Hemeroteca :: 01/07/2008
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Salmónidos

Retoques para “ganar” confianza

Última actualización 24/06/2008@12:52:45 GMT+1
La mosca es probablemente la reina indiscutible de nuestra afición. es la encargada de dar confianza al pescador y sensación de alimento al pez. precisamente de esa unión -cómo conjugar ambos elementos- es de lo que intentaremos arrojar un poco más de luz.

Texto y fotos: Juan José Jódar
Para mí, es vital confiar en las moscas artificiales que utilizo en los días de pesca. Tal vez en una jornada normal no le dé más importancia de la que deba tener, pero en el momento en que asisto a cualquier tipo de campeonato pasa a ser un elemento vital. Necesito confiar plenamente en mis moscas y el ejemplo más claro lo tengo cuando al abrir mis cajas, una vez tras otra, la vista se va en busca de esos determinados modelos en los que uno confía plenamente, esos que siempre te sacan de un apuro y que, sin lugar a dudas, se han ganado un puesto de honor en cada caja.

La confianza en un modelo en concreto se consigue sólo de dos formas. El primero y más importante, es que consiga capturas en acción de pesca, y el segundo es que nos sintamos a gusto pescando con él. Tal vez, esta segunda característica con el tiempo tiene tanta o más importancia que la primera, porque ¿de qué sirve una mosca fantástica, que pesca infinitamente bien, si cada vez que pasa por un chorro no somos capaces de diferenciarla del resto del agua?, ¿de qué sirven esas moscas que mueven pesca por doquier, pero por muy bien que posemos o buena vista que tengamos, no seamos capaces de verlas derivar?
Se trata de un elemento de primer orden, tal vez el más importante en una mosca artificial: su capacidad de resaltar sobre el agua por muy pequeña que sea. No hay peor jornada de pesca que aquella en la que sólo vemos por dónde anda la mosca cuando un pez rompe la superficie para tomarla, que en la mayoría de los casos no seremos capaces de clavar por tensar nuestra línea tarde, cuando la trucha ya habrá notado el engaño y habrá escupido la artificial.

Tal vez conseguir una mosca que pesque y que se vea parezca algo complicado de conseguir. Pero será preferible tener una artificial que mueva menos truchas pero que seamos capaces de seguir sobre la superficie del río, que otra que mueva truchas por doquier pero que no veamos en ningún momento. Estadísticamente, nos llevará muchas más truchas a la sacadora la que mueve menos truchas pero se ve mejor. Por tanto, en situaciones en las que las cosas se nos pongan difíciles para seguir con nuestra vista la mosca, podremos recurrir a algún que otro truquillo para añadir visibilidad a las artificiales mientras derivan por la superficie.

Antes de exponer algún que otro consejo para esto, tenemos que tener claro qué es lo que hace que una mosca pase desapercibida para nosotros cuando navega por el agua. ¿Su tamaño, color, índice de flotabilidad, estas cosas juntas o tal vez una cuarta que aún no hemos mencionado y que es sencillamente que no posamos donde ponemos la vista? Esto se solventa sólo con el fruto de la experiencia y del paso de los años pescando y lanzando. Recuerdo cómo amigos que se convirtieron en grandes pescadores, al principio no veían la mosca en casi ninguna situación. También recuerdo -a mí también me pasó en su día- cómo una vez tras otra posaban su mosca y fijaban la vista donde ellos pensaban que estaba derivando, pero que en realidad no era ni por asomo el lugar real donde se había posado la artificial. Ese era el motivo de que pensasen que no ver navegar la mosca era precisamente por la mosca en sí (su tamaño, color o construcción) cuando la realidad era bien distinta: estaba fuera de su campo de visión.

Los otros tres factores a tener en cuenta son el tamaño, el color y el índice de flotabilidad. Solventar los tres es sencillísimo. Sólo hay que aumentar el tamaño del montaje, utilizar colores que contrasten con el color del fondo en el que pesquemos y añadir flotabilizadores o utilizar materiales específicos para añadir también esa flotación necesaria para la artificial.

Pero desgraciadamente no es tan sencillo de hacer, porque si en el río está saliendo un tricóptero de 60 mm de tamaño que normalmente montaríamos en un anzuelo del 22 o 24 no podemos -o no debemos- sustituirlo por otro montado en un anzuelo del 14, que evidentemente veremos mucho mejor pero que difícilmente engañará las truchas que se están alimentando de un insecto justo con la mitad de tamaño. A pesar de esto, intentaremos llevar el tamaño al límite, sin dejar de tener éxito. Así pues, intentaremos poner ese mismo tricóptero que deberíamos montar en un 22-24 en un 18-20. Después observaremos el comportamiento de las truchas: si siguen tomándolo igual de bien, pues perfecto. Si no es así, tendríamos que pensar en añadir en nuestras pequeñas imitaciones algún elemento extra que nos ayude a identificarlas entre el resto del agua.

SEñalizador y color en tu mosca. Un buen modo de solucionar el problema de las pequeñas artificiales es añadir siempre en la parte superior de la mosca un indicador para identificarla. Un pequeño mechoncito de polipropileno o unas fibras de CDC resaltarán notablemente sobre el río y por pequeña que sea la mosca nos permitirá seguirla con la vista en cualquier momento. Esto lo usaremos siempre que el tamaño de los insectos que estén tomando las truchas nos impida poner una artificial mayor.

