Hemeroteca :: 01/10/2010
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Salmónidos

Técnicas y tácticas para engañar a la trucha

Última actualización 27/09/2010@12:32:42 GMT+1
En el recuerdo y en nuestra retina han quedado esos momentos mágicos en los que nuestra caña era capaz de pescar las truchas que frecuentaban las orillas de nuestro lugar favorito para desarrollar el arte pesqueril. pero las picadas han descendido a causa de un cúmulo de factores difíciles de evitar, como la contaminación, la presión pesquera y sobre todo el sacrificio de las capturas.

Texto y fotos: Juan José Jódar Valderrama

Al hablar de pesca con mosca artificial, evocamos irremediablemente momentos idílicos en los que imaginamos aguas limpias y superficies con algún tipo de insecto que tranquilamente toman las truchas. Pero estos momentos son tan escasos que más que evocarlos deberíamos soñarlos, pues la realidad nos lleva a una situación muy distinta en la que cada vez son menos frecuentes esas aguas que antaño disfrutábamos y en las que estas situaciones eran tan frecuentes.

Es sorprendente que a día de hoy haya aún quien considera que la pesca sin muerte no es beneficiosa para los cauces donde habita la escasa trucha autóctona y argumenta que puede ser un motivo más del declive que padece esta especie hoy día.

En cualquier caso lo que a nosotros nos interesa es cómo engañar a esas truchas que en menor cantidad siguen poblando nuestros habituales destinos de pesca. Será una dificultad añadida la que nos llevará a afinar, mejorar y dominar toda una serie de técnicas, tácticas y conducta que nos dará el resultado que siempre deseamos. Analizaremos de modo exhaustivo el cauce, la cantidad de truchas, obstáculos y condiciones ambientales para que una vez conocidas podamos evitar aquellos factores que vayan en nuestra contra.

ELECCIÓN DEL EQUIPO ADECUADO. Lo seleccionaremos en base al tamaño del cauce, sus posibles imitaciones a utilizar y técnicas candidatas al observar desde fuera el río.

Esto que parece muy de manual es mucho más sencillo de lo que parece. En realidad realizar un análisis previo de la situación desde el camino e incluso antes de llegar al río, si la carretera discurre próxima al mismo, nos ayudará para acertar en la elección del equipo.

Con la creciente moda de las cañas largas en la pesca con mosca, tendremos gran cantidad de nuestras dudas aclaradas, porque tienen su uso limitado a ríos medios y grandes con caudales moderados y altos. Nos sacarán casi de cualquier situación de pesca que se nos presente, con la salvedad de no usarlas para pescar en ríos más enmarañados y pequeños en los que usar cañas largas de 10, 11 y 12 pies que serán más que una ayuda un verdadero suplicio.

Existe un tipo de cauce en el que podemos usarlas como grandes aliadas y es aquel en el que no se nos permita vadear por la profundidad y sus orillas sean casi inaccesibles. Será en estos destinos donde batiremos en semicírculos lo más amplios posibles, abarcando toda la cantidad de río que podamos, sin mover los pies del lugar y realizando lances traseros y elevados para salvar la maleza que nos rodee, o bien lances rodados laterales que dejen caer la línea río abajo, es decir, perpendicularmente a nosotros para una vez extendida la línea aguas abajo realizar un único lance aguas arriba.

PESCAR EN SUPERFICIE. Esta es tal vez la mayor de las causas de desesperación de los pescadores con mosca. Preparamos los equipos en base al cauce, caudal y artificiales a utilizar, y una vez que nos plantamos ante la orilla del río comprobamos para nuestro desánimo que la superficie del río está muerta.

Esto es algo que cada vez se produce con mayor frecuencia y que antes rara vez ocurría. Ante una situación así, no podemos desesperar porque aunque seamos fieles a la mosca seca tendremos siempre en nuestra memoria que todos los ríos tienen zonas en las que por un motivo o por otro las truchas parecen ir en contra del reloj de actividad dejando algunos rincones de muy difícil acceso y desconocidos por la mayoría con actividad superficial. Suelen ser zonas escondidas y protegidas por exhaustiva vegetación, profundas y con defensa bajo el agua, soleadas y apartadas de la mayoría de pescadores que pasan por los cauces al cabo del día.

