Hemeroteca :: 18/03/2011
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Surfcasting

Un pequeño cambio de perspectiva

Última actualización 18/03/2011@12:56:34 GMT+1
El comienzo de esta temporada, tras un invierno de lluvias abundantes, prometía ser muy fructífero. y no tardaron en escucharse las primeras capturas de doradas del año, las más tempraneras, las primeras en pasar la frontera de las aguas profundas a las aguas someras, las más hambrientas o las que menos han comido en la época de escasez. en definitiva, las primeras en dar una alegría al pescador de playa o “surfcaster”.

Humberto Gacio Almeida
Ya a principios de marzo llegaban a nuestros oídos noticias de algunas capturas y, poco a poco, me iba concienciando de que esta temporada no sería igual a las demás. Ésta sería una temporada en la que experimentar cambios en mis sistemas, ya que un largo invierno sin apenas salir a pescar y un comienzo de actividad tardío, ya metido a mediados del mes de junio, dan mucho tiempo al pescador para plantear diferentes pruebas a realizar a lo largo de la ansiada temporada doradera.

De modo que estas líneas me permitirán compartir lo que ha dado de sí una jornada plagada de experimentos y satisfacciones, tanto para mis compañeros de pesca como para un servidor, ya que tanto juntos como por separado hemos llegado a unas cuantas conclusiones. Los días en los que la pesca es abundante es muy probable que la mayoría de los sistemas que utilicemos nos deparen capturas. Pero es cierto que si esos días damos una vuelta de tuerca más, los resultados serán más abultados que en otras ocasiones y ni que decir tiene que hay determinados factores que pueden depararnos capturas cuando el resto de pescadores no estén teniendo la misma suerte.

UNA CAÑA CON CADA SISTEMA. Está claro que, cuando vamos a realizar una prueba, no debemos dejar a un lado las técnicas que nos han deparado capturas anteriormente; abrir la mente a aprender nuevas técnicas no debe significar cerrarla al conocimiento ya adquirido. Por lo tanto, en las primeras jornadas en las que he realizado cambios en el sistema de pesca, siempre he montado una caña con cada sistema, para poder comparar resultados. De este modo, en todas las jornadas hemos apostado por buscar doradas con montajes que ya hemos utilizado, compuestos de plomos correderos, tragaderas de 1,5 a 2,5 metros de fluorocarbono Gamma de 0,33 mm de grosor y como cebo hemos utilizado gusano americano, choco, muergo, tita y cangrejo.

Y, por otro lado, hemos reservado una caña siempre para el mismo montaje, el que ya utilizamos alguna que otra vez de manera similar al final de la temporada pasada, pero con algunas modificaciones. Éste está compuesto de un plomo de lance de diámetro fino (HTF 140 gr) para intentar sacar algún metro más, con cañas de acción 33 kisu. Luego montaremos un rolling, insertándolo dentro del puente de línea y fijándolo a ésta con dos topes de silicona, para que no suba por el puente hacia arriba y no tope con el plomo si corre hacia abajo. A éste ataremos la gameta, que estará comprendida entre los 0,22 y 0,30 mm de diámetro y un mínimo de 3,5 m de longitud, a la que empatillaremos un anzuelo Hayabusa Chinu Ringed (de ojal) del nº 2 o nº 4. Como cebo utilizamos gusanas de playa, catalanas chinas y americanas pequeñas.

Las cañas que utilizamos para poder comparar ambos montajes fueron las mismas, una pareja de Tournament Caster Top Hybrid en su acción 33. La finalidad de utilizar cañas híbridas no era otra que no perder peces si alguna buena dorada tomaba el montaje que estábamos probando, ya que empatillamos en muchas ocasiones en un 0,22 mm y, de este modo, el puntero absorbe mejor los cabezazos de esta brava especie, evitando roturas indeseadas.

PRIMEROS RESULTADOS. En la primera salida que realicé este año no tuve muy buena impresión de este nuevo aparejo; el día estaba perfecto, ya que las aguas estaban calmas y el roamen no hacía presencia en el pesquero.

Al poco tiempo de comenzar la jornada, el puntero de una de las cañas híbridas se doblaba. Una dorada de algo más de un kilo sería la culpable; ésta había tomado el antiguo aparejo corredero y había comido bien, sin riesgo de escaparse. Mientras la desanzuelaba, la otra caña se destensaba delatando la presencia de otro pez, pero la picada resultó fallida. ¿Sería el anzuelo?, ¿sería el cebo?, ¿sería el montaje? Poco después, otra buena picada doblaba la caña y ésta sí parecía estar bien enganchada, así que una dorada de kilo y medio abandonaba la tranquilidad del mar.

