Hemeroteca :: 01/06/2010
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Jigging

Pesca vertical en profundidades

Última actualización 21/05/2010@09:10:31 GMT+1
Todavía está amaneciendo cuando la monotonía plana y amarillenta de la sonda se ve súbitamente interrumpida por ecos fuertes y precisos que dibujan la silueta inconfundible del Kalais, un antiguo barco frigorífico que, en medio de la nada, hace las veces de micromundo submarino. un oasis de metal donde otros metales, holográficos y coloridos, intentarán seducir a sus inquietantes moradores. pescar en pecios significa precisamente conocer y desentrañar el escenario acuático, además de capturar a grandes predadores con la ayuda del jigging y equipos adecuados.

Texto y fotos: Ángel Hernández
Aunque a ningún pescador habitual se le esconde el interés pesquero de los pecios, conviene que, antes de pasar al capítulo técnico, reflexionemos un mínimo sobre algunos aspectos biológicos propios de estos enclaves que resultan decisivos para determinar la naturaleza, calidad y cantidad de su fauna piscícola.

En líneas generales, un pecio se podría definir como una estructura que, en su totalidad o en parte, perteneció a un buque que premeditada o accidentalmente se hundió. En la mayoría de los casos se trata de estructuras metálicas con una magnífica predisposición a la colonización por parte de la vegetación marina primaria, y por ende, base privilegiada para la creación de un ecosistema marino completo que comprende desde las humildes comunidades de esciáfilos o invertebrados hasta depredadores mayores como serránidos o carángidos.

El poder generador de vida de estos lugares reside en el carácter “fijador” de las estructuras sólidas que sirven de nicho a la primera colonización vegetal. Por otra parte, y este quizá sea el aspecto más interesante para el pescador, se constata que alrededor de los hundimientos tienden a generarse corrientes ascendentes que producen importantes afloramientos de nutrientes básicos para que se inicie la cadena trófica que comienza en el zooplancton y termina con los grandes predadores, pasando por las masas de peces pasto.

Por último, el hecho de que buena parte de los pecios se encuentren en áreas expuestas, de profundidad contenida (o en cualquier caso, pescable) y en medio de grandes planicies arenosas, los convierte en zonas privilegiadas para nuestra actividad, ya sea por sus especies “residentes” como por aquellas que los visitan regular o esporádicamente.

La costa este de Gran Canaria es especialmente rica en pecios y de nuestra experiencia en ellos derivan unas consideraciones. Aunque de carácter estrictamente local, nuestro contacto con pescadores de otras latitudes nos confirma que muchas de las constantes de nuestro jigging en estos particulares spots son perfectamente extrapolables a entornos mediterráneos o cantábricos, con la sola adaptación de nuestra acción de pesca a las especies propias de cada lugar.

PATRONEO, LA CLAVE DEL ÉXITO. Aunque para muchos pescadores experimentados este capítulo pueda resultar una mera obviedad, no está de más detenerse brevemente sobre lo concerniente al gobierno de la embarcación cuando de pescar en un pecio se trata. Y es que de nuestra habilidad para localizar, visualizar, posicionar y derivar depende no sólo nuestro éxito pesquero, sino también el conservar intacta nuestra reserva de jigs, que en estos entornos son a menudo masivamente sacrificados en absurdos y evitables enganches o cortes. En lo sucesivo, daremos por sentado que el jigger habitual cuenta con una ecosonda y un GPS con unas prestaciones mínimas, pues hoy por hoy no puede entenderse el jigging más básico sin ambos instrumentos.

Para empezar, hemos de decir que los pecios son, por lo general, enclaves fácilmente localizables. Muchos de ellos están debidamente cartografiados y los que aún no lo están no suelen ser secreto para la comunidad pesquera del área. Sin embargo, lo farragoso de pescar en ellos, es que frecuentemente se encuentren en áreas de meteorología complicada y, sobre todo, el miedo natural de muchos jiggers a dejarse entre los restos sus preciados hierritos hace que no suelan ser objeto del martilleo masivo que seguramente sufren otros entornos naturales archiconocidos de nuestra zona de influencia.

Así, una vez localizado el pecio en cuestión, evitaremos ante todo la tendencia generalizada de largar los metales tan pronto percibimos el primer atisbo de estructura en sonda, procediendo primeramente a un sondeo pormenorizado de la zona, aun cuando no sea la primera vez que la atacamos.

Es importante tener en pantalla una “planta” de la estructura, la cual iremos configurando a base de waypoints en una serie que comenzará por lo extremos más distantes (eventualmente proa y popa) para completarse por los flancos hasta determinar la exacta manga del buque. Una vez plenamente conscientes de la localización y dimensiones del mismo, nos quedaremos al pairo para verificar la dirección e intensidad de nuestra deriva, estableciendo así el barlovento y sotavento de la estructura, o lo que es lo mismo, los puntos de ataque y salida de la misma.