Si a pesar de buscar alguna zona mientras que el río despierta no la encontramos, tendremos que intentar, si nuestra insistencia por pescar a seca nos lo pide, mover y despertar de su descanso o letargo a las truchas que aunque no se ceben estarán en los lugares que la lógica nos indique. Atacaremos sin descanso todas las sombras y agujeros de la orilla y golpearemos con nuestra seca en estas zonas. Suele ser letal una imitación de tricóptero de conjunto o alguna terrestre, pues aunque no se trate del momento de su eclosión o caída en el río, siempre rondarán en estos lugares aguantando hasta muchas horas después de estar presentes en el río. No tendremos miedo a dejarnos un buen número de moscas de recuerdo por la orilla, pues si tenemos intención de mover alguna trucha cuando el río descanse tendremos que poner todos nuestros conocimientos en el asador y ajustar al máximo todos nuestros lances, golpeando una y otra vez en hojas, algas y palos que se apelotonan en la orilla.

Lanzaremos siempre que podamos perpendicularmente, dejando las posadas atrás para los momentos en los que el río vuelva a tener algo de actividad. También suele ser una buena idea usar un tándem, seca o ninfa con poca distancia entre artificiales, pues al golpe de la seca le añadiremos el ruido de la ninfa al romper el agua para hundirse en ella y que llamará la atención de todos los peces que naden cerca. Serán posadas breves y derivas cortas. No nos “dormiremos” mirando nuestra imitación cada vez que posemos, porque si hay algo cerca sin duda se acercará y lo tomará tras inspeccionarlo minuciosamente, aunque con casi total seguridad tomará antes la ninfa si hemos optado por la opción del tandem.

Se complicará cuando pretendamos pescar en superficie a toda costa y no encontremos esas zonas donde suelen cebarse a deshoras ni tengamos orillas con cubierta vegetal. Nos queda la opción de usar una atractora, plantarnos en una posición cómoda dentro del cauce e intentar levantar alguna trucha que esté apostada en el fondo y que sería mucho más lógico y efectivo pescar bajo la superficie del agua.

PESCAR A MEDIAS AGUAS. Es mucho más sensato intentar pescar bajo la superficie que sobre ella cuando no se producen cebadas en la misma, pero cuando las truchas se muestran inactivas no suelen merodear a medias aguas porque esta posición solo la adoptan cuando tras un periodo de inactividad algo empieza a cambiar en el río y las truchas son las primeras que lo notan. En el momento en que el río empieza a mostrar algo de actividad las truchas se posicionan a medias aguas, lugar desde el que dominan perfectamente la zona que queda bajo y sobre ellas, y desde donde no tendrán pereza en desplazarse para tomar cualquier cosa que les pase cerca y se parezca a lo que el río está empezando a dar.

Si lo analizamos detenidamente pescar a medias aguas y en superficie cuando la inactividad de las truchas es tan evidente es casi parecido. Nos será tan o más difícil obtener capturas en medias aguas que en superficie, pues las truchas en estos momentos de parada no suelen moverse ni en una ni en otra zona, con la salvedad de que a seca tendremos la ventaja de pescar la orilla con tricópteros y terrestres, a lo que las truchas siempre están dispuestas en todo momento. Mientras que en el lugar donde la seca tenía pocas opciones -las zonas centrales del cauce- será una imitación a medias aguas la que tendrá muchas más papeletas de ser tomada por alguna trucha que se encuentre inactiva en el fondo y que en un desplazamiento mucho más corto que a superficie podrá tomar nuestra imitación.