Esas tres picadas fueron lo único que deparó esa jornada en lo que a doradas se refiere. El balance no era muy positivo, ya que una dorada no había enganchado en el nuevo montaje y la otra sí, lo que se traducía en un 50% de efectividad.

UN DÍA POCO ESPERANZADOR. La segunda jornada comenzaría igual que la primera, un día de aguas muy calmas, muy limpias y nada de roamen. Al poco tiempo de lanzar las cañas, una picada en el aparejo de prueba que ni siquiera llega a enganchar en el anzuelo. Poco después, otra picada que saca unos cuantos metros de hilo en la misma caña pero que al poco tiempo de lucha se desclava. Y así cuatro picadas sucesivas en el mismo aparejo y ninguna clavada con éxito. Faltando un par de horas para marcharnos, la caña del aparejo corredero delata una picada y ésta, al fin, sí la cobramos. ¿Deberíamos volver al pasado?
En definitiva, un balance todavía peor que el anterior para este aparejo de prueba para pescar doradas. Revisamos el anzuelo y todo correcto, revisamos el freno del carrete, todo en orden, el rolling de enganche, ok. Todo lo que se podía revisar estaba bien.

De vuelta a casa, dándole vueltas y pensando en que el aparejo corredero no fallaba picadas, se me ocurrió una cosa que pondría en práctica en la siguiente jornada.

MÁS RECORRIDO AL ROLLING. La tercera prueba empezaría con un servidor un poco decepcionado, ya que haber perdido siete peces en dos días no es buena señal y te hace dudar de tu efectividad como pescador. Pero pondríamos a prueba la conclusión sacada durante el viaje de vuelta a casa de la jornada anterior, que no era otra que ésta: el aparejo más efectivo para la dorada ha sido siempre el montaje corredero, ya que todos sabemos de la desconfianza de este espárido. Así que la conclusión a la que llegué fue que, cuando los peces tomaban el gusano del montaje nuevo, notaban el tirón directo del plomo, al no correr la tragadera por el puente, debido a que los topes estaban muy cerca el uno del otro.

De este modo, durante esta jornada separaría los topes de silicona unos 50 cm uno del otro, dándole más recorrido al rolling para deslizarse por la línea para que, de esta forma, la dorada no notase la resistencia del plomo y tragase bien el engaño. Al menos, eso quería yo pensar. En esta ocasión me acompañaba un amigo al cual le presté una caña, a la cual le monté el aparejo a experimentar dándole de esta forma una nueva y definitiva oportunidad, si es que los peces acudían a la cita.

En esta jornada la cosa parecía haberse arreglado, ya que durante ese día tuvimos seis picadas de dorada y las cobramos las seis. Lo mejor de todo es que los peces se repartieron, picando dos en cada caña y constatando que el aparejo había funcionado. Parecía que el fallo no estaba en el propio aparejo, sino en el pescador, que no había caído antes en el comportamiento del pez. A esta felicidad le sumaríamos que los peces eran buenos, todos comprendidos entre el kilo y medio y los dos kilos cien. Una jornada placentera, sin duda.

EL ÉXITO CONFIRMA LA REGLA. Con las expectativas muy altas, esta vez nos escapamos un amigo, Fernando Carrascalejo (que por cierto hace unos plomos para surfcasting estupendos), y un servidor a terminar de probar este nuevo aparejo (al menos nuevo para mí, claro está). Para ello monté de nuevo una caña con cada aparejo y así empezó la jornada. Nada más lanzar la primera caña, ya que no me había dado tiempo ni a sacar la segunda, ésta se destensó. “Una mojarra, seguro”, le comenté a Fernando. Pero un tirón sacando hilo me hizo cambiar de idea, y la primera dorada picaba en el aparejo corredero.

A lo largo del día, ocho doradas tomarían los anzuelos, más otras tres de Fernando, que venía utilizando también un aparejo de cada. Y el balance no podía ser mejor: once doradas capturadas, que no fueron más debido a la fuerte corriente y el roamen existente en el pesquero. Seis de ellas habían comido en el aparejo finesse y no se había escapado ninguna. Sólo destacar que al mediodía una gran picada se soltó del aparejo corredero, ya que un servidor estaba distraído por esa mala costumbre que tiene de hacer fotos cuando sale de pesca. Asimismo, sacamos algunas conclusiones y decidimos mantener ese aparejo durante toda la temporada, al menos en una de nuestras cañas. Y el balance ha sido tremendamente eficaz a lo largo de toda la campaña. Por esa razón, este artículo no ha salido antes, ya que es bueno informar, pero sólo cuando uno está seguro de lo que escribe.
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