Spinning
Su evolución hasta los poppers y paseantes
Última actualización 26/05/2009@09:26:53 GMT+1
Catalogar a la lubina como la reina de la pesca en el mar nunca puede ser exagerado, ya que ningún otro pez ha conseguido tanta repercusión popular a nivel de la pesca deportiva europea en agua salada. todos conocemos los espectaculares y deportivos monstruos que pueblan las aguas más cálidas del mediterráneo. sin limitaciones geográficas ni físicas ni económicas para su pesca, la lubina es la protagonista del spinning marino en todo el viejo continente.
Texto y fotos: Equipo
www.robaliza.com
Ya nuestros abuelos consideraban a la lubina un pez especial. Mucho más valorado que los demás por su lucha y su recelo a tomar las muestras que le ofrecemos, es también distinto por los ambientes que frecuenta buscando la oxigenación de las aguas, la caza escondida en la espuma y que nos obliga muchas veces a cometer más imprudencias de las que cualquier trofeo merece. Fueron también nuestros abuelos los que inventaron los primeros señuelos eficaces para engañarlas: los chivos, las cirras o las cucharillas ondulantes, que llegaron a nuestros días perfeccionados generación tras generación pero conservando toda su esencia original.
Por desgracia, los tiempos en que las lubinas eran tan abundantes que era imposible volver a casa sin ninguna pieza nos quedan muy lejos, y como en cualquier otra modalidad de pesca deportiva en el mar, la sobreexplotación de los recursos pesqueros y la estrechez de miras de las autoridades -que no ven en los peces del mar más que comida para los votantes- está llevando también a esta especie a mínimos históricos. Esto nos plantea a los pescadores dos cuestiones principales: la práctica del captura y suelta para aportar nuestro granito de arena a la conservación de la especie y, por otro lado, el desarrollo de técnicas y materiales más efectivos y de máximo rendimiento para enganchar a la resabiada reina.
Otro aspecto en el que hemos cambiado los pescadores de robaliza es en que ya no buscamos las capturas únicamente en la espuma. Los nuevos señuelos más realistas, los equipos optimizados que permiten lanzar lejos muestras más ligeras y más efectivas en su vuelo, nos han abierto las puertas de todo el litoral y cualquier punto de la costa susceptible de tener una lubina ya es una buena zona de pesca.
¿Hacia dónde estamos evolucionando en su pesca? Las principales evoluciones en las técnicas de pesca que actualmente aplicamos nos vienen del mundo del black bass, el cual es de largo el que más investigación y desarrollo aporta a la pesca de depredadores. Así, señuelos tan archiconocidos por los pescadores de bass como los paseantes, vinilos o poppers, o técnicas como el walking the dog, twitching, jerking, que los bassmaníacos manejan día a día, son todavía grandes desconocidos por una gran parte de los lubineros.
En cuanto a técnicas, la aplicación de la investigación en el mundo del bass a la pesca de la lubina se la debemos principalmente a los franceses, que han sido los pioneros en adaptarlas al Labrax. A los japoneses, por su parte, les debemos el desarrollo de cañas, carretes y señuelos para sus suzukas (el equivalente asiático de nuestra robaliza). Por último, gracias a internet nos está empezando a llegar información muy útil de lo que se aplica en Estados Unidos con la lubina rayada y que se puede reciclar perfectamente para nuestras costas.
De todas las modalidades de pesca a spinning de la lubina, la que más adeptos está sumando en los últimos años es la pesca en superficie en las zonas intermareales, sobre todo con paseantes. Estos son señuelos sin babero que imitan a un pez herido, trabajan en la superficie y es el propio pescador quien le tiene que dar vida con los múltiples movimientos de su caña. La satisfacción de hacer subir una lubina a atacar la muestra a la superficie, y disfrutar de las décimas de segundo en que descarga su agresividad sobre el señuelo, es una imagen que se queda fijada de por vida en la retina del pescador. Él, por su parte, posiblemente agradecerá más esos instantes de adrenalina pura que el llevarse la cena para casa.
