Hemeroteca :: 01/01/2008
2/10
Salmónidos

Cuándo y cómo eligen el momento

Última actualización 01/01/2008@00:00:00 GMT+1
La reproducción es una de las etapas más trascendentales en la vida de las truchas. Sin embargo, también es una de las más desconocidas para el pescador de a pie, ya que mientras las truchas obran el milagro de la perpetuación de la especie, él cumple con el obligado descanso de la veda. Texto y fotos: Andrés Sierra
Debido a que los salmónidos se reproducen desde mediado el otoño hasta el final del invierno, época que coincide con la veda de la pesca, los acontecimientos que se suceden durante esta etapa de su vida son desconocidos para la gran mayoría de los pescadores. Al no frecuentar el río en estas fechas, sencillamente pasan desapercibidos. Sin embargo, el que este proceso reproductivo se lleve a buen término resultará básico para el desarrollo de la pesca, y por ello muchas de las medidas de gestión que se realizan en poblaciones trucheras en la actualidad pasan por el control del proceso reproductivo o, como más coloquialmente se le conoce, de la freza. Estos acontecimientos de la vida de las truchas van mucho más allá de la construcción mecánica de un lugar donde depositar los huevos, abarcando, por contra, una amplia serie de acontecimientos que trataremos de forma cronológica. A finales de septiembre es manifiesto el descenso en la actividad de las truchas en aquellas poblaciones cuya freza tiene lugar en otoño, las cuales pueden calificarse como de tempranas. Dejan de comer con la avidez habitual, e inician el viaje de ascenso hacia las cabeceras de los ríos y por los pequeños arroyos afluentes del curso principal. Con la llegada de la temporada de lluvias en otoño y con el aumento de caudal de los ríos, las truchas remontan en busca de lechos guijarrosos de poca profundidad cerca de aguas batidas, donde el contenido de oxígeno del agua es muy alto. Y es que éste es un factor necesario tanto para el correcto desarrollo de los alevines que nacerán posteriormente, como para recuperarse las truchas adultas del estrés reproductivo. La oxigenación del agua también se ve favorecida por el descenso de la temperatura ambiente y de la suya propia. El rango de temperatura ideal para la cría de las truchas es de 10 a 12º C. Además, esta caída de la temperatura del agua también favorece el descenso en la actividad diaria de gran parte de los invertebrados de los que se alimentan las truchas, lo que en su conjunto resulta en la ausencia de actividad cazadora de las truchas implicadas en el proceso reproductivo. Aparece en las truchas un comportamiento gregario que se manifiesta en las concentraciones de peces en los frezaderos, donde las hembras hacen una selección de los machos para fecundar sus huevos, al tiempo que éstos se pelean entre ellos por ser los elegidos. Generalmente, la hembra suele ser de mayor tamaño y puede aparease con varios machos a la vez, mientras que ellos, tras emitir su semen sobre la puesta de una hembra, pueden repetirlo con otras a lo largo de la época de reproducción. En definitiva, la reproducción de las truchas es un proceso largo y complejo, con muchas fases distintas y condicionantes ecológicos de varios tipos. Una de sus partes más destacables (muy curiosa para quien observa este proceso y de mayor interés para el pescador) es la excavación de los nidos y la puesta de los huevos, lo que en su conjunto se conoce como freza. Hasta que se culmina se suceden una serie de acontecimientos que podemos resumir en la migración desde los lugares de residencia hacia las zonas de cría, el cortejo que ese produce entre machos y hembras para la formación de la pareja reproductora, y finalmente la puesta de los huevos junto con su fecundación. La migración hacia los lugares de cría. Desde las zonas habituales de residencia de las truchas se producen desplazamientos de los individuos reproductores hacia las zonas de cría en unos momentos muy concretos del año, dependiendo de cada población local y de las condiciones hidrológicas del río. Al igual que sucede con todos los acontecimientos que tienen lugar en la naturaleza, este viaje no es ningún capricho, sino que obedece