Hemeroteca :: 01/02/2009
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Salmónidos

Una asignatura pendiente

Última actualización 26/01/2009@11:30:31 GMT+1
Aunque no son muchos los escenarios donde se puede practicar esta técnica en nuestro país, la pesca de truchas desde pato desde luego engancha. combinar la pesca a mosca con la sensación de estar dentro del agua es sin duda algo diferente.

Texto y fotos: Roberto Coll
La llegada del pato a España va asociada al auge de la pesca del black bass a primeros de los 90. Los marjales litorales, las charcas interiores y en menor medida los embalses, han sido los escenarios habituales en donde los incondicionales del pato hemos pescado con frecuencia basses, lucios y los que han tenido la ocasión y la osadía, incluso siluros.

La pesca de la trucha en embalses y aguas paradas no está todavía muy arraigada en España, aunque en los últimos años los pescadores de competición hayan tenido que buscarse la vida y aprender las técnicas requeridas para este tipo de pesca. La variedad de posturas que ofrecen las rápidas aguas de los ríos hacen que, aun teniendo embalses en donde es posible la captura de truchas, los pescadores sigamos decantándonos por los ríos en detrimento de los primeros.

Llevo varios años asistiendo a los encuentros de Villagudín, por lo que he podido pescar truchas a mosca desde las orillas de este embalse coruñés. En algunos embalses valencianos también he tenido la oportunidad de pescar truchas arcoiris procedentes de las repoblaciones que se efectúan en los intensivos de los ríos tributarios. Son truchas a las que he podido observar desde la embarcación mientras pescaba basses, deambulando por el embalse sin rumbo fijo comiendo en superficie. Curiosamente, cuando he capturado alguna de ellas he observado la transformación que sufren al llegar a estas aguas paradas, que pienso confunden con el mar, volviéndose muy plateadas y desprendiéndose de sus brillantes escamas con mucha facilidad nada más cogerlas con la mano.

El comportamiento de las truchas en aguas paradas nada tiene que ver con el que tienen en los ríos, ni tan siquiera con el que tienen las especies habituales de este tipo de hábitat como el bass o el lucio, los cuales prefieren permanecer apostados a la espera de echarse algo a la boca. Las truchas se desplazan por todo el embalse buscando alimento, oxígeno o tranquilidad. Cualquier factor que altere uno de estos elementos hará que se acerquen o alejen de las orillas, que asciendan a la superficie o que desciendan hacia aguas más profundas. Con este tipo de comportamiento, el empleo en este tipo de aguas de una embarcación o de un utensilio de flotación como el float tube es muy aconsejable y nos permitirá buscarlas con muchas más probabilidades que las ofrecidas pescando desde la limitada orilla.

La pesca
A primera hora de la mañana el embalse está totalmente en calma. Solamente algunas aves y los movimientos de las truchas que suben a comer rompen la tranquilidad del ambiente, mientras la bruma va levantándose de la superficie del agua. Ver los lomos de las grandes truchas emerger a pocos metros del pato resulta una visión altamente provocadora, y uno se presta raudo a lanzar la mosca en el punto del rebufo, pero el estrímer oliva, tan eficaz otras veces, no despierta el interés deseado.

Uno tras otro se repiten los lances sin resultado alguno. ¡Algo falla!, quizás la línea sumergida y el pesado señuelo pescan en una capa no frecuentada por las truchas, que por sus movimientos parecen estar muy próximas a la superficie. Cambio la T-130 por una WF6F con un bajo cónico acabado en un 0,24, al que añado un terminal más fino con dos ninfas. El cambio de línea lo realizo desde el pato sustituyendo el cassette del STH y desmontando la caña de nueve pies y medio en tres tramos, pues de otra manera en mitad del embalse con otro tipo de material el cambio hubiese sido mucho más complicado o incluso imposible. A los pocos lances una trucha de más de dos kilos toma una de las ninfas de cabeza dorada, en concreto una de cuerpo brillante y tórax de dubbing negro. ¡La primera trucha de la mañana!
Las distancias con el pato parecen eternas, pero poco a poco alcanzo un puntal en el que se ve movimiento. Toco dos truchas a las que no consigo clavar y, como el que no quiere la cosa, las truchas se alejan del lugar.

Tras unos minutos de inactividad comienza a girarse una brisa que riza la superficie del agua. Las bañas desaparecen y pienso que las truchas pueden haberse desplazado hacia el centro del embalse y comer más profundas. Quito las ninfas y pongo un estrímer rojo, en concreto un wooly bugger, manteniendo la línea flotante y el bajo cónico. No tarda en producirse la primera picada. El sistema parece funcionar. Con el agua rizada la actividad ha aumentado y las picadas se van sucediendo una tras otra con decisión.

Los pequeños detalles
Al margen de los detalles comunes a todas las situaciones, como la correcta presión de todas las cámaras del pato y el tener las aletas aseguradas al tobillo con un cordón que impida su pérdida, hay que tener algunos otros. La suma de todos ellos, sino garantiza el éxito, al menos hará que estemos más próximos a él.

Las aguas en las que hay truchas suelen ser considerablemente más frías que las habitadas por el black bass. El tiempo que permanezcamos en ellas puede hacer que, si no vamos bien preparados, pronto sintamos el frío en nuestras piernas y la pesca sea un calvario más que un placer. El tiempo también influye en la comodidad, y los vadeadores de neopreno aíslan mucho del frío, pero tras varias horas “pateando” los pliegues se acaban clavando en las piernas. Los vadeadores transpirables son, con mucho, los más cómodos a todos los efectos, pero no aíslan tanto del frío, por lo que es imprescindible llevar bajo ellos un peto polar que nos proteja. Para proteger el calcetín del vadeador es recomendable usar escarpines de neopreno; los hay especiales para bota de calcetín, pero los mejores son los empleados en submarinismo que llevan la suela de goma y nos permiten además andar con ellos por cualquier tipo de terreno. El ajuste de estos escarpines suele ser por medio de velcro o cremallera, y la única consideración al comprarlos es elegir un par de tallas más, como mínimo, para que nos los podamos calzar sin que nos aprieten.

Ya en el agua, la posición, tan próxima al nivel del agua, influye en el lanzado. Las cañas recomendables para pescar desde el pato no deben bajar de los nueve pies, con preferencia a las de nueve y medio o incluso diez. La numeración de la línea dependerá del tamaño de las truchas que habiten en el lugar: un 4-5 si no son muy grandes y un 6-7 si podemos encontrarnos con truchas grandes. Las líneas flotantes y las intermedias son las mejores en la pesca en aguas paradas, con idéntica funcionalidad desde el pato.

En cuanto a las moscas no hay diferencias notorias con otros sistemas y cualquier tipo puede ser válido, todo dependerá (como en el río) de lo que las truchas coman en ese momento. Desde secas a estrímeres, pasando por las ninfas y las moscas ahogadas. Todas son válidas. Unas imitaciones que pueden funcionar muy bien en determinadas ocasiones son las de insectos terrestres, como hormigas y saltamontes, pues estos insectos son arrastrados por el viento y caen al agua, siendo entonces el alimento preferido de muchas truchas. Las imitaciones de libélulas, tanto en su estado de ninfas como de adultos, también deben estar presentes en nuestras cajas cuando pesquemos desde el pato.
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