Hemeroteca :: 01/02/2009
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Coto intensivo sin muerte de Alòs i Pont Nou

Última actualización 26/01/2009@11:30:44 GMT+1
De todos los tramos de aguas no trucheras en los que he pescado, los 5,4 kilómetros del coto de Alòs i Pont Nou, en lleida, son seguramente los más peculiares. Esta zona del río Segre se caracteriza por una orografía bien diferenciada, que permite practicar la pesca a mosca en corrientes rápidas y someras o en pozas profundas y lentas, pasando por armoniosas tablas donde enormes arcoiris de hasta 4 kilos acechan nuestras moscas.

Texto y fotos: Josep Solanes
Cuando aún persisten las bajas temperaturas y los cotos tradicionales sin muerte no han abierto sus puertas a la temporada hábil de trucha, la acción para los mosqueros no cesa. En realidad cambia de escenarios para desplazarse hacia lugares más remotos e insospechados donde la acción y la emoción de la pesca a mosca se puede durar casi todo el invierno y hasta el inicio de la siguiente temporada. Uno de los escenarios que cobra mayor vida durante los meses fríos es precisamente el coto intensivo sin muerte de Alòs i Pont Nou, en el curso medio del río Segre, provincia de Lleida, que desde hace más de 15 años gestiona la Sociedad de Pescadores Deportivos de Alòs de Balaguer. Este tramo, según nos cuenta Josep María Camats, presidente de esta sociedad, “se repuebla con un buen número de truchas arcoiris de gran tamaño para evitar la depredación de los cormoranes”.

Estas truchas se suman a los ejemplares supervivientes de los rigores del verano en temporadas anteriores. Es curioso el hecho de que las repoblaciones hayan dependido de forma tradicional “de la disponibilidad económica de cada temporada, ya que se hacen gracias a donaciones de empresas”. Esto hace que, de una u otra suerte, hacia mediados de noviembre, cuando las truchas empiezan a abandonar las aguas profundas en busca de fondos de grava para hacer nidos, la casi totalidad del coto esté literalmente sembrado de ejemplares de trucha de muy buena talla prestos a acometer nuestros artificiales con una agresividad propia de truchas salvajes. Y es en este momento cuando empieza la temporada en Alòs de Balaguer.

La actividad reproductora de las truchas facilita la pesca durante el invierno, si bien es cierto que los nidos que veremos en determinadas zonas del coto no son indicación de que haya truchas nacidas en el río, puesto que estas arcoiris repobladas son triploides y su esterilidad es intencionada como especie alóctona que son. Sin embargo, la presencia de estos nidos sí que es un claro indicio de que las condiciones de algunos de los tramos del coto son idóneas para las truchas hasta el punto de que éstas se dejan llevar por sus instintos reproductores, y excavan nidos en diversos enclaves de aguas rápidas y bien oxigenadas. Hablando con diversos pescadores a pie de río, nos llegaron rumores de la existencia de truchas fario de buen tamaño que también habían excavado sus nidos con las arcoiris, pero no se sabe si estas tareas procreadoras han tenido éxito. En las jornadas que dedicamos a pescar este tramo jamás vimos trucha fario alguna, a pesar de las indicaciones de algún pescador que afirmaba haberlas visto.

Las aguas se mantienen muy frías durante el letargo invernal en estas latitudes y, sin ser ni mucho menos de una pureza alpina, se presentan por lo general, bastante limpias, hecho que favorece la adaptación de las truchas y su supervivencia. Por otra parte, es cierto que, dependiendo de la zona que pesquemos, encontraremos algunas pozas donde el agua bajará un poco turbia debido a los sedimentos del fondo. Sin embargo, en la mayor parte de zonas de aguas rápidas y tablas poco profundas, incluso podremos ver a las truchas acechando en sus posturas. Por supuesto, esto variará de un día a otro como en cualquier otro curso fluvial según lluvias, nivel del agua, etc.

Tramo a tramo
El coto tiene zonas bien distintas que ofrecen la posibilidad de practicar diferentes modalidades de la pesca con mosca, según las condiciones del agua, el fondo y las propias orillas. Yo destacaría básicamente dos tipos de tramos: las grandes pozas de corriente suave y notable profundidad, y los tramos de corrientes más rápidas y fondo pedregoso o rocoso. En las pozas se concentra un gran número de piezas y seguramente es donde encontraremos las truchas de mayor tamaño. En especial, hay dos grandes puntos calientes que cumplen con estas características: la famosa poza del puente nuevo y la que se encuentra justo por encima del lugar conocido como “la Peroleta”, una gran curva que hace el río donde hay una escollera de roca para proteger la carretera de grandes avenidas de agua.

