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Viaje a Crocodile Bay Lodge
Última actualización 24/03/2010@12:59:52 GMT+1
Hay pocos lugares del mundo donde se pueda encontrar un promedio de picadas de pez vela como éste. Si bien costa rica es un destino para cualquier especie, los que son forofos de este pez saben que es aquí donde deben viajar. Esta es la crónica del viaje a uno de los puntos calientes del vela en el pacífico.
Texto y fotos: Rafael González
No hacía muchos días que habíamos regresado de un viaje de pesca a las Islas Azores y estábamos comentando cómo fueron los resultados. Hablando y hablando que si los meros nos rompían, que si las anjovas habían cortado alguna línea, que si tal que si cual... comenzamos a valorar la posibilidad de hacer otro viaje antes de finalizar el año.
En las Azores tuvimos una espectacular pesca a jigging con muchas y variadas picadas, pero no pudimos disfrutar del spinning ya que un Atlántico totalmente plano hizo que no tuviésemos oportunidad de engañar a los depredadores lanzando en los rompientes, dedicando todos los días de pesca a un jigging que sí era muy productivo. Por todo esto pensamos en un destino para hacer sobre todo spinning y en el que la climatología en diciembre (fecha elegida) tuviera la suficiente bonanza para hacer agradable el viaje, por lo que nos decidimos a irnos a Costa Rica, país al que hacía mi tercer viaje de pesca y que siempre había cumplido de sobra con las expectativas.
En los viajes anteriores había pescado en la zona de Tortuguero (Atlántico), en la zona de Quepos (Pacífico Central) y en la zona de Playa Langosta (Pacífico Norte) cerca ya de Nicaragua y, por eso, elegimos el Pacífico Sur, que era una región en la que no habíamos estado, concretamente en Puerto Jiménez, en la Península de Osa, lugar famoso por su pesca tanto de bajura como de altura.
Para llegar a este destino hay que volar desde España hasta San José (capital de Costa Rica), donde se llega sobre las 4 de tarde, y desde ese punto hay que desplazarse a Puerto Jiménez, ya sea en coche (de alquiler o con chófer), o en avión. Si se decide por el avión hay que esperar a la mañana siguiente para coger el vuelo a Puerto Jiménez y si se elige la opción del coche con chófer que conozca bien la zona, puede salir directamente y llegar esa misma noche al lodge. Si va a conducir usted y no conoce bien el país, es aconsejable hacer noche en San José y partir muy temprano al día siguiente. El viaje en coche es de aproximadamente 8 horas. En este país las distancias no se miden por kilómetros sino por tiempo, ya que la mala calidad de las carreteras y la cantidad de curvas hace que unos pocos kilómetros puedan ser mucho tiempo.
PENÍNSULA DE OSA. A la Península de Osa se la conoce como la última frontera salvaje de Costa Rica por su abundante fauna y flora, con un alto porcentaje de parques naturales y reservas privadas. Los altísimos bosques lluviosos que rodean unas playas con muy poco desarrollo y prácticamente en su estado natural, convierten a esta región en una de las más bellas del mundo.
El creciente mercado del ecoturismo ha hecho que se abran destinos de lujo en las cercanías del Parque Nacional de Corcovado, Puerto Jiménez y la Bahía de Drake, que dan la posibilidad de disfrutar de la naturaleza dentro de la comodidad de estos destinos.
Puerto Jiménez es un pueblo en crecimiento con unos 8.000 habitantes, desde donde salen la mayoría de las excursiones al Parque Nacional y donde nos podemos abastecer de provisiones para visitar el Parque, disfrutar de una comida o pasear por el pueblo compartiendo las calles con loras, iguanas y monos que campan a sus anchas por el pueblo.
A sólo 10 millas de Bahía Drake se encuentra la Reserva Biológica Isla del Caño, que los aborígenes solían utilizar como cementerio y sobre la que se conoce muy poco acerca de los artefactos precolombinos que se han encontrado en la isla. Prestigiosas revistas de buceo la han catalogado como uno de los mejores lugares del mundo para esta práctica.
ROCODILE BAY RESORCT. Ahora quedaba elegir el alojamiento, que debería ser de excelente calidad y con unos profesionales de la pesca que tuviesen un buen currículum y que, de algún modo, esto nos garantizase la pesca. Todo esto lo podíamos encontrar en Crocodile Bay Logde.
Este logde se encuentra situado al sur de la Península de Osa, entre el aeropuerto de Puerto Jiménez y el Océano Pacífico, en la zona de Golfo Dulce. Cuenta con una categoría de 4 estrellas y está sumergido en un bosque tropical lluvioso de 44 hectáreas, lo que hace que te sientas aislado del mundo.
