Hemeroteca :: 01/05/2008
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Salmónidos

Mejoras en tus señuelos de trucha

Última actualización 21/04/2008@18:20:54 GMT+1
Deslizarse sigilosamente por la orilla de un pequeño torrente y lanzar con delicadeza una pequeña cucharilla giratoria es pura meditación. Pero cuando el agua se agita violenta y repentinamente detrás de nuestro señuelo y una gran trucha lo persigue y ataca en tan sólo 30 centímetros de agua, experimentamos la esencia de la pesca en su estado más puro.

Texto y fotos: Jens Bursell
Traducción: Josep solanes
El sol está a punto de asomar sobre las copas de los árboles cuando me encuentro a escasos metros de la orilla del río. La bruma matinal todavía se resiste a abandonar el prado, donde las espigadas hierbas están bañadas en rocío y el único ruido que puedo oír es el refunfuñar de los caballos a mi espalda.

La temporada está ya un poco avanzada y las orillas del riachuelo están infestadas de vegetación por lo que éstas ofrecen excelente cobertura desde la que montar un pequeño señuelo nadador al final de mi línea de fluorocarbono. Con un suave lance de revés sitúo mi señuelo justo al otro lado de la corriente de forma que éste ameriza perfectamente a tan sólo 10 centímetros de la orilla opuesta, ligeramente río arriba en la parte más profunda del exterior de la curva que describe el agua. Esta postura es un agujero profundo que huele inequívocamente a trucha, pero no obtengo picada alguna.

Tan silencioso como puedo, me deslizo un poco más arriba y lanzo una vez más hacia un brote de hierba en la entrada de otro pozuelo. De repente veo emerger una estela detrás de mi pequeña imitación pero, desafortunadamente, la trucha no consigue alcanzar su objetivo. Esa era una trucha grande... Con manos temblorosas y el corazón a cien por hora cambio a un Rapala Countdown color firetiger. Estoy a punto de lanzar cuando noto en la mano la dolorosa picada de unas ortigas, pierdo pie y patino sobre la resbaladiza orilla. Segundos después, cuando todo sudoroso asomo la cabeza por encima de las ortigas veo que mi esfuerzo por no caer ha sido en vano, puesto que la trucha desaparece río arriba rompiendo la superficie de las cristalinas aguas. El pez se ha asustado y yo he perdido mi oportunidad.

Hundido, comienzo a remontar y, un poco desilusionado, lanzo mi Rapala al sitio donde vi desaparecer la trucha. Trastornado por haber asustado al pez, lanzo 20 centímetros más allá y momentos después me apercibo de que mi señuelo está firmemente encallado en la otra orilla. Las cosas no pueden ir peor. Un poco irritado por la facilidad con la que un señuelo con dos anzuelos triples llega a engancharse, saco mi arma secreta: una cucharilla giratoria montada con un anzuelo simple relativamente pequeño con un trozo de monofilamento. Y, después de un pequeño descanso y de motivarme a mí mismo para recuperar la confianza, continúo pescando.

Media hora más tarde estoy delate del recodo más perfecto, con orillas profundas repletas de vegetación colgante. Sólo unos segundos más tarde mi cucharilla penetra ya en el agua, que se agita detrás de ella, y un nanosegundo después la superficie estalla cuando el pez cierra sus mandíbulas sobre el señuelo y desaparece corriente arriba en una poderosa carrera. La lucha es espectacular, y la trucha realiza varias carreras río arriba y abajo con extraordinaria fuerza. Cuando la tengo enfrente por quinta vez, ya tengo la sacadera preparada y mientras el pez se desliza por el aro hacia adentro me digo a mí mismo que no me arrepiento de haber traído mi salabre de 60 centímetros. La trucha pesa 2,9 kilos, una fario perfectamente salvaje.

Lleno de euforia continuo río arriba, pero sin capturar ningún pez en un período de varias horas. Las ortigas, los matorrales y el bajo bosque se hacen cada vez más espesos. Y después de un rato, la única forma de continuar es plegando la caña y gateando por debajo de la vegetación. Empapado por el rocío y crujido por las ramas, llego finalmente a un pequeño claro desde donde puedo ver el agua. Unos pocos metros más arriba hay un recodo perfecto que estoy seguro que nadie ha pescado en unos cuantos años...

Casi a cámara lenta monto de nuevo la caña y deslizo la punta a través del agujero de los matorrales. Moviendo la caña lateralmente, proyecto mi cucharilla 10 metros río arriba. A los pocos metros de recuperación veo la estela de una trucha a tan sólo un par de metros de mi engaño. A alta velocidad, la estela se acerca directamente a mi cucharilla y yo intento variar la velocidad de recogida para provocar el ataque de la trucha. Justo un segundo antes de que el señuelo alcance la punta de la caña, se produce la acometida y en un abrir y cerrar de ojos el pez está a 20 metros de distancia río arriba. Al poco rato me doy cuenta de que va a ser una larga batalla y después de 15 minutos todavía no he podido ver la cabeza del pez. Sin embargo, de repente el pez se muestra cansado y sube a la superficie, lo que me permite ensalabrarlo suavemente. Y cuando lo dejo descansar sobre la hierba mojada constato realmente lo enorme de mi captura. El anzuelo simple está perfectamente clavado en el costado de la boca del pez y gracias a que es un anzuelo simple, resulta muy sencillo sacarlo sin dañar al pez lo más mínimo: la balanza marca 3,4 kilos. Después de una cortísima sesión de fotos con el trípode y la cámara en modo de disparo automático, devuelvo el pez al agua. Estoy más que satisfecho con las dos enormes farios que he pescado, de forma que decido acabar la pesca. Días como éste no se presentan muy a menudo, pero incluso peces mucho más pequeños que éstos resultan una gran experiencia clavados con un equipo de lance ligero como éste.

