Predadores
Interpretando las estructuras sumergidas
Última actualización 24/06/2010@12:51:55 GMT+1
Entre los muchísimos factores que condicionan el éxito de la pesca deportiva se encuentran la temperatura acuática, la presencia /ausencia de viento, la abundancia de piezas pescables... y entre estos condicionantes, en el caso del bass -aunque también de otros peces- se halla el relieve sumergido, que influye de gran manera en la ubicación del pez y en su uso del espacio. Sin embargo, no es asunto al que se le dedique demasiada atención cuando su influencia es bastantes veces importante y en ocasiones determinante del éxito de la jornada pesquera. También la abundancia del centrárquido en un embalse está muy mediatizada por el relieve del fondo.
Texto y fotos: J.L. Díaz Luna
El pescador experto sabe de esta importancia, le dedica atención y con frecuencia acierta en su elección del lugar donde presenta sus señuelos cuando es buen conocedor del pesquero que tienta. Pero también hay días en que la sorpresa salta y el black bass muerde allí donde no se le espera, donde tal vez se lanzó sin esperanza después de haber explorado las mejores posturas potenciales para esas concretas circunstancias hidrobiológicas y climáticas con señuelos diversos y quizá también con técnicas diferentes. Estas sorpresas, que pueden considerarse excepciones, no vienen sino a confirmar que la ubicación del bass en un momento concreto está determinada por un cúmulo de factores como lo es su ciclo biológico, la transparencia del agua y su iluminación, el movimiento de los bancos de peces pasto, la turbulencia generada por el viento y su dirección. Pero hay un factor por excelencia que muchas veces es ignorado y es el relieve de los fondos de un embalse.
Salvo en las sequías más intensas o cuando -como medida de gestión- se deja en seco un charcón o una pantaneta para que se mineralicen los sedimentos del fondo -momentos en que sí se pueden observar los accidentes topográficos del cuenco- el pescador de orilla tiene que obtener información de cómo es el fondo de forma indirecta a partir de sus observaciones y el que practica embarcado atender a la que le proporciona la sonda que equipa su motora. Y así, a la comodidad que supone desplazarse con celeridad y sin esfuerzo desde una recula querenciosa a una punta rocosa prometedora con la motora se viene a unir la ventaja sobre el pescador de orilla de esa lectura continua de los fondos, de sus taludes, hondonadas, cortados o cerretes sumergidos. Influye en los resultados como bien sabe el pescador embarcado e intuye el de orilla, es una influencia que se plasma en más y mejor pesca por jornada.
INTERPRETANDO ORILLAS. Uno de estos modos indirectos es la observación de las pendientes en las orillas y su interpretación. Parte del axioma de que la pendiente que observamos en una determinada orilla se prolongará bajo las aguas. No siempre es así, pero sí en muchos casos, de ahí que si vemos una orilla que penetra en el agua con un ángulo muy suave sea razonable pensar que así seguirá bajo ella y que nos encontramos en una playa; por el contrario, si la orilla es escarpada, si presenta un ángulo con la horizontal de treinta o más grados, ahí el fondo debe de encontrarse con bastantes metros de agua encima a poco que el señuelo se separe unos pocos de la frontera superficial de tierra y agua.
En general, esta regla es cierta en orillas de roca disgregada (fragmentos de pizarra, caliza desmenuzada, arcilla) pues estas rocas configuran sustratos muy inestables que tienden a una posición de equilibrio representada por una inclinación constante, sin discontinuidades. Aunque también en las orillas de roca suelta puede no cumplirse cuando las orillas están bien cubiertas de vegetación, pues el manto continuo de sus raíces sujetan el material suelto impidiendo ese estado de equilibrio que sin él ocurriría.
Pero el porcentaje de acierto de esta regla baja muy significativamente cuando el material geológico es una roca coherente y masiva (granito, caliza, esquisto) pues aquí es la propia forma de la roca, esculpida por la acción meteorizadora de sol, lluvias o heladas -antes de quedar sumergidas- la que determinará cómo son esos fondos. Se han de esperar irregulares, con grietas, oquedades y salientes más o menos acusados según la roca concreta de la que se trate; así, las pizarras volteadas de su horizontalidad original por las fuerzas tectónicas, son muy dadas a formar costillas, canales y taludes de fuerte pendiente.