Sus instalaciones con 40 habitaciones con aire acondicionado, muebles tallados a mano e, incluso, jacuzzi privado y su espectacular SPA, hacen que sea una delicia la vuelta de la pesca y que te sirva para recuperarte totalmente para, a la mañana siguiente, disfrutar de otra apasionante jornada de pesca.
También, si lo deseas, y te quedan días libres o llevas acompañantes que no salen a pescar, puedes hacer rutas de turismo ecológico por los impresionantes parques naturales de los alrededores: kayak, bici, snorkel, rutas a caballo, etc.
El complejo hotelero cuenta con una extensa flota de 40 embarcaciones de distintas esloras preparadas para adaptarse a la pesca que quiera hacer el cliente, ya sea de altura o de bajura, y en la modalidad que más le guste con vivo o con artificial, y al curricán, fondo, spinning, jigging, mosca, etc... Los capitanes de los barcos aconsejarán cuál es la mejor modalidad en cada momento, pero de igual manera, se adaptarán a lo que elija el cliente.
En la pesca de altura y sin necesidad de recorrer demasiadas millas podemos capturar pez vela (sailfish), marlin rayado (stripped marlin), azul (blue marlin) y negro (black marlin), dorado (dolphin fish), wahoo, diferentes tipos de atunes, etc y en la pesca de bajura tenemos abundancia de pez gallo (roosterfish), varios tipos de pargos (cuberas), distintos jureles (GT, ojón, azul), meros, barracudas, agujas, macarelas, róbalos, tarpones, que nos harán pasar unas inolvidables jornadas de pesca.
Crocodile Bay Logde es un lodge para pescadores, en el que se juntan grupos de personas con el único propósito de pescar; todo gira en torno a la pesca. No es el típico macro hotel con varios restaurantes, discoteca, espectáculos nocturnos o para niños, etc. Es un pequeño hotel para pescadores o para relajarse y disfrutar de la calma y admirar la naturaleza de sus alrededores. El bosque lluvioso y la cantidad de animales que lo pueblan harán que te quedes asombrado. De hecho, además de varios grupos de pescadores, se encontraban alojados dos pequeños grupos de ornitólogos que, al igual que nosotros salíamos de pesca, ellos cargaban sus cámaras con superobjetivos y salían a descubrir nuevas especies de aves.
LA PESCA. Disponíamos de 5 días de pesca y había que aprovecharlos al máximo para intentar capturar el mayor número de especies diferentes y con distintas modalidades. Nuestra intención era hacer 3 días pescando inshore (pesca de bajura), haciendo spinning y jigging y 2 días dedicados al offshore (pesca de altura), curricaneando en busca de velas, dorados y atunes. Al final lo cambiaríamos haciendo 3 días de pesca de altura y 2 de bajura.
Nos llevamos de España nuestros equipos de jigging y spinning y aprovechamos los equipos de curricán de los barcos. Todos ellos están equipados totalmente para pesca con equipos, cebos, GPS, sonda y capitaneados por auténticos profesionales que saben dónde y cómo localizar el pescado.
A las 6:30 horas se citaba a los pescadores en el muelle en el que los barcos y capitanes ya estaban preparados para zarpar. La noche anterior nos habían asignado barco y capitán en función de los que estuviesen libres y la modalidad de pesca que deseases practicar.
Una vez que subías a bordo del barco, la partida era inminente y la tripulación ya se había encargado de tener la carnada viva y/o muerta en el vivero del barco, y la nevera con la comida y bebida para la jornada de pesca que duraba hasta las 15:30 horas.
INSHORE. Al final cambiamos nuestros planes saliendo sólo los dos primeros días a realizar la pesca de bajura que se realizaba a no muchas pocas millas del muelle.
Gallos, jureles, macarelas, agujas, serviolas, cuberas, etc, nos hicieron disfrutar de unas jornadas de pesca a spinning, jigging y con cebo natural (vivo y muerto).
Lanzando grandes poppers a las rompientes conseguíamos despertar el instinto predador de los gallos, jureles y cuberas que atacaban ferozmente los señuelos. No sé como plasmar en papel lo que se siente cuando ves que un banco de gallos, con ejemplares cercanos o mayores de los 10 kilos, despliegan su “cresta” y se pegan por atacar el popper. Incluso cuando uno se ha clavado, el resto sigue intentando quitarle la presa. De hecho, en esos momentos de locura, si se suelta el que viene clavado suele clavarse otro inmediatamente.
La habilidad del capitán situando el barco sobre la ola y la distancia idónea del lugar a pescar nos facilitaba que el lanzado fuese cómodo y eficiente.
