Salmónidos
Estrategias para la alta montaña
Última actualización 10/01/2009@11:34:16 GMT+1
La pesca en alta montaña ofrece al pescador algunas características que difícilmente encontraremos en tramos más bajos del río. desde la transparencia y pureza de las aguas que allí encontraremos, hasta la bravura de sus truchas, el aficionado que se aventure en estos parajes encontrará además la recompensa de disfrutar de paisajes de extraordinaria belleza y de una naturaleza poco intervenida por la mano del hombre. un goce para los sentidos que precisa de unas nociones básicas para esta pesca diferente.
Texto y fotos: Roberto Coll
Antiguamente, cuando existía una sola licencia de pesca para todo el país, creo recordar que todos los cursos fluviales por encima de los 1.500 metros estaban declarados como de alta montaña, y se abrían a la pesca más tarde que el resto de aguas, allá para mayo. Hoy en día, con las competencias de pesca transferidas a las distintas autonomías, cada una establece qué tipo de aguas entran a formar parte de esta clasificación como Aguas de Alta Montaña.
La pesca en estas zonas es un tanto extrema por dos razones. Una es la derivada de los tipos de ríos con los que nos vamos a encontrar, predominantemente ríos de escaso caudal con aguas muy limpias y oxigenadas, en los que las truchas -por estas especiales características- desarrollan un tamaño menor que sus compañeras de tramos inferiores, más ricos en nutrientes. Son, eso sí, truchas muy bravas que aprovechan el alto potencial de oxígeno disuelto en el agua y su conocimiento del lugar para ofrecer una brava pelea.
La cobertura de este tipo de ríos también varía. En los tramos más altos -por encima de los 2.000 m- la vegetación es menor, hay menos cobertura arbórea, y los riachuelos discurren muchas veces entre prados y roquedos. La pesca en estas condiciones obliga al uso de cañas largas, de al menos 9 pies, que nos permitan lances largos y buen control de las derivas para evitar al máximo el dragado. Los cursos entre los 1.500 y los 2.000 m presentan muchas veces una gran cobertura formada por la típica vegetación de ribera: alisos, sauces, abedules, e incluso por hayas, robles y pinos. Ello convierte la pesca aquí en un auténtico rececho en el que el pescador se ve obligado a utilizar todas las técnicas de aproximación a su alcance para acercarse y poder lanzar la mosca en el punto exacto donde una trucha pueda estar ajena a su presencia y se preste a subir a tomarla.
El otro factor que hace de la pesca en la alta montaña una pesca extrema es el derivado de las propias condiciones meteorológicas que se dan en estos lugares, con cambios bruscos e impredecibles. Una mañana soleada puede ser el anticipo de una tarde tormentosa, y los descensos de temperatura pueden ser muy fuertes en tan sólo unos minutos. Las mejores horas para la pesca son siempre las centrales, y los mejores meses los comprendidos entre mayo y agosto, si bien septiembre puede ser un buen mes, teniendo en cuenta que cuanto más avanzada está la temporada menos tiempo de actividad hay y el riesgo de cambios de tiempo es mayor. Mayo es el mes primaveral por excelencia, pero no debemos confiarnos en exceso, ya que el dicho popular que nos recomienda no quitarnos el sayo hasta el cuarenta de mayo es aquí bien cierto y se cumple en ocasiones. De hecho, no son nada raras las nevadas en este mes y el volverse a casa sin llegar a montar la caña.
Pesca en aguas abiertas
Los pequeños arroyos recién nacidos del deshielo a gran altura discurren en sus primeros kilómetros de vida a través de praderas o roquedos. Forman a veces escalones, saltos por los que el pobre caudal se precipita formando charcas y tablas con raseras de poca profundidad. Las truchas se esconden en estas frías aguas bajo las piedras, y en las horas más soleadas del día no es extraño que salgan, como las lagartijas, a tomar el sol y a los insectos que eclosionan aprovechando este calor.
Pescar aquí supone tener una forma física tan apta como para pasear por un llano o tener que trepar por una orilla de roca para acceder a un tramo superior. Al tener las orillas despejadas en su mayor parte, una caña larga nos será más útil que una corta. Hay que lanzar lejos para evitar ser vistos, a lo que hay que añadir el hándicap de la claridad del agua, lo cual nos hará pescar con monofilamentos muy finos, ya que cualquier deriva será percibida por las truchas y originará su huida.
En general, no son truchas muy selectivas y el secreto estará más en la presentación que en la mosca elegida, salvo algunas excepciones con las que nos podemos encontrar. Y es que siempre hay que recordar que la pesca no es una ciencia exacta.
Las cañas de 9 pies para líneas del 4 o del 3 serán buenas compañeras, sin descartar tampoco las de 10 pies de acción media-punta que nos permitan pescar indistintamente con secas o ninfas. Sobre las líneas, hace unos años aparecieron sintéticas imitación a la seda natural que son estupendas para pescar a seca. Éstas no requieren los cuidados de mantenimiento de las líneas de seda, pero tienen algunas de sus características, como el menor diámetro y la ausencia de memoria. Un bajo de línea largo ayudará también a la deriva y evitará ser descubiertos. El terminal no debe ser mayor de un 0,10. Teniendo en cuenta que las truchas con las que normalmente nos vamos a encontrar en estas alturas no son grandes, nos sobrará con este diámetro para pescar sin dificultad.
