Surfcasting
Cómo afrontar una jornada de surfcasting
Última actualización 24/03/2010@12:52:11 GMT+1
Aunque los arenales puedan tener aspecto de fondos desérticos y despoblados de vida, son ecosistemas ricos en biodiversidad y con unas posibilidades de pesca ilimitadas. sólo hay que aprender a interpretarlos para poder
sacar rendimiento a nuestras jornadas de pesca.
Texto y fotos: Humberto Gacio Almeida
Es el arenal un fondo que está inmerso en un estado de cambio continuo, corrientes, mareas, temporales, avenidas de aguas dulces desde los ríos, dragados, etc. Son estos factores los que alteran continuamente el estado de estos ecosistemas, haciendo así más ardua la tarea de afrontar una jornada de pesca y obtener frutos de ésta.
Si tenemos en cuenta que la localización del pez es nuestra mejor baza a la hora de tener buenos resultados en una jornada de pesca, entenderemos que es este continuo cambio en el estado del arenal un inconveniente para que el pescador de orilla encuentre dónde están alimentándose los peces.
Como podéis imaginaros controlar todos los factores que influyen en estos ecosistemas y saber como debemos pescar cada uno de los enclaves que frecuentamos, se hace una tarea muy necesaria y dependerá de ella que podamos sacar provecho a cada uno de los lugares que pesquemos.
Pues sin más vamos a intentar dar un repaso a alguno de los factores a tener en cuenta a la hora de empezar a pescar en playas arenosas, como técnicas, cebos, materiales, especies y otros asuntos...
¡AQUÍ MISMO! Muchos aficionados a la pesca frecuentan los mismos lugares de pesca una y otra vez, ya que tiene el temor de cambiar de pesquero y no obtener buenos resultados. Esto puede ser beneficioso cuando las condiciones favorecen la pesca en ese lugar, pero cuando las circunstancias cambien, ¿qué haremos?
En multitud de ocasiones situamos nuestro puesto de pesca en un lugar donde hemos visto a otro pescador realizar buenas capturas o simplemente nos colocamos al azar, pero es importante saber leer las playas o por lo menos buscar zonas que “en principio” puedan ser querenciosas para los peces de los arenales y que nos ofrezcan mayores posibilidades de captura.
Será a partir de este momento cuando nuestros resultados empiecen a mejorar y a su vez cuando podamos aventurarnos con más confianza a afrontar otras playas en las que no estamos acostumbrados a pescar.
HUSMEAR ANTES DE PESCAR... Una buena costumbre a la hora de afrontar una jornada de pesca en una playa que desconocemos, sobre todo si tenemos tiempo de hacerlo, es dar una vuelta por allí antes de salir a pescarla. Nos desplazaremos a esta si puede ser con la marea baja, ya que es así como mejor se observan los detalles y características de la misma y si la marea es larga mejor que mejor sobre todo en las playas que las influencias intermareales se dejan notar con bruscos cambios como ocurre en el Atlántico.
Además, otro factor a tener en cuenta es que visitando las playas con mareas bajas podremos localizar posibles enganches, rocas o estructuras que nos faciliten encontrar a los peces e incluso evitar perder muchos aparejos.
LAS ORILLAS. Las orillas nos pueden dar mucha información, además de decirnos hasta dónde sube la marea claro está, ya que si afrontamos una jornada de pesca nocturna las relentadas pueden ocultarnos el corte que ha dejado el agua en la pleamar. No es raro que algún pescador haya sido sorprendido por una marea larga quedando empotrado contra una pared de roca e incluso perdiendo parte del equipo de pesca al no poderlo poner a salvo de las olas.
La pendiente del escalón formado por las olas en las orillas nos orienta de la profundidad del rebalaje que vamos a pescar y de la fuerza y erosión que las olas ejercen sobre la orilla. Si este escalón es muy pronunciado, es muy probable que las olas desentierren mucha cantidad de alimento y lo arrastren por la pendiente. Es este un buen lugar para calar una caña muy cercana, buscando sargos, lubinas y bailas en días de mar movido. Estas playas también se tornan muy efectivas a largas distancias en días de aguas calmas para buscar herreras y doradas.
Por el contrario, si la playa que hemos elegido tiene una orilla muy plana, tendremos que tener en cuenta que normalmente gana profundidad lentamente y en muchas ocasiones los lances largos se harán necesarios, sobre todo los días de aguas calmas.
