Hemeroteca :: 01/11/2009
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Jigging

GRANDES SAMAS

Última actualización 27/10/2009@08:30:47 GMT+1
GRANDES SAMAS
Cuando hace algo más de tres años nos embarcamos en esta incierta travesía del jigging, ni de lejos nos imaginábamos que algún día llegaríamos a hacer de la sama nuestra captura fetiche. Este espárido, particularmente en sus mayores tallas, representaba hasta el advenimiento del juego vertical una rareza, una captura de marcar en el calendario para los escasos pescadores deportivos que la buscaban pescando al vivo o con curri de fondo.

Texto y fotos: Ángel Hernández
Alo largo de estos últimos años el jigging ha puesto a la reina de los espáridos a tiro del gran público, si bien es cierto que sigue representando un porcentaje reducido en el ajuar de presas del jigger habitual, particularmente cuando de grandes ejemplares se trata. Sin embargo, basta un mínimo de conocimiento del medio y ciertos conceptos técnicos básicos para darse cuenta de que es posible acercarse a las grandes samas con premeditación y alevosía, convirtiéndolas en apasionante objetivo de nuestras incursiones y no en captura ocasional o fruto de la contingencia.

El concepto de “sama” en Gran Canaria, así como en el archipiélago canario en general, engloba esencialmente dos especies: la sama roquera (Pagrus auriga) y la sama de pluma o pargo (Dentex gibbosus). La primera de ambas especies, por su vinculación a los grandes fondos (en la edad adulta) y por la extrema sobrepesca a la que ha sido sometida, es hoy por hoy un auténtico unicornio en nuestra pesca deportiva, por lo que en lo sucesivo entenderemos por “sama” la especie Dentex gibbosus, mucho más abundante y auténtico objeto de estudio de este artículo.

Los aspectos que sin duda más nos interesarán de la sama serán los referidos a su distribución y etología, variables que indefectiblemente nos llevarán al dónde, al cuándo y al cómo de nuestra acción de pesca en pos de este magnífico animal.

Desde ya, me permito adelantar que gran parte de lo aquí sigue emana de nuestra estricta experiencia personal en zonas muy concretas de la isla de Gran Canaria, aunque el contacto frecuente con pescadores de otras zonas insulares nos permite cierta extrapolación de contenidos al resto del Archipiélago.

En cualquier caso, e independientemente de que nuestras “verdades” sean o no de aplicación más allá de nuestras aguas, lo que sí resulta perfectamente adaptable es el método para acercarnos no ya al estudio de la sama en concreto, sino de cualquier depredador marino. Se trata básicamente de poner en liza la vertiente “naturalista” inherente a todo pescador mínimamente inquieto, de lanzarnos a esa otra pesca que se practica bajo techo y ante un libro durante los días de temporal.

Muchos pescadores, guiados por este proceder habrán comprobado que lo publicado sobre nuestros depredadores habituales es, en el mejor de los casos, poco y de escasa aplicación a la pesca deportiva; por contra, encontramos que la información referente a los sujetos depredados resulta ser mucho más abundante y pormenorizada, particularmente en todo lo que atañe a biomasa y migraciones. Como quiera que el pez grande siempre va tras el pequeño, se da la circunstancia de que en todos esos ingentes estudios sobre los peces presa de interés comercial residen muchas de las claves del éxito en la pesca de grandes depredadores en general, y de espáridos mayores en particular.

Así es como siguiendo la estacionalidad de la migraciones bentónicas de caballas de las puntuales eclosiones de cefalópodos o de las entradas (y salidas) de sardina alacha, hemos ido perfilando un sistema que nos permite encontrar y capturar samas de gran tamaño con cierto grado de predecibilidad.

Un pez de hábitos.

A diferencia de sus congéneres de menor porte, mucho más vinculados a la plataforma insular, estos grandes peces encuentran su hábitat natural en las proximidades del talud que rodea todas las islas y que en el caso concreto de Gran Canaria suele precipitarse a partir de los 100 metros, siguiendo una serie batimétrica más o menos escalonada hasta los grandes fondos. Es sobre todo en el intervalo comprendido entre los 100 y 200 metros donde las samas que nos interesan realizan una serie de migraciones tróficas diarias que varían en función de la estacionalidad y los peces depredados.

Con la entrada del otoño, la abundancia de calamares y pequeños cefalópodos marcan un pico de actividad en el que las “gibosas” se muestran particularmente agresivas, con violentos ataques a ras de fondo en las grandes extensiones periaplanadas de la plataforma que preceden al talud. El comportamiento de las grandes samas es en estos casos “pastador”, limitándose a deambular en pequeños grupos a lo largo y ancho de esos fondos mixtos que sirven de sustrato base para el asentamiento y eclosión de sus apreciados chipirones, pulpitos o calamares.

