Hemeroteca :: 01/08/2009
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Surfcasting

Especies de medias aguas con perlas flotantes

Última actualización 20/07/2009@11:27:39 GMT+1
Los tiempos cambian y las técnicas que ayer triunfaban hoy se encuentran superadas por otras más productivas, aunque también pueden ser modificadas porque las especies a las que iban dirigidas ahora han cambiado sus hábitos y obligan a ser pescadas de otra forma. pero esta moneda tiene otra cara: la de esas técnicas que ya se conocían pero que casi nadie empleaba... y que sin embargo ahora pueden significar la mejor opción para el éxito.

Texto y fotos: Eduardo Martínez
Es en los meses de verano cuando las orillas de las playas y espigones de nuestro amplio litoral están más concurridos. La tranquilidad, las buenas temperaturas y el encanto de las estrelladas noches de verano nos impulsan a buscar momentos de relax en esas zonas donde el sonido de la rompiente de las olas nos trasporta a un estado de sosiego que nos hace olvidar la rutina del día a día. Así, asumimos gustosamente el trabajo de cargar la bolsa repleta de materiales, anzuelos, plomos, luz de cabeza, etc, amén de una nevera con gusanos, refrescos y cañas. Me atrevería a decir que cada jornada en estos meses es el principio de una nueva ilusión, pues es ahora cuando las aguas se calientan y las diferentes especies (tanto comunes como migratorias) tienen mayor actividad, encontrando cada día peces diferentes.

Para aquellos que practican la pesca de manera espóradica o como mera afición veraniega les será de gran ayuda invertir un poco de su tiempo en leer estas líneas y descubrir que, de un corto período de tiempo a esta parte, en Italia y Portugal empezaron a probar con una técnica diferente y sencilla que nos ofrece un abanico mucho más amplio de posibilidades en cuanto a especies capturables. Se trata de colocar una perla flotante por encima del gusano, la cual impulsará nuestra ascada o gusano a la superficie, logrando de esa manera presentar el cebo de una manera distinta a la tradicional (que es aquella en que el gusano reposa en el fondo). Con ella tendremos acceso a especies como obladas, esparrallones, salpas, panchos, palometas, jureles, sargos, vidriadas, xuclas, bogas, bailas, lubinas y lisas.

Sin entrar en más detalles, los colores a emplear son, tanto de día como de noche, los blancos o fluorescentes de tamaño medio, mientras que el cuándo colocar los flotadores se resume con sencillez: cuando especies como la dorada, la mabra o la herrera (todos ellos, peces que buscan su sustento en el fondo marino) no den señales de vida. Por contra, para los pescadores de competición o los más experimentados el tema es mucho más complejo, puesto que tamaño, colores, correcta colocación del flotante... para según qué especies puede ser determinante.

El peso de la historia. Esta técnica empezó a ser empleada por pescadores de Portugal e Italia, y entonces, hace cinco años, pocos éramos los deportistas españoles que nos atrevíamos a colocar esos artilugios flotantes. Su tamaño nos frenaba considerablemente el lance, lo que hacía que las capturas de herreras y roncadores disminuyeran considerablemente para quienes no disponían de buena técnica lanzando.

Sin embargo, en Italia despertaron una afición desmedida y dentro de sus fieles algunos rozaban -o rozan- la perfección, creando auténticos sibaritas entre los deportistas consagrados, a los que hoy se admira e imita hasta a la hora de lanzar. Y es que desenvolverse con un bajo de línea de 5 m, dirigir el plomo al punto deseado y cobrar agujas de 3 en 3 sin tener líos es tarea casi imposible si no se ha empleado el tiempo suficiente para conseguir una técnica depurada. Por añadidura, los italianos disfrutan en su mar Adriático de unas aguas someras y tranquilas que son escenarios idóneos para su práctica, ofreciendo además resultados muy interesantes para una especie poco frecuente en el Mediterráneo: la aguja.

El despertar de esta técnica de pesca lo propiciaron los pescadores ribereños, a los cuales era habitual ver llenar cubos utilizando un buldó (tipo trucha) rellenado con leche, para poder controlar en todo momento su situación y lances precisos. A este buldó le ataban una gameta de aproximadamente un metro de longitud, y a ésta le colocaban a unos 15 cm otro anzuelo en la cola. En los anzuelos se prendían diferentes cebos naturales, como trozos de sardina, de piel de caballas o de jureles, los cuales adquirían vida propia con sus lances y recogidas continuas por la superficie.