Para conocer de forma aproximada cómo son estas irregularidades y las batimetrías a las que se ubican se puede practicar la pesca sobre ellas con señuelos que vayan al fondo con cierta rapidez y que no se traben con facilidad en estas irregularidades rocosas; por ejemplo, un señuelo de vinilo plomado y montado con el arponcillo del anzuelo oculto en el cuerpo de la lombriz, el pececillo o el cangrejo. Lanzando con él, sucesivamente y en abanico, a distintos puntos de ese retazo acuático y dejándolo caer -con el carrete abierto- hasta que deje de salir línea (lo que significa que ha tocado fondo) y recogiéndolo después en acción de pesca (aprovechemos el tiempo) podremos hacernos una idea suficientemente precisa de cuál es la profundidad del pesquero, de su irregularidad y de la existencia de taludes o canales en él. Mejor aún, si usamos una línea coloreada por tramos o marcada cada cierto trecho (pongamos 5 m) de forma indeleble. Así, a la vez que se tienta al bass se puede estar obteniendo una información útil, especialmente valiosa cuando pretendemos probar en este retazo acuáticos señuelos armados de poteras (cucharillas, peces artificiales) haciéndolos trabajar cerca del fondo pero sin que se pierdan por enroques, siempre molestos y desazonadores.
Salvo esta regla para interpretar las orillas, no conozco otra que tenga tanta validez genérica y se ha de echar mano de interpretaciones concretas. Así, si un tributario del embalse penetra en él por un cañón tallado en los granitos por el propio discurrir del agua, debemos de observar el punto de encuentro de las aguas fluyentes con las embalsadas para deducir si el cañón se prolonga bajo las remansadas del embalse; por el contrario, si el arroyo desemboca con escasa pendiente en una amplia recula y discurriendo sobre un manto de arcillas que él mismo aportó con sus crecidas, se ha de suponer razonablemente que no habrá surco del antiguo cauce bajo las aguas del embalse.
LA VEGETACIÓN. La presencia de árboles alineados cuando son los propios de las márgenes de corrientes de agua (chopos, álamos) nos informa con exactitud del discurrir del antiguo cauce fluvial ahora sumergido que representa el lugar geométrico de los puntos con mayores batimetrías de la recula o cola del embalse y que al atractivo que los propios árboles semisumergidos suponen para black bass bass puede añadirse el propio surco del antiguo cauce en aguas someras pues es la propia vegetación con sus raíces la que seguirá defendiéndolo por un tiempo.
La presencia de islas también nos proporciona información, pues tanto si es una como si son varias, indican la existencia de una “cuerda” (en la acepción que emplean los cazadores) sumergida, más o menos pronunciada, según lo observemos en su parte emergida; es decir, si vemos un cerrete que se prolonga en una punta que penetra en las aguas y alineados (cerro y punta) con una isla sacaremos la idea, habitualmente acertada, de unos fondos más someros entre punta e isla que los aledaños, de una lengua sumergida que los une a pocos metros de hondura. Fondos más o menos regulares según sea el material geológico, muy llanos si es una roca no coherente formada por partículas suelta (arcilla, margo-calizas) y más o menos irregulares si la roca lo es (pizarras, esquistos micáceos)
La observación de grupos arbóreos semisumergidos (encinas, pinos) permite determinar la existencia de un fondo plano cuando se observan anegados a una profundidad muy similar todos ellos; de igual manera que el reseco candelabro de ramas semipútridas de un alcornoque solitario rompiendo la superficie acuática puede representar un “bajo” en ese punto, un cerrillo sumergido que sólo enseña ese esqueleto de otros muchos que siguen bajo las aguas cuando éstas están a esa determinada cota.
CÓMO DETECTAR LAS AGUAS. En lagunas, marjales y ríos anchos las manchas de vegetación semisumergida de escaso porte (espiga de agua, juncos, nenúfares) permiten detectar aguas de muy corto calado, y su ausencia puede indicar canales más profundos entre estas formaciones vegetales; canales que sirven como tránsito a la pieza meritoria de bass que explora el perímetro de estas formaciones vegetales ricas en invertebrados (camarón de río, cangrejo rojo, larvas de insectos). Los juncos y aneas son indicadoras de aún menor profundidad, pues son plantas que soportan períodos en seco y entre ellas se refugian de la predación gambusias, alevines de ciprínido y el bass de porte puede merodear su perímetro en busca de presa o realizar aguardos a los insectos acuáticos que los visitan, como a veces sucede con las libélulas en el estío que caen presas de algún ejemplar saltarín del centrárquido, lo que es gloria para el pescador que se acerca a buscarle la postura con sus señuelos.
Los ranúnculos también suelen indicar aguas someras, aunque casos hay en que flotan, arrastrados por el viento a aguas relativamente profundas. Pero siempre han de ser explorados pues tanto el black bass como el lucio buscan su cobijo para sorprender a sus presas, emboscados en estas marañas de vegetación flotante. Ranúnculos cada año más presentes en algunos embalses donde la eutrofización galopa.