No pasaremos por alto la posibilidad de adentrarnos a lanzar dentro del agua, sobre todo si se pueden avanzar unos buenos metros y por supuesto a distancias que no podamos alcanzar lanzando desde la orilla.
Estas playas de poca profundidad son muy buenas a distancias cortas los días de oleaje, ya que la poca profundidad facilita la salida del alimento a la superficie, por muy compacta que sea la arena. El único inconveniente es que si tentamos especies muy visuales a la hora de alimentarse, como la dorada, tendremos el problema de que suelen ensuciarse muy rápidamente.
RESTOS EN LAS ORILLAS. Es muy importante también buscar restos de posibles alimentos en las orillas, conchas de bivalvos con carne todavía en el interior, cangrejos muertos, las conchas de los chocos o sepias, erizos de mar muertos, los restos tubulares de las gusanas de canuto, etc.
Esto nos puede orientar a veces en gran medida de la disponibilidad de alimento que poseen las especies de peces que frecuentan la zona y por lo tanto con el cebo que podemos intentar pescarlas. No obstante siempre es bueno tener algún cebo que sea diferente, por si lo desconocido también les gusta.
POZAS Y DUNAS SUMERGIDAS. Otro factor que puede jugar a nuestro favor es localizar pozas y dunas sumergidas, ya que estos lugares suelen romper la monotonía de estos fondos, además de ser un lugar muy bueno para encontrar alimento, debido a la acción que ejercen en ellos las corrientes y mareas. Si divisamos zonas de tonos oscuros, éstas suelen marcarnos pozas o zonas pedregosas, siendo zonas de interés para el pescador.
Si son piedras, podremos evitarlas al lanzar o acercarnos a ellas en el lance para buscar peces que estén activos cerca de ellas e incluso escondidos en ellas, teniendo en cuenta que también les proporciona cobijo después de tomar nuestros cebos. Lo que no nos conviene en absoluto al poder perder la pieza y el aparejo.
Pero al estar hablando de arenales, lo más seguro al no tratarse de playas mixtas es que sean zonas de mayor profundidad o pozas. Estos lugares son idóneos para ubicar una de nuestras cañas, ya sea justo antes de la poza, buscando peces en la zona de transito entre la poza y el arenal propiamente dicho e incluso dentro de esta, ya que estas pozas suelen experimentar cambios de temperatura, de visibilidad y se ven modificadas frecuentemente por la erosión que ejercen en ellas las corrientes, temporales y mareas, dejando al descubierto mucho alimento para las especies de peces que se alimentan en el arenal.
Las dunas o montículos de arena sumergidos se pueden descubrir de varias formas, ya sea porque distinguimos un color más amarronado en el agua en días de aguas calmas o porque se divisa a lo lejos un rompiente donde no debía haberlo.
Si conseguimos distinguir la forma de la barra de arena, duna o montículo, es conveniente lanzar las cañas a los lados de éste, buscando especies que suban desde lo más profundo a buscar alimento en aguas más someras. Si esta táctica no da resultado, probaremos a pescar justo encima de él, ya que en muchas ocasiones la rompiente que se forma por el ajetreo de las olas mueve y desentierra el alimento. Además es un lugar muy transitado por peces de pequeño porte y por lo tanto también frecuentado por depredadores.
Si se trata de una barra de arena de bastante longitud, la opción de lanzar una caña antes y otra después de esta será muy acertada, ya que las corrientes que fluyen por sus flancos son aprovechadas por multitud de especies para buscar alimento.
Hay que tener en cuenta también a la hora de pescar en estas estructuras si están justo en el paso de una corriente, por ejemplo situadas justo delante de un canal o desembocadura. Si pretendemos pescar durante la bajada de la marea hay que saber que los depredadores esperan a sus presas mientras éstas navegan a favor de la corriente, así que se ocultan detrás de la estructura y esperan a sus presas nadando o reposando en el fondo contracorriente, para sorprender a los peces presa de modo que les cueste más trabajo huir nadando corriente arriba. Es éste el momento de situar nuestro cebos en el flanco opuesto para que a las otras especies tengan tiempo de tomar nuestros cebos. Si nuestra intención es pescar la subida de la marea lo haremos de manera inversa.
