Ciprínidos
Última actualización 01/05/2007@00:00:00 GMT+1
Empieza a caer la tarde en nuestro pantano favorito, tenemos el puesto cebado de antemano y las cañas lanzadas en el lugar perfecto. Utilizamos nuestros mejores montajes, volvemos a cebar con precisión, y estamos pescando con nuestros boilies o cebos de confianza. Sentados en silencio y satisfechos de nuestro trabajo, nos disponemos a observar cuanto acontece en el agua. De repente, empieza el juego. Una serie de saltos, cada vez más cerca de nuestro cebadero, y el espejo que era la superficie del agua se convierte en una incesante sinfonía de ondas producidas por la frenética actividad de la carpa. No tarda mucho en llegar la primera picada, y la segunda, y la tercera... pero ¿por qué no entra alguno de los enormes ejemplares que he visto fuera del agua mientras saltaban, o alguna de esas gigantes carpas que al caer provocaban ese estruendo tan fabuloso? ¿Por qué nunca salen las carpas grandes? ¿Depende de mí, de mis cebos y montajes, de mi forma de pescar? ¿O simplemente esas carpas juegan con unas reglas para mí desconocidas?
Vamos a tratar de dar una respuesta lógica a todas estas preguntas, las cuales todos nos hemos formulado en un momento u otro. Para ello, es muy importante conocer la dieta natural de la carpa en estado salvaje, razón por la cual abordamos este tema en el artículo inmediatamente anterior (ver TROFEO PESCA, marzo 2007). Y es que guarda una estrecha relación con el tema que queremos tratar ahora, ya que si sabemos qué come de forma natural, en qué estrato de agua lo hace y en qué momento, podremos tener una idea más concreta acerca de qué añadir a nuestro repertorio de cebos y, por consiguiente, más armas en nuestra batalla contra los carpones.
En primer lugar, una carpa que nunca ha sido capturada puede notar perfectamente la presencia de pescadores, puesto que tiene capacidad para percibir el peligro a través de ruidos en la orilla, obstáculos en el agua (hilos vibrando) o incluso señales que le pasan a través de otros peces (este sería un artículo por sí solo, pero está constatado que las carpas se comunican entre sí mediante ciertos movimientos y señales). Sin lugar a dudas son auténticas conocedoras de su medio ambiente y controlan cada simple elemento que lo forma. Saben cuándo algo no está bien en su medio, así como cualquier cambio introducido en el mismo, detectándolo y analizándolo de inmediato.
En aguas muy visitadas por pescadores y sometidas a gran presión de pesca, las carpas llegan a acostumbrarse a los bajos de línea y a los cebos que los pescadores utilizan, y acaban por asociarlos con peligro. Así, en esas aguas hemos podido observar cómo las carpas se comen todos los cebos libres del cebadero y no llegan ni siquiera a mover lo más mínimo el péndulo o señal alguna en las alarmas. Entre otros factores, son capaces de detectar la tensión que tiene el cebo de nuestro bajo de línea y le dan de lado, comiéndose todos los demás del cebadero. Es impresionante su capacidad para detectar y evitar el peligro (confirmado por muchos pescadores expertos), labor para la cual utiliza sus finos barbillones y su línea lateral. Por si todo esto fuera poco, la carpa tiene un sexto sentido que le informa de que determinados elementos en su medio suponen un alto riesgo para ellas.
Sirva como anécdota que confirma este hecho una de nuestras sesiones en las Lagunas de Ruidera. Teníamos localizadas varias “calvas”, las cuales cebábamos a diario desde una barca. Al tener estas lagunas aguas tan cristalinas, podíamos ver con absoluta claridad todo el cebo y utilizamos esa condición para colocar nuestros cebos de anzuelo directamente desde la barca sin necesidad de lanzar las cañas. Después de pasar todo el día sin una picada, nos volvíamos a subir en la barca para comprobar qué había pasado en las calvas. Resultaba increíble observar cómo había desaparecido todo el cebo de la misma, a excepción claro está de nuestro cebo de anzuelo. Muchos dirán que se trataba del cangrejo y otros que se debe a la claridad de las aguas, pero os podemos asegurar que no había cangrejos en ese momento, y que esto mismo nos ha pasado en aguas más oscuras y turbias.
Muy distintas entre sí
Por supuesto, en cada agua tendremos características y comportamientos diferentes. Además, podemos afirmar que cada carpa tendrá su propio modo de actuar (como su propia personalidad), con lo que reaccionará de distinta forma a un mismo elemento de peligro en su medio ambiente. No tendremos dos carpas con igual comportamiento, de la misma forma en que no hay dos perros iguales o dos gatos iguales, tal y como pueden constatar quienes tengan estos animales en casa. Basta con echar un vistazo a un acuario para darnos cuenta de lo que estamos diciendo, o subirnos a un árbol y observar un grupo de peces que se encuentran alimentándose allí cerca. Algunas se mostrarán agresivas, otras más tranquilas y reposadas. Así, encontraremos peces que tienden a tomar nuestro anzuelo regularmente, de la misma manera en que también encontraremos ejemplares que nunca se enganchan en él.
Siempre se ha dicho -y así solíamos creerlo todos- que la carpa es un animal gregario que se mueve en cardúmenes, que todas son muy similares en comportamiento, que les gusta la misma comida y que pican en la misma época y horas, etc. Sin embargo, después de muchos años de carpfishing y de años de estudio y aprendizaje sobre esta especie, pensamos de forma completamente diferente.