Predadores
Ejemplo de alta valencia ecológica
Última actualización 18/04/2011@12:35:23 GMT+1
Desde que el lucio fue introducido en españa en 1949 -o reintroducido, según se mire- este predador acuático ha tenido un éxito rotundo en las aguas dulces peninsulares. ha colonizado ecosistemas acuáticos muy dispares en buena parte del territorio y ha establecido poblaciones florecientes en muchas de estas aguas. ya sean las de los ríos esla y gállego, las de los embalses de ulibarri-gamboa o de orellana la vieja, en las cuencas del duero, ebro, tajo... en no pocas de estas masas acuáticas la abundancia del esócido es notoria a pesar de la presión que el pescador deportivo ejerce temporada tras temporada sobre él. ¿por qué este éxito?
Texto y fotos: J. L. Díaz Luna
Una primera respuesta aproximativa es considerar que existía un nicho ecológico vacío en las aguas dulces peninsulares, el de predador de porte capaz de ejercer una presión predatoria significativa sobre peces como la carpa, algunos barbos... que pronto alcanzan tallas algo crecidas y que quedaban fuera del espectro trófico de los peces ictívoros propios del solar ibérico, recibiendo tan solo la presión predatoria de vertebrados (nutria, por ejemplo) y aves rapaces (aguilucho lagunero, por ejemplo) ligados a las riberas fluviales. Predadores externos a las aguas que, a la vez, iban mermando paulatinamente sus poblaciones (la nutria, el águila pescadora...) por las profundas y sostenidas transformaciones de los ecosistemas fluviales patrios. Nicho ecológico vacío que incluye las características físico químicas idóneas para que el lucio pueda completar su ciclo biológico en sus aguas.
PRESIÓN PREDATORIA. Para ocupar este nicho ecológico vacío, el lucio exhibe una notoria flexibilidad trófica, que se manifiesta en tener una dieta de invertebrados en los primeros meses de vida; después una mixta, donde progresivamente se van haciendo más frecuentes los peces y decreciendo la ingesta de invertebrados, y una fase final mayoritariamente ictívora, aunque no desprecie los macroinvertebrados de mayor porte, como cangrejos rojos. Pero esta flexibilidad se pone en evidencia especialmente en la parición de ejemplares “especialistas”, lucios de porte que explotan las circunstancias que se le ofrecen, y así los hay que aprovechan los carrizos que sirven de dormideros a las pequeñas aves palustres para predar sobre los ejemplares que caen al agua o que tal vez tiren ellas mismas mientras duermen, al desplazarse entre los carrizos, eneas... Personalmente, puedo dar fe de cómo lucios perseguían tozudamente a crías de azulón, con gran revuelo por parte de la madre y el piar de los patitos ante la presencia cercana del acosador. Afortunadamente para éstos, los gritos alertadores de la madre y la densa cobertura de nenúfares y equisetos evitaron a los lucios obtener el éxito con alguno de ellos.
Pero especialmente significativa es la capacidad del esócido para cazar presas de porte, especialmente ejemplares de carpa, muy abundantes en aguas lénticas donde tiene el lucio su mejor biotopo y que por morfología y talla pronto quedaban fuera del alcance de los ictívoros originales, lo que es trasladable también a varias especies de barbo (comiza, común, gitano...). Peces, especialmente la carpa, que por su rusticidad son dados a formar grandes y envejecidas poblaciones en numerosos embalses ibéricos de los tramos fluviales medios y bajos y, en menor medida, en los tramos bajos de los grandes ríos, porque en ellos la carga de contaminantes le acortan la vida, al movilizarse los liposolubles en los meses invernales, donde la carpa consume buena parte de las grasas acumuladas.
USO DEL ESPACIO. En los lugares propicios, este oportunista también se acomoda a predar sobre los pececillos que salen malheridos de las turbinas, en aguas cercanas al pie de presa, obteniendo así un maná que si no continuo sí es en ocasiones abundante. Lo que nos lleva a considerar una característica también interesante: su versatilidad en el uso del espacio.