El reglamento, aliado... obligatorio. Estos hoy deportistas y especialistas conocían el reglamento de competición y éste era claro al respecto: el plomo siempre tendría que reposar en el fondo. Así, el pescador se encontró con el nuevo reto de colocar los anzuelos lo más altos posibles, y alargar al máximo sus bajos de línea y gametas para alcanzar la superficie, sin olvidar presentar el cebo en suspensión y flotando en la superficie. Si se localizaban en la orilla no hay problema, puesto que a poca profundidad y con un bajo de línea de 2,50 m es suficiente; sin embargo, el problema se agravaba cuando se retiraban de la orilla y la profundidad y diagonal del punto desde el que lanzamos es mayor, de ahí que se utilizasen cañas por encima de 5, 6 o 7 m. Por otro lado, la normativa internacional mantenía en relación al largo de las cañas que éste tenía carácter opcional o de libre elección... con la peculiaridad de que tendrían que estar provistas de un mínimo de cuatro anillas.

En dos mares tan diferentes como el Adriático en la cara noreste de Italia y el Océano Atlántico en la parte este de Portugal, abundan las especies que aquí nos ocupan, y en ambos países existen pescadores que son verdaderos especialistas. Sin embargo, hay una diferencia entre ambas ubicaciones: la profundidad de sus playas, mayor desde Lisboa hacia el norte del país luso. Por ello, el pescador portugués no dudó en emplear cañas de 7 m, acordes a la profundidad de estas playas, con el objetivo de mejorar los resultados de las jornadas de pesca. Estos factores e interés del pescador deportivo son los que enriquecen el deporte de la pesca de competición y fueron a la vez el detonante para la modificación del reglamento de la FIPS-Mar.

Recuerdo como si hubiera sido ayer las polémicas y debates en las reuniones de capitanes durante los campeonatos del mundo. En ellas, los seleccionadores de Italia y Portugal defendían sus intereses y las técnicas de sus deportistas, mientras los españoles escuchábamos. Hoy, éstas que fueron polémicas están contempladas en la normativa de la FIPS-Mar, con una longitud máxima permitida de 5 m para la caña. También el bajo de línea, que no puede sobrepasar el largo de aquélla, al igual que la medida máxima de los flotadores es de 15 mm. Largo de las gametas y cantidad de perlas flotantes por cada una también están reguladas (ver “En busca de la perfección”, TROFEO PESCA MAR nº 6).

Lanzados a probarlo. Como puede apreciarse, este novedoso sistema (o nueva técnica) empezó a ser probado con especies de superficie como agujas, palometas y lisas. En esta pesca de superficie o pez visto, el flotador fijado en la línea a unos 5 cm del anzuelo en los días de mar en calma hace que el cebo obtenga un movimiento más natural y atractivo que si lo colocamos por encima del cebo.

Poco tiempo trascurrió hasta que vi de manera (digamos) involuntaria, por primera vez flotadores montados en los bajos de línea para utilizar a larga distancia. Fue dentro de la caja de un buen amigo de la selección italiana y, obviamente, le bombardeé a preguntas, a porqués y paraqués de los flotadores, colores, tamaños y propósitos. De todas esas preguntas y sus respuestas pude deducir que las colocaban con el firme convencimiento de que con ellas se lograban buenos ejemplares de mormora, nombre con el que en el país transalpino denominan a la mabra o herrera. La realidad fue que no me hicieron cambiar de técnica, puesto que, como conocedor de la especie y fiel practicante del estilo clásico y pesca a fondo, conseguir una buena mabra para mí dependía de lograr un gran lance y ser generoso en la ascada. Los resultados en ese Mundial no fueron malos y conseguí mi segunda medalla individual, lo que me llevó a seguir pensando que lo que hicimos era efectivo, que lo que vi no tenía mayor importancia y que el factor suerte del sorteo de los puestos era determinante.

Sin embargo, ocurrieron otros acontecimientos, en esta ocasión dentro del ámbito nacional. En esos días, pescadores del sur de España empezaron a arrasar en las competiciones tanto sociales, como provinciales y autonómicas de Andalucía utilizando un cebo permitido por ser cebo natural como es el pan. Tan grande fue su éxito que se llegó al punto de prohibir el pan en las competiciones oficiales de este territorio... Pero tal éxito me hizo pensar. El pan, al igual que los flotadores blancos del italiano con que hablé en el Mundial, flota... y las lisas parecen no dudar a la hora de comer. Se acercan y morrean en superficie cosas blancas, se pescan a mosca seca, deambulan a medias aguas y morrean los fondos... Suficientes interrogantes como para probar.

