Hemeroteca :: 01/06/2008
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Mi rincón favorito

Una pesca alternativa en el embalse de Los Pérez

Última actualización 23/05/2008@13:08:49 GMT+1
La pesca de la carpa común o royal y del carpín dorado o anaranjado en Canarias es una gran desconocida para la mayoría de los aficionados isleños. Sabedor de que algunos se dedican a pescarla en los embalses que existen en el centro y sur de Gran Canaria, como los de Soria, Chira, Las Niñas e incluso otros más pequeños como el de Los Pérez, me dispuse a realizar una prueba intentando pescarlos, además de a cebo, a mosca y estrímer.

Texto y fotos: Eduardo García Carmona
He pescado carpas una vez en mi vida. Fue en tierras leonesas, concretamente en El Bierzo, y para informar en el periódico local donde colaboraba en temas de pesca, especialmente de trucha común, que allí es un auténtico furor con casi 50.000 licencias de aficionados. En la localidad de Santa Marina del Sil se celebraba el Festival de la Carpa organizado por el Centro de Iniciativas Turísticas de aquella localidad, con Ángel González a la cabeza, y al que siempre acudía “la voz de oro” de la radio española, Luis del Olmo Marote.

Aquel día de verano, en el embalse de Bárcena, jamás lo podré olvidar. Son muchos los motivos, pero especialmente uno: el ganador de concurso lo hizo con un único ejemplar pescado entre 50 participantes. Creo que fue el peor año de los muchos que lleva celebrándose el festival de exaltación a este pez. Mis dos compañeros de aventura, Juan Moreno Tascón y Gerardo García Merino, al igual que yo, lo probamos todo con tal de sacar alguna carpa, pero no entraron ni siquiera a higos recién cogidos de una higuera próxima. Desde entonces, mis cañas nunca más sirvieron para intentar pescar este pez, ni allí, ni en ningún otro lugar, hasta este momento.

Llevo poco más de un año en Gran Canaria y me estoy reciclando, como los envases. Ahora pesco viejas, sargos, besugos, jureles y mil especies más que existen en las aguas que rodean esta isla. Me estoy animando a acudir a otras, como El Hierro y Fuerteventura, de las que me hablan maravillas. No me olvido, ni olvidaré, mis ríos de León y a la singular pintona, la reina de aquellos ríos. Curiosamente, resulta que del agua dulce pasé al agua salada y, como si el agua dulce me persiguiese, he vuelto a pescar en ellas, aunque no en un río, sino en el embalse de Los Pérez, de la Comunidad de Regantes del Norte de Gran Canaria, situado en un lugar con una naturaleza espléndida, llena de vida y color.

El mar se puede ver desde la zona de la cumbre en la que nos encontramos. Montaña y pinar que nos adentra en el océano abriéndose al valle de Agaete entre riscos y montañas volcánicas, entre desniveles increíbles que producen vértigo, entre pinares que invaden con su presencia y aroma, la vista y el olfato. Es el pinar de Tamadaba que fue sustento para moradores de estos lares y devoción con “la rama” o “enramá”, como la llaman en otros lugares de la península, para las gentes del valle de Agaete el día de la fiesta grande. La fiesta de La Rama se celebra a primeros del mes de agosto, y es uno de los más claros ejemplos de fiesta aborigen de la isla. Todo gira sobre el mito del agua y el sexo. Los guanches pedían agua y fertilidad al cielo, bajando desde el pinar de Tamadaba ramas que llevaban hasta el mar golpeándolas contra las aguas, al ritmo de música y baile. Esta fiesta congrega a miles de canarios llegados incluso de otras islas.

Más allá del pinar y el valle, aguas adentro del Atlántico, entre nubes, casi palpamos el Teide entre las nubes. Y es que la isla de Tenerife, en días claros, está a tiro de piedra. En barco se llega en 60 minutos. Con la imaginación y la vista, en segundos.

Carpas y carpines en Canarias
Es lo que menos esperaba encontrarme en Gran Canaria: carpa común o royal y carpín dorado o anaranjado. Tampoco podía salir del asombro cuando mi amigo Arcadio, de Agaete, me llevó a conocer la montaña próxima a esta localidad, o como dicen aquí: la cumbre y el pinar de Tamadaba, que se encuentra a 1.444 metros de altitud. Una carretera empinada y estrecha, como la mayoría de las de montaña de la península. Curvas y más curvas y, al final, un pequeño embalse seguido de otro, por encima de éste.

La mayor sorpresa fue comprobar, desde el muro del embalse, una procesión de peces de gran tamaño navegando por la orilla derecha. ¡Son carpas! Carpas y de un tamaño que puede rondar los 2 y 3 kg.

