Pesca de Mar
Entre el odio y el fanatismo
Última actualización 01/10/2007@00:00:00 GMT+1
Los que las odian esgrimen como razón que no hay lucha, la chicharra del freno casi nunca suena, la caña apenas dobla y la emoción es mínima. Los odiadores escrupulosos incluso las tachan de feas o desagradables con ese pico afilado, esos dientes tan manifiestos y ese aspecto setpentiforme ancestralmente rechazado. Por el contrario, los fans del animalito, disfrutamos con su fotogenia fiera y 100% depredadora, con su abundancia, con su amplia valencia ecológica y con esa predisposición habitual para atacar casi cualquier cosa.
Texto y fotos: Mario Suárez Naranjo
Entre la nomenclatura común existen tres o cuatro términos con los que el personal hispanoparlante identifica a las 26 especies que configuran el género Sphyraena, si bien, independientemente de sus características fisiológicas y de su localización en el mapa, el aceptado internacionalmente es el de “barracuda” para dirigirse a cualquier de ellas. En Canarias por ejemplo se utiliza la voz “bicúa”, en el Caribe “picúa” y en el ambiente mediterráneo “espetón” es el nombre más común.
La taxonomía ictiológica coloca a la barracuda dentro del grupo de los teleósteos abdominales, en la familia de los Esfirénidos y en el seno del género Sphyraena creado por Rose en 1973. En lo que a su anatomía se refiere, su cuerpo es fusiforme, alargado y casi cilíndrico, cubierto de pequeñas escamas y presenta una línea lateral bastante definida. En cuanto a la cabeza, ésta es baja y alargada, con ojos grandes bastante distanciados de la punta del hocico. La mandíbula inferior es muy prominente, con un pequeño lóbulo en su extremo que cubre la parte más adelantada del hocico superior cuando cierra la boca. Los dientes son fuertes, desiguales, puñaliformes y algo curvados hacia el interior. También hay dientes en los palatinos, y en la zona delantera de la mandíbula inferior, hay un diente largo y agudo seguido de otro parecido pero más pequeño, que como si de un engranaje mecánico se tratase, son alojados en unos huecos que hay en la mandíbula superior cuando la barracuda cierra la boca. En cuanto a los apéndices que sirven a la natación y el desplazamiento, las aletas pectorales cortas, puntiagudas y bajas, y las ventrales muy retrasadas, son indicadores de antigüedad familiar. Por último, hay que señalar que la aleta caudal es bastante horquillada y aunque no llegue a dotar a la barracuda de la definición natatoria de un túnido, sí la convierten en un buen y perseverante nadador.
Por lo que respecta a sus órganos internos, hay que mencionar como características más destacadas que por un lado la vejiga natatoria es grande y bifurcada en su parte delantera. Por otra, que en su intestino hay gran cantidad de apéndices pilóricos, indicando su condición de gran comedor, pues esos apéndices tienen como función principal facilitar la digestión.
En cuestiones de colorido, la tonalidad predominante en toda la familia es el gris pardusco en el dorso y el gris azulado claro desde la línea lateral hacia abajo. En la mitad superior de los flancos, muchas especies incorporan sobre todo en edad adulta un bandeado vertical negro.
El tamaño medio de las especies de barracuda presentes en nuestras aguas ronda el metro de longitud y los 2,5-4 kg de peso estándar, pudiendo llegar puntualmente al metro y medio y los 8 o 10 kg. En el caso de las principales especies de aguas tropicales, las dimensiones más extremas pueden alcanzar los 2 metros de longitud y 35, 40 o 50 kilos en el caso de la gran barracuda y los grandes ejemplares de Sphyraena afra que pueblan buena parte de la costa occidental africana.