A menos que nos marquemos como único y absoluto objetivo la pesca de bentónicos puros, lo más productivo para nosotros, así como lo más seguro para nuestra bolsa de jigs, es que concentremos nuestras derivas en los alrededores del pecio, más que directamente sobre el mismo.

Como norma general, los depredadores mínimamente dinámicos tenderán a situarse a cierta distancia de la estructura (normalmente por barlovento), manteniendo una actitud acechadora o pastadora a la espera de una oportunidad. Con la ayuda de la sonda, localizaremos las nubes de peces pasto u otros ecos sospechosos que suelen encontrase en las proximidades del pecio (aunque a veces también pueden encontrarse a distancias considerables), y metódicamente trazaremos nuestras derivas sobre ellos esperando la ansiada picada.

De esta manera salvaguardaremos nuestros jigs y evitaremos ahuyentar a los peces con el martilleo constante de los metales sobre la estructura, un aspecto sobre el que un buceador amigo me hacía recapacitar hace poco al hablarme de las extremas precauciones que toman al fondear sobre pecios para no espantar la vida de los mismos con los ruidos metálicos del ancla sobre el casco del buque.

TÉCNICA. El jigging es una técnica que se adapta a las condiciones mareales del momento, a la profundidad del pesquero objetivo y a las especies pretendidas, por lo que el hecho de pescar sobre un pecio no presenta en sí ninguna particularidad en lo que al aspecto puramente técnico se refiere. Sin embargo, pocos entornos ofrecen al jigger tal biodiversidad y opciones de pesca, por lo que resulta conveniente manejar unas mínimas variantes de la técnica a fin de prospectar todas las posibles especies y hacerse una idea fidedigna de las posibilidades reales de pesca de uno u otro lugar. Aunque controvertido, el criterio especie-técnica permite un acercamiento sólido al juego vertical y representa un modo ordenado y claro de examinar el elenco de especies que podemos encontrar en nuestros pecios, así como las diversas “maniobras de aproximación” a las mismas.

EQUIPOS, DE MEDIOS A LIGEROS. La mayor parte de los pecios que conocemos se encuentran en profundidades comprendidas entre los 20 y los 70 metros, por lo que en ningún caso podemos hablar de jigging profundo. Así, y salvo condiciones mareales y de deriva extremas, descartaremos el uso de equipos pesados (o sea, de en torno a 50 libras) y tomaremos como attrezzatura estándar conjuntos de 30 libras basados en cañas no excesivamente rápidas, carretes 8000 y trenzados del libraje correspondiente. Ello nos permitirá un completo control de los jigs de pesos más reducidos, al tiempo que nos desgastará menos y aumentará el grado de disfrute de los combates.

Con condiciones de poca deriva o pescando en pecios de escasa profundidad podemos incluso incorporar equipos específicos de jigging de 15-20 libras, aunque otra alternativa interesante (y económica) es la de servirnos de un eventual equipo medio de spinning embarcado y utilizarlo para una suerte de jigcasting o kabura sobre la estructura a prospectar. Resulta realmente sorprendente comprobar cómo una caña media de spinning, no excesivamente larga (menos de dos metros) y de acción rápida, acompañada con un carrete 4000/5000 con trenzado de 15/20 libras puede lidiar con jigs de hasta 120 g y con peces que pueden alcanzar tallas realmente interesantes.

Si ya la calidad contrastada de los materiales es imperativa cuando hablamos de jigging pesado, ni que decir tiene que este grado de excelencia debe ser igual o incluso superior al tratar con equipos aligerados que, en un momento dado, pueden ser empujados a sus límites por la irrupción del mastondonte de turno. Una vez en combate, habrá muchas variables en nuestra contra que no podremos controlar. No hagamos de la fiabilidad de nuestros equipos una más de ellas.

Y hasta aquí todo lo que humildemente podemos aportar a esta faceta del jigging, a todas luces una opción accesible y productiva para cualquier jigger que pretenda salir de la monotonía de las grandes batimetrías o simplemente abandonar una rutina pesquera muy atada a la seguridad de los veriles y las piedras de siempre.

Salvo algunas cortapisas éticas (personalmente no dejaré caer nunca un anzuelo sobre una tumba submarina) y técnicas (en algunos pecios las artes de pesca circundantes imposibilitan totalmente su pesca), hacer jigging sobre un pecio, ya sea un enorme vapor o un humilde pesquero, es una vía que rara vez nos defraudará y que no deberíamos dejar de considerar en nuestra planificación pesquera cotidiana.
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