Ciprínidos
Sierra Brava CDP Euro-Carp
Última actualización 01/01/2008@00:00:00 GMT+1
Uno de los alicientes que la práctica del carpfishing trae consigo es la celebración de concentraciones de pesca que congregan a un gran número de aficionados de este deporte. Nuestra modalidad deportiva está en pleno proceso de ser reconocida por las distintas Federaciones de Pesca, y eventos como este euro-carp sirven de inestimable ayuda para ello.
Texto y fotos: Fco. Javier Mármol
De todos es bien sabida la dificultad que entraña sacar un gran ejemplar de ciprínido, sobre todo si la duración de nuestras sesiones es bastante corta, por ejemplo, de un único día. La preparación de un cebadero para que éste empiece a dar frutos, los largos desplazamientos, la gran cantidad de material que necesitamos para el correcto desarrollo de nuestra actividad, el enorme aumento de la presión de pesca, la conducta alimenticia de la carpa (en numerosas ocasiones más nocturna que diurna) y muchos otros detalles, no hacen sino refrendar lo que todos sabemos: para pescar con un mínimo margen de éxito es aconsejable pasar al menos un par de días en el embalse.
La legislación vigente condiciona en gran medida que esto sea posible. Por Consiguiente, este tipo de competiciones suponen una válvula de escape para los que amamos este deporte, siendo un elemento determinante y necesario en la consecución del ansiado reconocimiento por parte de los organismos competentes, y a la vez una excusa para unir a personas de distintas localizaciones geográficas bajo una única bandera: la del captura y suelta.
Muchos años han pasado ya desde que se celebró la primera competición oficial en aguas de Orellana, evento organizado por la S.D.P. de Ntra. Sra. de la Piedad de Almendralejo, pasando por los buenos ratos que vivimos en la sociedad Carp Extrem. Ahora, desde hace apenas un año, disfrutamos con Euro-Carp, que organizó una competición en el embalse extremeño de Sierra Brava (Cáceres) los pasados días 9, 10 y 11 de noviembre de 2007. A todas luces fue un evento que se desarrolló con gran éxito, en el que la buena convivencia, la elogiable organización y el exquisito comportamiento de todos los participantes nos hizo a todos regresar a casa con una sensación bastante agradable y con el deseo de volver a vernos de nuevo en la siguiente concentración.
Los preparativos del torneo. La competición se organizó como una maratón de 48 horas ininterrumpidas de pesca. El día 9, y tras el pertinente sorteo de los pesquiles, a las 11 de la mañana se dio el pistoletazo de salida a una competición que habría de acabar a la misma hora del día 11. Las 30 parejas participantes fueron distribuidas en dos zonas de pesca: la Zona A (La Moheda) y la Zona B (Casa Torre). Entre ellos, representantes de Portugal, así como de Andalucía, Castilla-La Mancha, Madrid, Cataluña, y Extremadura.
Las bases de la prueba no ofrecían grandes complicaciones, sino que eran las habituales en este tipo de competiciones, haciendo especial énfasis en la obligatoriedad de poseer cada pareja moqueta de desenganche, saco de retención y sacadera de medidas adecuadas. El concursante que voluntariamente maltratase o causase daño a alguna captura sería descalificado inexorablemente. El peso mínimo de las capturas sería de 5 kg, y se habilitó un juez por cada zona como encargado del pesaje de las piezas, a excepción de las capturas realizadas por ellos mismos, las cuales serían pesadas por algún participante del puesto vecino. En cuanto a los premios, todos serían en material deportivo, repartiéndose lotes para las cinco primeras parejas clasificadas, además de un premio especial para la captura de mayor tamaño.
La noche anterior al comienzo de la prueba fue bastante movida, ya que muchos integrantes del club optaron por llegar con antelación, debido en la mayoría de los casos a la distancia de su ciudad de origen. Otros, por contra, también hicieron acto de presencia para empezar a respirar el gran ambiente que una prueba de este tipo suscita. Casi todos fueron directamente al aparcamiento del café bar Maybe, lugar en donde se celebraría el sorteo de puestos a primera hora del día de inicio de la competición.
Mi compañero José Juan, Joaquín y un servidor salíamos a las doce de la noche desde Córdoba, para llegar a Madrigalejo en torno a las tres de la mañana. Nos fuimos directamente al aparcamiento de concentración y algunos coches con sus inquilinos ya pernoctaban allí. Al poco rato llegaron dos coches más: eran David, Víctor y César desde Puente Genil. La noche fría -apenas tres grados centígrados- y la primera reunión ya estaba formada.