Los cauces de arroyos, ahora anegados, se pueden intuir bajo las aguas. El cauce suele estar muy próximo a la orilla más escarpada y más alejado de la que presenta menor pendiente y centrado, equidistante de ambas, cuando sus pendientes son muy similares. Los laderones con claros signos de haber sufrido desprendimientos y suelen prolongarse bajo el agua con fondos salpicados por rocas (bolos de granito o bloques de caliza) que resultan estacionalmente muy atractivos para los basses que con aguas cálidas se emboscan en ellos para sorprender a sus presas.
El pescador atento observa el material geológico, la vegetación anegada y las pendientes de relieve emergido. Con ella puede obtener una información útil a partir de la cual deducir, con cierta fiabilidad, cómo es el fondo de ese pesquero donde está presentando sus señuelos.
En los fondos profundos son prometedores aquellos retazos que se alzan sobre los que los rodean (bajos rocosos como ejemplo, pero también alcores y cerretes sumergidos). Bien lo saben los pescadores expertos que practican desde motora que exploran con detenimiento sus taludes en las aguas más someras son los canales, hoyos y pozas. Los lugares de elección ya que ellos suelen servir de apostaderos y descanso a estos peces depredadores en aguas de poco calado con aguas cálidas.
Y siempre son lugares a tentar con nuestros señuelos los taludes sumergidos, las zonas donde se da un acusado cambio batimétrico y los fondos someros ganan hondura con prontitud. Estos taludes parecen tener el doble atractivo de permitir que el depredador pueda acceder rápidamente a las aguas de más corto calado visitadas por ciprínidos que hociquean en los limos ripícolas, por cangrejos, por crías de los propios depredadores (lucios, basses) que buscan gambusias y pequeños invertebrados y que buena parte del año (aguas no muy frías) lo usan como morada; pero también situarse en estos taludes les permiten a los depredadores ganar hondura en caso de peligro o cuando las condiciones ambientales son incómodas (turbulencias generales por el viento, aguas limosas descargadas en superficie por un tributario). Aunque no puedan descartarse otras interpretaciones complementarias, no excluyentes, como que en ellas el predador se sitúe a la profundidad donde encuentre un mayor confort térmico y/o donde su agudeza visual sea máxima en esas condiciones de luz y transparencia acuática. Son estos taludes especialmente atractivos en horas centrales del día.
La lectura de orillas, las deducciones realizadas de la observación de construcciones semisumergidas y la interpretación de la existencia de islas permite tener una primera información valorable sobre aquellos fondos de un embalse donde el pescador de orilla presenta sus señuelos, información que se contrastará después con la experiencia repetida de éxitos y/o fracasos, pues son éstos -al fin- los que permiten al pescador la mejor localización de los peces que pretende capturar, requisito imprescindible para una jornada fecunda.
Es esta experiencia repetida y el saber lo que proporciona al pescador las claves para el éxito y su importancia se manifiesta en la frecuencia con la que los pescadores locales ganan competiciones. Es su buen conocimiento de cómo son los fondos combinado con muchos otros saberes sobre ese embalse concreto (donde desemboca un arroyo, donde se sitúa un grupo de encinas sumergidas invisible si no es con el embalse muy bajo) su guía para localizar los mejores ejemplares de black bass. Este saber batimétrico y el conocer en qué circunstancias ambientales (viento, aguas tomadas, tiempo frío) se obtuvieron allí buenas piezas, ayuda mucho cuando la competición se realiza en esas aguas cien veces visitadas. Por eso, pescadores avispados aprovechan las sequías para fotografiar los taludes, los canchales o las formaciones rocosas que habitualmente se encuentran sumergidas en invisibles al ojo del pescador. Ya llegará el día para rentabilizar en acción de pesca este conocimiento.
IRREGULARIDADES ANTROPÓGENAS. También las construcciones que el hombre realizó y quedaron sumergidas por el alzamiento de la cerrada aportan información útil para localizar a la pesca según las circunstancias climáticas. Las carreteras que han quedado sumergidas y que discurren por el flanco de un cerro indican la existencia de un cortado más o menos profundo en uno de sus márgenes. El más cercano al pescador y los puentes que se encuentran ocultos por las aguas pueden ser lugares de elección con el bass con aguas frescas pues en su ojo esperan el trasiego de pececillos que se ven obligados a pasar por él cuando sus movimientos se realizan por el fondo.