Las caballas y sardinas, que durante el invierno realizan grandes migraciones desde las zonas litorales a las grandes batimetrías, se convierten durante estos meses en el principal alimento de nuestras “perseguidas”, que pasan a radicarse en mayores fondos, particularmente en el entorno de zonas de afloramientos de nutrientes donde la carnada tiende a concentrarse en momentos puntuales. La pesca en esta época se desarrolla a pez visto, calculando cuidadosamente las derivas sobre los hot spots y siempre con un ojo en los manchones de peces presa que nos anuncia la pantalla de la sonda. Las samas adoptan en estos contextos un comportamiento mucho más acechador y pelágico, acosando desde abajo a los bancos de pequeños peces que en ocasiones pueden situarse varias decenas de metros por encima del fondo. Probablemente sea ésta la pesca más exigente en cuanto a conocimiento del medio, pues las concentraciones de carnada y los consecuentes “festines” se dan en lugares muy concretos (normalmente entre los 120 y los 180 metros de profundidad) y en momentos mareales claramente acotados. Sólo la experiencia acumulada y un cuidadoso análisis de la casuística derivada nos permitirán, con el paso del tiempo, diseñar una suerte de hoja de ruta que nos permita anticiparnos a los movimientos de los peces y esperarlos donde y cuando se están alimentando.

Avanzada la primavera los éxodos se invierten y los grandes desplazamientos de caballas y sardinas se dirigen hacia la zona litoral, lo que unido a la entrada en freza de las samas dibuja un nuevo escenario pesquero en el que los animales se vuelven infinitamente más localizados y territoriales. De nuevo es el momento de tirar de sonda y buscar accidentes geográficos o artificiales en fondos mucho más contenidos (aunque siempre por encima de los 50 metros), donde pueden llegar a concentrarse grandes grupos de espáridos en plena vorágine reproductora. La pesca se vuelve aquí mucho más irregular, impredecible; los grandes ejemplares se mezclan con otros de menor talla y es frecuente la captura de otros depredadores como bicudas, bonitos o medregales, los cuales frecuentan estas zonas prácticamente durante todo el año. Resulta aquí clave el concepto de territorialidad y defensa de las puestas, los animales embistiendo más que mordiendo nuestros señuelos en intervalos arbitrarios e inconexos de aparente actividad no tanto alimenticia, sino reproductiva.

El verano, que en las zonas de barlovento (las más productivas) se caracteriza por el fuerte azote de los vientos alisios, marca el final de la temporada de las grandes samas, que parecen aletargarse hasta avanzado el otoño. Este período representa, en cierto modo, un necesario paro biológico que nos permite retomar su pesca con ánimos renovados y con animales en plena disposición de procurarnos, una vez más, los gratos momentos que depara su pesca.

Un universo de jigs.

Llegados a este punto, no queda más que ocuparnos de los jigs, de sus características y accionamiento. Sin duda alguna es este el punto que más controversia despierta y sobre el cual se asienta buena parte de la incertidumbre que todavía impregna este juego a ciegas que es el jigging.

Hace unos años, cuando los pioneros del momento aún practicaban los axiomas, el oficialismo vigente hablaba de una notable querencia de las samas por los jigs cortos accionados con movimientos lentos y fluidos, y de hecho eran muchas las que cada semana se asomaban (y asoman) a las secciones de fotos de los diferentes foros virtuales evidenciando la eficacia de este proceder.

Con el paso del tiempo y la consecuente acumulación de circunstancias y lances, son ya pocos los que se aventuran a recetar modelos y acciones a la carta, quedando este aspecto técnico sometido a un relativismo al que, por pura prudencia, nos sumamos sin paliativos. Así pues, obviaremos en este apartado las listas cerradas de jigs, colores y pesos, tan socorridas pero a la vez tan personales y excesivamente simplificadoras.

En cualquier caso, y siempre con la intención de arrojar algo de luz sobre este abigarrado asunto, diremos que el noventa por cierto de las samas que capturamos sucumben a señuelos largos de alrededor de 300 gramos accionados en short jerking a una velocidad media/alta. En cuanto a los colores, tenemos tendencia a usar jigs con mucha holografía en los costados, colores naturales o rosas en lomo, y toques de flúor en la parte ventral o la librea. Esta receta viene condicionada ante todo por las circunstancias habituales de deriva en las que pescamos, y de hecho hemos comprobado que en los raros días de nulo abatimiento, en los que empleamos jigs cortos y con peso frontal para darles mayor caída (para las samas gustamos de evitar la verticalidad absoluta), los peces responden igual de bien a los engaños, los cuales trabajamos además en velocidades más lentas.

En definitiva, y para cerrar este capítulo, diremos que el éxito de un jig cuando buscamos grandes ejemplares de sama radica sobre todo en la adaptación del metal al entorno en el que se desenvuelve el pez más que al pez en sí mismo. Si conseguimos que nuestros señuelos, independientemente de su color, forma o acción, estén en el fondo el tiempo suficiente, estos acabarán por suscitar la esperada picada.

