Predadores
Última actualización 27/04/2010@08:34:26 GMT+1
Uno de los misterios más grandes en la pesca del bass se esconde en los motivos que lo llevan a atacar un determinado señuelo en un momento dado. Durante décadas, los pescadores de bass hemos argumentado y contrastado diferentes teorías acerca de por qué un pez en concreto tomará un señuelo presentado con una u otra técnica, en unas condiciones de pesca específicas. Sin embargo, el detonante que provoca este ataque sigue siendo un gran desconocido.
Texto y fotos: Josep solanes
Hay dos aspectos básicos, y de vital importancia, que hay que comentar con detalle a la hora de estudiar la zona de ataque, lo que los americanos denominan strike zone: cómo identificarla y cómo explotarla.
Para identificar este espacio físico en el que el bass se muestra agresivo, y en el que obtendremos el 90 por ciento de las picadas, es preciso valorar la importancia que tiene en su justa medida. Esto empieza por plantearse a qué distancia se desplazará un pez para atacar una presa o señuelo. Un factor que resulta decisivo para seleccionar uno u otro señuelo. Por ejemplo, si un pez está dispuesto a moverse rápido o tiene una zona de ataque grande, se puede lanzar un señuelo tipo Senko. Sabemos que hay veces en que hay que pescar con un jerkbait, recuperándolo a gran velocidad y otras en las que hay que hacerlo de forma extremadamente lenta, sacudiéndolo un par de veces y dejándolo inerte durante 10 segundos o más.
Muchos pescadores profesionales americanos creen que identificar los límites de la zona de ataque del bass es la clave para ganar un torneo. Determinar si los peces van a atacar señuelos que se muevan a un metro de su posición o a escasos centímetros de sus fauces lo es todo en este tipo de pesca. El problema es precisamente definir este espacio físico un día sí y otro también para tener éxito frente al agua de forma continuada y consistente. Si lo comparamos, por ejemplo, con la pesca a mosca de la trucha, se trata de establecer el hilo de corriente en el que una trucha puesta se está alimentando y observar la anchura de éste para colocar nuestra mosca dentro de este radio de acción del pez. Si nuestra mosca deriva sin dragado alguno y de forma natural pero demasiado lejos de la postura de la trucha, ésta ignorará la imitación.
Raramente se desplazará mucho porque esto supondría un gasto de energía que el supuesto aporte proteínico de la mosca no compensaría. Sin embargo, el pescador de truchas con mosca sabe que esto varía de acuerdo con la conjunción de muchas variables como la temperatura del agua, la época del año, el tamaño de la eclosión, etc. En la pesca del bass, estos factores que condicionan la actitud de un pez determinado son, si cabe, más complejos a la hora de combinarse.
El pescador aficionado no presta, en general, mucha atención a este aspecto de la pesca del bass precisamente porque hay demasiadas variables distintas que interactúan a la hora de determinar la dimensión real de la zona de ataque del depredador. Además, durante una misma jornada, este espacio puede cambiar varias veces y en un abrir y cerrar de ojos.
LAS VARIABLES. Entre las variables que pueden tener una mayor influencia en el tamaño de la zona de ataque del bass está la temperatura del agua y su nivel de claridad, las condiciones del cielo, el metabolismo del pez, el viento, la presión barométrica, la corriente (si la hay), los frentes fríos, la cobertura, la profundidad y la presión de pesca, entre otras.
Para comprenderlo mejor, podemos describir lo que sería un escenario ideal de zona de ataque. En una zona con cobertura de tipo indeterminado, el bass atacará señuelos en un radio de entre 1,5 y 3 metros de distancia más allá de esta cobertura, a veces justo cuando nuestro señuelo penetre en ésta y otras justamente cuando salga, pero no se desplazará nunca más allá de esta distancia de su apostadero. Por lo tanto, cuando lancemos hacia una cobertura que está a 20 metros de distancia, sabemos que una vez nuestro señuelo haya salido de este radio máximo de 3 metros aguas adentro, éste navegará en lo que los americanos llaman inconsequential water o lo que es lo mismo, agua no productiva. Esta es una descripción de un escenario que hace fácil la comprensión de la zona de ataque pero que se da pocas veces en situaciones reales de pesca, de forma que, generalmente, resulta un poco más complicado definirla. Hay que tener siempre presente que esta zona puede variar no sólo de un día para otro sino en un mismo día, tanto por la influencia de factores naturales como por la de factores específicamente relacionados con la actuación de otros pescadores o uno mismo.
