Viajes
PIRUETAS CON UN PONTÓN
Última actualización 27/10/2009@08:30:23 GMT+1
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| Abadejos a mosca en el sur de Irlanda |
A una profundidad de unos nueve metros, mi estrímer se engancha durante un momento entre las algas. Doy un ligero tirón y de nuevo nada libremente. Muy poco después siento un toque al final de mi línea después del cual la tensión aumenta paulatinamente. Clavo, y con la caña plegada al máximo, intento conducir al pez lejos de las rocas y las algas. Es un abadejo de buena talla que aparece sobre el azul del mar y que tiene mi mosca bien clavada en la parte interna de la boca. Desde la barca en que nos encontramos me resulta fácil capturar el pez, liberarlo del anzuelo y devolverlo inmediatamente al agua.
Texto y fotos: Rudy van Duijnhoven
El abadejo es un pez conocido por su excelente carácter deportivo. Cuando se pesca desde la costa en zonas con grandes rocas de perfil muy vertical, el problema al que nos enfrentamos es que tenemos un pez clavado del que tiramos justo hacia estas grandes formaciones rocosas, motivo por el cual perderemos las capturas en más de una ocasión. Al pescar desde embarcación o utilizando algún otro tipo de dispositivo flotante, no tenemos este problema. Sin embargo, no está al alcance de todos comprar una barca apropiada para la pesca en el mar. Con un pato quedaréis agotados rápidamente a causa de la corriente de la marea que hay en casi todas las zonas de costa y, además, por razones de seguridad, un artilugio de este tipo se podrá utilizar pocas veces.
Reginald van Acker, no obstante, ha encontrado una excelente alternativa en las barcas pontón. Lleva viviendo en el sur de Irlanda unos nueve años, y después de que se interesara por la pesca a mosca en el mar al rodar su vídeo El pescador con mosca holandés, quedó claro que buscaría la forma de aumentar sus opciones de pescar a mosca en el mar también en Irlanda, su nuevo país de residencia.
Los pontones se utilizan normalmente (especialmente en los EEUU) para la pesca a mosca en ríos y lagos. Con este tipo de embarcación se pueden hacer largas derivas corriente abajo en ríos no muy bravos y entonces bombardear las orillas con moscas secas o ninfas. Reginald equipa sus tres barcas pontón con motores fueraborda eléctricos para agua salada con Minn Kota. Bajo el asiento coloca una pesada batería que tiene suficiente carga para un día de pesca con mosca en el mar. Este motor, en combinación con los pies de pato que llevará el pescador, hace posible moverse contra la corriente o al menos permanecer más o menos estable sobre un mismo lugar. Los pontones llevan también un ancla y remos. Y no hay que olvidarse de llevar un salvavidas. En las bolsas situadas en la parte alta de la embarcación hay sitio suficiente para llevar comida y bebida, crema solar, cajas para moscas, material para los bajos y terminales, fórceps, etc. También hay que llevar gafas de sol con cristales polarizados que os protejan del sol y de artefactos metálicos que vuelan a alta velocidad (vuestros estrímeres).
Trabajo duro
Este año, durante el primer fin de semana de junio, se celebró el Bank Holiday Weekend para los irlandeses y, durante esos días de vacaciones, se pudo disfrutar de un tiempo soleado y templado con vientos flojos del este. Sin embargo, esos fueron días de largas horas de duro trabajo para Reginald, Shane O’Reilly y un servidor. Primero preparamos los botes pontón y después seguimos con el transporte desde la zona donde estaban aparcados, primero hasta la playa y luego hasta el agua. Las pequeñas ruedas, que labraban materialmente la fina arena de la playa, nos obligaron a realizar un esfuerzo adicional.
El resto de nuestro día de “trabajo” consistió en pelearnos con las aletas y el motor fueraborda eléctrico para llegar y mantenernos estables en aguas con la profundidad deseada amén de constatar que las aletas y un motor de esta potencia no son suficientes. Una vez que la pesca había terminado, tuvimos que llevar las embarcaciones hasta el remolque y, por supuesto, cargarlas. Ver el camión rojo, con los tres grandes pontones encima recorriendo las carreteras irlandesas resultaba una escena realmente pintoresca...
El primer día pescamos cerca de una playa donde el fondo solamente descendía de forma gradual. Dado que los dos días la diferencia entre la marea alta y la marea baja fue solamente de unos 2,70 metros, hubo también una resaca menos acusada de lo habitual. Esta fue muy probablemente la razón por la cual solamente capturamos unos pocos peces pequeños el primer día, a profundidades de entre cinco y siete metros. El segundo día nos dirigimos a una bahía rocosa cerca de Dungarvan, donde el fondo se hacía más profundo con rapidez y también era más desigual. Ese día clavamos muchos más peces y de mayor tamaño. Los periodos que pasamos en el agua se movieron desde unas horas antes de la marea alta hasta dos o tres horas después.
Las herramientas de trabajo
Nuestro equipo estaba integrado por cañas de mosca para líneas 9 a 11, carretes para la pesca en agua salada, colas de rata hundidas de 300 a 450 grains y bajos de aproximadamente un metro y medio, siendo los terminales de una resistencia de entre doce y dieciséis libras. Diversos patrones de mosca de longitudes de hasta diez centímetros nos proporcionaron picadas. Entre estas moscas podemos destacar la Dan Blanton's Whistler, una variedad de la Thundercreek y otras imitaciones de peces presa.
La técnica de pesca que utilizamos empezaba posicionándonos en aguas con una profundidad de entre ocho y diez metros, tarea para la cual un sónar con detector de profundidad es, por supuesto, de gran ayuda. Entonces nos colocábamos de espaldas a la corriente de forma que nos pudiéramos mantener más o menos en esa posición con la ayuda del motor, con la marcha atrás puesta. Las colas de rata de hundimiento rápido debían lanzarse con el ángulo adecuado respecto a la corriente para que la línea y el estrímer tuviesen tiempo suficiente de hundirse y alcanzar la máxima profundidad. Después de esperar durante un rato, recuperábamos nuestros señuelos lentamente con pequeños tirones. A intervalos regulares se podía notar que el engaño era atacado por un pez pequeño, lo que se hacía visible por las pequeñas sacudidas de la rabiza de la caña. Cuando era un pez de mayor tamaño el que atacaba el estrímer, la picada era imposible de confundir: primero una sacudida más fuerte y luego un incremento gradual de la resistencia. Más de una vez, la imitación fue atacada también durante el descenso.
Después de clavar se trataba de conducir al abadejo lejos del fondo rocoso. Si clavamos un gran pez a una cierta distancia esto resulta prácticamente imposible debido al ángulo de la línea en el agua. El abadejo nadará hacia el fondo tratando de meterse entre las algas o las rocas, y el terminal se partirá al roce con las afiladas conchas o se romperá porque el pez ganará el fondo y se enrocará. Durante el segundo día, Reginald y yo nos las arreglamos para capturar unos quince abadejos de entre 1 y 3 kilos. Además, perdimos algunos peces que se desclavaron o partieron y todavía tuvimos bastantes ataques con clavados fallidos. En lugares como éste, Reginald ha capturado abadejos de pesos superiores a los 6 kilos. Peces que te dejan más que contento cuando los peleas con una caña de mosca.