Otros participantes, como la pareja formada por Françesc Bernet y Fabián Mora, llegaron la tarde anterior, quedando en Trujillo con Antonio Godoy, nuestro secretario, que les había reservado una habitación para pasar la noche. Los más aventureros, como Jesús y Manuel, la pareja madrileña, decidieron llegar un día antes para tener una primera toma de contacto con el pantano, lo que a juzgar por el resultado de la prueba indica que no se equivocaron.
Un poco antes de las siete de la mañana, el bar ya estaba abierto y poco a poco fueron llegando todos a la espera del comienzo del sorteo. Era reconfortante ver a gente que conocías desde hacía tiempo pero que por unos motivos u otros no veías desde hacía mucho. Prácticamente sobre el horario previsto se efectuó el sorteo de puestos, para posteriormente desplazarnos hasta el embalse.
Con todo el mundo ya ubicado, empezó la prueba. Por delante 48 horas ininterrumpidas de pesca y la ilusión de obtener un buen resultado.
Pistoletazo de salida... y a pescar. El primer día, como casi siempre en este tipo de eventos, se desarrolló con un incesante frenesí. Las primeras horas son cruciales para el pescador, puesto que en la mayoría de los casos vamos a pescar en un puesto completamente desconocido. Este aspecto puede a priori resultar un hándicap, aunque con un pequeño estudio del mismo podemos obtener la información que necesitamos para conocer al detalle los pormenores de la zona que nos ha tocado en suerte. Es el momento de fondear minuciosamente para tener controlado tanto el tipo de fondo, como la orografía del mismo, la profundidad y las zonas de posibles obstáculos que nos puedan hacer perder una captura.
Con esta información en la manga, empieza el verdadero baile de preparativos, entre los que hay que destacar por encima del resto el tema del cebado y las distintas estrategias que nos proponga la naturaleza de nuestro puesto. Como si de una carrera contrarreloj se tratase, todos los participantes fuimos montando trípodes, cañas, alarmas, refugios, etc. Llegados a este punto, algunos prefieren montar primero el refugio (por si empieza a llover), mientras que otros se centran exclusivamente en la pesca, montando el resto sólo cuando ya han cebado y tienen todas las cañas en el agua. De cualquier forma, a mediodía todo el mundo había más o menos acabado y se encontraba listo para recibir la ansiada picada.
Particularmente, el primer día de la competición es el que más me gusta. El estrés todavía no ha hecho su aparición y es muy común recibir la visita en tu propio puesto de participantes de puestos vecinos. El intercambio de pareceres, anécdotas y relatos de sesiones de pesca pasadas, ayudan a crear un clima distendido que hace que pasen las horas sin apenas darnos cuenta. Así, el transcurso del día fue bastante rápido y tranquilo, sin apenas sobresaltos, ya que por el momento no existían noticias de captura alguna en ambas zonas.
Con la caída de la noche, la bajada de la temperatura fue notoria y a las 21:39 horas tuvo lugar la primera de las capturas. Se trataba de un ejemplar de carpa que tras ser pesada por el juez de zona dio un peso en báscula de 8,790 kg. La pareja afortunada fue la formada por el presidente de la Sociedad, Juan F. Vaquero, y su compañero José Carlos Reglado. Desde esa hora hasta el día siguiente no hubo nada reseñable que entrara en concurso, si bien en bastantes puestos se estaban sacando carpas de pequeño tamaño que no llegaban al mínimo de 5 kg exigido en las normas de la prueba.
El comienzo del segundo día de competición fue bastante tranquilo, debido a que hasta ese momento una única captura y de un peso fácilmente superable comandaba la prueba. El día se presentaba totalmente despejado, muy soleado y con una temperatura muy agradable. Los competidores eran conscientes de que era el momento de poner toda la carne en el asador y la actividad en los puestos resultaba evidente. La información que llegaba era la de numerosas capturas de peso inferior a la talla mínima y alguna que otra rotura de peces de gran tamaño que debido a la cercanía de encinas era inevitable perder. Los jueces de zona, encargados del pesaje de las piezas y de comprobar el cumplimiento de las normas, eran los únicos habilitados para utilizar el coche para desplazarse entre puestos, siendo los principales proveedores de información del resultado parcial de la prueba.