En estos dos puntos calientes tenemos además la posibilidad de localizar truchas que estén cebándose en superficie, lo que les añade un atractivo especial. Esto no significa que la pesca sea en absoluto más propicia que en otros tramos de río, porque la profundidad y las orillas frondosas pondrán a prueba nuestras habilidades lanzadoras y nuestra capacidad para situarnos sigilosamente a una distancia de las truchas que nos permita posar nuestras moscas sin castigar la superficie del agua y ponerlas todas en alerta. En aguas tan lentas, cualquier vibración o estruendo se transmite rápidamente provocando que, ante nuestro horror, las truchas que se cebaban desaparezcan inmediatamente. Cuando esto ocurre, nuestra mejor opción es cambiar a un estrímer bien plomado, subir el grosor de nuestro bajo y situarnos en la cabecera de la poza para pescar corriente abajo. Muchos utilizan líneas hundidas para este tipo de pesca, puesto que con ellas se alcanzará con mayor facilidad el fondo, donde teóricamente acechan las grandes arcoiris. Lo cierto es que yo he visto subir a estos monstruos a la superficie para tomar un estrímer vistoso que navegaba justo por debajo del film del agua. Y tengo que decir que hay pocas cosas más excitantes que ver uno de estos auténticos submarinos atornasolados romper la superficie desde el fondo y engullir nuestro señuelo. La adrenalina correrá por nuestro sistema nervioso a raudales, y esto no ha hecho nada más que empezar. Lo siguiente es una carrera desenfrenada que pondrá a prueba el freno de nuestro carrete...

Por encima de “la peroleta” tenemos otra zona interesante. En este tramo el río se divide en varios ramales más pequeños de aguas rápidas donde hay zonas de muy poca profundidad. A lo largo de este tramo hay mucha vegetación que recubre literalmente las orillas y que da cobijo a las truchas que se pertrechan una detrás de otra (como en fila india) donde esta protección es más densa y, cómo no, inaccesible para nuestras moscas. Es un reto pescar este tramo, pero el esfuerzo y las complicaciones que presenta merecen la pena puesto que hay truchas grandes y muy agresivas. Si conseguimos situar de forma natural nuestras imitaciones bien pegadas a los arbustos que crecen sobre el mismo límite del agua, nos sorprenderá alguna pintona con una subida fulgurante o un ataque furibundo. En esta zona es incluso posible ver las truchas con relativa facilidad. Sobre todo en uno de los ramales conocido popularmente como “la escollera”, la cual se extiende unos 50-60 metros y dada su disposición da forma a una tabla excelente para pescar a ninfa. En ella veremos apostadas las enormes habitantes del río esperando una imitación que las satisfaga. Sin embargo, me veo en la obligación de indicar que este es uno de los puntos calientes en donde las truchas son más resabiadas. Me atrevería a decir que la tabla de “la escollera” es probablemente la zona en la que nos será más complicado obtener picadas fáciles aunque estemos viendo buenas piezas a nuestro alcance que no se asusten y que se estén alimentando con continuidad. La existencia de una zona de aparcamiento muy cerca y la facilidad con que se pueden localizar las truchas (desde lo alto de la escollera) hace que sea un enclave muy frecuentado.

Sin embargo, uno de nuestras mejores jornadas se propició en el kilómetro y medio de río por encima de este lugar, ya archiconocido por todos los que frecuentan el coto. Ese día recorrimos el río despacio, prestando atención a la orografía de cada tramo y buscando las truchas en las posturas que se nos antojaron más atractivas para albergar peces. Hacía mucho frío y el cielo estaba gris, cubierto por una niebla alta que calaba hasta los huesos. Sin embargo, las truchas estaban ahí y poco a poco fueron saliendo de sus escondites. Esta zona no es de tan fácil acceso puesto que no hay senderos definidos por los que transitar, de forma que hay que ir sorteando acumulaciones de árboles y matorrales que en ocasiones nos forzarán a dar un rodeo para volver al río un poco más arriba o más debajo de esa tabla o chorrera que queremos pescar. En otras ocasiones no habrá más remedio que avanzar por el agua unas decenas de metros para situarnos correctamente y poder manejar la línea pesada de forma que alcancemos con nuestros estrímeres los puntos donde es más probable que acechen las truchas.

De ese día en particular tengo muy buen recuerdo. Todavía visualizo, como si estuviese en el río, a uno de mis amigos con una gran trucha clavada a escasos 15 metros de mi posición en el centro de la corriente. Segundos después de oírle gritar jubiloso de haber clavado semejante animalito, mi línea se tensó de improvisto y enseguida noté la vigorosidad de un buen pez prendido de mi mosca. Ahora fui yo quién le gritó: “¡Double!”, término que utilizan los pescadores anglosajones cuando tienen dos peces clavados al mismo tiempo. Decir que ese no fue nuestro único doble, da una idea de lo prolífico de la jornada.