a la necesidad de buscar sustratos en el lecho del río adecuados para el desarrollo de la puesta y el crecimiento de las crías durante las primeras semanas de vida de éstas. De una manera u otra, este viaje se realiza con un gran esfuerzo por parte del pez. Durante su transcurso encuentra dificultades de todo tipo, tanto de origen natural (saltos de agua y cascadas) como creados por la actividad humana (presas de molinos, minicentrales hidroeléctricas, grandes presas, etc). Una de las manifestaciones más espectaculares de este viaje migratorio se produce cuando podemos ver a las truchas saltar fuera del agua para remontar todas esas dificultades, representando ésta una de las partes más interesantes para los pescadores, al disfrutar como observadores de ese espectáculo natural durante esta época del año. El viaje comienza a partir de mediados de septiembre, cuando los días acortan su duración con rapidez, hasta que finalmente hay más horas de oscuridad que de luz. Pero ya desde agosto, las gónadas (los testículos en los machos y los ovarios en las hembras) comienzan una transformación mediatizada por las hormonas sexuales en la que pasan de estar sexualmente inactivas a producir espermatozoides y óvulos (huevos), respectivamente. Estos órganos sexuales comienzan a crecer, llenarse de vasos sanguíneos y a mostrar un volumen muy importante en la cavidad abdominal. Con estas condiciones de fotoperiodo negativo (los días acortando sus horas de luz) y con un desarrollo gonadal intenso por la influencia de las hormonas sexuales de la sangre, sólo falta que las condiciones del río sean las apropiadas para un largo viaje en busca de sus parejas. Y éstas llegan con las lluvias otoñales y las primeras crecidas previas al invierno. Sin embargo, no todas las poblaciones trucheras presentan el mismo calendario, ya que el proceso reproductivo abarca desde las fechas citadas anteriormente hasta finales de enero. El momento justo dependerá de las condiciones de cada lugar, aunque octubre y noviembre son las fechas de referencia, siempre que las condiciones del río acompañen. Es difícil, en cualquier caso, definir la importancia de estos viajes nupciales, pero están registrados movimientos de más de 40 km desde las zonas habituales de caza hasta los frezaderos. También se han podido comprobar movimientos en truchas de río residentes de distancias muy superiores a los de truchas migradoras al mar o reos. Serán las características geomorfológicas de la cuenca fluvial y las distancias hasta las zonas de cría o de su abundancia las que determinen la distancia concreta en cada caso. Los machos siempre tienen prisa. Son los primeros en comenzar el viaje, llegando a los frezaderos unas 2 o 3 semanas antes que las hembras. De hecho, los primeros movimientos de truchas que se ven en esa época los protagonizan los machos. Así, cuando en las presas con escalas de paso dotadas de trampas de captura se detectan los primeros movimientos migratorios hacia los frezaderos, la práctica totalidad de las capturas son machos. A pesar de esto, en estos puntos de paso con capturaderos, se ha podido comprobar que la relación entre machos y hembras en las poblaciones trucheras es de paridad, muy cercana al 1:1 en la inmensa mayoría de los casos. Consecuencia de esto es que las primeras concentraciones de truchas que se producen en los lugares de cría (las cuales tanto llaman la atención de quien las observa y anuncian la inminencia del proceso) suelen estar formadas en su mayoría por machos. Una vez en los frezaderos, los machos comienzan con lo que suele ser una constante durante estos meses: las continuas peleas entre ellos. En este momento, se dedican a atacarse en defensa de los mejores lugares de puesta en espera de la llegada de las hembras y en hacer valer sus mejores cualidades como machos reproductores, las cuales proyectan a través del tamaño de su cuerpo, boca y de cómo los utilizan, mordiéndose en interminables peleas. Con ello, los machos hacen una selección previa de los mejores lugares, según su propio criterio, para depositar las puestas de huevos fecundados. Así, las truchas machos más grandes y combativas intentan asegurar que serán