Jigging
CUATRO PROTOCOLOS PARA PESCAR MÁS Y MEJOR AL DEEP JIGGING
Última actualización 26/05/2009@09:27:14 GMT+1
La inmensidad y el complejo sistema de interrelaciones físicas del escenario y la desconocida etología del objeto, hacen que la pesca a jigging se torne por momentos incierta y desconcertante. Una técnica donde los patrones de conducta y los protocolos de actuación son en muchos casos tan limitados como inexplicables. Dentro de las escasas certezas existentes y con el único respaldo de la experiencia personal, voy a exponer sin pretensiones dogmáticas las 4 normas de un protocolo personal de pesca a jigging que es posible que nos hagan pescar más o mejor.
Texto y fotos: Mario Suárez Naranjo
Dicen que el océano es, junto al cerebro humano y el espacio exterior, los tres ámbitos sobre los que el hombre expresa sus mayores desconocimientos. Es un medio físico tan basto y costoso a la exploración que el saber simplemente lo que esconde el fondo marino que se extiende a 2 km del paseo marítimo es una inversión de tecnología y capital tan cuantiosa que sólo esta al alcance de fines concretos que aporten alta rentabilidad.
El deep jigging como técnica de pesca con señuelos se desarrolla en esos fondos profundos que quedan frente al paseo costero e incide sobre especies animales que se imbrican con ese océano basto e ininteligible de manera tan estrecha y compleja que cualquier previsión de comportamiento queda fuera de nuestro alcance material. Podemos saber cuánto pesan, cuánto miden, qué aspecto tienen y cuándo los capturamos por última vez, pero no tenemos ni idea de qué es lo que ven cuando nosotros les enseñamos un señuelo rosa-plata, porque ayer eran imanes placa metal y hoy sólo quieren alimentos orgánicos, o dónde se meten cuando su ausencia se cuenta por meses en el calendario.
Ante la imposibilidad de hallar respuestas convincentes y asegurar capturas mediante el conocimiento exhaustivo de nuestro oponente y su medio, propongo fijar la vista en nosotros y nuestro instrumental estableciendo un protocolo de actuación de puntos que, basándonos en la lógica más evidente, nos asegure si no los peces, sí la certidumbre de estar pescando de manera técnicamente intachable y con el máximo nivel de intencionalidad.
Este protocolo que empezamos a desgranar desde ya, se basa a mi juicio en 4 aspectos básicos y fundamentales: pescar cómodo, ser lo más natural posible, encontrar y disponernos antes los peces, y recopilar y saber utilizar la experiencia acumulada.
Pescar cómodo. Lo de pescar cómodo implica -como supongo que todo en la vida y como siempre repito cuando hablo de pesca- ser consecuente. No se trata de pescar cómodo porque sí, o sea, ir ligero, desprovisto o diferente por cuenta exclusivamente propia. No. Se trata de buscar el inevitable equilibrio entre nuestra comodidad y las circunstancias que conforman nuestro jigging. No podemos consagrar un equipo de pesca vertical a las 20 libras si pescamos las profundidades centenarias de un océano abierto y nos jugamos las picadas con animales de varios dígitos de peso. No buscamos solamente reducir peso y fatiga, se trataría más bien de amoldar la potencia del equipo y las garantías de éxito a una mayor maniobrabilidad y versatilidad de movimientos con el fin de obtener un mayor rendimiento. Vamos a explicarlo mejor con algunos ejemplos materiales.
Desde un principio, el deep jigging introducido en nuestras aguas y nuestro entorno informativo se ha caracterizado por emplear cañas cortas y potentes acopladas a robustos y precisos carretes de spinning. Modelos top gama que en la mayoría de las ocasiones sobrepasan el medio kilo de peso. Estos equipos, por peso y configuración, requieren un agarre y un posicionamiento corporal que casi siempre y por fatiga acotan las posibilidades del jerking y la soltura necesaria que de cara al éxito precisan jigs, formas, pesos y movimientos. Digamos que salvo poderío físico particular, el equipo nos hipoteca la acción de pesca a ritmos y tirones monocordes y repetitivos.