Tiene el lucio fama de cazador al acecho, de arranque explosivo para capturar la presa incauta que pasa cercana a donde tiene su apostadero, lo que es cierto, y su morfología delata. Pero es incierta la visión de que es un pez dado a pocos movimientos. Bien cierto es que el lucio de talla tiene un territorio que considera propio, de mayor extensión y fecundidad en proporcionar presas cuanto mayor es su porte y experiencia. Pero este mosaico de territorios es muy dinámico, sujeto a variaciones estacionales y aun semanales. Porque en este mosaico de ejemplares grandes con territorio, de ejemplares intermedios que se agrupan en pequeñas bandas y de jóvenes orillados y ocupantes de las aguas más someras, donde soportan menor predación de sus mayores que si ocupasen fondos de mayor calado, los mayores ejemplares manifiestan una significativa movilidad, tanto en el eje aguas profundas-orilla, como en el eje vertical (aguas superficiales-profundas), sabedores de que están libres de peligro predatorio por parte de otros lucios.
De este modo, el ejemplar de porte puede ocupar posiciones muy distintas según la situación climática. Se sitúa en aguas profundas, viviendo quizá del cangrejo, en las semanas de aguas más frías, pero sin dudar en visitar aguas orilladas en las horas soleadas del día calmo ni realizar desplazamientos estacionales de carácter trófico para ocupar áreas más productivas, como desembocaduras de tributarios, por donde la subida de reproductores de boga y barbo primaveral tendrá su contrapunto en la bajada de jóvenes que buscan en otoño avanzado las aguas del embalse o de los grandes ríos en su tramo medio.
El seguimiento telemétrico de ejemplares equipados con transmisores pone de manifiesto que la visión del lucio estático es errónea y ejemplares de cierto porte realizan desplazamientos de varios kilómetros, incluso en unas pocas horas, aportando valiosa información sobre sus preferencias ambientales (su ubicación mayoritariamente sobre fondos rocosos frente a los limosos, el establecimiento en aguas de abundante vegetación macrofítica con preferencia a las aguas sin estas formaciones algales o de fanerógamas...), así como sus respuestas espaciales a la variación de factores climáticos (acercamiento a las orillas con tiempo propicio al desplazamiento hacia ellas de los ciprínidos; ocupación de aguas profundas con tiempo persistentemente frío pero con visitas a las someras, más productivas; ubicación en zonas de fuerte pendiente, de tránsito entre unas y otras con tiempo ventoso...) y también la ocupación de lugares menos deseables por ejemplares jóvenes que buscan en ellos el sustento y la lejanía de sus mayores hasta alcanzar un porte que los libre de la tiranía predatoria de éstos, como reculas desprovistas de vegetación enraizada y sustrato de gravas y gravillas.
ÁMBITO REPRODUCTIVO. También hay una notoria selección de los desovaderos y, para acometer la tarea reproductora, las hembras próximas a la gravidez acometen desplazamientos de largo recorrido (varios kilómetros en algunos casos) buscando las mejores condiciones ambientales para su futura prole (aguas bien oxigenadas y limpias, sustratos de roca suelta, como gravas, preferiblemente con vegetación sumergida...).
Lo que nos lleva a considerar sus no menos interesantes características en el ámbito reproductivo, entre las que merecen destacarse su precocidad en cuanto a alcanzar el estado adulto, que en aguas ibéricas es la mayor de todas las poblaciones europeas y donde un pequeño número de machos alcanza ya su primera madurez sexual al año de vida, siendo sexualmente maduros la inmensa mayoría en su segundo año, cuando bastantes hembras también adquieren la capacidad de procrear.
