Salmónidos
La importancia de saber elegir
Última actualización 21/04/2008@16:41:44 GMT+1
Para muchos el bajo sólo supone el tramo final donde atar la mosca. Gran error. La realidad es que constituye el elemento sobre el que se transmite toda la energía del lance, por lo que estar bien equilibrado y elegir el material adecuado es esencial.
Si en esto de la pesca a mosca hay algo que hace años me sorprende, es la cantidad de pescadores que te encuentras perfectamente uniformados, con un vadeador, caña y un equipo de lo más completo y caro, amén de una inmensa colección de moscas, y que sin embargo comienzan la jornada con el mismo terminal que tenían anudado la última vez que salieron a pescar.
Es curioso cómo un elemento tan vital, tan trascendente en la ejecución de un lance y el cobro de una pieza, pasa en tantas ocasiones totalmente olvidado o, en el mejor de los casos, a ser un elemento más, como el cortahilos o las cajas de moscas. Pero la realidad es que cada río, cada mosca y cada tipo de pez hacen que un bajo de línea funcione y otro no, achacando nuestra ausencia de capturas a factores tan banales como la mosca o la falta de pesca cuando en realidad fallamos nosotros, mejor dicho, nuestro bajo, presentando la mosca de un modo totalmente inadecuado.
La función del bajo de línea es clara: transmitir la energía cinética que adquiere nuestra cola de rata en el lanzado hasta la mosca para, de un modo sutil, presentarla ante el pez que queremos engañar. Es tan simple como difícil de conseguir. Conjugar la velocidad en la ejecución del lanzado con el diámetro y extensión necesarios del bajo de línea para presentar la mosca en el lugar correcto como si fuera un insecto vivo, es algo que requiere tiempo, práctica, estudio y, por qué no, de algún que otro consejo de pescadores más experimentados que nosotros.
Lo primero que determinará el tipo de bajo que construyamos o compremos será el tipo de línea al que lo anudemos. Un mismo bajo se comportará de modos distintos atado al final de una cabeza lanzadora, de una línea de doble huso o de una paralela. Así pues, tendremos en cuenta que parte de la progresión invertida o decreciente que se produce en la confección de un bajo comienza, en la mayoría de los casos, a una distancia de entre 7 y 11 metros del bajo. Justo donde la línea comienza a decrecer en diámetro para transferir mejor y más progresivamente la energía cinética adquirida con cada bucle que generamos.
Partes del bajo. La estructura de un bajo de línea está constituida por la suma de varias partes o tramos. Generalmente se habla de tramo inicial, medio y final. Esta estructura es la que, en la mayoría de los bajos que las marcas comerciales venden, nos encontraremos perfectamente confeccionada, bien con nudos o sin ellos, sin tener que molestarnos en determinar nosotros cómo tiene que ser.
La pega -pues si no nadie se confeccionaría sus bajos- es que son bajos estándar para un tipo de pez, tamaño del mismo, de mosca y distancia de lanzado, así como que están pensados para un tipo de cola de rata con cierto margen. Suelen tener una estructura en la que la parte inicial del bajo constituye un 50% del mismo, mientras que dejan otro 50% para las partes media y final restantes, repartidas a partes iguales de un 25% cada una. Traducido a diámetros reales y como ejemplo, para un bajo de línea descentrado de 6 m estándar sería algo así: 3 m de sección gruesa (0,50 mm), 1,5 m de sección media (0,28 mm) y 1,5 m finales de sección fina (0,15 mm).
Aunque parezca tremendamente simple, esto es lo que encontramos en la mayoría de los bajos comerciales del mercado, recordando que no son confeccionados nunca con tres diámetros de hilo únicamente, sino con varios. La estructura expuesta aquí es sin embargo la que más se usa a nivel internacional al fabricarlos. Para comprobar el sentido de esta fórmula podemos hacer un fácil ejercicio. Nos plantamos en un lugar donde podamos lanzar al agua, da igual que sea río o piscina (pues no vamos a estudiar derivas, sino extensión y posada) y confeccionamos un bajo exactamente igual que el que acabamos de explicar, pero en este caso sólo con los 3 tramos de terminal descritos. Sólo tres trozos de nailon o fluorocarbono de 0,50, 0,28 y 0,15 mm respectivamente.
Es sin duda alguna uno de los mejores ejercicios que podemos hacer para entender cómo funciona un bajo. En nuestro caso, utilizaremos una línea 5 y una mosca montada en un anzuelo del 14. Cuando comencemos a lanzar, en los primeros bucles podremos ver cómo el bajo de línea “vuela en el aire” en perfecta progresión y extensión de la línea, y que al posar es perfectamente válido para la situación descrita, que es, de algún modo, una situación estándar en acción de pesca.