Todavía hoy no sabemos hasta qué punto esta máxima puede ser aplicable al jigging sobre cualquier especie o en cualquiera de nuestros mares. Así pues, no consideramos que el factor jig sea crítico para el éxito en la captura de las samas que nos interesan, si bien estrechamente vinculado a este aspecto encontramos otra cuestión que sí tenemos por crucial: el anzuelado.

Un buen anzuelo es vital.

El humilde anzuelo no deja de ser nuestra primera línea de contacto ante el eventual depredador, elemento clave que marca la diferencia entre la picada fallida y la captura efectiva del pez. La tendencia estandarizadora del jigging en nuestras aguas trajo consigo la incorporación de assist hooks basados en anzuelos de gran tamaño (11, 12, 13/0) que se tenían por sólidos, seguros y selectivos. Con el tiempo, estos anzuelos sobredimensionados se nos han revelado como altamente efectivos ante peces “engullidores” como medregales, abades o meros, cuyas bocas succionadoras alojan perfectamente estos grandes y pesados anzuelos.

Sin embargo, desde nuestros primeros contactos con las grandes samas comprobamos que este tipo de anzuelos nos reportaba un preocupante ratio de picadas fallidas por jornada, especialmente cuando los ataques se producían a cierta distancia del fondo. Por ello procedimos a un análisis cuidadoso de la anatomía y el modo de ataque del pez, que nos condujo enseguida a cambiar nuestros modos de anzuelado. La boca de la sama, de dimensiones relativamente reducidas y armada con unos temibles caninos diseñados para cortar y desgarrar, deja a las claras que estamos ante un pez “mordedor” que lanza contundentes ataques al cuerpo de sus presas, a las que suele devorar a trozos cuando no consigue atraparlas en sus fauces en un primer momento. Los grandes ejemplares son además animales pesadotes y torpes cuyos ataques a menudo resultan lentos y poco precisos, lo que unido a un entorno bucal óseo, comprimido y muy duro obliga a la incorporación de anzuelos de menor tamaño y sección, pero con mucho mayor poder de penetración. Hablamos de tamaños 8 y 9/0, de calidad exquisita para garantizar la solidez, y con puntas extremadamente afiladas.

Otro aspecto importante, particularmente cuando usamos jigs largos, es el uso de un cordaje de assist ligeramente más largo de lo habitual (hasta aproximadamente la mitad del metal), pues hemos comprobado que la mayor parte de los ataques (que quedan debidamente marcados en las holografías y pinturas de nuestros jigs) se concentran en la mitad inferior del señuelo. Por esta misma razón recomendamos también añadir un segundo anzuelo simple con anilla en la cola del jig, básicamente para asegurar el gran número de picadas fallidas que se dan por ataques “tardíos” de estos animalotes. Este segundo anzuelo trabaja de forma absolutamente independiente del assist y procura una lucha limpia, sin el clásico amarre lateral tan propio del doble assist, el cual no recomendamos bajo ningún concepto.

Un elemento que viene irrumpiendo con fuerza en la configuración del assist hook para jigging es el pulpito de vinilo, que se integra en el conjunto ocultando parte del anzuelo. Después de más de un año incorporándolo en nuestros anzuelos, este “assisted assist”, como nos gusta llamarlo, nos ha descubierto grandes posibilidades en lo referente a los peces de tallas más contenidas y a la variedad de los mismos, si bien en lo que atañe a las grandes samas no hemos encontrado cambios ostensibles que nos permitan hablar categóricamente sobre la supuesta efectividad del vinilo con estos animales. Sospechamos, eso sí, que el pulpito puede tener una función “focalizadora” de la picada, sirviendo de reclamo visual en ese último instante en que el pez hace uso de la vista para consumar su ataque, y por ello lo seguimos y seguiremos usando.

Hasta aquí llega lo que creemos que todo aficionado que se interese por los grandes espáridos canarios debería saber, aunque son muchas la cuestiones que se quedan en el tintero y aún más las incógnitas que esta pesca nos depara día a día. Sirva lo dicho como una estricta referencia, inspiración si se quiere, y no se pretenda ver en ello más que las frágiles conjeturas y experiencias de unos tipos que siguen tomándose la aproximación a las grandes samas como un mero entretenimiento, un juego apasionante y tornadizo que, al margen de ganar o perder, nos concede siempre la oportunidad de seguir aprendiendo.
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  • El espárido en aguas canarias

    Últimos comentarios de los lectores (1)

    403 | Prudencio Guzmán - 17/11/2009 @ 20:28:45 (GMT+1)
    Un gran artículo, interesante en todos sus aspectos, donde sobresalen la experiencia de hábil pescador y la capacidad de observación de un magnífico naturalista. Enhorabuena, seguro que será de gran utilidad para muchos pescadores.Un abrazo.
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