Dónde encontrarlas
En lo que se refiere a su distribución oceanográfica planetaria, el malvado animal que acabo con la vida de la madre y hermanos de Nemo, se prodiga abundantemente en todos los mares tropicales y subtropicales del mundo, demostrando especial prolijidad en el Caribe y el Atlántico occidental, donde las dos especies principales (Sphyraena afra y Sphyraena barracuda) ostentan los récords de tamaño y peso de la familia. En el ámbito europeo de la Península Ibérica, la barracuda se encuentra presente en todos los espacios costeros excepto en el litoral cantábrico y el Golfo de Vizcaya. En nuestras aguas, las dos especies principales de barracuda son la Sphyraena sphyraena, mucho más común al parecer en el mar Mediterráneo, y la Sphyraena viridensis, presente en el Mediterráneo y muy común en aguas del archipiélago canario, donde al igual que sucede en el resto de la Macaronesia, la barracuda es probablemente el depredador más abundante y prolífico, ocupando prácticamente todos los nichos ecológicos desde la línea de costa hasta profundidades de 100-150 metros.
En lo concerniente a sus ambientes predilectos, de manera genérica hay que ubicarla en el arrecife, sea cual sea la naturaleza de éste: escolleras artificiales, bajones y piedras sumergidas, islotes, roques, pecios... pero también penetra en ambientes portuarios buscando refugio y alimento. En aguas tropicales, se le puede encontrar además de en el arrecife, frecuentando el manglar, estuarios y grandes desembocaduras de aguas continentales. En este último caso, destaca un lugar casi paradigmático: la costa ecuatorial del África occidental, con sus grandes lagunas salobres y sus caudalosos desagües naturales.
Una pesca de acción
Su pesca levanta odios y pasiones. Hay quienes la juzgan poca cosa, y quienes ven en ella un entretenimiento superlativo y un pez agradecido. De entre todos los métodos de pesca con señuelos artificiales que atañen su persecución y captura, analizaremos dos: el vertical jigging y, sobre todo, el spinning y las posibilidades del lance ligero. Y es que aunque el curricán ligero y costero funciona muy bien, tanto en aguas hispanas como en latitudes tropicales a nosotros lo que nos va es la pesca activa, caña en mano, y lanzando o accionando el señuelo en función de nuestro fanático criterio.
Antes que nada, y para salvar el escollo y el hándicap de que la barracuda no es un pez excesivamente resistente en la pelea y no plantea largas y titánicas luchas, hay que apostar por ser un poco consecuente y no tratar de pescarla con equipos destinados a GT o atunes gigantes en arrecifes remotos y poco pescados. Muchas apreciaciones de pez poco combativo o luchas carentes de emoción residen en el sobredimensionado de muchos equipos. Y es que para llegar a pelear barracudas con garantía de entretenimiento hay que tirar de equipos de spinning o jigging ligero, que se ajusten a las proporciones del animal y a sus características de agresividad y condiciones natatorias.
Para pescar la barracuda a spinning hay que diferenciar si lo hacemos al lado de casa o si por el contrario nos desplazamos a ambientes tropicales, donde las posibilidades de pelear animales de considerable tamaño aumentan de manera importante. En casa, la barracuda puede ser pescada desde tierra casi con igual garantía de éxito que si nos embarcásemos. Para ello, nos bastará con una caña de lance ligero de 9 o 10 pies y acción rígida o mejor semirrígida, que manipule bien señuelos de medio centenar de gramos y pueda manejar sin inconvenientes líneas de 20 a 30 libras. Un carrete proporcionado a la caña, adecuado al spinning marino y a nuestras ambiciones (recomiendo modelos 4000 clásicos), así como un terminal de monofilamento de 50 o 60 libras serán suficientes en la mayoría de los casos. En asuntos de vertical jigging, la barracuda es en cuanto a combatividad se refiere, igual o más entretenida si cabe. Además, la movilidad del barco nos da la posibilidad de buscar los cardúmenes con los ejemplares más grandes. Para este propósito, una caña de jigging ortodoxa de 15-20 libras, trenzado de 30 libras y un terminal lo suficientemente grueso para evitar el desgaste que provocará el roce de sus afilados dientes, es suficiente. En cuanto a los señuelos, y pensando en el lance ligero patrio, recomiendo como artilugios más eficaces los stickbaits o paseantes hundidos, cucharillas, peces de metal, minnows y jigs de bucktail.
