Hemeroteca :: 01/10/2008
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Ciprínidos

Los factores de crecimiento en la carpa

Última actualización 10/01/2009@11:37:50 GMT+1
¿Qué determina que una carpa crezca más o menos? ¿Se puede influir sobre esos factores? En caso de que sea así, ¿Cómo? y sobre todo, ¿es positiva o negativa esa injerencia? En el presente artículo daremos respuesta a todas estas cuestiones, con el objetivo de conocer mejor a nuestro adversario y aprender a respetarle todavía más. y es que alcanzar una talla respetable depende de muchos factores durante muchos años.

Texto y fotos: Juan Molina y F. Javier Mármol
Hacía bastante tiempo que teníamos en mente hablar de un tema que resulta la piedra angular sobre la que se basa la filosofía del carpfishing: la práctica del captura y suelta. Lo normal hubiera sido hacer un repaso extenso a las diversas sacaderas, moquetas de desenganche, líquidos antibacterianos, etc, que todo el mundo utiliza, e intentar explicar su correcto uso para minimizar posibles daños al animal durante su captura y/o manipulación a la hora de hacernos una foto de la pieza en cuestión. No obstante, éste es un tema que se ha tratado ya en infinidad de ocasiones y por numerosos pescadores, tanto en esta revista como en diversas publicaciones y páginas web.

Lo que realmente pretendemos, dando por hecho que todos disponemos del material adecuado para el cuidado de la carpa y que sabemos utilizarlo, es ampliar nuestro campo de visión y darnos cuenta del trabajo, esfuerzo, y sobre todo tiempo que una carpa necesita para tener un tamaño del que nos sentiríamos orgullosos si perteneciera a nuestro álbum de fotos.

Pensamos que si los pescadores supieran más extensamente cómo crece una carpa, qué factores le afectan y cuántos años necesita para ello, respetarían más a su rival y pondrían más énfasis a la hora de intentar devolverla al agua en el mejor estado posible. Es por esto que vamos a intentar hacer una panorámica de todo este proceso, destacando tres factores como verdaderamente primordiales en el desarrollo y crecimiento de esta especie tan diversa hoy en día: la genética, la alimentación, y los factores ambientales (biotopo) de la especie y su relación con otras comunidades (biocenosis) con las que está obligada a convivir en su medio natural.

La genética, punto de arranque y manipulación
Nadie sabe exactamente cuándo comienza la manipulación genética de la carpa, pero es seguro que se viene haciendo desde hace cientos de años en Europa Central. A través de la ingeniería genética, la piscicultura ha realizado cambios en la carpa en relación a su fecundidad, contenido de músculo y grasa, tolerancia a la temperatura del medio, resistencia a enfermedades (virus, bacterias...), velocidad de crecimiento, y un largo etcétera. También ha sido así en cuanto a la modificación en la presentación de sus escamas. El tipo de escamas está gobernado por dos pares de genes (autosomal genes) localizados en diferentes pares de cromosomas. Originalmente, las variaciones de los tipos de escamas fueron producidas por mutaciones. Por ejemplo, la carpa de espejos varía en la cantidad de escamas que tiene causado por al menos 10 genes modificados.

Fue a finales del siglo XIX cuando comenzó lo que podríamos llamar la Revolución Genética, surgida a raíz de las leyes de Mendel. Los conocimientos genéticos evolucionaron mucho, y los cruces y fecundaciones pasaron a hacerse directamente en el laboratorio, pudiendo así realizar una selección más rápida y efectiva. En la actualidad, incluso se actúa directamente sobre el embrión, pudiendo elegir de antemano variedad, anatomía, sexo, etc.

En cualquier caso, existen unos códigos genéticos responsables del recubrimiento del cuerpo por escamas (ver tabla adjunta). Serán los genes restantes los que le darán a cada individuo sus rasgos propios. En este sentido, cabe destacar que cada especie o raza tiene unos rasgos genéticos dominantes, y que cada rasgo anatómico está basado en genes dominantes o recesivos. El biólogo alemán Mendel fue el que elaboró la teoría genética con las tablas de cálculo.

Elaborar una tabla de cruces genéticos es muy complejo, porque no sólo intervienen los rasgos genéticos visibles de los padres, sino también los rasgos no visibles o genes ocultos que provienen de los abuelos y antepasados. Aunque los padres externamente tengan unos caracteres definidos, dentro de su código genético oculto tienen genes correspondientes a los caracteres de sus antepasados, lo que provoca que al juntarse pueden dar como resultado un descendiente con sus caracteres y no parecerse a los padres.

Esto es lo que queda reflejado en la tabla de cruces genéticos de la carpa. En la presentada en esta página se muestran los cruces y combinaciones genéticas más interesantes, así como el resultado final de los mismos para cada caso. Si la observamos detenidamente, podemos sacar algunas conclusiones muy interesantes y que además nos pueden parecer bastante paradójicas. Por ejemplo, la carpa cuero es el resultado del cruce de una carpa lineal con una carpa royal. De este cruce se puede obtener como máximo un 25% de crías de carpa cuero con el patrón ss:Nn, por lo que este tipo de carpa es escaso y prácticamente imposible que se produzca en la naturaleza. Curiosamente, el resultado de cruzar carpas cuero entre sí da lugar a carpas comunes, royales y un alto porcentaje de mortalidad, pero nunca carpas cuero. Y ya que hemos mencionado la mortalidad, decir que existen diferentes tipos de cruces que no se realizan debido a que se produce en ellos un alto grado de mortandad. Por ejemplo, ejemplares con el patrón ...:NN no están adaptados para sobrevivir, por lo que la naturaleza no da lugar a ellos.

