Editorial
Última actualización 21/04/2008@16:41:24 GMT+1
Parece que las novedades de cara a la temporada truchera y salmonera no acabaron con la publicación de las normativas de pesca de cada comunidad. Haciendo uso de la potestad que da la ley para modificar o suprimir ciertas normas en virtud de las condiciones ambientales o extraordinarias, el Principado de Asturias ha optado por prohibir el empleo de la cucharilla hasta que el nivel de las aguas vuelva a considerarse normal. Ante el bajo nivel de los cauces, se decidió “prohibir el uso de cucharilla, devón y pez artificial para la pesca de los salmónidos en las zonas salmoneras desde el comienzo de la temporada de pesca hasta el momento en que, debido a una mejor pluviometría, se alcancen los niveles de aguas habituales en la época, en cuyo caso, normativamente se autorizaría de nuevo su utilización”.
Con esta determinación se intenta evitar que afluyan pescadores a unos ríos en los que no podrían pescar. La cucharilla es un señuelo para grandes corrientes con bastante profundidad, circunstancia que no se da en estos momentos por la falta de caudal. Bajo esas condiciones, sería difícil poder pescar los salmones frescos que entrasen en los ríos y, en cambio, podrían prenderse los salmones de vuelta al mar ya desovados, los llamados “zancados”.
Esta es la segunda medida de urgencia y de trascendencia que se toma de a cara a este año. Si ya el mes pasado informábamos de la prohibición de pescar la trucha en casi todo el territorio navarro, esta decisión viene a confirmar un periodo de cambios que posiblemente veremos incrementado en los próximos años. El cambio climático que provoca el calentamiento y descenso del nivel de las aguas, la desaparición de poblaciones piscícolas puntuales o el exceso de presión pueden hacer que se modifique la forma tradicional que tenemos de entender la pesca. No será extraño pensar que los ciclos reproductivos de los peces se alteren, adaptando por tanto sus periodos de pesca esta circunstancia, con lo que en un futuro la apertura de la trucha podría legislarse antes o después, como ya hacen en otras regiones del mundo.
Tampoco será de extrañar que se veden más peces transitoriamente si seguimos padeciendo una sequía como la actual, que ya ha supuesto el invierno con la temperatura media más alta de los últimos 40 años, así como uno de los más secos. Las precipitaciones de los últimos seis meses se han cuantificado en 150 litros por metro cuadrado menos de lo normal, lo que significa una reducción del 40% de manera global. Y en las montañas, sin ir más lejos, en zonas como el Macizo Ibérico, donde nacen cauces tan emblemáticos como el Júcar, el Tajo o el Segura, se ha evidenciado una reducción del 20%, lo que indica que ya ni tan siquiera llueve al menos en las cumbres. Y tampoco nieva.
Calor y falta de lluvias han sido la tónica general de todas nuestras regiones, y como publicamos el mes pasado dentro de un artículo sobre las perspectivas, posiblemente esto condicione en buena parte la temporada de pesca de la trucha. No tanto por los caudales de principios de temporada, sino por el que puedan llevar allá por junio, cuando los ríos se debieran nutrir del deshielo de unas montañas que a día de hoy simplemente no tienen nieve. La situación, como siempre, es más crítica cuanto más al sur, y basta haber visto la estampa que ofrecían cordilleras como Gredos en marzo para hacerse una idea. Pero a pesar de todo confiamos en que ese agua bendita, el de las nubes, cumpla como cada año con su labor de aliviar unos ríos ya extremadamente sedientos. Y si no, nos acostumbraremos a pescar en ríos bajos.