sus genes, a través de los espermatozoides, los que perdurarán a través del proceso reproductor. Pero la realidad es que, aunque exista cierta coincidencia entre los lugares escogidos por los machos y los que elegirán las hembras, son estas últimas las que finalmente determinarán el lugar y el momento de la puesta de huevos, siempre según sus propios criterios. Una actitud repetida en muchas especies de peces y de otros vertebrados. El cortejo y la formación de la pareja. Una vez que las hembras llegan a los frezaderos y los machos son conscientes de su presencia en ellos, las peleas entre éstos se intensifican al máximo. Tal es el fragor que aplican en la lucha que, en ocasiones, enroscándose a mordiscos unos en otros llegan incluso a quedarse en seco, debido a la escasa profundidad del lugar y que al estar el fondo formado por guijarros finos ruedan sobre ellos con facilidad. En una situación como ésta tampoco es extraño observar que alguna carrera de huida del ataque de algún oponente termine con el pez rechazado en seco, debido a despistes en la trayectoria de escape. Todas estas circunstancias se solucionan con cuatro aletazos al suelo y regresando al agua. Una vez las hembras seleccionaron el lugar de la puesta, el macho dominante se sitúa a su lado esperando el momento de fecundar con su semen los huevos de la puesta. Los machos presentan un patrón de comportamiento típico de estas situaciones para incitar a las hembras a la deposición de los huevos, el cual consiste en realizar contracciones rítmicas de su cuerpo que, para entendernos, serían similares a lo que podría representar un escalofrío en otros animales. Este patrón de comportamiento estimula a las hembras a expulsar los huevos. La puesta presenta fases bien definidas. En primer lugar, las hembras buscan los mejores guijarros, es decir, los más adecuados según su tamaño y el de la corriente del agua en ese lugar, para asegurar con ello la estabilidad en ese punto, así como la seguridad y la oxigenación de los huevos mientras se desarrollan los embriones de las truchas. Lo más llamativo de cómo seleccionan el lugar, sin ser el único criterio, es cómo pegadas al fondo del río y con las aletas pectorales van tocando el sustrato del fondo (de manera similar a lo que podrían hacer si tuvieran manos), a fin de evaluar las condiciones del lugar. En general, se puede decir que prefieren los guijarros más grandes que sean capaces de mover con sus aletas y capacidades físicas. Una vez elegida la zona de puesta, con su aleta caudal excavan un agujero, denominado nido, donde depositan los huevos. En ese mismo momento, los machos expulsan el semen que los fecundará por mezcla directa entre la masa de huevos y la nube que se produce de semen y agua. Tanto la expulsión de los huevos como del semen se produce por una contracción general del cuerpo y en especial, por supuesto, de la musculatura abdominal tanto del macho como de la hembra. Como la puesta no se completa de una sola vez, al ir repitiéndose todo el proceso de manera continua, los huevos depositados y fecundados en un nido se tapan de guijarros procedentes de la excavación del nido siguiente. De esta manera, al conjunto de varios nidos se le denomina cama de puesta. Éstas resultan muy evidentes sobre el fondo del río para el observador desde la orilla, pues destacan por su color blanquecino del resto del lecho fluvial y que es el resultado del volteo de los guijarros al excavar. En lenguaje coloquial, las camas de puesta se conocen como friegas o fregones. En cualquier caso, para las puestas resulta fundamental que permanezcan enterradas, estables, a oscuras y bien oxigenadas, de manera que el desarrollo embrionario esté garantizado.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?   Si (1)   No(0)
2/10
Comparte esta noticia  

Comenta esta noticia



Normas de uso
  • Esta es la opinión de los internautas, no de TrofeoPesca.com, web oficial de Trofeo Pesca, todo el mundo de la pesca a tu alcance
  • No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.
  • Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.
  • Su dirección de e-mail no será publicada ni usada con fines publicitarios.