Pescando a jigging buscamos fondos de entre 30 y 100 m donde existiese algún accidente natural que pudiese servir de resguardo a los predadores para preparar sus ataques. Al llegar al fondo e, incluso, algunas veces unos metros antes, los jigs eran engullidos desatándose una fuerte pelea en el fondo del Pacífico con la incertidumbre de saber qué pescado estaba luchando al otro lado de la línea. Serviolas, jureles, bonitos, pargos y meros atacaban nuestros jigs y nos hacían disfrutar de momentos inolvidables.
Cuando los brazos decían basta, descansábamos un rato curricaneando por las mismas zonas donde habíamos estado lanzando, teniendo picadas en nuestros señuelos de las mismas especies que habíamos pescado a jigging y spinning.
OFFSHORE. Para la pesca de altura nos reservamos tres días, saliendo a buscar marlines, velas y dorados.
El primer día no conseguimos ninguna picada de los velas. Tuvimos bastantes picadas de dorados sacando varios de un tamaño muy considerable, entre 12 y 14 kilos, que pescábamos de una manera muy emocionante. Curricaneábamos arrastrando una serie de señuelos atractores sin anzuelos y con un trozo de pescado; cuando el pez se acercaba al señuelo, los atacaba al sentir el olor del pescado y nosotros aprovechábamos para lanzarle una carnada muerta y/o otra viva, y esperábamos la picada.
Nuestras cañas de jigging estaban preparadas con las carnadas de manera que sacábamos los peces con nuestros equipos, mucho más deportivos y ligeros que los que llevaban los barcos, por lo que la lucha con los dorados y velas era muy divertida durando bastante tiempo.
Cuando divisábamos algún tronco flotando (bastante común en esa zona) lanzábamos a los dorados grandes poppers con nuestras cañas de spinning teniendo unos ataques espectaculares y desatándose una lucha muy emocionante por la ligereza del equipo.
El segundo día, además de una serie de picadas de dorados, tuvimos 8 encuentros con los velas clavando 4 y consiguiendo llevar 3 al barco. Todos fueron devueltos sanos y salvos al Pacífico. La lucha de un pez vela de unos 40 kilos con una caña de spinning o jigging, es espectacular y no tiene nada que ver con la que puede dar un vela con una potente caña de curricán.
Una de las picadas fue tan fuerte que casi nos vacía un carrete y, fue tan veloz la carrera del vela al comer la carnada viva, que hizo que se hiciese la típica peluca en un pequeño carrete de bobina giratoria. La habilidad y rapidez de reacción de todos los que estábamos a bordo hizo que pudiésemos solventar el problema. Aprovechamos un momento en el que el vela se acercaba al barco y el capitán daba atrás para cortar el hilo de la caña liada y rápidamente anudarlo a otra de las cañas, pudiendo llevar al vela hasta la borda de la embarcación.
El tercer día volvimos a tener varias picadas de dorados y fuimos capaces de clavar 3 velas aunque no conseguimos llevar ninguno al barco. Con sus espectaculares saltos consiguieron zafarse de nuestros anzuelos antes de poder “tocar escama”.
La pesca estuvo bien pero no fue todo lo que esperábamos. Nos habían hablado maravillas de este destino, de 20 o 30 encuentros diarios con los velas y no sabemos lo que está pasando pero todos los barcos coinciden que en los últimos años ha bajado la cantidad y calidad.
De todas formas tener una jornada de pesca en la que levantas 8 velas es más que suficiente y no se consigue en casi ningún otro lugar del mundo. Todos los capitanes y marineros que tuvimos estaban suficiente preparados para cualquiera de las modalidades de pesca que deseases practicar y siempre dispuestos a echarte un cable con sus equipos o con los tuyos. Se manejaban perfectamente con los nudos y con todos los equipos de pesca y, por supuesto, con sus embarcaciones.
Entre los mismos capitanes hay una especie de pique para ver quién pesca más y de hecho al final de la jornada, en el bar de logde, hay una pizarra en la que se anotan las capturas de cada barco, capitán y pescadores, produciéndose unas curiosas tertulias de pesca comentado los resultados de la pizarra mientras se degusta una cerveza, cóctel o cubata.
Crocodile Bay Logde es un lugar en el Pacífico ideal para ir con un grupo de pescadores o para pasar un par días pescando, aprovechando ese viaje de turismo que se hace por Costa Rica y por el que se pasa por distintos destinos, pero no es un alojamiento para ir a pasar unos días si no se sale a pescar ya que está preparado específicamente para ello y todo gira entorno a nuestra afición.