En cuanto al color, tendremos el mismo problema. Si no encontramos actividad superficial y nos empeñamos en pescar en superficie (cosa que siempre he desaconsejado) intentaremos utilizar colores que contrasten con los fondos del río y con la luminosidad e incidencia de los rayos solares. Colores grises sobre fondos marrones, y marrones sobre grises, serán de un contraste notable, así como utilizar moscas oscuras incluso negras cuando el agua platea al terminar el día. Esto evidentemente cambiará cuando el río nos ofrezca actividad superficial, ante la cual no tendremos más remedio que imitar lo que el mismo ofrezca.

Por último, la flotabilidad de la mosca también es muy importante. En determinadas ocasiones, ríos e insectos a imitar, podremos hacer que la mosca flote lo máximo posible, pero habrá otras en las que no, y una vez más la experiencia nos enseñará por qué imitar un díptero en movimiento necesitará de un artificial que apenas toque el agua. Mientras, imitar un pesado pardón necesitará de un índice de flotabilidad más bajo. Evidentemente, cuanto más flote una mosca mejor la veremos, y en la mayoría de las ocasiones en que imitemos insectos en movimiento podremos añadir a nuestra mosca líquidos flotabilizadores (que nunca me gustaron) o secarlas con polvo de sílice que extraerá cualquier resquicio de humedad que tenga nuestra mosca, dejándola tan seca que en los primeros lances parecerá que ni siquiera apoya sobre el agua.

La observación de lo que el río nos ofrezca será una vez más nuestro mejor aliado. Junto al tamaño y color, intentaremos imitar en lo máximo posible la flotabilidad del insecto natural con nuestra mosca artificial. Recordaremos, por tanto, que podremos permitirnos variaciones a nuestro favor, siempre y cuando el río nos lo permita y la actividad superficial sea poca o nula. Cuando tengamos movimiento en superficie, no tendremos más remedio que añadir algún elemento extra a la mosca artificial que mejor imite al insecto natural que derive en ese momento aguas abajo.

El río elige la mosca. Hasta ahora hemos intentado mejorar la efectividad de nuestras moscas. Haciendo una recopilación, la productividad de una mosca artificial era la unión de efectividad en la pesca y confianza en ella por parte del pescador. Hasta aquí hemos expuesto cómo puede ganarse una mosca esa confianza, pero no basta solamente con tener una mosca que flote o se vea por su tamaño o contraste con los fondos sobre los que pescamos. Eso hace tener el control continuamente al pescador sobre su equipo y artificial, pero no hace que la mosca pesque. Ésta, como sabemos, tiene que reunir unas características esenciales para ello que ya hemos mencionado: tamaño, silueta y color acordes con lo que el río ofrezca. Podremos improvisar y utilizar lo expuesto hasta ahora cuando el río esté inactivo (si nos negamos a pescar a ninfa), pero cuando el río marque el ritmo no tendremos más remedio que seguirlo.

Será en estas ocasiones cuando podamos introducir pequeños indicadores sobre la estructura de la mosca para que, sin variar mucho color, silueta y tamaño del insecto natural, seamos capaces de imitarlo con una artificial que podremos identificar sobre el agua.

Bajo el agua. Si hablamos de mejorar la efectividad de una artificial que pesca bajo el agua tendremos que mencionar muchos factores que entran en juego. Aquí sólo nos ceñiremos a la mosca en sí, y dejaremos de lado todo lo que no es expresamente la construcción y estructura del artificial.

Una mosca que pesca bajo el agua será más efectiva cuanto menos pese, pues si aumentamos su gramaje limitamos o disminuimos el movimiento de la misma bajo el agua. Poco sentido tiene hablar aquí de unos colores y tamaños pues, salvo en contadas ocasiones, no seremos capaces de ver nuestra imitación bajo el agua, y tendremos que limitarnos a emular perfectamente las larvas y ninfas que deriven por el río. Será preferible sacrificar una imitación en acción de pesca (que tendrá todo el peso necesario para llegar a la zona que queramos pescar) para dar todo el protagonismo a otra que no tendrá peso y derivará por la zona correcta con el máximo movimiento posible. Montaremos, por tanto, una línea con un par de imitaciones. Incluso podemos poner tres. Creo que con dos tendremos de sobra, sorprendiéndonos en más de una ocasión con alguna captura inesperada esa ninfa que con todo el peso del aparejo deriva más cerca del fondo.

Sin duda, mejorar la efectividad de nuestras moscas lleva implícito subir un nivel en nuestra condición de pescadores, y saber leer perfectamente bien el río en cada momento y asumir que la naturaleza ha necesitado miles, millones de años, para crear cada uno de los insectos que queremos imitar, por lo que intentar conseguir algo exacto sería imposible, pues siempre carecería de la condición principal de un insecto: la vida.
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    Últimos comentarios de los lectores (3)

    348 | Jose Luis - 14/12/2008 @ 22:47:02 (GMT+1)
    Un gran articulo,de un pescador con las ideas claras,adquiridas en autentica experiencia.Lo mejor es aquelloq mejores resultados proporciona,y a veces nos perdemos en la mania de imitar moscas como si fueran un finy no un medio.Gracias por los consejos
    297 | Barbux - 12/09/2008 @ 20:51:05 (GMT+1)
    Magnifico y didactico articulo. gracias
    181 | BERMUDEZ - 09/07/2008 @ 00:43:22 (GMT+1)
    Saludos desde puerto rico.....la isla del encanto...aca en el caribe....por favor contesteme que debo hacer, te cuento que he ido a pescar en un rio donde se ven las truchas a simple vista, el rio es profundo y el agua es relativamente clara aunque tira un poco a verde, uso de sebo lombriz de tierra, uso suficiente peso para que llegue al fondo, mas sin embargo las truchas miran el sebo y no pican (muerden el sebo), orientenme que sebo debo usar, ah... perdona que no comente directamente tu articulo, mas te digo que lo encuentro bastante instructivo....
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