La altura del muro de contención del embalse nos marca habitualmente la profundidad máxima esperable en sus proximidades (aunque la pesca en las inmediaciones de la cerrada suele estar prohibida por seguridad, con una zona de exclusión de 200 m que rara vez se respeta). Si combinamos esta profundidad con el ángulo de caída de laderas aledañas podremos tener una idea aproximada de cuál es allí la situación de los fondos y cómo los muros de contención se alzan en esos estrechamientos topográficos donde su coste es menor y su capacidad de almacenar agua es mayor. Estos fondos suelen ser siempre de pendientes sumergidas acusadas.
Las construcciones sumergidas (muros, apriscos, casas de labor, ermitas) también nos proporcionan información, pues su presencia dota a los fondos de esos “bajos antropógenos” que con frecuencia atraen al centrárquido, al igual que sucede con los bajos rocosos. Así, el bass puede estar sesteando -en horas centrales del día- a la mínima sombra de un murete de piedra a la vez que se camufla en ella para sorprender a una presa incauta.
Las torres de elevación de agua son igualmente lugares de elección, aunque no tanto por el relieve del fondo o su profundidad como porque generan turbulencias en ese fondo que desentierran y atraen larvas de insectos, crustáceos acuáticos de corta talla y otros alimentos apreciados tanto por los ciprínidos como por lo juveniles de los propios depredadores y ambos sirven de presa a las piezas mayores que busca el pescador. Así sucede, por ejemplo, en Orellana, en la orilla opuesta a Casas de Don Pedro y cerca del puente de Talarrubias.
RELIEVE Y DENSIDAD DEL BASS. La topografía del fondo no sólo sirve al pescador para ubicar la pesca y obtener mejores capturas, sino también influye en la capacidad del embalse para generar y mantener poblaciones de centrárquidos.
La densidad de peces depredadores se relaciona con la presencia de tributarios donde barbos y bogas pueden desovar y sirvan de parque de cría para sus alevines. Con la abundancia de otras presas menos estacionales como el cangrejo rojo, pero también con los cambios en la profundidad, pues en esta heterogeneidad batimétrica (playas, canales, hoyos, taludes, fondos profundos) encuentra el bass las condiciones para el mejor desenvolvimiento de su ciclo anual, necesitado de aguas profundas para pasar las semanas de aguas más frías; zonas idóneas para el desove (gravillas sumergidas a un metro o así donde establecer el nido); apostaderos para caza (taludes cercanos a las orillas).
La importancia del relieve para la abundancia de black bass se ejemplifica especialmente en la longitud de las orillas para una misma extensión de lámina de agua: embalses con orillas con muchos entrantes y salientes favorecen densidades altas de bass y estas orillas quebradas, con reculas estrechas y puntas rocosas son consecuencia directa del relieve. Así, los embalses estrechos y profundos de orillas rectas que ganan hondura enseguida (propio de valles en V más o menos cerrada que son los propios de los tramos altos y medio-altos del río) son biotopos poco propicios para que el centrárquido prospere; por el contrario, aquellos embalses de perfil en U, característicos de los valles del tramo medio-bajo fluvial y sustrato rocoso que origina orillas en zig-zag favorecen altas densidades del pez.
El que esto es así se explica porque son las aguas someras las más productivas del embalse, allí donde los fondos cercanos proporcionan con sus sedimentos sales nutritivas y en las que penetra la luz hasta el fondo. Esta productividad biológica se traduce primero en abundancia de plancton y, tras él, de pequeños invertebrados que lo consumen, de minitalla que busca estos invertebrados (gambusia, jóvenes ciprínidos) de cangrejo rojo, de batracios e insectos terrestres caídos al agua. Lo que que suponen además de lugares de caza y de puesta para el adulto, zonas de caza y defensa para los alevines y juveniles, que durante buena parte del ciclo anual se aquerencian en estas aguas someras, defendiéndose en ellas de la predación de los seres acuáticos (lucios, culebra de agua, basses adultos) tras el ramaje semipútrido de una encina anegada en las grietas rocosas al amparo de la vegetación terrestre anegada por una subida de nivel, unos juncos cumpliendo las orillas así la función de parques de alevinaje que en algunos ciprínidos cumple el río tributario del embalse.
Cuando el bass está dispuesto a morder, todo el mundo pesca; cuando se manifiesta remiso a hacerlo, únicamente los mejores pescan. Estos pescadores lo son por muchos “pequeños detalles”, entre ellos está el atender a la topografía para conseguir esa pieza que le llenará de orgullo o que tal vez le dará la victoria en ese concurso social de su club, en ese campeonato interclubes, en esa competición de prestigio.