Así, en las caídas de tarde y en plena noche, en solitario con mi sombra como única compañera, probé la efectividad de las boyas en esas horas en que, según el pescador habitual de lisas, se creía que dejaban de comer o tener actividad. Numerosos bolos me hicieron pensar que esa creencia era toda una realidad; sólo gracias a algún que otro llobarro, mabra, salpas y sargos, todos sacados con flotantes, mantuve el ánimo de seguir con el intento. Hasta que un buen día, entrada la noche y con el mar en calma, pude disfrutar de picadas seguidas como si la luna fuera el sol. No daba crédito a esa pesquera. La reflexión fue correcta, puesto que hasta en las jornadas de día y pleno sol también nos encontrábamos con alguna que otra porra. Decidí guardar esos conocimientos como uno de los secretos de mi caja de pesca.

Fue en un selectivo catalán en una playa de Gerona cuando decidí probar fortuna y jugármela. La primera hora fue desesperante. Mientras los rivales de los puestos colindantes iban cobrando pequeñas mabras y besugos, yo seguía esperando esa picada de lisa que no llegaba y me hacía pensar que sería difícil remontar... hasta que una de las cañas se destensó. Tras esa primera picada pude cobrar en poco tiempo siete hermosas lisas, las cuales por su tamaño y peso me dieron el triunfo de la manga para el asombro de los asistentes, pues era mi cubo el único que presentó ejemplares de esta especie cuando lo habitual en todas las bolsas fueron mabras, roncadores y besugos.

Otro ejemplo sucedió recientemente en Galicia, en un open por parejas de carácter internacional organizado por la Sociedad del O-Capote, en donde se dan cita muchos pescadores nacionales de renombre y de países colindantes como Portugal. Mi compañera de equipo fue la mundialista Sandra de la Fuente. Le expliqué mi nueva técnica, pero ella me respondió que en aquella playa nunca se habían pescado lisas de noche, por lo que me aconsejaba no probarlo tras dos lances en busca de especies como las bogas sin señales de vida. Me costó convencerla de que podríamos probar, pero al final a regañadientes empezamos a colocar flotantes de color blanco en el bajo de línea de tres gametas largas de unos 90 cm, aproximadamente. Tras colgar o pinchar por la cabeza 2-3 gusanos de norte (o miñocas, como se conoce a este gusano en tierras gallegas), sólo queda hacer un lance acompasado a corta distancia sin forzar, para que los gusanos no se desprendan de los anzuelos. Acercándome a la orilla para ganar algo de distancia, sin tensar el hilo y dejando hilo en banda, obtuvimos la primera sorpresa en forma de picada. No empezamos a cobrar hasta que tuvimos el bajo de línea de repuesto preparado de la misma manera.

Al final, cobramos un doblete de lisas de gran tamaño, y tras él las horas se pasaron en un abrir y cerrar de ojos, entre el asombro y la alegría de ver cómo se amontonaban en el cubo... y con ellas conseguíamos el triunfo.

Las cosas han cambiado. A día de hoy, cuando echamos de menos a nuestras habituales mabras -máxime con la exagerada medida mínima impuesta por la administración de 20 cm-, los pescadores deportivos nos vemos obligados a agudizar y prestar mas atención a estos complementos, los cuales nos ofrecen capturar especies de medias aguas. Aunque sus medidas son inferiores, de lo adecuado de esta elección dan fe los resultados de las jornadas de pesca y de las diferentes competiciones en la totalidad de nuestro amplio territorio. La explicación la encontramos en que actualmente son determinantes las especies que hace sólo cinco años sólo se presentaban a pesaje de forma muy esporádica. Por ello es normal que esta nueva técnica tardase en introducirse, ya que en aquellos no tan lejanos años eran abundantes las mabras o herreras, especie que cuanto más adentro se lanzaba de mayor peso se conseguía.

En el trascurso del 2005 al actual 2009, las administraciones competentes han optado por subir las medidas mínimas de las diferentes especies comunes (como aligote y mabras) de nuestro litoral, de manera genérica, lo cual afecta al pescador deportivo. Ojalá que los señores que rigen este apasionante deporte tengan a bien trabajar para conseguir unas medidas de acuerdo a la práctica y distancia en la cual el pescador deportivo lleva a cabo su afición. Ojalá consigan obtener unas medidas diferenciadas, tal y como es la practica o pesca del pescador profesional.
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  • RENOVARSE O MORIR

    Últimos comentarios de los lectores (1)

    391 | MMM - 22/07/2009 @ 11:41:52 (GMT+1)
    Muy instructivo el articulo... gracias amigos
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