Hemeroteca :: 01/04/2009
11/11
Viajes

Llampugas y otros récords en Tanzania

Última actualización 30/03/2009@10:52:30 GMT+1
Uno de mis sueños más esperados se ha hecho realidad: “pescar oro”. Bueno, lo que se ha hecho realidad es la captura de los famosos dorados, cuyo nombre más correcto es lampuga. Aquellos que conocen mi trabajo a buen seguro entenderán bien mi motivación cuando se trata tanto de pescar como de tomar fotografías de algunos peces como éstos, objetivo evidente y de primer orden de ambas actividades. En este sentido, la lampuga se sitúa justamente en lo alto de la lista por un buen número de razones obvias.

Texto y fotos: Johnny Jensen
Me lanzo al agua con mis zapatillas puestas y las gafas en la mano. Rápidamente me encajo las gafas y coloco la cámara en el estuche acuático que me facilitan desde la barca. El mar está realmente caliente, sobre los 33 grados, lo que por lo menos hace que no me enfríe. El agua, de un azul marino oscuro muy sólido, nos regala un espectáculo de color realmente fantástico. Para mi mayor sorpresa, puedo oír perfectamente los gorjeos de un banco de delfines moteados que estaban jugando alrededor del bote sólo unos momentos antes. Echo un vistazo rápido fuera del agua para determinar en qué dirección está Gordon luchando con el pez, un pez que estamos seguros se trata de una lampuga. Muy lentamente me acerco hacia éste y entonces, como un relámpago de dorada luz y reflejos esmeralda, la lampuga pasa a mi lado como una bala, a una velocidad tal que me deja completamente pasmado. Me revuelvo para empezar a disparar fotos pero el pez ya ha alcanzado el otro lado de la embarcación y puedo sentir el sórdido rumor de los motores al ponerse en marcha para proporcionar a Gordon una mejor posición de combate.

De repente, mientras lucho por mantenerme en la escena, el pez se sitúa de nuevo justo delante de mí y consigo arreglármelas para hacer diez o doce fotos antes de que empiece a saltar y agitarse violentamente en la superficie. Como es comprensible, Gordon está intentando hacer todo lo que puede para capturar el pez lo antes posible; es la primera lampuga de esta expedición y nadie quiere perderla. Como consecuencia de sus esfuerzos, solamente consigo tomar un par de fotos más del pez antes de que lo suban a bordo. Entonces, me abro paso entre las olas y trepo por la borda para fotografiar de nuevo esta maravilla. Al verlo, algo en mi interior me confirma que bien ha valido la pena atravesar medio mundo para contemplar semejante belleza: ¡qué pedazo de pez!

La pesca en Kilwa. El lugar se llama Kilwa, aunque en realidad el nombre completo sea Kilwa Masoko, puesto que Kilwa se divide en tres grandes islas, cada una con su propia identidad. El país es Tanzania, en la costa este de África, al sur del Ecuador. Mi objetivo final era capturar lampugas, lo que conseguimos después de tan sólo dos horas de pesca. Sin embargo, nuestros cuatro días en el océano nos ofrecieron algunas emociones más y también otras especies de peces. A tan sólo unos minutos del diminuto puerto de Kilwa ya pudimos empezar la pesca. En realidad, hace algún tiempo Peter ya clavó un pez espada justo en la bocana del puerto. En esta ocasión, pescamos a lo largo de la exótica costa que se extiende paralela y muy cercana a un arrecife de coral. Aquí, el fondo desciende vertiginosamente y a unos pocos cientos de metros del arrecife la profundidad supera fácilmente los 50 metros. Este lugar está por obligación lleno de vida y además de todas las especies diferentes de peces que lo habitan, uno puede tropezarse con tortugas marinas, delfines e incluso ballenas jorobadas. En la parte interior del arrecife existe otro tipo de vida acuática que también es muy abundante.

Esta zona se ve muy afectada por las mareas, pero todavía mantiene una población increíblemente numerosa tanto de peces de acuario como de grandes depredadores. Es el lugar perfecto para practicar el esnórkel o pescar con señuelos de superficie. Básicamente, lo que hicimos fue curricán con cuatro cañas, dos de las cuales tenían peces nadadores y dos montaban señuelos cónicos con tráilers de calamar. También probamos poppers y jigging de alta velocidad cerca del arrecife y en las inmediaciones de la isla de Fanjove, que no está muy lejos de Kilwa.