Otra gran diferencia de la pesca en superficie con respecto a la pesca más tradicional de minnows es que gracias a las gafas polarizadas podemos seguir toda la faena del ataque, desde que viene detrás del señuelo hasta que decide morder, por lo que se disfruta de su presencia durante más rato. Esto lo entenderá perfectamente el pescador de mosca o el de bass que ya ha pescado en superficie...
Características de los materiales. Los materiales ideales para este tipo de pesca son una caña de 2,70 a 3 m, aunque en verano la benevolencia del mar puede permitirnos incluso bajar a una 2,40. Y es que la caña corta facilita el manejo y el desarrollo de la técnica. Además, van mejor las de una acción fast con potencia media y que lance señuelos de entre 15 y 40 gr aproximadamente. Hay un gran número de candidatas, en un abanico de precios que abarca desde 50 euros hasta donde uno quiera llegar.
Es en el carrete donde la cosa se complica un poquito más, ya que conviene que sea de una cierta calidad para las millones de vueltas que dará a lo largo de su vida útil sin que pierda tracción ni coja holguras. Ésta será, seguro, nuestra mayor inversión. El tamaño, sobre un 4000 o un 5000. La recuperación será la habitual de los carretes de spinning con ratio no inferior a 5:1, ya que sino nos resultará muy cansado dar vida e imprimir agilidad en el señuelo. Actualmente, cualquier carrete de una cierta calidad está adaptado a la recogida específica que requieren los hilos trenzados y en general todas las brainded lines, pero si nuestro carrete no bobina en perfectas condiciones provocará las temidas “pelucas” de hilo, las cuales acabarán con nuestra paciencia y con la jornada de pesca. Así, lo que ahorraríamos en un carrete de una gama inferior lo tendríamos que gastar en reponer hilos.
Debe de estar relleno de un trenzado de buena calidad que resista unos 10 kg o 20 lb, pudiendo bajar a 10 lb cuando se trabaja en rías, estuarios y zonas donde la línea no tenga mucho roce contra las rocas. El trenzado, con su elasticidad casi nula, nos facilita que los movimientos que realizamos con la puntera se transmitan íntegramente a la muestra sin perder efectividad por la elasticidad del hilo. Entre el trenzado y el señuelo no está de más poner un bajo de 1 m de monofilamento; aunque no es imprescindible, aguanta mejor los roces con las rocas, amortigua un poco la rigidez del trenzado y, si lo cambiamos en cada jornada de pesca, nos protegerá durante más tiempo el trenzado. Recomendamos un diámetro del bajo de entre 0,20 y 0,45 mm, dependiendo de la zona a pescar y de las condiciones y estado de la mar.
Además, es importante que la unión entre el bajo y el señuelo se haga con una buena grapa. De los cientos de modelos que nos ofrece el mercado las mejores son las que presentan una zona de enganche amplia, ya que así el señuelo se puede mover con libertad cuando apliquemos sobre él los movimientos desde la caña. Las principales funciones de la grapa son mejorar la transmisión de las técnicas a la muestra, ya que si atamos el bajo directamente no trabajará con la misma libertad. También facilita el cambio de paseante si llegado el momento es necesario hacerlo.
Algo que no es imprescindible pero que con el tiempo será una parte importante de nuestro equipo de pesca en superficie son las gafas polarizadas. Protegen nuestra retina de los dañinos reflejos del sol en la superficie del agua, aliviándonos los dolores de cabeza tras varias horas entornando los ojos para evitar esos reflejos, y facilitándonos la visión del fondo y del desarrollo de nuestro paseante. Ésta será realmente una buena inversión y nos permitirá disfrutar de imágenes inolvidables que de otra forma los reflejos del agua nos privarían.