Realizadas las pertinentes gestiones en el Servicio de Pesca Canario, nos lanzamos a la aventura de la carpa. Primero había que conocer a nuestros protagonistas: carpa y carpín, por lo que decidimos documentarnos y encontramos sorpresas interesantes y poco conocidas.

El primer documento de piscicultura, referente a la carpa, data del año 460 a.C. y se debe a un asiático, Fan Li. Según éste, la población de carpa se concentraba en las áreas del Mar Caspio, Mar Negro, Mar Aral, zona del Danubio y Asia. La carpa, en Europa se introdujo en los siglos XII y XIII. Existe una referencia, de Alejandro Magno, que data del año 1260. El primer tratado sobre carpicultura específica es de 1547, debido a Janus Dubravius. En España, la carpa es introducida por los romanos, pero no es hasta 1953 cuando la carpa royal es introducida por el Servicio Nacional de Pesca Fluvial y Caza, en el embalse de El Encinarejo, en Andújar (Jaen) y en Las Lagunas de Ruidera (Ciudad Real), donde se soltaron 1.000 y 20.000 alevines, respectivamente, procedentes de la piscifactoria existente en Aranjuez. En años posteriores, hasta 1963, se fueron repoblando aguas de diversos ríos y embalses de Madrid, Lérida, Valencia, Zaragoza, Ávila, Albacete, Granada, Cuenca, Córdoba, Cáceres, Málaga y Guadalajara. En las Islas Canarias, fue en 1963 cuando se soltaron 10.000 alevines en los diversos embalses existentes, aclimatándose muy bien, pese a los rangos de pH en las aguas que oscila entre 5 y 9, niveles más bien bajos.

Aunque en nuestro país no se explota comercialmente la producción de carpa destinada al consumo alimentario, en otros países europeos, forma parte importante de la alimentación. Mientras en Gran Bretaña se producen unas 30 toneladas anuales, en Chequia se producen 16.000 toneladas y en Ucrania 44.000 toneladas, estando la carpa presente en la dieta diaria de sus pobladores.

Del carpín dorado o anaranjado se tienen menos referencias. También procede de Asia y se encuentra en aguas de todo el mundo. Existen multitud de variedades ornamentales de muy diferentes formas y colores, si bien, como pez pescable, la primera referencia data de 1758. Pertenece a la familia de los ciprínidos y se caracteriza por ser un pez que se puede reproducir sin la intervención del macho.

Este pez, al igual que la carpa, vive en aguas estancadas o de corrientes débiles, en remansos de ríos, charcas, embalses y lagos. Prefiere fondos cenagosos y abundante vegetación sumergida. Es muy resistente a las temperaturas elevadas del agua y la escasez de oxígeno. El tamaño del carpín difiere notablemente de la carpa royal. Lo normal es conseguir ejemplares de 20 a 30 centímetros, aunque también se han conseguido algunos de hasta 50 centímetros, con pesos que rondan los 4 y 5 kilos en la Comunidad Valenciana.

Probando a mosca
Tres moscas diferentes. Un estrímer de color naranja, poco plomado. Un tricóptero confeccionado con pelo de ciervo y una mosca común, especialmente confeccionada para esta ocasión por el montador y amigo Paco Redondo, de Peñaranda de Bracamonte (Salamanca) formaban la terna o banco de pruebas para pescar carpas en Canarias. Lo intenté de todas las formas: individualmente, por parejas y en trío con boya. No hubo manera de engañar a las carpas o los carpines.

A fondo, dejando bajar el estrímer y manteniéndolo con pequeños movimientos o tironcillos. Con estrímer y tricóptero, uno a fondo y el otro por encima, a unos 50 centímetros. Tampoco. A imitación de mosca común, flotando. Menos. Las tres moscas juntas, formando una cuerda donde el estrímer era el rastro sumergido. Menos aún.

Después de tanta probatura y tan poco éxito, el tedio pudo conmigo viendo cómo mi compañero de pesca, Daniel González Armas, sacaba a cebo de maíz cocido, una tras otra carpa y también carpines. Cansado de hacerle fotos, decidí cambiarme al maíz. Reconozco que he practicado poco la pesca a cebo y que no soy devoto de su práctica pero enganchar los granos de maíz en el anzuelo no tiene mayor historia.

Desde la orilla de embalse, Dani me anima. Me deja libre el recodo donde él se encontraba pescando y decido probar suerte. Una bandada de patos aterriza junto a nosotros quitándonos, de golpe, la paz que reinaba en una naturaleza sin par. Curiosamente, lo que parecía salvaje es, más bien, de granja. Pese a asustar a las aves acuáticas de allí no se mueven, por lo que decidimos seguir pescando. Según lanzábamos el cebo y al hacer en el agua el señalizador, los patos acudían a su encuentro una y otra vez. Un suplicio. Decidimos darles lo que pedían, cortando de la barra de pan de nuestra merienda, un trozo y lanzándoselo a agua, pero en dirección contraria a la que nos encontrábamos pescando. Mano de santo.