Por el contrario, si nos hacemos con carretes tipo spinning de menor tamaño y sobre todo si nos pasamos a las bondades que proporcionan los carretes de bait cast o convencionales, ganaremos por un lado en ligereza y por otro en soltura y confortabilidad de agarre, revirtiendo el esfuerzo sobrante en mayor control y versatilidad de movimientos.
En relación a ello, y refiriéndonos a los carretes de bait cast o convencionales (cada vez más usados entre los aficionados), hay que señalar que el situar el peso y la inercia de esfuerzo por encima de la caña y presentar un sistema mucho más directo y natural de recogida de hilo inciden, junto al reducido tamaño de muchos modelos, en la confortabilidad clave de nuestro primer protocolo de idoneidad jiggera. Personalmente, desde hace un par de años pesco con un par de carretes convencionales Accurate diseñados expresamente para jigging y a día de hoy creo que sería incapaz de volver a pescar con la antigua maquinaría de spinning. Por comodidad y, por tanto, por eficacia.
Por otro lado, y al margen de la tipología de equipos utilizados -spinning o convencional-, hay otros dos aspectos a tener en cuenta que redundan en comodidad... y recuerden que aumentar la comodidad es aumentar las posibilidades. Por un lado, el empleo de las modernas cañas que combinando peso y ergonomía con la nueva tecnología de fibras mantienen potencia reduciendo grosor y peso del blank, y por otro, la elección de jigs que a pesar de permitir un manejo liviano no prescindan de virtudes hidrodinámicas redundantes en velocidad de hundimiento y resistencia a la corriente.
Pescar más fino. En realidad, lo correcto sería decir pescar lo más fino posible. En este punto hay que reconocer que siempre se coquetea con el riesgo... con el riesgo de toparnos con el animal del año y quedarnos con un palmo de narices.
El pescar más fino contribuye a la comodidad, pero sobre todo contribuye a aumentar las posibilidades del engaño. Si podemos camuflar nuestro señuelo de tal manera que parezca una auténtico pez presa en apariencia y acción, mejor que mejor. Además, tengamos en cuenta que muchos de los depredadores que aparecen en nuestro punto de mira son animales que gozan de una excelente agudeza sensorial y aunque como algunos no creen, probablemente no les sea posible distinguir el gris marengo del amarillo azafrán, si perciben formas y sobre todo vibraciones, así que entre menos artificios situemos entre nosotros y el engaño, más fácil debe resultar timarlos con nuestras mañas de pesca vertical.
Hablando de finura en los aparejos del jigging hay que referirse inevitablemente a las líneas. En lo concerniente a ellas me gustaría advertir la poca cultura que nuestro entorno pesquero posee respecto a la pesca de depredadores con cañas y carretes en las modalidades de lance o pesca vertical, lo que en relación al asunto que planteamos nos lleva a no ser plenamente conscientes de la fortaleza de multi y monofilamentos incluso en librajes bajos. Para muchos pescadores marinos (entre los que hasta no hace mucho me contaba) usar cualquier línea que no rebasara las 50 libras de resistencia era casi cometer una inconsecuencia y andar jugando a la ruleta rusa con los peces. Afortunadamente, la casuística que se desprende del uso y los avances de la industria nos van haciendo cada vez más conscientes del verdadero poder de las líneas, demostrándonos que 20, 30 o 40 libras de cuerda dan para mucho y no tiene por qué quebrarse a las primeras de cambio sin más razón que la concurrencia en su extremo de un pez potente y obeso.
Para romper por gravedad de peso un trenzado de los librajes referidos se necesita la coincidencia de varias circunstancias e incidencias. Por tanto, no duden en emplear líneas finas de cara a aumentar la eficacia y rentabilidad del jigging. Yo particularmente, pescando en Canarias todo el año -y recuerden que Canarias es territorio submarino frecuentado por animales de tamaño más que apreciable- no excedo las 50 libras de trenzado, prefiriendo casi siempre cuerdas comprendidas entre las 30 y 40 libras. En unos cuantos años de regular pesca a jigging jamás he perdido un pez por ser tan gordo que partió la línea. Piensen que las propiedades del agua como fluido, la labor de freno de los carretes, y la elasticidad y poder amortiguador de cañas e hilos son elementos que ayudan a que siempre se obre el milagro.