DESEMBOCADURAS, ESPIGONES E HILERAS DE PIEDRA. Otros puntos que no debemos ignorar son las desembocaduras de los ríos, ya que con sus corrientes son puntos que albergan mucho alimento. Por tanto son visitadas por muchas especies y en consecuencia también por muchos depredadores que busquen peces presa.
Las avenidas de agua dulce después de las lluvias arrastran muchos bivalvos, ya estén vivos o muertos por el exceso de agua, además de multitud de animalillos que vivan en los fondos y sean desenterrados y transportados hasta el mar.
Por otra parte los espigones o hileras de piedra son siempre zonas muy querenciosas para los peces, debido a que éstos les proporcionan cobijo y alimento, así que una estructura de este tipo por muy pequeña que sea siempre será un buen lugar para situarse y colocar alguno de nuestros plomos cerca de ellas.
INCONVENIENTES DE LA PESCA EN ARENALES. Normalmente la pesca en arenales suele realizarse con hilos de diámetros más finos que los que utilizamos en las piedras, ya que la necesidad de buscar a los peces, lanzar hasta estructuras o pasar bancos de arena nos obliga en ocasiones a realizar lanzamientos largos. La utilización de sedales finos puede ser una gran ventaja y a la misma vez un gran inconveniente en determinadas ocasiones, por ejemplo en días de algas.
Para combatirlas tenemos un par de herramientas esenciales. Una de ellas son prolongadores de los soportes de las cañas, que elevan nuestra línea en ocasiones lo necesario para que las algas situadas en las crestas de las olas no se enreden en nuestros hilos . Por otro lado los hilos cónicos, carentes de nudo de unión entre la línea madre y la cola de rata, que evitan que las algas se agolpen en este dificultando el paso del hilo por la anilla del puntero.
Incluso con estas herramientas hay ocasiones en que tendremos que desistir y dejar de pescar durante algunas horas o definitivamente, esperando que los vientos tornen y se lleven esos indeseados vegetales de nuestras costas.
Las corrientes y el mar de fondo son otro de los factores que dificultan la pesca en arenales, obligándonos a ir provistos de plomos de bola, garra o grapa y por supuesto haciéndonos cambiar el grosor de nuestras líneas, tanto con la que pescamos como con la que empatillamos, cambiando ambas por diámetros más gruesos. Así evitaremos romper la línea al desenterrar esos plomos bien agarrados en el fondo y enredar las tragaderas por la acción del mar de fondo y las corrientes.
AMPLIA VARIEDAD DE ESPECIES. En muchas ocasiones el acceso a las playas es cómodo y nos permite dejar nuestro vehículo cerca del pesquero, pero en otras no es así o hay que hacer largas incursiones para llegar hasta lugares buenos de pesca. Para ello llevaremos un carrito que nos haga más llevadero el camino y en el que podamos cargar todos nuestros bártulos, que no son pocos los que se necesitan. Es recomendable que las ruedas de éste sean neumáticas y no demasiado estrechas para que no se entierren en la arena y por supuesto que esperemos a que la marea este baja para poder andar por arena dura.
Una vez en acción de pesca, se pueden tentar gran multitud de especies, como las doradas y herreras, las cuales buscaremos en días de aguas calmas y limpias en caso de la dorada y sin la necesidad de estar tan limpia en el caso de la herrera.
Buscaremos sargos, lubinas y bailas cuando las aguas estén movidas. No nos importará que estén turbias y achocolatadas, además de no tener que buscarlas demasiado lejos de la orilla; es más, lances cortos en el rebalaje serán muy efectivos.
Los días de aguas limpias y quietas podremos tentar a los mújoles y los peces de suelo, pescando estos primeros con perlas flotantes y a los segundos buscándolos en el fondo con aparejos lastrados.
La noche dará paso a los besugos y bogas que en las playas en las que abundan se concentran en grandes cantidades, atacando con voracidad los chambeles dotados de tres anzuelos y perlitas flotantes fluorescentes.
Los depredadores como la anjova, grandes robalos y similares podremos buscarlos también con gran variedad de cebos y aparejos, pero con lo que los capturaremos más es con pescado troceado o entero, ya sea vivo o muerto y sin tener que realizar lances demasiado largos.
Para especies como la corvina, todos los cebos son válidos pero el choco sucio se perfila como el cebo más efectivo para los grandes ejemplares.