En cuanto a los paseantes. Dicho esto, nos metemos en la gran faena: los paseantes. Estos los elegiremos de entre 10 y 15 cm de longitud, y en cuanto a modelos y marcas cada uno debe de probar hasta dar con los que más le gustan. Sin embargo, para comenzar con los movimientos básicos el mejor candidato y con el que ha aprendido casi cualquier lubinero que pesque en superficie es el Super Spook de Heddon, ya que es fácil de mover, barato, eficaz como el que más y aguanta las olas como pocos. Un buen consejo es cambiarle los triples que trae por otros de mayor calidad y más potentes (y esto es válido para casi todos los señuelos), ya que una buena lubina puede hacer filigranas con la mayoría de los anzuelos que vienen de origen.
Las principales cualidades de este tipo de engaños son, por un lado, el movimiento que realizan en zig zag (walking the dog) y que podemos variar dando más o menos tiempo entre cada toque de la puntera para así conseguir sliders (movimientos en zig zag más amplios), paradas o arrastradas imitando a un pez que escapa de un depredador. La otra cualidad son los sonidos que emiten, salpicando agua con el morro o mediante los rattling que llevan y que, aprovechando la curiosidad de la loba, hacen que ésta se acerque a ver qué ocurre desde una cierta distancia. Esta cualidad no la presentan la mayoría de señuelos que utilizamos habitualmente.
En cuanto al tipo de rattling, después de comentarlo entre cientos de pescadores, parece que es mejor los de sonidos graves (bolas metálicas grandes) en zonas más profundas y los de sonidos agudos (pequeñas bolas de glass) en aguas más someras.
En general, iremos probando diferentes combinaciones de movimientos y cadencia de ritmo hasta dar con el que ese día provoque más ataques. Estos, como ya comentamos previamente, son muy rápidos, por lo que aun cuando llevemos años pescando fallaremos bastantes (a veces son ellas las que fallan la mordida). El truco puede estar en tener un par de segundos más de templanza y esperar a que lo tenga bien en la boca, lo que se traduce en esperar a dar el cachete cuando notamos la embestida en la caña y no cuando vemos el ataque. Esto es fácil escribirlo pero no tanto llevarlo a la práctica por el susto que nos da, y muchas veces la imprevisibilidad de la picada no nos facilita clavar a la pieza.
Cuando movamos la muestra tendremos en cuenta cómo responde a lo que le pedimos con la puntera. Así, si levantamos más la punta de la caña tenderá a sacar la cabeza fuera del agua y a salpicar más, lo que puede resultar interesante en días de poca actividad; o al contrario, bajar la puntera para marcar más el movimiento en zig zag. Todas estas habilidades las irá desarrollando la paciencia, la observación y la experiencia. Nada nuevo para cualquier pescador que se precie de ello...
En cuanto a los colores. Esta es otra rareza que nos caracteriza a cada pescador, ya que cada uno confía en los suyos, o prefiere cuantos más colores, mejor, para ir variando... Muchas opciones distintas, pero ¿hasta qué punto es importante el color que usemos?
La lubina guía su ataque hacia la posible presa mediante el uso de sus sentidos, y la diferencia principal con respecto a otros peces no depredadores es el predominio de la percepción táctil/sonora. Las vibraciones o sonidos realizados por la presa en el agua serán mejor detectados -mediante el uso de la línea perceptiva lateral- de lo que será su imagen por la vista. Suponemos que la vista la usa en el último momento para dirigir más eficazmente el ataque, pero la detección del señuelo lo realiza principalmente por las vibraciones emitidas por éste.
Así, podemos concluir que el color no es lo más importante, sino los movimientos y sonidos emitidos por el propio señuelo o por el agua que desplaza en su recorrido. De todas formas, y por tener una guía para seguir y que la lubina no rechace nuestra trampa en el último momento cuando ya lo ha detectado y perseguido, optaremos por colores naturales y cuerpos translúcidos en días claros con aguas claras. Colores verdosos o azulados con brillos intensos en días despejados con agua turbia y, por último, colores blancos o fosforitos en los días nublados y oscuros.
De todas formas, esto no deja de ser una guía y al final será el propio pescador, con su experiencia, el que decidirá en cada momento qué color utilizar y por qué.