Por otro lado, aunque continuando en harinas de finura, en caso de que nuestras peripecias de pesca vertical se desarrollen en fondos de baja o mediana profundidad, recomiendo el uso del fluorocarbono como preventiva formula de invisibilidad ante los ojos del pez. De la idoneidad de su uso me ha ido convenciendo la experiencia, y aunque sale caro al bolsillo y es farragoso de anudar, los resultados parecen indicar que su uso es más que conveniente con determinados peces de vista privilegiada. Además resiste muy bien la abrasión y el machaque de uso que representan sol y sal.
Por tanto, para recapitular el tema de la naturalidad y finura, recomiendo como montaje tipo el multifilamento razonablemente más fino, un leader de fluorocarbono en consecuencia y, a ser posible, el señuelo con su respectivo assist atado directamente al monofilamento, sin más aditamentos ni intermediaciones. Eso no quiere decir que nuestro compañero de pesca no nos gane la jornada usando una maroma de mudanzas y un freno de moto como terminal, pero con nuestra receta siempre tendremos la conciencia tranquila y la sensación de haber hecho bien los deberes.
Localizar y saber moverse ante los peces. Desembocamos de lleno en una de las claves fundamentales para acceder a practicar un jigging exitoso. Todo lo dicho antes en relación a comodidad y sutileza en la presentación del engaño saltará hecho añicos si luego, en el mar, no somos capaces de saber dónde se concentra la pesca y cómo debemos abordarla con nuestros jigs. En este punto es fundamental además de contar con cierto conocimiento general de las cotas batimétricas, las aguas y sus condiciones oceanográficas, disponer de una buena sonda, un GPS y a ser posible un plotter que cargue la carta marina correspondiente analizando la batimetría y encontrando las rupturas básicas de pendiente y los hitos del relieve submarino.
Sin GPS estamos perdidos y sin sonda estamos ciegos. Pero disponer de ambos elementos aún no es garantía de pescar donde hay peces. Además de contar con el instrumental es imprescindible conocerlo mínimamente. Sobre todo los tiquismiquis propios de la sonda en relación al tipo de barco y el área de pesca. Me refiero a saber interpretar las lecturas, saber cuándo engaña, cuándo son interferencias o polución en vez de peces, qué tipo de peces representa el eco, qué significa su posición con respecto al relieve y su comportamiento depredador. De la misma manera, es necesario conocer cómo es la deriva en función de la meteorología marina predominante y las características de nuestra embarcación, así como qué nos puede deparar el que vaya en una u otra dirección y cómo retardarla o modificarla llegado el caso. En fin, cuestiones importantes cuyas respuestas sólo podemos hallar a partir de observar, disponer de un mínimo de conocimiento y sobre todo gestionar con habilidad la experiencia y casuística acumulada.
Gestionar la experiencia. Llegados a este último punto, es preciso recordar lo que decíamos al principio respecto a la cantidad de interrogantes y dudas que plantea las circunstancias biológicas y oceanográficas del jigging en relación a la posibilidad de anticipar cualquier tipo de éxito. En este sentido, la experiencia y la acumulación de acontecimientos vienen a ser en la práctica las únicas herramientas disponibles para intentar establecer cualquier futura estrategia de pesca. Para ello es preciso hacer memoria, anotar lo que va pasando, y establecer un diario que relacione peces, éxitos, fracasos, técnica, meteorología, temporadas y circunstancias específicas. Se trata de intentar cuadrar nuestra presencia cuando la mayoría de aquellos factores vuelvan a confluir. Actuar de igual manera que aquel día exitoso, proponer el mismo señuelo como engaño a la misma hora y con la misma marea, frecuentar determinados lugares en función de la época del año y las condiciones ambientales. En definitiva, intentar anticiparnos y dar con la captura usando la estadística y la experiencia acumulada. Al final, y pese a que en la mayoría de los casos, como dice la sabiduría popular, cada temporada es distinta y cada día tiene su pesca, la entelequia, la encantadora entelequia del mar y sus habitantes, tiene en la experiencia bien gestionada su más útil vía de comprensión.