Recordaremos que si es un momento de inactividad lo es precisamente por la carencia de insectos bajo y sobre la superficie de un modo masivo como ocurre con las eclosiones que sacan a las truchas de su letargo para alimentarse continuamente. Es precisamente la presencia de más o menos insectos la que condiciona el comportamiento de las truchas, siempre movidas por la máxima de calorías reportadas para obtenerlas; es un peligro posicionarse en lugares más vulnerables con el único propósito de conseguirlas. Esto nos lleva a entender el porqué de esos momentos de total inactividad en nuestros ríos, pues siempre vienen determinados por la mayor o menor presencia de insectos de los que alimentarse y que una vez superado un umbral hacen que las truchas “vuelvan a activarse”.

PESCAR EN EL FONDO. Se trata sin lugar a dudas del modo más inteligente de adaptarnos a estos momentos de inactividad de las truchas, pues como hemos ido viendo hasta aquí, las truchas están pero no en las zonas altas donde solemos verlas cuando el río les da el alimento que ellas esperan. Se encuentran por la orilla, donde nadarán de modo errático en contra o a favor de la corriente, o incluso se apostarán en el fondo o en las zonas centrales pero pegadas al suelo, tras alguna piedra o algún palo que les dé cobijo, protección y zona de visión para alimentarse de aquello que pueda pasar a tiro.

Será precisamente este último dato el que tendremos que utilizar si lo que verdaderamente pretendemos es pescar truchas y dejar las filigranas para aquellos momentos de superficie donde la belleza estética nos hará olvidar un poco la practicidad de la pesca y quedaremos embaucados por aquello que tanto nos gusta: lanzar, posar y admirar a la deriva.

Ahora no. Ahora el río no se mueve y tenemos que moverlo nosotros. Para ello haremos un croquis de la zona del río, colocaremos una, dos o tres ninfas, (yo personalmente en río nunca uso más de dos), intentaremos ponernos lo más perpendicular posible a la zona a pescar y ahora sí sacaremos todo el partido posible a nuestra caña de 10, 11 o 12 pies, a la que habremos atado un bajo de otros 16/20 pies en tres tramos aprovechando los nudos para obtener ramales para nuestras ninfas y terminar en una imitación más pesada que el resto y que tirará de todo el aparejo hacia abajo.

Un buen truco en estos momentos es usar una mosca de rastro muy pesada abajo, de 1-3 g. Depende de la profundidad a la que pretendamos pescar, de la velocidad con la que derive la corriente y de la anticipación que hagamos a los posibles apostaderos de las truchas. En cualquier caso, una vez que nuestra ninfa de rastro golpeé las piedras, grava y palos del fondo, sabremos que estamos en la zona correcta. Será buena idea minimizar la curvatura del anzuelo de nuestra imitación, para que no pueda clavarse a nada y cerca de la cual anudaremos una segunda ninfa que no irá por el mismo fondo, sino muy próximo a él y que tendrá todo el protagonismo de las capturas. Será tal el peso con que dotaremos a la ninfa de rastro, que a esta segunda ninfa podremos eximirla del mismo para dotarla de una movilidad prácticamente igual que una ninfa natural. En realidad con 15-20 cm de separación entre ambas será más que suficiente para no enganchar continuamente en el fondo. El análisis final nos diría que pescásemos a seca en la orilla y entre la maleza, mientras que lo mejor sería hacerlo por el mismo fondo en las zonas profundas y movidas del río.

Si todo lo descrito lo hacemos con calma y no olvidando nunca que estamos dentro de la zona de vida de un animal tremendamente esquivo y asustadizo, podremos obtener capturas en esos momentos en los que el río parece carecer de vida. Después de muchos años pescando creo que son los momentos que realmente crean afición a la pesca con mosca. Es bonito conseguir una captura tras otra en un momento de subida de pupas de tricóptero o de salida de imagos de efémera, pero observar minuciosamente un río, llegar a la conclusión de que no se mueve nada de nada tras un buen rato, analizar la situación, amoldarnos a ella y conseguir engañar a alguna trucha por pequeña que sea en esos momentos en los que parece que todo esta en nuestra contra no tiene igual.
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