LOS FACTORES CLAVE. El primer factor a tener en cuenta es la temperatura del agua. La temperatura y el metabolismo del bass van siempre cogidos de la mano. En aguas significativamente frías o calientes, el nivel de actividad del bass de boca grande disminuye considerablemente. Eso se traduce en una reducción de la zona de ataque y requiere que el pescador se adapte mediante presentaciones más lentas y precisas de los señuelos.
La claridad del agua es a buen seguro la condición más importante a la hora de predecir el tamaño y localización de la zona de ataque. En términos generales, en aguas más claras esta ventana imaginaria será más grande y en aguas tomadas o turbias, será menor. Esta regla es clave porque dicta la elección del señuelo. Por ejemplo, un pez que vive en aguas tomadas es un bass que se alimenta mayormente guiado por su línea lateral. Esto es algo que profesionales como Gary Klein, dos veces Pescador del año apuntan como crucial. Un pez que vive en aguas ligeramente tomadas, como es el caso de muchos lagos de Texas que tienen tributarios que arrastran muchos sedimentos cada vez que hay una tormenta (cosa frecuente en esta zona de los EEUU), depende de la percepción que tiene del desplazamiento del agua y el ruido para localizar sus presas.
Por esta razón, en estas condiciones se utilizan señuelos que creen mucha turbulencia y que tengan sonajeros u otros dispositivos para emitir vibraciones que se transmitan en el agua. Señuelos de este tipo son los clásicos spinnerbaits y crankbaits. También se pueden utilizar técnicas orientadas a objetivos concretos como son el pitching o el flipping con señuelos de plástico blando y jigs con sonajeros. Los peces que habitan aguas claras son, muy al contrario que los primeros, depredadores que dependen de su capacidad visual para alimentarse. La zona de ataque de estos basses se puede explotar con señuelos de superficie como poppers o paseantes, jerkbaits y spinnerbaits. Continuando con esta argumentación, podemos afirmar que la situación en que la zona de ataque es menor es con aguas muy turbias. Mientras que en aguas muy claras un bass puede desplazarse incluso hasta 10 metros para atacar una presa, en aguas muy turbias esta reacción de pez se producirá sólo cuando la presa o, en nuestro caso, señuelo, se paseen a unos pocos centímetros de las fauces del depredador.
Las condiciones del cielo son también un factor a considerar. El bass, como casi todos los depredadores, gusta de cazar y lo hace durante más tiempo, con cielos cubiertos o encapotados. Los días soleados y con mucha luz hacen que, muy a menudo, los peces se mantengan a la sombra de las coberturas. Y es aquí cuando debemos tener en cuenta las zonas sombreadas para identificar la zona de ataque. En días soleados los peces tratarán de “esconderse” al amparo de las sombras donde la visibilidad de los peces presa disminuye. El bass se siente más seguro cuando cree que no puede ser descubierto con facilidad. En estas situaciones debemos dibujar mentalmente un área de ataque equivalente a la proyección vertical que se traza bajo el agua de estas áreas sombreadas. A veces, esta “zona caliente” está sólo unos decímetros más allá. Sin embargo, yo he tenido jornadas, y no pocas, en las que con un sol fantástico, el bass estaba muy activo en aguas abiertas y cerca de la superficie, sobre todo en días calurosos en que las libélulas sobrevuelan el agua constantemente potenciando la agresividad innata de este centrárquido.
