El spinning marino, a todas luces más complicado y aparentemente menos productivo que el practicado en aguas continentales, toma cada día mayor protagonismo en el mundo de la pesca, resultando su difusión cada día mayor y congregando, año tras año, a un mayor número de aficionados. Pero no es una pesca fácil. Más bien al revés, se trata de una técnica muchas veces ingrata en cuanto a resultados se refiere. Pero ahí es precisamente donde radica parte de su atractivo: en ser una modalidad para pescadores perseverantes, selectivos y amantes de los retos.
Pero para el profano es, sin duda, ardua tarea el realizar sus primeras capturas. En un río o pantano los peces se desplazan o cambian de capa de agua profundizando o emergiendo, dependiendo de variados factores (hora del día, estación del año, temperatura, disponibilidad de presas, etc), pero siempre es una movilidad reducida si la comparamos con la de sus parientes marinos. Aquí, en el mar, cambian las escalas, la inmensidad abruma y buscar nuestros trofeos en tamaño escenario puede tornarse tarea complicada, especialmente para el neófito, poco conocedor del medio y sus habitantes. Sin embargo, y pese a todas las dificultades que esta pesca conlleva, la recompensa suele ser más que agradable, ya que las especies marinas desarrollan una potencia sin parangón y luchan de forma titánica con el pescador, alcanzando algunas además grandes tamaños.
En la práctica de esta modalidad es habitual pasar horas y horas lanzando en una playa, pescando al agua, con la esperanza de que algún pez muerda nuestro señuelo, cosa que puede ocurrir si la suerte nos acompaña. Pero siendo realistas, en este tipo de pesca tan técnica prima el análisis y el conocimiento, factores importantes sobre todo si queremos aprovechar nuestro tiempo y pescar de forma práctica y con ciertas garantías de éxito. Así, expondremos en este artículo unas sencillas premisas sobre cómo interpretar el medio físico, daremos unos consejos que nos beneficiarán a la hora de escoger un enclave determinado y veremos algunos datos básicos sobre especies que son susceptibles de ser capturadas a spinning desde costa. Informaciones todas ellas que nos resultarán útiles también a la hora de escoger unos equipos y señuelos determinados. Con estos datos, tesón, experiencia y -cómo no- algo de suerte, podremos llegar a conseguir resultados sorprendentes en tan “hostil” entorno.
Información y observación, dos factores determinantes. Cuando nos proponemos pescar una zona determinada por vez primera es indispensable recabar el máximo de información posible sobre la misma. Datos sobre orografía, accidentes del terreno, tipos de fondo, hábitats, especies presentes y puntos de interés, etc, son clave. Para ello podemos valernos de la ayuda de mapas, libros, revistas del sector, foros de internet, páginas web... aunque quizá la mejor opción sea directamente la de hablar con otros pescadores que conozcan el enclave.
En primer lugar, el conocimiento de migraciones, hábitos estacionales o mejores horarios para la pesca de determinadas especies es fundamental para afrontar con garantías de éxito nuestra jornada de pesca. Aun variando ligeramente según la zona geográfica en que nos encontremos (Canarias es tema aparte por su particular climatología), cada especie tiene su mejor época para ser pescada en la Península. Así, de mayo a noviembre será el momento más propicio para anjovas y palometones, ambas especies abundantes en la costa mediterránea, menos numerosas aunque de mayor tamaño en el Atlántico, y raras o ausentes en el Cantábrico; jureles, caballas, palometas blancas, agujas, obladas y espetones están presentes todo el año, aunque los hallaremos en mayor número en época cálida; la lubina es otro de los habitantes siempre presentes en nuestras costas, aunque su mejor época, si de pescar buenos ejemplares hablamos, es la invernal (con el mar movido y en horas crepusculares o nocturnas).
Mientras, bonitos y melvas se muestran accesibles desde costa a partir de bien entrada la primavera o a principios de verano, para desaparecer cuando se enfrían las aguas, ya en otoño. La lampuga, especie de rápido crecimiento, tiene una presencia algo más breve, pues prefiere las aguas más cálidas y no llega hasta mediados de verano para marcharse a finales de otoño. Por su parte, las especies del roquedo no son estacionales, pudiéndolas pescar en cualquier época del año. En definitiva, a grandes rasgos la época veraniega es sin duda alguna la más prolífica en capturas y diversidad de especies pescables.
