Hemeroteca :: 01/07/2009
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Editorial
Última actualización 23/06/2009@13:38:19 GMT+1
No es la primera vez ni soy el único que ha catalogado los ríos como los ecosistemas más vulnerables que existen, por aquello de que son “invisibles” a ojos de la gente corriente. Si se ha introducido una nueva especie de mamífero, de insecto o de pájaro, pronto se conoce porque son especies fáciles de detectar, pero si hablamos de peces o cualquier otro animal/vegetal que tenga en el río su hábitat, su detección puede ser más tardía. Además, los ríos tiene un factor de propagación que no poseen otros ecosistemas: son como las venas de un cuerpo por las que puede difundirse un virus fácilmente.

Todo esto viene a colación de la reciente oleada de especies invasoras y letales que se está descubriendo en aguas fluviales de nuestro país y que están afectando principalmente a Castilla y León. La última de ellas es el llamado moco de roca, alga chapapote o didymo, y que responde al nombre científico de Didymosphenia geminata. En los últimos meses se han detectado colonias en el río Porma que ponen en peligro seriamente la vida acuática de la zona. Este alga tapiza por completo el lecho del río donde habita, cubriendo de una mucosa las piedras o vegetales que coloniza para expandirse. Originaria de los ríos y lagos alpinos circumboreales, poco a poco ha ido expandiéndose por el mundo y causando daños allá donde se propaga. Primero fue Norteamérica en los 80, después Nueva Zelanda, y por último distintos países europeos hasta llegar a España.

El principal efecto del moco de roca se produce en los insectos, que no encuentran el suficiente alimento con su ingesta y van disminuyendo sus poblaciones, y por tanto el sustento de los peces que los ingieren. Además, estos últimos ven restringidos sus frezaderos naturales por la alteración de las características del lecho, lo que les obliga a desplazarse para la procreación.

Por otro lado, el Grupo Especialista en Invasiones Biológicas (GEIB) alertó recientemente del riesgo de expansión del mejillón cebra en Castilla y León dadas las altas concentraciones larvarias, en todas sus fases, que se han certificado a raíz de se descubrimiento en el embalse de Sobrón (Burgos) en 2006. Eso demuestra que se hacen necesarias medidas urgentes y en algunos casos drásticas para evitar su propagación, una vez se tiene constancia de que no sólo hay riesgo de que se desplace de una masa de agua a otra, sino de que se asiente y prolifere. Por si fuera poco, el mejillón cebra ha dado el salto al sur de España con las primeras localizaciones en la cuenca del Gualdalquivir, concretamente en el embalse granadino de Los Bermejales, donde se halló un ejemplar adulto en abril que ha obligado a limitar la navegación como medida cautelar en este pantano y en el anexo de Iznájar. Tanto en el caso del alga como en el del mejillón, las autoridades se han puesto manos a la obra y piden la colaboración ciudadana para poder controlar su expansión, poniendo a disposición de pescadores, fundamentalmente, teléfonos donde dar parte de cualquier hallazgo de ambas especies fuera del área ya controlada.

Si a esto sumamos el jacinto de agua en el Guadiana, las decenas de peces exóticos encontrados en los últimos años o los cormoranes, el panorama no es muy halagüeño. Confiemos en que, como dice el dicho, “la naturaleza sea sabia” y responda a tantas amenazas.
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