gestionan es sin duda un paso positivo. Estamos aún lejos de conseguir la relevancia y el poder que ostentan este tipo de asociaciones en otros países, pero el camino marcado parece ser el correcto, sobre todo si aquello por lo que se lucha es un fin que no sólo nos influye a nosotros, los pescadores, como deportistas, sino a todos: una mayor riqueza piscícola en nuestras aguas y un acceso más universal y menos restrictivo a la práctica de esta afición.