Los dorados. Lampuga, dorado, mahi-mahi, caballa dorada... muchos nombres para un pez extremadamente popular tanto deportiva como culinariamente hablando. El nombre mahi-mahi, de origen hawaiano, se utiliza esencialmente en el contexto culinario y principalmente con el objetivo de distinguir el pez de su mamífero homónimo.

La lampuga común (Coryphaena hippurus) tiene una esperanza de vida de entre cuatro y cinco años, y puede alcanzar los 40 kilos de peso y más de 2 metros de longitud. Esta especie se encuentra en todas las aguas saladas de las zonas tropicales y subtropicales del planeta. Además del atractivo obvio que le confiere su hermosa y deslumbrante librea, este pez es un soberbio luchador y su rapidez, fuerza, agilidad y acrobacia le convierten en uno de los más valorados por los pescadores deportivos. En esta expedición capturamos diversas lampugas de hasta cinco kilos y perdimos una que seguramente se acercaba a los diez. Peter tiene unas buenas marcas en cuanto a capturas de esta especie -que son frecuentes- con un récord personal en su embarcación de 15 kilos.

Los otros peces. Los primeros peces en atacar nuestros señuelos fueron casi siempre las feroces barracudas, de las cuáles capturamos dos especies: la gran barracuda (Sphyraena barracuda) y la barracuda picuda (Sphyraena jello), de aproximadamente 5 kilos. Pero se han llegado a capturar de hasta 12 kilos. Otro extraordinario pez que quería capturar a toda costa era el peto o wahoo (Acanthocybium solandri). Sin embargo, en este viaje no pude capturar ninguno aunque me queda el consuelo de que en la expedición se capturaran dos ejemplares, uno de 5 kilos que consiguió traer al barco Bjarne Sørensen, el embajador danés, y uno de 8 kilos y medio que se apuntó Gordon. El récord hasta la fecha pesaba 24 kilos.

En este viaje, las caballas y los grandes king mackerel (Scomberomorus commerson) consiguieron eludirnos, pero Peter tiene su récord en un ejemplar de 28 kilos. Otras capturas fueron dos jureles gigantes (Caranx ignobilis), aunque en esta ocasión no tan gigantes -de hasta 5 kilos-, siendo la mejor captura un pez de 17 kilos. Sin embargo, los planes de Peter son dedicar más esfuerzos y tiempo al jigging rápido y a los poppers en superficie para tentar estos grandes monstruos, de forma que no me cabe duda de que pronto veremos buenos resultados en este sentido.

Prácticamente cada día tuvimos varios peces vela (Istiophorus platypterus) nadando alrededor de la embarcación y atacando nuestros señuelos una y otra vez, pero estos peces son muy difíciles de clavar con señuelos y anzuelos normales, algo que aprendimos por las malas. Durante un buen rato Gordon estuvo haciendo jigging rápido. Sudando y resollando se las arregló para clavar y retener un pez vela durante cinco saltos o lo que es lo mismo, menos de un minuto. Por mi parte capturé uno de 20 kilos con un señuelo que montaba un tráiler de calamar. La mejor captura de Peter es de 45 kilos, lo que es un excelente registro para esta parte del globo.

Por otra parte, también nos concentramos con gran interés en la búsqueda de atunes de aleta amarilla (Thunnus albacares). Desafortunadamente, estos veloces nadadores se las ingeniaron para llegar a las inmediaciones de Kilwa justamente el día después de nuestra partida y se mantuvieron allí en numerosos bancos desde entonces. La mejor pieza registrada alcanza los 35 kilos, pero muy probablemente ese récord caerá esta temporada. Finalmente, cabe decir que Peter acaba de invertir en dos montajes con profundizadores para intentar la captura del marlin negro (Makaira indica) de una forma más seria. Hasta la fecha, su captura más grande pesó 45 kilos. Veremos qué nos depara el futuro.
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