No quiero decir que poppers y deslizadores de superficie deban condenarse al ostracismo con respecto a las barracudas hispanas, pero requieren un grado de actividad y excitación elevado de los peces para que sus posibilidades de éxito se equiparen a las que puede ofrecer cualquier señuelo hundido. A este respecto, quizás sólo los paseantes clásicos -los de muñequeo y zig zag- puedan ser la opción superficial más productiva, sobre todo en momentos de mar calma, en los ratos de penumbra que preceden al amanecer y al ocaso, o cuando los bancos de pequeñas sardinas arrugan la superficie del agua.
En cualquier caso, la experiencia personal me lleva a usar minnows o jigs como opción más rentable, y dentro de éstos prefiero plásticos, maderas o hierros grandes, de 14, 15 e incluso más centímetros. Señuelos vistosos y que aporten buena defensa a los dientes cortantes y traicioneros de la barracuda. Tengamos presente los riesgos que se toman con sus dientes si pescamos con señuelos de tamaño pequeño y no montamos cable de acero al final de nuestro bajo de línea.
En cuanto a colores, estimo que dado que el animal que analizamos es bastante curioso y se siente especialmente provocado por colores llamativos y repletos de brillos, naranjas, amarillo chartreausse, rosa flúor, nacarados y sobre todo metálicos deben ser nuestras primeras elecciones. De la misma manera, los señuelos que emiten vibración y ruido suelen ser bastante eficaces y llamar bastante la atención.
En cuestión de jigs, para la pesca vertical prefiero señuelos largos de 20 o 25 centímetros, con el peso descentrado, y amplias posibilidades de girar y contorsionarse sobre sí mismos. De momento es lo que más ha funcionado.
Por lo demás, la barracuda no es un pez que requiera una velocidad de recogida especial, ni una estrategia de movimiento determinada. Ni mucho menos. Una recogida continua con pausas, pequeños tirones de muñeca y acelerones, suele ser muy productiva. A jigging recomiendo vivamente movimientos de short jerking desde el fondo hasta casi la superficie. La barracuda se mueve bien por toda la columna de agua y en cualquier escalón se puede producir la picada.
¿Dónde y cuándo pescarlas?
En los lugares donde la barracuda es abundante podemos encontrarla formando agrupaciones de muchos individuos. En este sentido, el gregarismo, sobre todo en edad juvenil y adulta (los individuos ancianos son de costumbres más solitarias), es una de las principales características etológicas de la familia. En el entorno mediterráneo los bancos de barracudas -los clásicos espetones del Mare nostrum- se suelen producir en torno a cardúmenes de peces presa como sardinas y pequeños jureles. Por otra parte, en el interior de puertos y abrigos artificiales la presencia de espetones es prácticamente inevitable, pues la disponibilidad del alimento propiciada por el refugio y la necesidad de protección frente a depredadores mayores como grandes anjovas, palometones o serviolas, las lleva a aguas calmas, someras y abrigadas.
Pescando estas aguas calmas con señuelos artificiales que imiten los peces presa del lugar en horas del atardecer y el amanecer tendremos buenos resultados. Desde embarcación y a jigging pescaremos estructuras o lugares que concentren barracudas. Reitero: si conseguimos acertar con un cardumen, será difícil no obtener picadas a medias aguas con movimientos de tirones cortos que asemejen una especie de twitching vertical.
En Canarias, las barracudas también presentan atracción por muelles y estructuras portuarias, pero en ambientes naturales sus querencias son algo distintas a las del Mediterráneo. Por aguas atlánticas, la bicúa es un pez asociado a relieve submarino accidentado, acantilado y de perfil bronco. Le gustan las aguas oxigenadas y ronda las entradas de cuevas y grutas submarinas donde acecha, vigila, acosa y ataca a cualquier pez incauto que se despiste delante de su hocico. Un lugar muy propicio para tentar a la barracuda es entre los bloques que conforman las escolleras artificiales de puertos exteriores. En estos ambientes llenos de recovecos y oquedades, la barracuda patrulla y acecha en busca de comida y en cualquier momento, en una de esas recogidas rutinarias y justo antes de salir del agua, recibiremos un susto monumental en forma de picada fulminante.