Este ictívoro, para ser un predador, tiene una capacidad reproductiva por encima de lo que es habitual, habiéndose medido en España hembras que tenían más de 3,5 óvulos maduros por gramo de peso corporal; aspecto reseñable por su interés para el pescador deportivo, pues significa una alta capacidad -en condiciones ambientales favorables- para soportar la presión que la caña ejerce sobre sus poblaciones en Cijara, Orellana, Alange, subcuencas de los tramos medios del Ebro y del Duero... sin que sus poblaciones declinen. Más aún cuando su estrategia de ocupar el espacio subacuático en mosaico garantiza la persistencia de un cierto número de grandes hembras que reconstruirán pronto, con su gran fecundidad, poblaciones momentáneamente escasas por episodios adversos de sequía, exceso sostenido de captura... cuando las condiciones ambientales sean propicias.
Alta capacidad de génesis de nuevos ejemplares que se potencia aquí porque los crecimientos en la Península Ibérica están muy por encima de sus valores en Centroeuropa (Holanda, Alemania...) y aún lo están más si los comparamos con las poblaciones nórdicas (Suecia, Finlandia...), donde el crecimiento se ralentiza por la duración e intensidad del periodo anual frío, mientras que en España el crecimiento sólo se detiene un número corto de semanas -y quizá no en todas las aguas- por la persistencia de temperaturas invernales relativamente benignas. Estando además sujetas sus poblaciones al eficaz mecanismo del canibalismo como modo de evitar la superpoblación: mecanismo eficaz porque es continuo y tanto más intenso cuanto más necesitada está la población de él (el canibalismo se intensifica en periodos de mucho lucio pequeño por una cuestión meramente estadística, no porque exista ningún “disparador social” de este comportamiento trófico).
FACTOR CLIMÁTICO. No es ajeno a este crecimiento el factor climático, pero que no puede ocultar la alta eficiencia energética de este pez, capaz de mantenerse vivo con una ingesta anual muy corta y que entra en crecimiento a poco que se rebase esta ingesta de mantenimiento. Lo que puede explicarse por sus muchos momentos de inmovilidad aguardando a sus futuras presas, oculto entre las rocas, pegado al fondo, emboscado entre los tallos flotantes de ranúnculos que el viento empujó al fondo de una recula, oculto en algún pasillo entre la vegetación sumergida de cierta talla, aprovechando el pilar sumergido de un puente... crípticamente paciente esperando su oportunidad con un consumo energético mínimo.
A estas cualidades se ha de sumar su poca exigencia en cuanto a tantos factores físico químicos de las aguas (transparencia de éstas, su concentración en oxígeno disuelto, la carga de contaminantes, concentración salina...) que le dota de un carácter rústico. Tan solo el elemento térmico actúa como limitante de su extensión y desarrollo, lo que explica que en los embalses más sureños o no esté presente o lo esté en forma de poblaciones residuales con escasa capacidad de recuperación a poco que la caña ejerza su presión sostenida temporada tras temporada. Pero aún frente a este factor térmico tiene respuestas adecuadas, y en embalses de aguas veraniegas cálidas, como Alange y Cijara, baja en el estío a la profundidad de la termoclina -tantas veces situada sobre los doce metros- para permanecer bajo ella con un relativo confort térmico, como lo demuestra la contrastada captura de grandes ejemplares al curricán de fondo en la segunda masa acuática, donde los señuelos sumergidos a unos 14 metros suelen proporcionar éxito regular a las pocas motoras que le dedican su atención al esócido. Rusticidad que le permite colonizar desde aguas del tramo de transición superior entre la zona truchera y la del barbo, hasta la de transición inferior entre ésta y el tramo bajo, donde la carpa tiene su mejor biotopo.
Su ausencia de las últimas aguas fluviales más parece deberse a su calidez, pues es bien conocido el buen desarrollo que alcanzan sus poblaciones en las aguas salobres del Báltico, donde no encuentra esta limitación térmica.
ALTA VALENCIA. Así pues, es la alta valencia ecológica del lucio la que explica su permanencia en densidad notoria en tantas aguas a pesar de la mortalidad provocada por el pescador deportivo. Mortalidad que es alta a pesar de que bastantes practiquen con él el captura y suelta. Las buenas condiciones biotópicas en buena parte de esta agua potencian esas cualidades intrínsecas, como son la flexibilidad trófica, su versatilidad espacial, etc.