Pesca de Mar
Invitado sorpresa en el jigging
Última actualización 21/04/2008@18:20:45 GMT+1
El Pez de San Pedro (Zeus Faber) es uno de los grandes desconocidos de nuestras aguas, quizás debido a su poca frecuencia y su puntual captura. La aparición de nuevas técnicas de pesca tales como el Jigging han vuelto a dar a esta especie la importancia que se merece.
Texto y fotos: Luis García
Poco se sabe de la vida y costumbres de este curioso pez que podemos encontrar desde la costa africana hasta las frías aguas noruegas. Dentro del marco peninsular, se localiza repartido por toda la costa española, siendo más habitual su captura en el Golfo de Cádiz y en aguas gallegas. Es aquí, en Galicia, donde más interés despierta su pesca, comercializándose con el nombre de Sanmartín. Y es que detrás de esa apariencia extraña, repleta de espinas y crestas óseas, hay una fina y amariscada carne que le hace posicionarse en lo más alto del escalafón en cuanto a cualidades culinarias se refiere.
Quien se haya topado alguna vez con un pez de San Pedro habrá comprobado lo fácil que resulta de identificar, no existiendo posibilidad de confusión con ninguna otra especie. Destaca su prominente cabeza repleta de tubérculos agudos, así como su aleta dorsal provista de largos radios, tanto blandos como espinosos, que le confieren esa apariencia de cresta de gallo que actúa de escudo protector ante posibles depredadores. Su cuerpo es ancho y comprimido, disponiendo de una boca protáctil capaz de proyectarse en décimas de segundo, con la que engulle a sus presas ayudándose de una corriente aspiradora. El rasgo principal de su morfología es la existencia de dos círculos oscuros, rodeados a su vez de dos anillos amarillos, que presenta en ambos flancos detrás de los opérculos. Dice la leyenda que dichos puntos oscuros representan las huellas dactilares del apóstol San Pedro, que por indicaciones de su maestro lo capturó para encontrar en su boca una moneda de oro con la que pagar los impuestos del templo de Cafarnaúm.
Su color es pardo-dorado, siendo muy común la pérdida de pigmentación nada más producirse la captura. La talla máxima que puede llegar a alcanzar ronda los 60 cm de longitud y los 7 kilos de peso, aunque el tamaño medio oscila entre 1 y 3 kilos.
Lo primero que hay que saber es que se trata de una especie que tiene especial predilección por los fondos arenoso-limosos, principalmente en las proximidades de grandes rocas y pecios, donde se alimenta de pequeños peces y crustáceos, fuente principal de su dieta. Normalmente los encontraremos en pequeños cardúmenes de varias unidades en fondos de hasta 400 metros de profundidad, aunque lo habitual será ponerlos a prueba en cotas inferiores, entre los 50 y 150 metros.
A finales de verano, en los meses de agosto y septiembre, comienza el período de reproducción. En esta época el pez de San Pedro marcha a menores profundidades, no siendo extraño localizarlo en cotas inferiores incluso a los 50 metros de profundidad. Después de la freza, coincidiendo con los últimos días del otoño en el Mediterráneo y algo antes en aguas del Atlántico, se muestran especialmente agresivos, siendo el momento idóneo para tentarlos con nuestras muestras plomadas.
Dar con una buena marca de peces de San Pedro hoy en día no es algo de lo que puedan presumir muchos pescadores, por lo que es recomendable no “vaciarla” a las primeras de cambio. En esta línea, se puede afirmar que es una especie poco prolífica, que tarda unos 4 años en alcanzar la madurez sexual. De ahí lo exigente que debemos mostrarnos respecto a las tallas mínimas (30 cm en la mayor parte de las regiones españolas).
Tentarlos a jigging.
La llegada de nuevas técnicas de pesca a nuestras aguas ha supuesto el auge de ciertas especies poco comunes, que se encontraban prácticamente en el olvido, bien por su escasa presencia o por su difícil captura con métodos de pesca tradicionales. Tal es el caso de la especie que nos ocupa. El jigging, técnica de pesca basada en dejar caer sobre la vertical un artificial plomado hasta el fondo, y recogerlo a tirones simulando el movimiento de una presa herida, se muestra como una modalidad de pesca especialmente fructífera con especies depredadoras como el pez de San Pedro. Éste, pese a estar considerado como un mal nadador, no dudará a la hora de cruzarse con un jig en su camino.
