Hemeroteca :: 01/10/2010
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Mi rincón favorito

RIOFRÍO

Última actualización 27/09/2010@12:25:24 GMT+1
En el centro de la comarca del poniente Granadino, como antesala de la imponente ciudad de la Alhambra, encontraremos el acotado de primera categoría de Riofrío. Ubicado en un espacio natural catalogado como punto de interés turístico, sus aguas representan una envidiable opción para planificar una escapada de pesca un fin semana meritorio o como complemento de unas buenas vacaciones. Un intensivo cuidado al detalle que seguro colmará las expectativas del más exigente pescador viajero.

Texto: Alfonso Sergio barragán
Fotos: José Antonio Hurtado y autor
Adentrándonos en Riofrío llegaremos a la plaza de San Isidro, auténtica médula espinal de la población, delimitada en más de la mitad de su extensión por las aguas del acotado, y alrededor de la cual se dispone una amplia oferta hostelera y turística. Desde aquí merece la pena emprender un breve paseo comenzando por visitar el tramo vedado, hábitat privilegiado de numerosas truchas arcoiris, algunas de excepcional tamaño. Justo enfrente, podemos detenernos a admirar la prehistórica morfología de los esturiones ante los estanques de una parte de la piscifactoría de Riofrío, pionera en España en la reproducción de esta singular especie. Continuando nuestro paseo encontraremos dos hileras de casas que ascienden con el paisaje y, justo al sobrepasarlas, llegaremos al afloramiento de La Higuera, el más importante y vistoso de los que contribuyen al caudal de Riofrío. Estas aguas vedadas se ocultarán pronto a nuestros ojos, discurriendo ahora canalizadas y alimentando parte de la piscifactoría hasta resurgir en la parte baja del pueblo.

Volviendo de nuevo a la plaza, no dejaremos de visitar el Centro de Interpretación Ambiental, que además de albergar las oficinas del coto (donde recogeremos los permisos), acoge el museo de la pesca, una exposición permanente donde podremos contemplar desde rudimentarias artes de pesca hasta enseres actuales, junto a toda suerte de curiosidades de ese nuestro mundillo particular. A lo largo del año en el Centro se dan cita actividades muy diversas relacionadas con la pesca y naturaleza, que van desde cursos de montaje de moscas a exposiciones temáticas, por lo que puede ser una visita doblemente aprovechada.

UN ENTORNO CON PERSONALIDAD PROPIA. Loja es conocida con el apelativo de “la ciudad del agua” debido al elevado número de manantiales que ven la luz en su amplio término municipal. Desde antaño, la cultura del agua está firmemente arraigada en esta población como lo ratifican los diversos documentos que se conservan en el Archivo Histórico Municipal; leyes y ordenanzas sobre la gestión de las aguas y la pesca que datan incluso de principios del siglo XV. En 1994, a tan sólo cuatro kilómetros de Loja, se estableció en la pedanía de Riofrío el intensivo del mismo nombre como parte de una serie de actuaciones para aprovechar los recursos naturales de la zona y fomentar el turismo. El acotado, de casi tres kilómetros de extensión, comprende unos seiscientos metros pertenecientes a Riofrío, y el resto al arroyo Salado.

Pescaremos en un río estrecho y poco profundo, de sustrato calcáreo y arcilloso, de aguas limpias y veloces, fácilmente vadeable en todo su curso. La vegetación de ribera es exuberante, compuesta por sauces, álamos, eucaliptos y singulares acerolos. Como peculiaridad, sus tablas someras de aguas rápidas y de posturas imprecisas o poco marcadas albergan muchos y excelentes ejemplares en las abundantes socavas que presentan las orillas. Los accesos, sencillos y cómodos, nos permitirán dejar el coche a pie de río en la mayor parte del recorrido. Dado el estiaje que sufre el río en los meses estivales, y aunque sólo le resta una pequeña parte de su encanto, será en primavera y otoño cuando el intensivo nos mostrará su mejor imagen.

LA FISONOMÍA DEL INTENSIVO. Para conocer el acotado vamos a tomar como referencia el carismático puente romano, a cuyo pie encontraremos la que probablemente sea la zona más emblemática, conocida popularmente como “La poza de las pulgas”. Algunos metros aguas arriba se unen el arroyo Salado y río Frío, conformándose una amplia corriente que a su paso bajo el puente ha producido una vasta socava que constituye un excelente albergue para las truchas y donde podemos contar con una alta probabilidad de clavar un buen ejemplar.

Continuando aguas abajo, nos adentraremos en el tramo más fácil y agradable de pescar, alternándose provechosas pozas y amplias tablas, y donde el río nos ofertará su mayor anchura. Además es un tramo limpio, en el que la vegetación de ribera no va a molestarnos a la hora de lanzar. Esta parte del intensivo es ideal para practicar una pesca cómoda y relajada, excelente para los que se inician, y donde podemos conseguir abundantes capturas sin necesidad de realizar considerables esfuerzos. Es el tramo que sufre una mayor concentración de pescadores aunque también se repuebla más que otras zonas. El acotado por esta parte finaliza en una gran poza de aguas remansadas formada por una presa, justo bajo el puente que cruza la autovía, que nos marcará el límite con el coto tradicional.

