Hemeroteca :: 01/08/2010
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Jigging

Descubriendo las posibilidades de una técnica poco “explotada”

Última actualización 20/07/2010@11:17:33 GMT+1
En otras ocasiones hemos hablado del jigging más convencional en aguas cantábricas, en busca sobre todo de abadejos y lubinas. En esta ocasión enumeramos las otras especies, que no son pocas, que se pueden pescar a jigging en el norte. En estos años practicando la pesca de moda, no he dejado de aprender, de sorprenderme y también de desesperarme, porque el mar siempre te pone en tu sitio cuando crees haber entendido algo sobre sus misterios.

Eugenio maseda
La casuística, y sin duda las tres reglas básicas del pescador (estar en el mar, estar en el mar y estar en el mar) nos van regalando peces y datos asociados que acaban por configurar unos patrones o al menos un breve manual de preferencias según la especie. Hablamos de jigging ligero, desarrollado normalmente en profundidades comprendidas entre los 20-80 m. Una manera más blanda de hacer jigging, muy diferente de lo que aprendimos con los primeros vídeos japoneses pero efectiva, divertida y muy adictiva si no sobrevaloramos las expectativas.

EL EQUIPO Y LAS MUESTRAS. El Cantábrico no es un mar para buscar a diario grandes trofeos como las serviolas o las samas del Estrecho o de Canarias pero lo podemos pasar en grande con peces de entre 1-5 kg, siempre que el equipo sea equilibrado y adaptado a los peces que perseguimos. Usaremos equipos ligeros de jigging, compuestos por cañas de quince o veinte libras y carretes acordes o incluso equipos de spinning que nos proporcionarán una sensibilidad muy necesaria para detectar la picada de peces de boca pequeña. Usaremos líneas trenzadas de entre quince y treinta libras y bajos de línea largos, de tres o cuatro brazas y hasta un 0,60 de diámetro.
¿Qué colgar del bajo? Para ello disponemos de un sinfín de posibilidades, desde los jigs clásicos de metal, cortos o largos, a las nuevas técnicas importadas del país del sol naciente, como el kabura. Los rubber-jigs, esas cabezas de plomo con faldillas de silicona que asemejan a un cefalópodo y los inchikus, con sus movimientos lentos y parsimoniosos, movilizan y estimulan la curiosidad o la territorialidad de peces no estrictamente depredadores sin pasar tampoco desapercibidos ante peces con mayor vocación por las carreras.

Son una buena opción para buscar la picada de “otros peces” pero indicados más bien para profundidades contenidas y poca corriente, por su deficiente hidrodinámica frente a un long jig. Y si hablamos de jigs convencionales, el simple hecho de adornar el anzuelo con un pulpito, un vinilo o un mechón de fibras brillantes amplía considerablemente el rango de especies que podemos pescar.

Podemos practicar este jigging light a partir de 20-30 m, o lo que casi sería un spinning profundo. Vienen bien en estas cotas los bucktail jigs y los jigs de lanzado. Incluso los chivos me han dado alegrías dejándolos bajar y recuperándolos a tirones, pero sin duda los killers de estas profundidades, en la línea que separa el spinning del jigging son los vinilos, con cabezas plomadas y cuerpos más bien largos movidos a golpe de muñeca. Da para hablar mucho lo de los vinilos, así que lo dejaremos para otra ocasión.

DROP- SHOT JIGGING. Una técnica muy efectiva y que siempre recomiendo a los que están empezando en el jigging (como antes me aconsejaron a mí) es la que yo llamo drop-shot jigging. Consiste en colocar por encima del jig, a unos 60-70 cm, un vinilo sujeto mediante un nudo palomar directamente al bajo de línea. Se puede colocar indistintamente acompañando a cualquier tipo de jig. Conviene, eso sí, que el vinilo no sea demasiado pequeño porque de otra manera estaremos sacando cabras sin parar y aun poniendo uno grande no podremos evitarlas.

Esta técnica está indicada cuando la actividad de los peces es baja y las derivas lentas, manteniendo los jigs cerca del fondo y con movimientos lentos o tirones muy cortos. Asimismo, tiene algunos inconvenientes: cualquier nudo intermedio en el bajo es un punto débil por el que puede partir en caso de toparnos con un ejemplar de porte, por ejemplo un abadejo entrado en kilos. El otro inconveniente es que dos picadas simultáneas pueden provocar una clavada defectuosa y una pelea irregular con la consiguiente pérdida de uno de los peces o incluso de los dos.

QUÉ PODEMOS PESCAR. Pero no son sólo especies depredadoras las que se nos pueden poner a tiro de jig. Podemos pescar lubinas y abadejos, también pelágicos y bentónicos que no sólo atacarán nuestras muestras con intención de alimentarse. Ya durante la bajada del jig es habitual notar que la línea para de salir antes de tiempo. La causa suele ser que una caballa, un jurel o una sierra lo ha cogido en la bajada; también es costumbre habitual de las agujas.