Su alimentación se basa en pequeños peces, como boquerones y sardinas, por lo que es recomendable presentarle señuelos de semejante tamaño y forma. Los jigs cortos serán pues los que mejores resultados nos den. Ahora bien, otra cosa será la elección del peso del señuelo. Lo normal será trabajar con jigs de un peso medio de 100 a 250 gramos en función de la profundidad y corriente. Como regla general multiplicaremos por 2 o 3 los metros de profundidad para obtener los gramos del señuelo a utilizar.
Se trata de un pez demersal, es decir, vive y se desplaza cerca del fondo, realizando alguna subida esporádica, por lo que no será necesario jiggear hasta la superficie. Bastará con que hagamos bailar nuestros señuelos hasta los 10-15 metros del fondo, no siendo extraño recibir un ataque sorpresa durante el descenso del jig.
Durante nuestras salidas a jigging en busca del esquivo pez de San Pedro nos fuimos dando cuenta de que parte del éxito dependía en gran medida del ritmo y velocidad que imprimíamos a nuestras muestras plomadas. A medida que bajábamos la marcha, mayor era el número de picadas. Y es que si nos paramos un momento a pensar, entra dentro de la pura lógica, ya que nos enfrentamos a un mal nadador que basa sus acechos en la fulgurante extensión de su mandíbula inferior. Nos olvidaremos pues del jigging convencional, siendo recomendable practicar recogidas lentas combinadas con breves paradas del señuelo.
Por otro lado, la introducción del vinilo como señuelo cosechó excelentes resultados en la pesca de aguas interiores. ¿Por qué pensar que en el medio marino iban a ser menos? El principal hándicap que nos encontraremos será buscar la forma de profundizar el señuelo sin que éste pierda sus condiciones de movilidad. En la actualidad existen en el mercado señuelos que combinan ambas facetas, disponiendo de un cuerpo de vinilo que simula a la perfección el nadar de un gusano o un pequeño pez, anclado sobre una base de plomo que permitirá la bajada hacia el fondo del artificial. Marcas como Williamson o Storm comercializan varios modelos con dichas características. Otra opción que nos ha deparado buenos resultados es el montaje de una parada tipo paternoster, formada por dos o tres pequeños vinilos colocados a una media braza de distancia, finalizando el aparejo con un jig, que es el que se encargará de profundizar al conjunto. Lo más habitual será que el pez ataque al jig plomado, aunque en ciertas ocasiones se verá seducido por el atrayente movimiento del vinilo.
La elección del tamaño de los anzuelos a utilizar en nuestros assist hooks será un factor importante para aumentar las posibilidades de éxito. Como hemos comentado anteriormente, el pez de San Pedro posee una gran boca articulada capaz de engullir piezas de gran tamaño, por lo que emplearemos anzuelos en consonancia. El uso de la poco ortodoxa potera en la base del jig es también recomendable, aunque podremos sustituirla por un anzuelo simple con semejantes resultados.
Si hablamos de la hora en la que es más probable encontrarlos activos, podemos afirmar que hemos notado una mayor frecuencia de picadas a partir del medio día, principalmente coincidiendo con las últimas horas de sol, aunque en este sentido cada maestrillo tiene su librillo, y hay quien prefiere pescarlo a primera hora coincidiendo con la salida del sol.
La captura.
La picada del pez de San Pedro suele presentarse en las proximidades al fondo. Hay ocasiones en las que sólo serán necesarios un par de tirones para comprobar que al otro lado de la línea tenemos clavada la presa esperada. Incluso es habitual que engullan el señuelo durante el descenso del mismo. Este hecho es muy común, ya que una de las características que distinguen al pez de San Pedro de otras especies es la capacidad de enterrarse en la arena con el fin de pasar desapercibidos ante sus posibles presas. La picada suele ser seca y contundente, aunque al tratarse de un pescado relativamente poco potente, no presentará un fuerte combate y rápidas huidas. Su lucha se basará especialmente en ayudarse de su alto y ovalado cuerpo, ofreciendo una resistencia constante.
Es aconsejable recuperar la pieza de forma lenta y pausada, sin efectuar grandes tirones, ya que su boca está formada por varias áreas blandas y cartilaginosas, siendo muy frecuente su desgarro y consiguiente pérdida. Una vez en superficie, nos encontraremos con una especie que ofrecerá poca guerra en general, aunque habrá que tener cuidado en su manipulación si no queremos llevarnos un disgusto desagradable con sus afiladas espinas. Otra característica de este pez es la emisión de un sonido característico a modo de ronquido que emite nada más ser embarcado.
Para acabar, insistir en las excelentes cualidades gastronómicas de esta singular especie, que agradecerán los paladares de nuestros familiares y amigos.