Hemeroteca :: 01/03/2008
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Salmónidos

La diferenciación sexual de las truchas

Última actualización 05/03/2008@09:38:52 GMT+1
Para el pescador, distinguir el sexo de una trucha cuando se tiene en la mano y va a devolverse es bastante difícil. otra cosa es hacerlo con truchas sacrificadas a las que se examina interiormente. en éstas, la observación de los órganos sexuales define claramente su sexo, si bien tampoco resulta fácil en muchos casos para un observador inexperto.
Texto y fotos: Andrés Sierra
Dentro del contexto de las truchas en el momento de su pesca, hay que aclarar que durante los meses que dura la temporada las características morfológicas que definen cada sexo son muy poco evidentes, excepto en las truchas de gran talla. Sin embargo, aun en estos casos, el sexo al que pertenece cada ejemplar es evidente sólo en contadas ocasiones.
La mayoría de las capturas con caña se producen dentro de un rango de tallas (longitud del pez) que abarca aproximadamente desde los 10 hasta algo más de 40 cm, siendo lo normal que se encuentren en el intervalo 17-30 cm. Durante la primavera y el verano, las truchas de este tipo no muestran características externas evidentes que permitan determinar si se trata de un macho o de una hembra, aunque desde luego sí que las tienen. Tanto en el caso de los machos como en el de las hembras, existen ciertas relaciones entre distintas partes de la anatomía del pez que permiten calificar a las truchas como miembros de un sexo o del otro. Algunas de estas relaciones pueden ser la existente entre el tamaño de la boca y de la cabeza, o de estas dos con la longitud del cuerpo.
Estos datos, que son fáciles de obtener y valorar para un investigador, se trasladan muy mal a un terreno práctico. Es decir, si bien con un calibre o pie de rey son evidentes al tomar medidas sobre el pez, con lo que habitualmente hace un pescador al ver una trucha -que no es más que observarla a simple vista- no será capaz de distinguir estas diferencias en truchas de tallas normales, pues la capacidad de resolución de nuestros ojos es inferior a la requerida para conseguirlo.
Existen cuatro índices morfométricos para la diferenciación sexual: el índice dorso-ventro-cefálico (AM/LC x 100), el céfalo-somático (LC/Lta x 100), el rostro-somático (LM/Lta x 100) y el rostro-cefálico (LM/LC x 100). En diversas poblaciones trucheras se han llevado a cabo medidas de los índices descritos como medio para evaluar desde un punto de vista científico las diferencias biométricas entre truchas machos y truchas hembras durante la temporada de pesca. Posteriormente, se realizó una comparación estadística a través del análisis de la covarianza entre las distribuciones de los valores que conforman cada índice en función del sexo de la trucha, a fin de averiguar si los valores correspondientes a cada sexo muestran diferencias estadísticamente significativas entre sí.
Además, también se contrastaron los resultados obtenidos tras el sexado fenotípico (determinación del sexo a simple vista) con el análisis anterior, para valorar si muestran algún tipo de paralelismo. Los resultados fueron evidentes, en el sentido de encontrar en estas medidas una herramienta para diferenciar el sexo de las truchas durante la temporada de pesca.
Los caracteres sexuales secundarios son características morfológicas de la anatomía de las truchas que se hacen evidentes al ojo humano cuando se elevan en sangre los niveles de hormonas sexuales -tanto para los machos como para las hembras-, lo cual sucede coincidiendo con la época de reproducción. Se trata de elementos anatómicos observables y valorables sobre el exterior del pez, sin tener que abrir su cavidad abdominal para visualizar las gónadas (es decir, los testículos en los machos y los ovarios en las hembras), que en ambos casos representan los denominados caracteres sexuales primarios.
En los machos, lo más evidente suele ser el gancho que aparece en la mandíbula inferior, el cual también utilizan como herramienta en las peleas nupciales con otros machos. Además, suelen aparecer más delgados que las hembras debido a la larga temporada que dedican a pelearse entre ellos. Por otro lado, también suelen presentar en esta época ocelos más abundantes y evidentes que en el sexo opuesto.
Mientras tanto, las hembras evidencian un gran abdomen (barriga) debido a la carga de huevos que portan en su interior. Su mandíbula inferior no muestra el gancho descrito anteriormente, sus ocelos son menos evidentes que en los machos, y suelen tener una coloración menos brillante y de tonos más oscuros.
Después de la freza el estado físico general tanto de machos como de hembras es bastante lamentable. Han pasado muchas semanas -incluso algunos meses- comiendo muy poco o nada, al tiempo que han mantenido unas intensísimas actividades físicas (remonte, peleas, excavaciones de nidos, etc) y fisiológicas (desarrollo gonadal, emisión de semen y huevos, etc). Ello provoca que su balance energético sea claramente negativo, con el reflejo que ello tiene en su condición corporal.
Tanto machos como hembras aparecen muy delgados, y en muchos casos con aspecto de cabezones debido a la prominencia de sus cabezas sobre los cuerpos delgados. Cuando se produce la apertura de la temporada de pesca en primavera, no es difícil pescar ejemplares de estas características, que por otro lado pican muy bien como consecuencia de su intensa actividad cazadora orientada a la recuperación de peso. Esto ocurre especialmente en poblaciones (o partes de ellas) que retrasan hasta el final del invierno la freza.
También es frecuente que al pescar en marzo o principios de abril, algunas truchas expulsen semen al cogerlas con nuestra mano y presionar su abdomen. Y es que los machos aún conservan esta capacidad fisiológica durante algún tiempo después de terminar la época reproductiva.
De manera similar, si se sacrifica alguna trucha para su degustación culinaria es fácil observar aún huevos en el abdomen de las hembras, pues durante la freza no se llegan a expulsar en su totalidad. Pero todo esto no deja de ser el reflejo de un proceso completamente natural, que no debe tener más significado que la evidencia de una freza tardía.
La verdadera importancia en el día a día para el pescador con caña realmente comprometido con su afición y con la conservación de las poblaciones trucheras es la de cuidar cada uno de los lugares de freza durante los meses de marzo y abril, momentos en los cuales todavía pueden estar ocupados por los alevines de trucha nacidos hace poco tiempo. Éstos pueden malograrse (al igual que alguna puesta tardía) si se pesca desde dentro del agua y se pisan con las botas estos lugares. Todos los años se pierden muchas puestas de truchas a causa de unas actuaciones sin justificación, perfectamente evitables y que provienen de quien más debería velar por que no ocurrieran. Por ello, durante las primeras jornadas de pesca de cada temporada debe evitarse en lo posible pescar vadeando, pues puede generar más problemas que beneficios.
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