Las condiciones del cielo y los cambios en la presión atmosférica se asocian con el paso de frentes fríos y tienen los mismos efectos negativos sobre la intensidad y duración de los períodos de actividad del bass.
El viento es otro elemento que influye decisivamente a la hora de determinar la zona de ataque. En teoría, cuando comienza a soplar una ligera brisa aumentan las opciones que tiene el bass de capturar peces presa. El bass puede emboscarse mejor para capturar alburnos u otros peces presa cuando el viento empuja estos últimos en una dirección determinada. Este es un fenómeno que parece excitar al bass y aumentar su agresividad puesto que parece que el depredador es sabedor de que estas condiciones favorecen el desempeño de sus tareas alimenticias.
El quinto factor es la profundidad. Determinar la profundidad en la que se concentra un mayor número de peces que muestran cierto nivel de actividad es básico aunque éste es normalmente uno de los retos más grandes que afronta el pescador de bass. Para tener éxito en este cometido es necesario estudiar detenidamente nuestro depthfinder para descubrir a qué profundidad se está desarrollando la actividad de los peces. Una buena sonda y mucha experiencia interpretando los datos que ésta nos arroje son la combinación ganadora. La correcta lectura de este fiel aliado del pescador de bass nos proporcionará información valiosísima para trazar los límites de la zona de ataque del bass en un día en particular. Como norma general, podemos decir que a mayor profundidad, mayor será la zona de ataque.
El último factor importante que debemos considerar a la hora de dibujar mentalmente nuestra zona de ataque es la presión de pesca. Este factor es el que, con mayor frecuencia, hace que la zona de pesca se reduzca considerablemente en lagos de similares características pero con presiones de pesca diferentes. En los lugares donde se pesca intensivamente la zona de ataque es menor y puede disminuir durante un mismo día de pesca o de un día para otro, sobre todo durante la celebración de un torneo. Esto se observa bastante a lo largo de un fin de semana de pesca. El viernes por la tarde los peces que están situados alrededor de coberturas como pilastras o muelles sumergidos, estarán en la zona exterior de los mismos y tomarán confiadamente un jig que caiga en las proximidades; su zona de ataque es más bien grande. Sin embargo, el domingo por la mañana o incluso el lunes, si queda alguien pescando allí, y después de que haya habido más de 20 o 30 pescadores castigando las misma zona de pesca, los peces se situarán en las zonas interiores de las coberturas, las más protegidas o incluso las abandonarán, y para tentarlos tendremos que ser mucho más precisos y sutiles en nuestra presentación. E incluso cuando situemos correctamente nuestros engaños, los peces, que se mostrarán mucho menos agresivos, los observarán recelosos y serán muy selectivos. En situaciones como estas, todavía se les podrá capturar pero puesto que la zona de ataque se habrá reducido mucho o habrá cambiado de posición, determinarla será un trabajo más complicado.
Los profesionales americanos, que pasan muchísimas horas frente al agua, son capaces de determinar esta zona de ataque a partir de las condiciones climatológicas y la temperatura del agua. Para ellos, se trata de acotar un territorio precioso que abre las puertas a la vulnerabilidad del bass. Dada la complejidad del estudio de todos estos factores combinados, profesionales como Martens se concentran en el tiempo atmosférico y en la temperatura del agua.
Aunque hay muchos factores que pueden influir en el tamaño de la zona de ataque, hay unas condiciones generales que contribuyen en la constricción y contracción de esta área en la que el pez desarrolla su actividad depredadora. Entre las condiciones que más tienden a reducir esta área, tenemos los cielos despejados en días muy luminosos con un sol intenso, un viento muy flojo o inexistente, las aguas extremadamente claras o muy turbias y las temperaturas extremas del líquido elemento. Las condiciones más frecuentes a lo largo de una temporada estándar incluyen aguas ligeramente rizadas, cielos parcialmente cubiertos, temperaturas del agua en ascenso o descenso y aguas muy someras. Las condiciones ideales son una combinación de viento constante, cielos cubiertos, escasa presión de pesca y temperaturas del agua moderadas.