En lo que respecta al cuándo, los momentos diarios más propicios para su pesca son, como para cualquier depredador, las primeras horas del día o los últimos minutos del atardecer. Si bien la barracuda presenta a diferencia de otros depredadores, mayor propensión a desarrollar actividad nocturna aun lejos de iluminaciones artificiales, por lo que no es raro pescarla en plena madrugada o bien entrada la noche. Estacionalmente hablando, el verano es la época más propicia. El tiempo reproductivo parece prolongarse desde finales de primavera hasta principios del otoño, y en esos meses las barracudas se mostrarán más activas y agresivas que nunca.
El invierno, por el contrario, le deparará al spinning sorpresas agradables en forma de ejemplares de buen tamaño que se acercan a la costa buscando alimento y mayor calidez del agua. Generalmente lo hacen buscando la batimetría más profunda y los lugares de mayor concentración de alimento.
Todo lo dicho para la barracuda de costas europeas e ibéricas cambia y se modifica si extrapolamos su pesca a aguas tropicales. Y es que la exuberancia de los trópicos se traduce en el caso de la barracuda en la posibilidad de ejemplares de gran tamaño (los mayores de la familia) y por tanto en unos métodos de pesca que pierden sutileza a favor de parámetros de robustez y control.
En las aguas que rodean el cinturón ecuatorial y subtropical del planeta, a las dos principales especies de barracuda que por tamaño y repercusión deportiva son más atractivas a nuestros señuelos, las encontraremos en tres o cuatro tipos de ambientes principales. Por un lado el arrecife. Imagínense el rosario de islas y atolones de Maldivas y sus reefs y bajíos. Por otro lado, el manglar, la interacción de vegetación agua salada o salobre como en Jardines de la Reina, en Cuba. Los deltas y desembocaduras de África occidental, desde Dakar a Luanda son también referente para las grandes “cudas” y, cómo no, las grandes estructuras artificiales que en forma de pecios o plataformas petrolíferas salpican muchas de las aguas más cálidas del planeta.
En cuanto a la pesca tropical de la barracuda, el asunto se simplifica bastante y es que, centrándonos en las dos especies mayores -la gran barracuda y la barracuda de Guinea-, hay que decir que la mayor parte de las veces no constituyen un objetivo específico tanto a spinning como a jigging, integrándose su captura, sobre todo en el arrecife, en el amplio cortejo de depredadores que de una u otra manera pueden atacar nuestros señuelos. Desde este punto de vista, la pesca de la barracuda se incluye, en cuanto a equipos y estrategia en las demandas generales de fortaleza del popping o el jigging tropical, sobre todo si tenemos en cuenta que ejemplares de 30 o 40 kilos pueden llegar a poner a prueba cañas y carretes pensados para cuberas, atunes o jureles gigantes. Por otro lado hay que tener en cuenta que aquello de protegernos de sus dientes usando 14 cm de señuelo, resulta algo ridículo con ejemplares tan lustrosos, debiendo recurrir inexorablemente al acero en bajos y assist, o usar poppers y pencils de tamaños manifiestamente intragables.
En cuanto a la temporalidad, hay que recurrir al calendario climático de cada ámbito geográfico. En este sentido, cabe apuntar que en el entorno tropical de África occidental la Sphyraena afra o barracuda de Guinea manifiesta especial presencia costera durante la estación seca, cuando las grandes hembras repletas de huevas se adentran en las lagunas salobres a desovar. Por lo que respecta a la gran barracuda, su presencia está asegurada en cualquier estación, y sólo será cuestión de perseverancia el que uno de esos ejemplares grandes y solitarios que merodean el bajío entre GTs y jureles azules decida posar sus colmillos sobre nuestro popper.
Hasta aquí nuestras reflexiones sobre la barracuda y su mundo. Espero que los detractores de la especie consigan superar su animadversión y se permitan un día probar su pesca con equipos proporcionados a las exigencias del animal. Seguro que se divertirán y cambiarán su opinión respecto a ellas. A los afortunados pescadores viajeros, desearles suerte y que pasen a la posteridad con una gran barracuda enseñándonos el morro en la foto más espectacular de su vida. Cuidado con los dientes, of course.