Spinning
SEÑUELOS PESADOS PARA LA LUBINA
Última actualización 27/10/2009@08:30:15 GMT+1
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| SEÑUELOS PESADOS PARA LA LUBINA |
Se acerca el invierno, y con él los mares fuertes y los vientos del norte y del oeste. Será más difícil encontrarnos a partir de ahora con grandes bancos de lubinas, pero no tanto con esos ejemplares solitarios de buen tamaño y que sólo cogerán la muestra que baje y se mueva a la profundidad adecuada. Entran aquí en juego señuelos tradicionales, baratos y en cierto modo olvidados, pero tremendamente efectivos con las grandes lubinas. Veremos cuáles son, cómo y dÓnde utilizarlos e incluso cÓmo mejorarlos.
Texto y fotos: Eugenio Maseda
La razón principal que me lleva a adorar y escribir sobre estos artificiales es que me han proporcionado un porcentaje muy alto de mis mejores lubinas. En esas condiciones invernales, de mar de fondo con grandes olas y viento fuerte, el spinning ligero se vuelve a veces tarea complicada. No llegamos a lanzar por detrás del espumero, y nuestros minnows no consiguen bajar y aguantarse donde acechan las lubinas. Está claro que no es lo mismo: el equipo es más pesado y lanzar durante un par de horas muestras de 80 gramos puede dejar huella en nuestros brazos y espalda. Seguramente tendremos que salir corriendo para escapar de las olas en alguna ocasión y en otras no tendremos tiempo de hacerlo. En fin, una pesca dura pero que proporciona grandes dosis de adrenalina y disfrute, además de buenas piezas.
Los señuelos a los que me refiero son los clásicos chivos, las cucharas ondulantes y los jigs. El chivo es una muestra ancestral, que en sus múltiples versiones ha evolucionado poco, pero mantiene su efectividad y sigue proporcionando a los incondicionales de su uso sus mejores piezas.
Un plomo alargado, atravesado longitudinalmente por un cordaje que cumple la doble función de sujetar dos anzuelos simples y el pelo de cabra por un lado y de ojal para amarrar la línea por el otro. Así de simple es un chivo. La única evolución que ha experimentado ha sido pasar del raspado manual del plomo al niquelado o cromado, y recientemente la utilización de pelo sintético de colores. Hay en el mercado cierta variedad de modelos de chivos, todos ellos de fabricación más o menos artesanal. Su movimiento en el agua simula al de un pez alargado, parecido a una aguja, una anguila o un lanzón, cualquiera de ellos muy apetecible para las lubinas.
Algo parecido en cuanto a concepto es la cuchara ondulante: una chapa metálica de forma ahusada, ligeramente cóncava, curvada o biselada, con sendas anillas en los extremos que sujetan el anzuelo triple y la línea. En acción de natación, tiene un comportamiento más nervioso que el chivo, dando sensación de pez en problemas. Ambos señuelos, el chivo y la cuchara, obtienen su movimiento más sugerente recuperándolos de forma continua, sin tirones, una vez que han bajado a la profundidad deseada. Los manejaremos con la caña baja, salvo cuando queramos que asciendan para librar un obstáculo.
Nos queda hablar de los jigs. Y tanto podríamos incluir aquí a los llamados casting jigs como a los jigs de bucktail. Los jigs de lanzado no son otra cosa que un pez de plomo, tungsteno u otras aleaciones, armado con un triple trasero. Ayudadas por el auge del jigging, todas las marcas han puesto en el mercado sus modelos para ser lanzados, con acabados muy realistas, enfocados al jigging costero y a la pesca de pelágicos.
Los bucktail son otro de los clásicos en la pesca con señuelos, aunque no tanto en nuestros mares. Se trata de anzuelos plomados, con pelos de cola de gamo, plumas o fibras sintéticas atados a la tija. Tanto éstos como los casting jigs requieren algo más de pericia por parte del pescador, o al menos algo más de trabajo de muñeca, ya que necesitaremos moverlos con la punta de la caña para accionarlos correctamente. Los moveremos cerca del fondo y hasta media agua, con la típica recogida en dientes de sierra. Los usamos más para pescar embarcados, en zonas de cierta profundidad.
En cualquiera de los casos anteriores estaremos hablando de muestras con pesos comprendidos entre los 30 y los 100 gr. Este rango de pesos es el que nos permite ampliar expectativas donde los minnows no tienen mucho que hacer.