Según avanzaba el día nuevas capturas anunciaban que el trabajo realizado en los cebaderos empezaba a dar sus frutos. La pareja formada por Javier Rubio y Ángel F. Álvarez conseguía ensalabrar una carpa de 12,150 kg, Juan Pablo Fernández y Miguel Ángel Díaz capturaban una carpa de 5,230 kg, y posteriormente Alfonso Javier Rodríguez y Pedro Fuella conseguían un bonito ejemplar de 14 kg. En un principio, y debido a un error propio de dicha pareja, se creyó que el peso de ésta última captura era de 19 kg, lo cual fue subsanado y corregido en cuanto llegó el juez de zona y confirmó que el peso real eran los citados 14 kg. Fue el susto de la jornada, ya que hubiera supuesto poner el listón muy alto para el resto de competidores.
Un final trepidante. La anécdota de la jornada fue la visita de la Guardia Civil, los cuales se quedaron muy sorprendidos de ver pescar a tanta gente con refugios y acampados, lo que les hizo acercarse a varios de los puestos para preguntar si teníamos los permisos necesarios para celebrar este tipo de competiciones y, sobre todo, si disponíamos de un permiso especial para acampar. Después de contestar personalmente a varias de sus preguntas, se interesaron mucho por las técnicas y materiales que utilizábamos, y los emplazamos a que visitaran al presidente de nuestra sociedad para que les enseñase toda la documentación pertinente y solventar así cualquier tipo de duda o laguna legal que pudiera existir. Todo estaba en regla.
Pero anochecía y los nervios se empezaban a sentir. La esencia pura de la competición estaba en su máximo esplendor. La suerte estaba echada y ya no había vuelta atrás, ni remordimientos, ni tiempo para pensar si lo hecho para la última noche sería correcto o no. Era el momento de estar en silencio, observar cualquier indicio de actividad en el embalse y rezar para que nos entrase algo en condiciones. La cuenta atrás había comenzado. Pero, como en las películas con un guión excepcional y retorcido, lo bueno se reservaba para el final.
Fue una noche bastante movida. Aparte de numerosas carpas pequeñas y otras pocas roturas, las capturas puntuables empezaron a sucederse. Françesc Bernet y Fabián Mora capturaban un ejemplar de 7,660 kg, José I. Bravo y su compañero Fernando Díaz una de 12,060 kg, y la más grande de la noche -con un peso de 12,270 kg- fue echada a tierra por la pareja madrileña formada por Jesús Fernández y Manuel Corredor.
Había amanecido ya, y los teléfonos móviles echaban humo con llamadas a los jueces y a otros puestos para saber qué había pasado durante la noche. La tensión se mantuvo en todo momento, ya que las diferencias entre los primeros clasificados eran muy ajustadas y cualquier captura podría decantar la balanza a uno u otro lado.
Al final, y tan sólo una hora antes del final de la prueba, otra alarma empezó a sonar con fuerza y el resultado de la batalla fue la que sería la carpa de mayor tamaño de la misma: un ejemplar de 15,290 kg que, oficiosamente y a falta de pocos minutos para la conclusión, hacía virtualmente campeones a la pareja extremeña formada por José Luis Sanz y Marcelo Delgado. No se podía pedir más emoción.
Con todos estos sobresaltos, la entrega de premios se celebró con un gran ambiente y los aplausos se sucedieron a medida que los participantes recogían sus premios. Ya sólo restaba despedirse y desearse buen viaje, a la espera de que la directiva de la sociedad se reúna para confeccionar el calendario de concentraciones-competiciones de 2008, y así podamos volver a congregarnos para vivir uno de estos momentos mágicos.
CLASIFICACIÓN FINAL
Campeones
José Luis San Hernández y Marcelo Delgado Sánchez.
Peso total: 15,290 kg.
Subcampeones
Alfonso Javier Rodríguez Cortés y Pedro Fuella Gravera.
Peso total: 14 kg.
Terceros clasificados
Jesús Fernández Pascual y Manuel Corredor González.
Peso total: 12,270 kg.
Cuartos clasificados
Javier Rubio Sanz y Ángel Fco. Álvarez Berrocoso.
Peso total: 12.,150 kg.
Quintos clasificados
José Ildefonso Bravo Granado y Fernando Díaz Altamirano.
Peso total: 12.,060 kg.
Premio pieza mayor
José Luis San Hernández y Marcelo Delgado Sánchez.
Peso: 15,290 kg.