La manipulación genética evidentemente tiene su lado positivo, pero también tiene su parte negativa: además de la alta mortandad que produce, también lleva a malformaciones en la especie. Así, se han observado un determinado número de anormalidades genéticas en la carpa doméstica, como por ejemplo la ausencia de aleta ventral (en algunas aguas, como Redmire en Inglaterra y en lagos de EEUU). En otros casos aparece una aleta preanal, cabezas de delfín, distorsión de sus espinas, etc.

Debido a la intensiva cría en piscifactorías son más susceptibles de sufrir enfermedades que otras especies de peces, a lo que también ayudan sus movimientos comerciales, introducción para recreo, pesca, piscifactorías para alimentación y repoblaciones de aguas, ornamental (como la carpa Koi)... Todo ello hace que las infecciones sean más frecuentes y más fácilmente transferibles.

Por último, otro factor genético hereditario importante es la coloración, la cual es debida a la presencia o ausencia de tres capas de pigmentos. La primera capa (melanina) es la responsable de la coloración oscura; la segunda (pigmentos rojizo-amarillos) de la coloración roja y amarilla; y la tercera (cristales de Guanina) de la iridiscencia. La ausencia de las dos primeras produce coloración blanca, mientras que otras combinaciones pueden producirla amarilla, naranja, roja, azul, gris o negra... e incluso es posible transparente. El color es determinado genéticamente, pero puede variar por el grado de claridad del agua y la edad del pez. Además, formas mutantes incluyen la coloración oro.

Alimentación y crecimiento
A la genética le sigue otro factor de gran importancia como es la alimentación. Al igual que el ser humano, la carpa necesita de un 50-60% de carbohidratos, un 25% de proteínas y un 25% de grasas para crecer adecuadamente. Nuestros embalses suelen ser ricos en tales nutrientes, y en general con un cierto grado de contaminación biológica, con lo que podemos concluir que ofrecen una sobreabundancia de alimento natural en general.

En lo que sí se advierten importante diferencias es en la asiduidad con que se alimenta la carpa en función de las distintas horas del día. En el gráfico inferior podemos comprobar que el máximo de capturas (25 ejemplares), con un peso total cercano a los 300 kg, se produce entre las 0 y las 4 h de la madrugada. El peor ciclo, por contra, es entre las 16 y las 20 h (de 4 a 8 de la tarde) con sólo 5 capturas y un peso total de 50 kg.

Por otro lado, también existen variaciones interesantes en la dieta de las carpas a lo largo de las diferentes estaciones del año. Teniendo esto en cuenta, y conociendo determinados datos de preferencias alimenticias, podemos mejorar nuestros cebos para adaptarlos a esos gustos. En la tabla superior (obtenida con los datos recogidos en tres lagos del sureste de Francia a lo largo de un año) pueden observarse estas variaciones con claridad. Así, podemos afirmar que los moluscos son el plato estrella entre enero y mayo, y también en noviembre y diciembre. En verano, por contra, el protagonismo lo acaparan los gusanos de sangre (bloodworm), los cuales podemos obtener en el mercado en forma natural, en pellets (muy recomendables) o en boilies. También son muy apetecibles los pequeños crustáceos.

En resumen, el factor alimenticio tiene mucha importancia, ya que de él depende en gran medida el crecimiento, pero como vimos anteriormente la genética es primordial. Si los ejemplares de un embalse no poseen una genética de grandes carpas, por mucha alimentación que tengan a su alcance no lograrán alcanzar nunca esos pesos con que todos soñamos.

Factores climáticos
Como todo animal de sangre fría, el crecimiento de la carpa depende de la temperatura del agua, de manera que cuanto más caliente esté el agua mas rápido crece. Afortunadamente, la mayoría de nuestros embalses se hallan en zonas templadas o cálidas y, por tanto, las carpas crecen relativamente rápido.

La explicación es que, como animal de sangre fría que es, la carpa necesita el calor para estar activa, lo cual suele ocurrir en torno a los 8-10º C. Aunque también se consiguen capturas por debajo de esa temperatura, son más difíciles y meramente anecdóticas. La realidad es que cuanto más calor hace, mayor temperatura tiene el agua y más aumenta la actividad de la carpa. El factor más positivo de España, en este sentido, es que disfrutamos de temperaturas altas casi todo el año.

El aumento progresivo de la temperatura acelera el proceso de alimentación y de digestión hasta que se alcanzan temperaturas cercanas a los 25º C. A partir de este momento, cuanto más suba la temperatura menor será la actividad, ya que las altas temperaturas provocan en la carpa un estado de inactividad debido a que el consumo energético es mayor que la cantidad de calorías que pueden obtener alimentándose. En estas situaciones, sobre todo en los meses de julio y agosto, la carpa permanece largas horas inactivas.