Las técnicas básicas cuando se pescan truchas con equipos de lance ligero son muy sencillas. Dado que normalmente los peces se mantienen nadando contracorriente, resulta más fácil aproximarse a ellos sin asustarlos si nos movemos y lanzamos río arriba. Si los peces se están alimentando y la presión de pesca no es muy grande, las truchas habitualmente reaccionarán de alguna forma la primera vez que vean pasar nuestro engaño. No pasará desapercibido, al menos en aguas poco profundas.

La pesca a lance ligero aguas arriba se practica habitualmente mediante lances contracorriente recogiendo la cucharilla o señuelo y desplazándonos entre dos y cinco metros entre lances. De esta forma se puede cubrir mucha agua rápidamente, especialmente en primavera, cuando la hierba y los juncos son pequeños y caminar pescando es bastante más fácil.

Algunos de los señuelos más típicos para pescar truchas de esta forma son los pececillos nadadores de hundimiento rápido y diferentes tipos de cucharillas giratorias cuyas paletas giran bien incluso a poca velocidad. Señuelos pequeños como los Lillöringen de Abu también son perfectos. Incluso en riachuelos pequeños es posible pasear un señuelo a lo largo de los canales de hierba o juncos moviendo la punta de la caña oportunamente hacia arriba, hacia abajo o hacia los lados para evitar los enganches con los obstáculos que hay en el agua.

Al desenvolvernos en este tipo de pesca, nos toparemos a menudo con lugares en los que es imposible pescar con lances hacia arriba, por ejemplo cuando haya un árbol cuyas ramas y hojas cuelguen sobre el agua. La solución es caminar rodeando el árbol lo suficientemente lejos como para no asustar a los peces y, bien colocado corriente arriba, dejar que nuestro señuelo flotante derive hasta que alcance la posición óptima para recuperarlo entonces contracorriente.

El equipo no tiene que ser demasiado caro. Todo lo que se necesita es una caña de trucha de cinco a siete pies con un peso de entre cinco y 12 gramos. Esto nos permite tener una gran sensibilidad al pescar con señuelos pequeños y al mismo tiempo tener la potencia suficiente para capturar truchas de 3 kilos. Cualquier carrete de bobina fija será adecuado para este tipo de caña, siempre y cuando tenga un buen freno. En la primavera, cuando todavía no ha aparecido la hierba, mi línea favorita es un Fireline Clear de 0,08-0,10 mm. Cuando la temporada ya está más avanzada y la hierba y los juncos son altos, es mejor y más seguro utilizar una línea de 0,13 de forma que resulte más fácil liberar el señuelo y seguir pescando cuando éste se enganche entre la vegetación acuática o terrestre. Si el agua está muy clara, un fluorocarbono del 0,20 o el 0,25 puede resultar ventajoso. Para que se vea lo menos posible, yo lo empalmo a la línea principal con un nudo de cirujano de cuatro o cinco vueltas.

El captura y suelta está al orden del día en muchas de las aguas trucheras. Un trenzado fino de 0,08 mm puede, desafortunadamente, hacer cortes al pez y dañar sus agallas si la línea se enreda alrededor de la trucha. Un fluorocarbono relativamente grueso tiene la ventaja adicional de que no daña al pez de la misma forma.

El gran problema que se presenta cuando se pescan truchas a lance ligero en tramos sin muerte es que resulta muy fácil causar daño a los peces con los anzuelos triples de las cucharillas. Los anzuelos triples son difíciles de sacar sin desgarrar la carne del pez, y también tienen la desventaja de que se enganchan fácilmente en los obstáculos ya sea en el agua como en la orilla opuesta cuando lanzamos demasiado largo. Además, con anzuelos triples corremos el riesgo de que uno de los anzuelos que no están prendidos en la boca del pez y que sobresalen, se enganche en la red mientras intentamos ensalabrarlo y perdamos la pieza. Esta situación puede ser crítica porque las puntas del anzuelo que están libres pueden ser utilizadas por el pez para hacer palanca y liberarse justo antes de que podamos meterlo en la sacadera.

En otras palabras, hay diversos argumentos a favor de utilizar los anzuelos simples con cucharillas siempre que sea posible. El problema que existe al montar un anzuelo simple en una cucharilla giratoria es que normalmente éste tiene que ser bastante grande para que sobresalga lo suficiente y el clavado sea bueno. Y pescar con anzuelos grandes a menudo significa utilizar una línea más pesada y una capacidad de clavado más reducida.
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