En el fondo, los espáridos son la familia más buscada por el jigger cantábrico por la pelea que ofrecen y quizá también por no ser tan abundantes como quisiéramos. Y cómo no, por su valor culinario. En esta época, sobre todo los dentones se arriman a la costa, pudiendo encontrarlos a muy pocos metros de profundidad. Y ya en más agua, los pargos y las brecas nos ofrecerán buenos cabezazos si damos con ellos; en su caso, los sargos se pueden interesar por artilugios de plomo y goma. No tengo noticias de que se haya pescado alguna serviola de tamaño a jigging por el norte, pero las que rondan los 2 kg se hacen cada vez más habituales, supongo que como consecuencia del cambio climático y el calentamiento del mar.

La corvina es otro de esos peces escasos en el Cantábrico que podemos engañar con jigs si tenemos la suerte de localizarlas, generalmente en fondos someros de entre 15-50 m, en rías y estuarios. Los vinilos con cabezas plomadas resultan muy efectivos con movimientos suaves y toques de muñeca, sin recuperar línea. Corvinas, abadejos y lubinas son las especies que más fácilmente podrían superar los 5 kg de los que hablaba y que pueden suponer, sobre todo enganchados en un equipo ligero, un auténtico trofeo.

Otro depredador, en este caso pasivo, es el pez de San Pedro o San Martiño, como le llaman en Galicia. Se sitúa en la caída de los petones, camuflado por su bonita librea, esperando inmóvil a que su presa pase por delante para desplegar su gran boca. Si sospechamos de su presencia en el lugar, mantendremos el jig cerca del fondo, con movimientos lentos. No es un pez precisamente luchador y se rinde tras el primer cabezazo, por lo que su pesca tiene más interés gastronómico que deportivo. En los meses de verano se acerca a la costa y es frecuente verlos dentro de los puertos, mientras que en invierno tendremos que buscarlos en cotas cercanas a los 60 m. Lo mismo ocurre con el cabracho, muy vistoso y apreciado en la mesa, con el que también nos podemos encontrar en cotas normalmente por encima de los 60 m. Y no muy habitual, pero ya tampoco extraño, es engañar a una merluza con un jig. En tiempos de abundancia de esta especie, y aunque parezca mentira éste es uno de esos años, las podemos encontrar persiguiendo la carnada entre 50-150 m y no necesariamente en los petones.

De los habituales del Cantábrico está el escacho o rubio (Chelidonichthys lastoviza) que encontraremos en fondos arenosos o fangosos alrededor de los petones, sobre todo moviendo lentamente los jigs con su correspondiente pulpito o vinilo, bien pegado al fondo. Y también encontraremos con toda seguridad a las voraces y peligrosas arañas. En días de actividad nula por parte de los peces las arañas suelen ser las que nunca faltan a la cita si nos acercamos a la arena.

Otro de los peces que nos puede dar una grata sorpresa a jigging es el pinto. Este lábrido habitual del cantábrico no tiene mucha pinta de depredador con esa boca pequeña y esos labios carnosos. Sin embargo, tal vez por territorialidad, ataca a los jigs con saña, ofreciendo además una pelea digna. Está presente hasta los 50 m de profundidad, ataca preferentemente jigs pequeños y siempre cerca del fondo.

Igualmente la faneca es otro de esos peces que nos sorprenden la primera vez que los pescamos a jigging pero que se pueden llegar a hacer habituales en determinados puntos como lo hacen los pecios, y siempre que pongamos algo de goma a nuestro jig y lo dejemos casi quieto a pocos centímetros del fondo. Aunque difíciles de clavar, sobre todo cuando armamos los jigs con un único anzuelo, los ataques de calamares a los jigs son habituales. Lógicamente, cuanto mayor sea el ejemplar, mayores probabilidades tendremos de que se clave correctamente y, aunque parezca mentira, suelen ofrecer una pelea interesante. No ocurre lo mismo con los pulpos, que a veces también cogen los jigs nada más caer y suben inertes hasta la superficie. Y hay más posibilidades, como rapes, rayas, sables, incluso chopas y salmonetes que han sentido curiosidad por los jigs.

JIGGING, OPCIÓN CANTÁBRICA. Aunque el Cantábrico no sea un mar repleto de depredadores, el jigging ofrece un abanico de especies que podemos pescar de forma más amplia que en el spinning. La infinidad de materiales disponibles en el mercado y las múltiples combinaciones que podemos aplicar adaptadas a nuestros lugares habituales de pesca hacen de esta versión ligera del jigging la mejor manera de disfrutar del mar en verano, momento en el que además de las condiciones favorables tendremos a los peces más activos y más cerca de la costa.

No puedo terminar sin apelar al sentido común en la pesca. La actitud responsable con los cupos y tallas mínimas, así como el concepto de sostenibilidad aplicado a pequeña escala, o sea en nuestras piedras habituales, prolongará la vida en ellas y nosotros seremos los primeros beneficiados. Y aunque el jigging es una técnica que no da mucho margen a la captura y suelta por el tema de la descompresión, cuando lo practicamos en cotas bajas, las posibilidades de soltar con garantías aumentan considerablemente.
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