Cuando entra la carpa al señuelo, los tirones son secos y continuos. Cuando el señalizador se hunde completamente, un simple giro de muñeca hacia arriba y la pieza queda enganchada al anzuelo. La primera sacudida es la que más se nota. El pez intenta meterse hacia el fondo del embalse. Busca refugio, aunque poco pude hacer ante un buen carrete e hilo del 28. Cuando la carpa está próxima a la orilla y las piedras o maleza están próximas, el pez vuelve a intentar soltarse. Es el final de la lucha.

Cuando toco escama, nunca mejor expresado, compruebo la mucosidad o babilla que rodea el cuerpo de este pez. Las escamas son grandes y están irregularmente repartidas en su cuerpo, encontrándose el mayor número de ellas en la zona del lomo. Son escamas grandes, fuertes y cortantes, pese a que el ejemplar no es de proporciones exageradas. Me imagino cómo podrían ser si la carpa pesase alrededor de 20 kilos o más. Habría que cogerla con guantes especiales. Destrabado el anzuelo, el pez vuelve al agua verdosa-amarronada del embalse de Los Pérez.

Mientras comemos la merienda y los patos nos persiguen en busca de alimento, dejamos las cañas pescar solas. Poco nos dejan degustar la tortilla de patata. Una caña está con el puntero doblado hacia el agua. Los tirones se suceden. Hay que acudir a la carrera para sujetarla y que no caiga al agua. Primeros tirones y poco más. Cuando el pez está subiendo hacia la superficie, compruebo que se trata de un carpín de color anaranjado chillón. De barriga panzuda y cortas dimensiones. Presenta una cola de color blanquecino y tiene algunas manchas en el resto de aletas. Las anteriormente conseguidas eran de color anaranjado homogéneo, sin manchas blancas.


DATOS PARA EL PESCADOR
La distancia desde Las Palmas es de unos 50 kilómetros. Cogiendo la GC-2 (autovía aún no completada), se va dirección Arucas hasta llegar a Santa María de la Guía. A la altura de Cañizares hay que desviarse hacia la GC-701 hasta el cruce con la GC-70, la cual nos llevará hasta Montaña Alta. En el cruce con la GC-700 continuaremos hasta Fagajesto, El Hornillo y, por fin, Lugarejos, localidad que se encuentra una vez pasado el muro del embalse de Los Pérez. Casi al final, en la cola del embalse, se encuentra Las Hoyas y a continuación Coruña, Las Cuevas y Artenara, cabeza del municipio.

Las carreteras son las clásicas de montaña, estrechas y sin banda divisoria de calzada, por lo que es necesario conducir a poca velocidad y con mucha prudencia.

Existen otras vías alternativas. Desde la autovía GC-2, pasado Guía y Gáldar, iremos dirección Agaete hasta rebasar Llanos de Las Quintanas. Después cogeremos la GC-220 que nos llevará hasta las inmediaciones de Hoya Pineda, para pasar Saucillo y Cadeiros. En el cruce con la GC-70 iremos hacia Fagajesto y El Hornillo para llegar a Lugarejos.

En las Islas Canarias pescar en agua dulce es algo a lo que recurren muy pocos aficionados. Es la pesca en el mar la que se lleva el 99% de practicantes y ni siquiera el uno por ciento restante se prodiga en salir habitualmente a pescar en la orilla de los muchos embalses o presas existentes.

Mientras que la pesca en el litoral o desde embarcación, en el mar, depende administrativamente del Gobierno Autónomo, la pesca en agua dulce o pesca continental depende del Cabildo correspondiente.

No existe una normativa tipo para especies determinadas, por lo que se puede pescar cualquier pez existente en el embalse. Abundan carpas y carpines en todos los embalses o presas, si bien en Gran Canaria, en la presa de Chira (la mayor de esta isla) también existe black bass.

Para salir a pescar en agua dulce en las Islas Canarias hay que tener en cuenta que:
• Están autorizados todo tipo de cebos.
• La pesca es sin muerte o captura y suelta.

• Se autoriza la práctica en toda época.
• Hay que estar en poder de la licencia de pesca para aguas continentales, expedida por el Servicio de Pesca del Cabildo correspondiente.

Existen cuatro modalidades de licencia:
• Especial: para extranjeros no residentes. Validez 1 año. Precio 12,59 euros.
• Regional: para españoles y extranjeros residentes. Validez 1 año. Precio 5,08 euros.
• Quincenal: para españoles y extranjeros en general. Validez 15 días. Precio 3,16 euros.
• Reducida, para menores de 16 años. Validez 1 año. Precio 3,07 euros.

Más información: Cabildo de Gran Canaria. Servicio de Pesca. Tfno: 928 21 94 65.
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