En estudios realizados a una temperatura media de 12,5º C se ha observado que existe una relación entre el oxígeno consumido a lo largo del proceso digestivo de la carpa y el tiempo transcurrido desde la ingesta (ver gráfica de la izquierda). Así, durante las 2,5-3 horas posteriores a la ingesta, la demanda de oxígeno es muy alta, dependiendo también de lo pesado que sea de digerir el alimento.

Otro factor importante a la hora de determinar la velocidad y límites de crecimiento de la carpa es el volumen de agua en relación al número de peces que habitan el estanque. Por ejemplo, si en una hectárea viven sólo 500 carpas royales, al año éstas alcanzarían un peso de 4 kg por ejemplar (en aguas templadas o cálidas) sin que sea necesario reforzarles la alimentación. A mayor hacinamiento, las carpas crecerán menos -aun si se les da alimento complementario-, pudiendo llegar a alcanzar tan sólo el medio kilo al año por ejemplar.

Esto es debido al volumen de agua que hay por pez, lo que quiere decir que si el agua está circulando o recirculando las carpas pueden crecer en poco espacio hasta tamaños sorprendentes. Por ejemplo, en Japón, el Dr. A. Saeki (Escuela de Pesca de la Universidad de Tokio) utilizó en 1951 un estanque de 76,5 m2 y 1,3 m de profundidad como hogar de una tonelada de carpas. Éstas eran alimentadas sólo una vez al día, pero con un sistema de recirculamiento de agua, la cual se filtraba y oxigenaba constantemente debido a la gran densidad de peces ahí retenidos. Al año logró una producción de 400 kg de carpa por metro cuadrado.

También, en Alemania, con un sistema de recirculamiento de agua pero realizado en peceras de 40 l cada una, se probó a poner diez carpas espejo por pecera. Un año después, habían alcanzado casi un kilo de peso por ejemplar (diez kilos de carpa en 40 l de agua).

Experimentos que no hacen más que demostrar que las condiciones ambientales y del entorno en que crecen las carpas influyen decisivamente en el crecimiento de los ejemplares. Por ejemplo, y partiendo siempre de una edad de cinco años (momento en el cual más se acelera el crecimiento y se pueden ver más claramente las diferencias), existen otros experimentos realizados con carpas comunes que muestran enormes diferencias de peso entre ejemplares que habitan zonas con distinto grado de idoneidad (ver tabla izquierda). Así, la diferencia de peso entre ejemplares en zonas muy desfavorables y muy favorables a la edad de cinco años (1,6 kg y 5 kg, respectivamente), a pesar de ser ya importante a esta edad se dispara mucho más conforme pasan los años. A la edad de 30 años nos encontramos con ejemplares de 14 kg en las zonas menos idóneas y de 42 kg en las óptimas.

Pero no sólo eso, sino que también pueden darse diferencias importantes de crecimiento en ejemplares que habitan un mismo lago y, por tanto, bajo las mismas condiciones medioambientales y de alimentación. En estudios realizados en este sentido (gráfica superior), mientras un ejemplar era capaz de superar los 20 kg de peso, otros se quedaban en 5 kg. De nuevo, la genética del individuo destaca entre los demás factores, siendo la cantidad de alimento disponible, temperatura, oxígeno disuelto, etc, factores limitantes del primero.

Por tanto, una vez más debemos confirmar que el principal factor para tener grandes carpas en un hábitat es que en principio tengamos una genética que garantice ese crecimiento. Después, a ello habrá que sumarle una buena alimentación y otros factores como temperatura, volumen de agua, oxígeno disuelto... Todo ello sin olvidar un factor que, desde nuestro punto de vista, es esencial: la labor del pescador. Ésta deberá ser muy respetuosa con sus capturas, devolviéndolas al agua para garantizar la continuidad genética de la especie en nuestros embalses y ríos.
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    Últimos comentarios de los lectores (2)

    460 | amado junior - 18/04/2012 @ 04:16:51 (GMT+1)
    Interesante
    345 | miguel - 29/11/2008 @ 19:03:25 (GMT+1)
    Empezare diciendo que tengo 65 años llevo pescando carpas muchos años,sobre todo en la comunidad de madrid y castilla leon,yo presencio durante la temporada como pescadores de los paises del este son depredadores yo creo por instinto de supervivencia, a esos señores es a los que ahy que mentalizar sobre las capturas dile tu a un rumano que tire una carpa al agua despues de hacerse 200kilometros para ir a pescar haber que te dice,debo decir que casi ninguno va documentado y la guardia civil lo sabe y ninguna institucion hace nada para parar este abuso mejor atropello que se esta cometiendo en los embalses y riosde nuestro pais,a los españoles nos axpan pero esta gente hace lo que les da la gana, y la guardia civil dice los denunciamos pero como no tienen direcion fija no se les hace nada,y para mi que pago mis impuestos mis licencias, no te pases un pelo que te joden SALUDOS
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