Algo también muy importante para una fructífera jornada de pesca es localizar y estudiar las señales que delatan la presencia de peces presa o depredadores (relacionados muy estrechamente entre ellos), tarea que realizaremos in situ en el escenario de pesca. Uno de los mejores indicadores de actividad es la presencia de pajareras, que en no pocas ocasiones encontraremos accesibles a tiro de caña. A tan escasa distancia de la costa, las especies presentes son normalmente jureles, palometa blanca, anjovas, lubinas y palometones, mientras que en enclaves de mayor calado encontraremos caballas, estorninos, melvas, lampugas e incluso algún bonito. A falta de averíos, otro magnífico indicador son los ataques que realizan los predadores en superficie, muy visibles con mar calmada.
Buscando los puntos calientes. La elección del enclave es quizá uno de los aspectos más determinantes a la hora de obtener buenos resultados. Veamos los mejores escenarios donde trabajar con nuestras muestras y las especies que podemos encontrar en ellos:
- Desembocaduras de agua dulce: uno de los mejores lugares para tentar a las más diversas especies durante todo el año. En época invernal, cuando la angula penetra en los cauces fluviales, las grandes lubinas frecuentan estos lugares en busca de tan preciado alimento y es el momento ideal para utilizar un pequeño anguilón, lo más parecido posible a la escurridiza angula. Es muy interesante prospectar el canal algo más profundo que se forma en medio del cauce, ya que es lugar de desplazamiento de predadores y presas. En el periodo que abarca desde la primavera hasta finales de otoño aquí se dan cita una mayor diversidad de predadores en busca de peces presa (las lisas son muy abundantes), los cuales a su vez acuden atraídos por la materia orgánica que arrastran estos cursos de agua al mar. Así, podemos encontrar lubinas, anjovas, palometones, espetones y palometas blancas.
Las mejores horas para el spinning son las primeras y últimas del día, aunque no es raro que los mayores ejemplares de anjova y palometón patrullen y cacen también en las horas centrales del día, momento de máxima calima. Podemos utilizar en estas zonas y con garantías de éxito todo tipo de señuelos: grandes de superficie para la práctica del surf-spinning, peces artificiales que no profundicen demasiado, vinilos, jigs de lance, y los socorridos y efectivos anguilones.
- Bahías someras: en época primaveral, son áreas de descanso tras la migración y la freza para numerosas especies. Para poder pescarlas con ciertas garantías evitaremos las zonas con mínimo calado, buscando profundidades de entre 1 y 5 m. Podemos practicar el surf-spinning en busca de grandes anjovas y palometones con grandes poppers, pencils o paseantes, ataviados con un vadeador. En invierno o al atardecer, sobre todo si existe algún tipo de estructura, podemos tentar a las lubinas con minnows y pequeños jigs. El verano no es buena época para la pesca en este tipo de enclaves, ya que el agua alcanza temperaturas elevadas, circunstancia que empuja a los predadores hacia aguas abiertas, algo más temperadas.
- Canales: merecen unos lances pues son frecuentados por la minitalla y, tras ésta, los peces predadores. Es frecuente observar a las lubinas camufladas entre los bancos de lisas en busca de una presa desprevenida. Las sepias se encuentran también en buen número.
- Espigones: lugares de paso y refugio de numerosas especies. Algunos espigones penetran bastantes metros en el mar, lo que nos permite acceder a zonas de mayor calado, frecuentadas por especies de aguas azules -caballas, melvas, bonitos, etc- que normalmente se muestran inaccesibles desde costa. En esta línea, el mejor lugar para la pesca es el extremo que da a mar abierto, resultando muy efectivo el empleo de pequeños jigs, ya que nos permiten lanzar muy lejos. Estos lugares son patrullados por anjovas y palometones a diversas horas del día, por lo que si tenemos paciencia podemos pescarlas a surf-spinning.
Además, y especialmente al anochecer, son territorio de caza de jureles, obladas, lubinas, serviolas, espetones y palometas blancas, así como de un gran número de especies de roca -pargos, meros, falsos abadejos, escórporas, sargos, serranos, etc- que encuentran aquí refugio permanente. La mejor época por diversidad de especies y número de capturas es la estival, aunque en invierno se pueden capturar grandes lubinas, espetones, agujas y calamares. Por último, en las inmediaciones de estas estructuras se forman esporádicamente pajareras, accesibles muchas veces con jigs metálicos de pequeño tamaño, el cual también es muy eficaz para pescar los peces del roquedo. Podemos prospectar los agujeros entre las rocas con un pequeño rubber jig o con un vinilo en busca de predadores apostados (lubinas, sargos, meros, serranos, etc).