En la espuma y en la penumbra.
No sirven estos señuelos para todas las condiciones, sino que desarrollan todo su potencial en determinadas circunstancias. Chivos y cucharas conseguirán la picada de la lubina en su escenario de caza preferido: el espumero. Aquí es donde acechan a sus presas, ocultas en medio del agua blanca. En la rompiente de una playa, alrededor de una roca emergente o en los canales de un pedrero, casi siempre con poca profundidad. En ausencia de agua blanca, tendremos más difícil engañar a las lubinas con este tipo de artificial. Únicamente en momentos de poca luz o en profundidades entre quince y treinta metros, tendremos oportunidades con ellos.
En el invierno del norte predominan los días de mar fuerte, y necesitamos señuelos que se lancen mucho y que mantengan su acción a la profundidad deseada, sin que suban a la superficie a la segunda vuelta de manivela. Incluso ven acentuado su movimiento sinuoso por el efecto de la corriente y los remolinos. Desde costa nos permiten pescar en condiciones realmente duras y a cierta altura, donde un señuelo de babero y con la punta de la caña a tres metros del agua vendría ya por la superficie en los últimos veinte metros del lance, perdiendo posiblemente la mayor probabilidad de picada.
La velocidad de recogida la determina la profundidad y el peso de la muestra. Cuanto más clara esté el agua, mayor velocidad tendremos que aplicar al señuelo, pero en condiciones “ideales” recuperaremos lentamente.
Desde embarcación también nos pueden solucionar la papeleta cuando el mar de fondo o el viento es más fuerte de lo esperado. Son los lances ajustados a la piedra o dentro de aquella cueva los que nos dan la mayoría de las capturas pescando a spinning embarcados. Debemos recordar que ni la más grande de todas las lubinas justifica el arriesgar la vida acercándonos demasiado a una rompiente o a una roca. En estos casos, los ochenta o cien metros de línea que le podemos sacar a la bobina del carrete con un chivo de noventa gramos nos proporciona un margen de seguridad importante.
Ni que decir tiene que es fundamental el conocimiento de la zona y sus bajíos, además de observar la cadencia de las olas durante un rato antes del acercamiento para no poner en peligro nuestras vidas.
Hemos hablado largo sobre los horarios de las lubinas. Primeras horas de la mañana y últimas horas del día suelen ser las más productivas, pero cuando el mar bate con fuerza las horas cercanas al momento de la bajamar, incluso en días de sol, merecen unos lances. No hacen falta muchos; si en tres o cuatro lances correctos no hemos tenido picada podemos cambiar de sitio y buscar otro espumero.
El equipo.
Con una caña de spinning para lanzar minnows seguramente podremos lanzar también una cuchara ondulante de treinta gramos, pero mejor será no intentarlo con un chivo o un jig de 80, porque pondremos en peligro la integridad de la vara.
Tradicionalmente se han usado en el norte cañas telescópicas de hasta 4,5 m para lanzar los chivos, con la única ventaja, a mi modo de ver, de mantener el puntero de la caña lo más cerca posible del agua. Actualmente, cañas enchufables de surfspinning de entre 2,70 y 3,30 metros son las más indicadas para pescar con este tipo de señuelos desde costa. El casting weight o rango de peso que puede lanzar la caña correctamente estará comprendido entre los 30 y los 125 g.
Para pescar embarcados será más manejable y cómoda una vara más corta. Entre 2 y 2,5 m es un buen tamaño. Notaremos la diferencia de peso y la comodidad, sobre todo a la hora de acercar y embarcar los peces.
En cuanto al carrete, un 5000 sería un tamaño apropiado -como mucho un 6000- que cargaremos con una línea trenzada de 20 o 30 libras. En principio, 20 libras serían más que suficiente para cualquier lubina, pero la tensión a la que someten a los nudos estos lances hacen a veces recomendable la utilización de un treinta libras, por puro sentido práctico. Y no lo notaremos mucho en la distancia de lance.
El uso del monofilamento lo vemos poco apropiado por su elasticidad, que conseguirá clavadas poco eficientes en largas distancias. A esta línea trenzada ataremos un bajo de línea, de nailon o fluorocarbono, de unos dos metros de largo y de entre un 0,35 y un 0,45 de grosor, mediante un nudo apropiado. (véase el artículo de Luis García en este mismo número).