Otro tramo interesante que merece la pena visitar es el que se extiende por debajo del puente nuevo y que serpentea hasta las proximidades del embalse de Alòs, donde hay una buena poza y unos rápidos más antes de que el río desaparezca para dar paso a las aguas reposadas de este pantano donde hay lucios e incluso basses y que está calificado como tramo de Régimen Especial. Esta zona por encima del embalse es fácil de pescar, con muy buen acceso, y suele albergar bastantes truchas. El agua acostumbra a estar muy transparente y no es difícil ver a los peces acometer nuestro engaño. Del mismo modo, hay que ser sigiloso y prudente para no asustar a los que a veces estarán apostados a escasos decímetros de la orilla y que nos verán enseguida si no anticipamos su posible presencia. El hecho de que la mejor forma de pescar estas corrientes y tablas sea río abajo con un estrímer que profundice bien (ya sea con una cola de rata hundida o una punta lastrada) hace que tengamos que extremar lo sigiloso de nuestras operaciones; los peces estarán mirando hacia nosotros, y los lances tendrán que ser largos y precisos para pasear nuestras moscas sumergidas alrededor de rocas y coberturas que la corriente sortea graciosamente en su incansable devenir. Hay que fundirse con el río, mimetizarse con el entorno para que los peces no sospechen de nuestras sombras en el agua o de los latigazos de nuestras líneas sobre esta. La salida de esta poza que mencionaba antes es uno de los enclaves más productivos si podemos lanzar a la distancia suficiente y situarnos correctamente sin asustar a los peces. En esta cola de corriente lenta clavé varias truchas impresionantes que me regalaron sendas carreras y saltos acrobáticos dignos del mejor reportaje de la pesca del tarpón. No hace falta decir que algunas ganaron su libertad, bien partiendo limpiamente mi bajo del 20 o soltándose de la tracción del anzuelo. Algunas sin embargo llegaron al fondo de mi sacadera y pudimos contemplarlas con tranquilidad, lo que siempre es una vivencia reconfortante.

Para los más osados está la poza del puente nuevo. Desde el propio puente podremos apreciar las cebas de las truchas en superficie y su actividad cerca de una u otra orilla. A mi entender, este es territorio para un tándem y se puede pescar río arriba o río abajo. La profundidad es tal que será muy difícil pescar desde el agua por lo que serán necesarios lances rodados y precisos para tener alguna oportunidad. A mí me funcionaron ninfas de cabeza dorada pequeñitas pescando corriente abajo. El problema aquí -de todos conocido- es que el clavado no es muy bueno cuando la trucha toma la ninfa aguas abajo. Pero merece la pena agudizar el ingenio para situar las moscas al alcance de las truchas, puesto que muy cerca del propio puente es donde clavé la trucha más grande de estas jornadas en Alòs. Un pez al que vi tomar mi ninfa y revolverse furioso al sentirla entre sus fauces, para salir en estampida hacia las rocas que hay bajo el puente y partir mi bajo tras varios intentos de engancharlo entre éstas. La carrera de esta trucha buscando refugio fue quizás la más larga que jamás he experimentado con la caña de mosca en la mano. Una sensación que no se olvida.

Mejor en invierno
Otro aspecto de este coto que merece la pena comentar es que es precisamente en invierno cuando se dan las condiciones más propicias para la pesca de la trucha en estas latitudes. Debido a la captación de agua para abastecer los regadíos veraniegos en esta zona y en áreas agrícolas situadas más al sur, el canal de l’Urgell se lleva casi el 80 por ciento del agua que baja por el río en verano. Esto deja el nivel bastante bajo durante el estiaje y en muchos de los tramos las truchas desaparecen casi por completo para concentrarse en las zonas paradas de mayor profundidad, donde el agua se mantiene lo suficientemente fría. Hay que tener presente que en verano la temperatura en estos parajes se encarama hasta lo más alto. Los 35 grados no son excepcionales durante los meses de julio y agosto, lo que hace que la actividad de los peces disminuya bastante. Ambos factores ayudan a que este coto sea eminentemente un coto de invierno, lo que por otra parte potencia su calificación como de intensivo.

DATOS PARA EL PESCADOR

Periodo hábil: Todo el año (intensivo).

Capturas: 0 (sin muerte).

Especies: Trucha arcoiris, cacho, carpa y barbo común.

Matrícula: SE-029.

Longitud: 5,4 km.

Río: Segre.

Permisos: 10 a 20.

Cebos permitidos: Mosca y buldó de 2 mosquitos.

Exp. de permisos: SPE d'Alòs de Balaguer (973 41 70 20).

Límite inferior: Barranco de la Carbonera.

Límite superior: Font de Sant Julià.

Días hábiles: Todos.

Para comer y dormir:
  • Casa de pagés Cal Fraret

C/ del Pont, 10. Teléfono: 973 417 020
  • Restaurante El Molí D´Alòs

Tfno: 973 417 080
  • Apartamentos El Molí D´Alòs

Información: Fundació Castells Culturals de Catalunya o teléfonos 906 428 324 / 973 400 413
  • Casa rural Can Sisquet

Camí de Camarasa, s/n
Tfno: 687 584 497
web: www.cansisquet.com
  • Restaurante Font del Prat

Ctra. de la Vall del Prat, 3
Tfno: 973 417 070
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