Hemeroteca :: 01/07/2007
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Mi rincón favorito
Última actualización 01/07/2007@00:00:00 GMT+1
Este tramo burgalés, situado en el límite con Cantabria, discurre por uno de los entornos más apetecibles para un pescador de trucha salvaje. El Engaña baja alegre y atractivo entre acebos, alisos y abedules, y en sus aguas nada una relativamente abundante población de una trucha autóctona bella y tremendamente desconfiada. pero como casi todo, tiene su momento. Texto y fotos: Miguel Herrera
El coto de Engaña es un tramo de ocho kilómetros y medio situado en un rincón de ensueño de la provincia de Burgos. Ocupa la parte más norteña de la Merindad de Valdeporres, y se encuentra a caballo entre ésta y la cántabra Vega de Pas. De hecho, las aguas de este río son las mismas que las del Engaña, pues ambos nacen hermanos pero toman rumbos opuestos. Pero no es la cabecera lo que pescaremos, sino la parte final de su corto recorrido. El límite superior del coto lo marca el túnel de La Engaña, una obra de casi siete kilómetros de longitud que costó 280 millones de pesetas entre 1941 y 1959, construida gracias al trabajo de presos políticos como parte del proyecto de ferrocarril Santander-Mediterráneo, que pretendía unir ambos mares y que nunca llegó a utilizarse. El extremo inferior del acotado lo marca la confluencia con el río Nela, cerca de la localidad de Santelices. Se trata de un tramo que cada año da 15 o 20 días de buena pesca. Esto no quiere decir que fuera de ese período no se pueda hacer nada, pero en esos días, marcados por el capricho del clima de los meses precedentes, coinciden las condiciones óptimas de temperatura y nivel del agua. Y eso es digno de aprovechar en un río natural y por tanto cambiante, que muda muchas veces de rostro al cabo del año. Y uno de esos cambios lo realiza durante el período de pesca. El Engaña del 1 de abril es un río completamente diferente al del 30 de junio. Las primeras semanas de la campaña nos encontraremos con un torrente violento, espumoso y congelado. Las montañas que lo surten reciben bastante nieve durante el invierno, y el sol de marzo y abril ya tiene fuerza como para derretirla. En este período, la mayoría de los días será mejor disfrutar de la belleza y la fuerza del cauce y su entorno, poblado de roble, haya, abedul y algún acebo, para volverse a casa sin montar la caña. Pero si el río no está del todo impescable o tenemos demasiadas ganas, podemos intentarlo con la ninfa, pues es la única modalidad que nos dará, si acaso, alguna trucha. Aunque encontremos alguna corriente por la que pasar el aparejo de ahogadas, difícilmente haremos subir a unas pintonas que, con el agua tan fría, están poco activas y pegadas al fondo. La ninfa, manejada con maestría, todavía puede dar alguna jornada divertida. Eso sí, hay una ventaja: con el agua tan movida a la trucha le será más difícil descubrirnos. Y es que la desconfianza de las del Engaña es algo extraordinario y a la vez frustrante. En estos primeros días quizá sea más interesante frecuentar la parte baja del tramo, que discurre algo más amplia y con menos pendiente. Atraviesa un entorno más humanizado que la superior, pero tiene buenas truchas y es más cómoda de pescar. Bueno para las truchas, bueno para el pescador Pero llega el mes de mayo. Depende mucho de la nieve caída durante el invierno, pero más o menos coincidiendo con su entrada el río comienza a serenarse. Los neveros ya no dan para tanto y el agua pierde el color que le prestaba el deshielo para volverse cristalina. Además, va tomando temperatura y todo se desata. Las truchas se muestran más activas cada día; más o menos como su comida, los insectos, de los que eclosionan cada vez más especies. Comienzan de nuevo el ciclo que se repite desde hace tantos siglos, y toman fuerzas para la freza que les espera allá por diciembre o enero. En estos días comienza a poder pescarse, sobre todo a ahogada. El río es magnífico y, a estas alturas, más fácil de pescar porque los árboles aún no tienen el follaje completamente desarrollado. Con aparejos de tres tirantes, moscas para primeros de temporada y paciencia, obtendremos resultados casi con seguridad. A látigo, la ninfa funcionará, pero