Antes de pasar a modificar nuestro bajo probaremos dos cosas que nos aclararán aún más las ideas. Cuando tengamos perfectamente dominado nuestro bajo y posemos una vez tras otra la mosca en el lugar elegido, sustituiremos ésta por otra mosca seca, pero montada en un anzuelo del 20. Inmediatamente veremos que el bajo se vuelve mucho más rápido, se estira más que en el caso anterior y las posadas, salvo que seamos bastante hábiles, serán más violentas. ¿Por qué? Sencillamente porque la energía cinética almacenada en el lance sigue siendo la misma que antes (línea + bajo), pero ahora la resistencia que ofrece el volumen de la mosca al aire, así como su menor peso, hacen que ésta llegue al final de su recorrido con una mayor energía que antes con la mosca del 14.
El equilibrio. Una vez aquí, empezaremos a modificar nuestro bajo de tres tramos para ver cómo afectan dichos cambios al resultado final del lance y la posada de la mosca. No voy a enumerar cada una de las mismas. Sólo variar y probar con distintas medidas manteniendo el resto igual nos hará ver rápidamente en qué influyen las modificaciones producidas en uno de los tres tramos en concreto, recordando siempre la máxima de que el tramo inicial será el máximo encargado de transferir la energía de la línea al nailon, el tramo medio deberá frenarla y seguir transfiriendo la suficiente como para que el tramo final ni se pase ni se quede corto. No hay que olvidar que si mantenemos la longitud final, cuantos más metros tengamos de secciones gruesas, más rápido se volverá el bajo y mayor potencia transmitirá a los tramos inferiores, así como a la inversa, aumentando la longitud final de las secciones finas conseguiremos ralentizar la velocidad y extensión final del mismo.
Una vez dominado y comprendido esto, podemos confeccionar un buen bajo. En lugar de ser tan escasos con las secciones (hasta ahora lo hacíamos con 3) podemos hacerlo con un total de 5, que en la mayoría de los casos será más que suficiente para transferir perfectamente la energía almacenada de un modo más escalonado que nos permitirá llegar al mismo fin. Con nuestro ejemplo anterior de un bajo de 6 m las secciones quedarían ahora así: 200 cm de 0,50 mm, 150 cm de 0,39 mm, 100 cm de 0,28 mm, 80 cm de 0,20 mm y 70 cm de 0,15 mm.
Monofilamento trenzado. Este es un hilo hueco sobre alma de nailon o plomo. Posiblemente sea el más comprado en los comercios de pesca, no porque sus ventajas le hagan mejor que el resto de bajos sino porque son muy fáciles de usar, muy duraderos y no requieren de apenas cuidados para su mantenimiento. Desde mi punto de vista tienen una única virtud frente al resto: su docilidad. Apenas presentan memoria bajo cualquier condición climática, y dan por tanto una suavidad y elasticidad a la conclusión del lance difícil de igualar.
Estos bajos se confeccionan trenzando varios cabos de nailon bastante finos sobre un alma metálica que, una vez concluido el bajo, será retirada del interior del mismo, dejando este hueco en su interior. Para mi gusto, o tal vez mi modo de pescar, el resto de sus cualidades (color, grosor, capacidad de absorción de agua, capacidad de arruinar el resto de terminal si lo engrasamos para que no coja agua en su interior) los ponen por detrás del resto de bajos.
Normalmente acaban en una pequeña lazada, por lo que sólo hay que anudar en su punta el resto de hilo con el que concluiremos en la mosca. Por decirlo de algún modo, este trenzado vendría a sustituir en nuestro “bajo modelo” expuesto anteriormente a las dos o tres secciones más gruesas del mismo, quedando por nuestra cuenta el concluir el mismo con los terminales más finos previos a la mosca.
Suelen venderse con dos terminaciones a la hora de anclarlos a la cola de rata. Una, la más común y menos práctica, es la que introduce un poco la punta de la línea dentro del trenzado para posteriormente sellarlo con algún tipo de pegamento o tubo termorretráctil. La otra consiste en una terminación en forma de bucle que uniríamos con el “lazo” que normalmente tienen las colas de rata. Sistema que permite intercambiar bajos con mucha más rapidez y sin necesidad de esperar el efecto de los pegamentos.
Es especialmente útil cuando se usan los trenzados de nailon sobre alma de plomo, evidentemente destinados a la pesca bajo el agua y que podremos tener de distintos pesos, para ir intercambiando y pescar siempre a la profundidad correcta. Es muy útil para pescar con ninfa en ríos grandes donde una línea flotante con este tipo de bajos nos puede hacer pescar como si manejáramos una línea de punta hundida.