- Puertos y otras estructuras antrópicas: de características similares a los espigones en cuanto a pesca se refiere, presentan la particularidad de que muchos de ellos son zonas de desembarco de pescado, lo que atrae tanto a presas como a predadores. En sus calmadas aguas buscan cobijo y alimento numerosas especies como jureles, pequeñas anjovas, lubinas de todos los tamaños, etc. Las mejores zonas para la pesca son el espigón exterior (el que da a mar abierto y que es, por tanto, lugar de paso o hábitat permanente de predadores de toda índole), la bocana (punto caliente por antonomasia) y las estructuras que encontramos en el agua o entre los barcos (ya que sirven de apostadero para numerosas especies como la lubina o el espetón). Además, existen otras estructuras interesantes de prospectar, tales como embarcaderos, puentes, etc, pues sirven de refugio o como territorio de caza de numerosas especies.
- Zonas rocosas y acantilados: azotadas por las olas, son el refugio y el territorio de caza de numerosas especies que encuentran en la espuma su mejor aliada. Estos lugares son el hábitat ideal para lubinas, espetones, pargos, dentones y grandes sargos, dándose cita los mejores ejemplares en época invernal. Si existe profundidad suficiente, son visitados en ocasiones por predadores de aguas azules como caballas, melvas y bonitos entre otros. Los señuelos más utilizados en estas zonas son poppers, paseantes, minnows y jigs, todos en tamaño moderado.
- Playas: no es lugar de mi agrado para la práctica del spinning marino, aunque en determinadas playas y circunstancias se puedan obtener buenos resultados. Las mejores son las que tienen fondo mixto de arena, roca y a ser posible praderas de posidonia, y que profundicen rápidamente. En estas playas se puede pescar en invierno sobre todo lubina, y en verano, al atardecer, jureles, palometa blanca, anjovas y palometones. En las playas de escaso calado resulta efectivo vadear (bien protegidos con nuestro vadeador en época invernal), a fin de lanzar más allá de la barra de arena, donde rompe la ola y se encuentran en mayor número los predadores. Con ayuda de un buldó podemos lanzar una metralleta de plumas o un anguilón -que serán los señuelos más eficaces para pescar lubinas- o bien directamente un jig de 25 a 50 g. Este último nos permite alcanzar grandes distancias y es muy eficaz con la mayoría de especies.
- Zonas iluminadas: lugares excelentes donde se dan cita numerosas especies de interés. Una farola estratégicamente situada cerca del agua atraerá el plancton, éste a la minitalla, y tras ella acudirán los siempre acechantes predadores. Feroces ataques se suceden en estas áreas si observamos con detenimiento, lo que podemos aprovechar para colocar en medio de la confusión nuestro señuelo, preferiblemente del mismo color y tamaño que los peces presa en que se están cebando los predadores. Normalmente, éstos serán lubinas, espetones y pequeñas anjovas. Lanzaremos algo alejados del lugar para no asustar a los peces con nuestra presencia y, por la misma razón, evitaremos pescarlo durante mucho rato.
- Salidas de agua caliente: numerosos son a lo largo y ancho de nuestras costas los chorros de agua caliente que emiten centrales térmicas y nucleares, famosos por su pesca. Grandes lubinas, espetones, serviolas, palometones y anjovas son atraídos por la gran cantidad de peces presa que las frecuentan, sobre todo cuando arrecia el frío y las presas escasean. Son puntos normalmente de dominio público y muy interesantes de visitar.
Con esto podemos dar por concluido nuestro repaso a las mejores condiciones, épocas y lugares. A partir de aquí, nuestras mejores aliadas serán la experiencia, la tenacidad y una infinita paciencia. Y dos últimos consejos: uno, no olvidarnos del antiguo y eficaz boca a boca, ya que mantenernos informados de forma veraz sobre dónde se producen capturas nos facilitará enormemente el trabajo; y dos, seamos generosos y retornemos la libertad a las piezas de escaso tamaño o que no vayamos a consumir. El mar nos lo agradecerá con memorables jornadas futuras.