Volvemos al puente romano para continuar aguas arriba recorriendo ahora el arroyo Salado, que gana su nombre por el elevado índice de salinidad que presenta. Tenemos por delante un perfil de pozas quebradas, flanqueadas por berros y junqueras, hasta llegar a una singular hondonada donde unos tocones sumergidos procuran cobijo y defensa a una buena cantidad de truchas. A partir de ahí la fisonomía del acotado cambia. Pescaremos en un río más estrecho y con bastante menos caudal, que se diversificará en pequeñas pozas, pronunciadas curvas y estrechamientos de rápidas corrientes. La vegetación de ribera también ganará en exuberancia, adoptando la típica estructura de bosque de galería, cuya sombra será de agradecer en las jornadas más calurosas. Una vez sobrepasemos una amplia explanada donde podemos dejar el vehículo para acceder directamente a esta zona, nos adentraremos en la parte menos pescada, y probablemente la más bonita y entretenida a pesar de ser la más intrincada.

Aquí la pesca deberá ser minuciosa, apurando todos los rincones, prestando especial atención a las raíces y posibles oquedades subacuáticas que delimitan las orillas. Por lo general, nos veremos obligados a pescar en corto, de punta con la caña de mosca y a la ballesta si manejamos el hierro. Y las tablillas de vedado nos indicarán que hemos concluido nuestro recorrido.

TÉCNICAS. El río presenta un perfil muy apropiado para utilizar la cucharilla. Las tablas son muy amenas de pescar aunque suelen perder protagonismo en favor de las pozas. La mejor manera de atacarlas será recogiendo a favor de corriente, soltando hilo de vez en cuando para que la cucharilla retroceda sin descomponer su movimiento. Esta técnica se revela muy eficaz con unas truchas que suelen mostrarse reticentes a abandonar su refugio, pero que no suelen permanecer indiferentes cuando el engaño las molesta reiteradamente.

La pesca “a la polaca” será la técnica con la que mejores resultados obtendremos. Un par de ninfas suficientemente lastradas, o tres si somos lo bastante hábiles para evitar enredos, nos asegurará la diversión. Los estrímeres también funcionan de modo notable recurriendo al clásico tándem compuesto por un estrímer en punta, oliva o negro, seguido a unos 50 cm de otro en el que predomine el color naranja, rojo o amarillo. Las moscas ahogadas leonesas nos ofrecerán resultados muy discretos. Si nos gusta utilizar el buldó, además de colocar una imprescindible ninfa de rastro, montaremos el resto de la cuerda con ahogadas vistosas. Mejor aún si utilizamos secas atractoras como la Royal Coachman, procurando que se sumerjan para que funcionen como ahogadas, lo que podemos conseguir utilizando un líquido hundidor, o mucho mejor, confeccionándolas con materiales bastos y algo de lastre. El acotado no es particularmente apto para pescarlo a seca, puesto que sus truchas no son proclives a comer en superficie. No obstante, si queremos probar nuestros bajos o moscas, podemos aprovechar las horas centrales del día para tantear las tablas más lentas. Al final del acotado, en el remanso bajo el puente de la autovía, tenemos un lugar propicio para extender metros de cola de rata intentándolo con las truchas, resabiadas y ariscas, que suelen cebarse con frecuencia en esas aguas y poniendo a prueba nuestra pericia y paciencia.

LA CALIDAD DE SUS TRUCHAS. Mención aparte merece la excelente calidad de las truchas, que al proceder de la piscifactoría enclavada en el mismo río están perfectamente aclimatadas a las condiciones del agua. Además, el hecho de que estén alimentadas con piensos ecológicos, con una tasa de crecimiento muy inferior a las engordadas con alimentos convencionales, las dotará no sólo de un sabor exquisito, sino también de un carácter más esquivo y arisco, no dejándose pescar o incluso ver como su condición de repobladas pudiera presagiar.

Por otra parte, la abundancia de macrobentos presentes en el río favorecerá que se adapten rápidamente a una alimentación natural, por lo que no vamos a encontrarnos con unas truchas famélicas, lampando por echarse algo a la boca. En el caso de las sueltas, no se realizan de forma masiva y espaciadas en el tiempo, lo que suele traer como consecuencia una abundante cantidad de picadas los primeros días y que luego nos las veamos y deseemos para capturar algún ejemplar hasta una ulterior repoblación. Por el contrario, se repuebla en pequeñas dosis, inclusive tres o cuatro días a la semana según la afluencia de pescadores, lo que nos garantizará en cualquier jornada una población suficiente y estable de truchas.

UNA GASTRONOMÍA SINGULAR. Es imperdonable visitar Riofrío y no disfrutar de su gastronomía. Muchas son las viandas típicas de la zona, destacando la trucha, el choto, el cordero o los cangrejos en salsa y sus afamados dulces, los roscos de Loja. Como plato estrella es imprescindible mencionar el arroz caldoso con esturión. Podemos degustarlo en las amplias terrazas abiertas al río del restaurante Paco Rama, lugar emblemático y casi obligado de concentración de pescadores. Y hablando del esturión, no debemos pasar la oportunidad de saborear sus finas carnes de paladar indescriptible en otras suculentas preparaciones como a la brasa, ahumado o marinado y por descontado su afamado y excelente caviar, que no en vano fue denominado como el mejor del mundo en 2005.

Hemos descrito un acotado que reúne todas las condiciones para señalarlo como futuro destino en nuestra agenda de pesca. Un lugar en el que regalarnos con ese peculiar sabor a corrientes y rabiones, con la captura de esas ráfagas anaranjadas, que aun de repoblación, nos van a deparar buenos momentos. Un pintoresco paisaje donde compaginar pesca y turismo, especialmente indicado para una entretenida visita familiar.
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