en estos momentos, con días soleados, ya podemos tentarlas con imitaciones en superficie en las horas de más calor. Eso sí, mejor en la mitad inferior del coto que, como ya hemos dicho antes, tiene buenas truchas, menos corriente y es más cómodo. Por arriba hay más desnivel y saltos más frecuentes, aunque pescando de punta también podemos pasarlo bien. Llega el momento Son sólo dos o tres semanas en las que el río está inmejorable. Como decimos, depende mucho del año que haya venido, pero más o menos entre finales de mayo y la primera quincena de junio el nivel y la temperatura del agua son óptimos y las truchas comen con voracidad varias horas al día. Como siempre en la pesca, existe la jornada en la que, sin razón aparente, la trucha no se mueve. En ese caso, con un poco de destreza y moviendo bien la cuerda de ahogadas, en las cabeceras de las corrientes haremos subir a alguna. Pero si la trucha come, es un coto para disfrutar. Las tiradas están bastante marcadas por el curso del río y la vegetación en la mayor parte de los sitios, por lo que lo más importante será la aproximación. En este momento de su ciclo, el río trae aguas extremadamente claras y las truchas parecen tener ojos en la nuca. Tendremos que ser cautelosos o nos hartaremos de ver salir la trucha justo del sitio donde íbamos a poner la mosca. Si conseguimos eso, los lances no suelen ser complicados porque el Engaña tiene mucha menos vegetación molestando en las orillas de lo que podría parecer a primera vista. Una vez clavada, la trucha es brava y, en la mano, muy bonita. Con la ahogada usaremos moscas de entretiempo y con la seca se muestran francas con rhithrogenas y ecdyonurus (tanto emergentes como en spent); pero serán los tricos y los plecópteros (entre ellos la conocida mosca de la piedra) los que nos den las mejores capturas pescando los chorros entre pozas. Más adelante, con el estiaje del verano, el caudal comienza a ser demasiado bajo; la cuerda ya no se puede usar en la mayor parte de los sitios y tendremos que llevar terminales muy finos a látigo. El agua se calienta y las truchas se concentran en las pozas. Siguen entrando a los señuelos, pero la pesca no es tan divertida y emocionante como cuando el río está bien. Una gestión discutible En cuanto a las capturas, lleva ya más de un lustro gestionado por la Consejería de Medio Ambiente en régimen de sin muerte, pero no salen las truchas que tendrían que salir. El furtivismo que se pueda producir durante el brutal estiaje que sufre este río en verano es sin duda un problema, pero no explica la situación. Es una pena, pero las capturas más habituales en este coto no superan los 25 centímetros. Por supuesto, hay truchas mayores, pero no en la abundancia que cabría esperar de un río como el Engaña. Y es que tiene dos grandes problemas: una piscifactoría y una cantera. En el primer caso, se han hecho unas obras sin estar muy clara ni la finalidad ni la legalidad, que han convertido decenas de metros de río en un canal. Y eso sin contar el agua que puede quitarle, que en verano supone demasiada. La explotación minera está en una ladera que cae directamente al cauce en la parte superior del coto y enturbia el agua con regularidad, colmatando fondos y poniéndoselo muy difícil a la esencial microfauna del río, además de las jornadas de pesca que echa a perder. Seguramente, lo mejor de la gestión sea el empeño y la ilusión que pone el guardarrios durante la temporada de pesca, preocupándose de que los pescadores conozcan el río y lo disfruten, aunque muy a su pesar deba abandonar el acotado en su época más vulnerable, esto es, a final de temporada. DATOS PARA EL PESCADOR Río: Engaña Nombre del coto: Engaña Régimen: Sin muerte Longitud: 8,5 kilómetros Período hábil: Desde el 1 de abril hasta el 1 de julio Días hábiles: Miércoles, viernes, sábados, domingos y festivos Cebos permitidos: Sólo mosca artificial Límites superior e inferior: Túnel de La Engaña/Desembocadura en el río Nela Permisos: Sorteo de la Delegación de Medio Ambiente en Burgos. Las solicitudes se presentan en septiembre y octubre. Suelen quedar sobrantes que pueden adquirirse con una semana de antelación o incluso en el día.
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