Seda trenzada. Este otro tipo de bajo, en condiciones idóneas, es una sección gruesa a la que luego anudaremos nuestro nailon, y presenta docilidad en su manejo y deriva sobre el agua que no se puede igualar con otro tipo de bajo. Pero tienen una pega primordial: la necesidad de engrase. Grasa que al final entrará en contacto con las secciones más finas de hilo o con nuestras manos y producirá brillos nefastos en el terminal previo a la mosca.
Monofilamento cónico. Probablemente sea el más versátil de todos los bajos de línea que se pueden utilizar. Está confeccionado en una sola pieza que se conecta a la cola de rata por una parte y a la mosca por otra. Es, por tanto, todo el puente completo entre línea y mosca, sin que nosotros tengamos que añadir o quitar nada para ello. Es precisamente aquí donde pueden fallar un poco los monofilamentos cónicos, ya que es francamente difícil que se adapten a todas las situaciones que nos podamos encontrar en un día de pesca, pero siempre podremos añadir o quitar a nuestro gusto para ajustarlos a nuestras necesidades.
Tienen otros inconvenientes como su facilidad de degradación y que con el uso continuado terminan cogiendo agua. Esto último es difícil de apreciar, pero se pueden convertir en puros cables de lastre a la hora de levantarlos del agua, momentos en los cuales son sometidos una y otra vez al antojo de las corrientes.
Salvando esto, son francamente buenos para ser usados en cualquier situación, además de estar disponibles en infinitas combinaciones de longitudes, perfiles y puntas, así como de distintos colores y en bastantes marcas comerciales.
Bajos anudados. Tal vez sean los preferidos por los pescadores que dominan la construcción de bajos de línea y conocen con exactitud cómo afecta cualquier cambio estructural al resultado final del lance, posada y deriva.
Tienen una pega importante y son los nudos. Entre secciones del 0,14 apenas dan la lata, pero anudar dos secciones de 0,40 mm, además de ser incómodo en su realización, es una fuente de enganches en acción de pesca. Los propios nudos pueden liar el bajo, pues en cuanto hagamos algún bucle en el que sección superior e inferior del mismo se rocen por el viento o un despiste, tendremos lío seguro, así como iremos arrastrando en nuestros nudos toda la suciedad que encuentren por la superficie del río y orillas donde pongamos el bajo. Recuerdo ahora un lance muy típico en aguas lentas cuando localizamos una trucha cerca de la orilla y no podemos entrar dentro del río por no asustarla. Lanzamos entonces sin meternos en el río, posando línea y bajo en la vegetación de la orilla, y atrapando así en cada nudo todo lo que encuentre a su paso.
Pero tal vez el riesgo mayor de su utilización sea la pérdida de capturas por no poder recoger el terminal en el carrete, pues el bajo anudado desciende a lo largo de la caña tropezando con todas las anillas. De todos modos, los nudos de secciones gruesas ni siquiera pasan de la anilla terminal del puntero en la que tropiezan una y otra vez, impidiéndonos acercar la captura a la distancia de alcanzarla.
Nuestra recomendación. La receta de un bajo delicioso para aquellos a los que les guste lanzar largo y pescar fino sería la resultante de todo lo visto hasta ahora, que tras probar y mejorar funciona a las mil maravillas. Consiste en unir a una línea paralela de seda o plástico (carece por tanto de perfil decreciente), un bajo trenzado de seda de 170 cm para líneas 6-7 al que anudaremos un monofilamento cónico de unas 10 o 12 pulgadas que terminará en un 0,15 y al que nosotros añadiremos un par de tramos, que entre ambos sumarán otros 150 cm para formar una punta fina y precisa en un 0,10 o un 0,08.
En cualquier caso, y sumando todas las ventajas y desventajas que podemos encontrar en los tipos de bajos de línea, los vencedores, sin ninguna duda, serían los monofilamentos cónicos, pero precisamente de su uso se desprende el principal peligro que sufre el pescador que se inicie en la pesca con estos bajos movido por su facilidad de uso: desconocer por completo la dinámica del bajo de línea. Los bajos cónicos se adquieren en los comercios de pesca y no es factible hacerlos uno mismo. Sí hay que tener en cuenta que las casas comerciales, aconsejadas por grandes pescadores, construirán sus bajos con estructuras preparadas para el uso directo, pero que desconocerá el pescador que se inicie con ellos, sin saber realmente cómo afectan las distintas secciones con diferentes grosores que lo componen al resultado final del mismo.