La técnica no tiene más secreto que lanzar con precisión y delicadeza, llevar la línea controlada evitando derivas, y dejar que se aproxime a nosotros para despegarla del agua y repetir el lance. Tanto en estos lugares como en general es importante mantener un nivel bajo de visibilidad, ya que no debemos olvidar que la ventana de las truchas tiene un ángulo de visión de forma que cuanto más cerca del nivel del agua estemos más difícil será que nos vean.
Pesca en aguas con cobertura
La pesca en este tipo de aguas cobra un encanto especial. Tengo que reconocer que es la pesca que más me gusta, tanto por la dificultad que plantea el lance en sí mismo como por la satisfacción de conseguir una captura de esta forma. En ocasiones he podido situarme detrás de truchas que se cebaban a una distancia tan corta que no he necesitado lanzar, solamente con el bajo de línea del largo de la caña (7,11 pies) ha sido suficiente para posar la mosca y motivar la tomada, que a tan corta distancia no hace falta que diga el aumento de adrenalina que provoca.
Los lances aquí tienen que ser muy precisos, pero el recorrido que hace la mosca viene a ser muy corto, pues siempre hay una rama o una hierba que molesta y obliga a sacar la línea y repetir el lance. El tiempo que esté la mosca en el agua es importante, pero también lo es que esté en el lugar adecuado y que nos hayamos acercado lo suficiente para posarla sin ser vistos ni sentidos por las truchas. Las cañas cortas de entre 7 y 8 pies son las mejores, para líneas también entre el 3 y el 4. Los bajos de línea tienen aquí que ser cortos, y yo personalmente uso los trenzados de seda de metro y medio engrasados, con prolongación de apenas un metro, anudado en 2 o 3 secciones, para acabar en un terminal de poco más de medio metro del 0,14 o del 0,12 a lo sumo.
La dificultad estriba en el acercamiento. Hay que recurrir a andar arrodillado o a gatas, con las molestias que esto supone: dolor de piernas, entumecimientos, piedras, etc. En estas circunstancias, el peor vadeador que tengamos, el más viejo de neopreno, es el mejor aliado.
Antes de llegar a un punto hay que estudiar la forma de hacerlo, trazar mentalmente el recorrido, a veces incluso a etapas, haciendo cortas escalas hasta llegar al sitio deseado. El tiempo también es importante. Si llegamos a un punto y las truchas han dejado de cebarse al intuir nuestra presencia, lo mejor será quedarnos quietos unos minutos sin lanzar y con todo preparado para hacerlo tan pronto las truchas vuelvan a confiarse y salgan de nuevo. Si tenemos paciencia lograremos el objetivo. La pesca de rececho es una pesca de paciencia y estrategia, tan gratificante como penosa, pero que nos hará pasar jornadas en las que creeremos haber alcanzado la gloria...
Ante todo seguridad
Siempre que vayamos a pescar a un río de alta montaña conviene tener en cuenta algunas medidas de seguridad. Lo primero es tener informada a la familia de dónde vamos a ir, a ser posible del punto más exacto posible. Otra medida es la de llevar el móvil, aunque no tengamos cobertura siempre nos será posible llamar al 112 para informar de cualquier percance.
Al margen de estas medidas hay que cuidar otras que pueden parecer menos importantes, pero que en realidad no lo son. Una de ellas es la ropa. Llevar ropa de abrigo, a ser posible por capas, de forma que no nos moleste por su volumen pero cumpla perfectamente su función de calentar. Hay que tener muy presente que los cambios de tiempo son frecuentes y pueden jugarnos malas pasadas. Hay que combatir el frío y el agua, por lo que la ropa además de abrigar debe ser transpirable. Llevar un chubasquero, o mejor aún un impermeable de membrana con cortavientos, puede sernos de mucha utilidad.
El uso de material electrónico como el GPS puede sernos útil en determinadas ocasiones. Por lo general, los propios ríos nos sirven de orientación y es difícil que un pescador pueda perderse guiándose por el río. No será lo mismo si para acceder a un lago o un río de montaña tenemos que recorrer un largo trecho a pie, en cuyo caso puede sernos útil uno de estos pequeños GPS para encontrar el camino de regreso en caso de necesidad urgente.
La amenaza más frecuente en la alta montaña son las nevadas y las tormentas. Cuando veamos el riesgo de una de ellas, lo mejor será dar por concluida la jornada de pesca y regresar al vehículo, sin duda el sitio más seguro. Dejar el coche aparcado en algún punto alto y no muy cercano al cauce también es una buena medida preventiva en caso de una rápida crecida del caudal. Si nos vemos en mitad de una tormenta no hay que correr ni refugiarse bajo un árbol aislado. Bajar la caña y plegarla, dejándola en el suelo bajo algún matorral, y separarnos de ella hasta que pase la tormenta es lo más recomendable. La naturaleza es hermosa, pero nunca hemos de menospreciarla. El primer consejo de seguridad es este mismo.