Editorial
Última actualización 26/05/2009@09:26:33 GMT+1
Echando un vistazo rápido a los contenidos de la revista es fácil comprobar cómo unas técnicas ganan protagonismo respecto a otras. Si cogiéramos un ejemplar antiguo, de hace 6 o 7 años, probablemente el surfcasting cobraría más relevancia, con la difusión de nuevos métodos de hacer bajos de línea, de grosores o de cebos empleados. Después vino el spinning, técnica que aún sigue desarrollándose en agua salada y, desde hace 5 años aproximadamente, estamos claramente en la época del jigging. Por eso es normal que cada vez demos más páginas a una modalidad que aún no ha encontrado límites.
Prueba de ello es el hecho de que haya comenzado a practicarse con asiduidad en aguas del Cantábrico. Habitualmente se ha asociado esta técnica a aguas cálidas del Mediterráneo y Canarias, en parte debido a la herencia adquirida a través de las revistas y sus reportajes. Las primeras noticias y artículos aparecidos en España hablaban del jigging en lugares tropicales con peces descomunales, de ahí que en principio se pensara en practicarla en zonas templadas de nuestro país, cuando en realidad pescar sólo depende de que haya peces en la columna vertical de agua donde nos encontramos. Y la segunda barrera que se ha superado es la de las especies, puesto que sólo hablábamos de peces de fondo o grandes pelágicos, descartando los más “modestos” y a menudo presa de los pescadores de surfcasting.
De esta manera, publicamos este mes un artículo que nos descubre cómo pescar lubinas en el Cantábrico a jigging, toda una técnica pionera y que se muestra igual de efectiva que cualquier otra. Este pez, que no se caracteriza por encontrarse de manera habitual a grandes profundidades, es capaz de desplazarse desde la superficie hasta los 100 metros de calado, lo que no predetermina el modo de buscarla. Esto demuestra igualmente que casi cualquier pez es capaz de sentirse atraído por un señuelo que se mueve verticalmente, y no sólo por peces artificiales que se desplazan en horizontal o por cebos vivos en suspensión. Simplemente no se pescaban así antes porque no se intentaba de manera regular.
En esta línea de desarrollo y descubrimiento de nuevas posibilidades, muchos se sienten todavía inseguros a la hora de practicar el deep jigging, esa modalidad que manda los señuelos hasta los 500 metros en el caso más extremo. Por eso, dedicamos unas cuantas páginas a aportar algo de luz sobre este aspecto con cuatro protocolos que sin duda ayudarán a estar más convencidos de que pescando de esta manera aumentan las posibilidades. Sólo que hay que afinar material y técnica para poder luchar desde esas profundidades. Y en cuanto a los señuelos, se está viviendo una auténtica revolución en relación al diseño. Pasado ya el momento de que llegaran a nuestro mercado los modelos -principalmente japoneses- que han resultado más efectivos, es el turno de tunear nuestros jigs a base de fibras y otros vinilos que acoplados ayudan a incrementar la atracción de los mismos. Encontrarás buena muestra de ello en este número de la revista. Como ves, el jigging no para, y da para algunos años más de fiebre. Te mantendremos al tanto de los nuevos adelantos.