Pesca de Mar
Paso a paso para probar esta modalidad
Última actualización 01/10/2005@00:00:00 GMT+1
Imagine que es agosto y que sus compromisos vacacionales le han llevado a una localidad costera que no conoce, donde sólo hay kilómetros de playa. Imagine que usted, por una de esas razones que sólo la psiquis humana entiende, practica la pesca a lance ligero. Imagine que su familia le permite un par de horas diarias de pesca: caña en ristre y ante bastos kilómetros de arena y olas se rasca la cabeza y se pregunta las cuatro cuestiones básicas que deben anteceder al verbo pescar: dónde, cómo, cuándo y qué. En las próximas líneas, vamos a intentar responder a estas cuestiones y ahondar un poco en los aspectos técnicos y ambientales que nos darán pistas para practicar la pesca a lance ligero en playa.
Playas hay muchas y de muchos tipos: mixtas de arena y roca con interferencia de ambos elementos dentro y fuera del agua, playas de cantos rodados o arenas fangosas propias de zonas de desembocadura, calas catalanas y baleares resguardadas por la topografía o las construcciones humanas, canarias de arena negra volcánica… Pero vamos a quedarnos con la playa tipo del tiempo veraniego, la playa de las vacaciones por excelencia, presente con profusión en el levante peninsular y en las islas: playas de arena rubia abiertas al oleaje. Tres o cuatro kilómetros de arena y mar que en la época propicia sirven de reclamo a turistas y veraneantes. En definitiva, la imagen que nos viene a la mente cuando escuchamos la palabra playa.
Lo más normal es que nos quedemos asomados a unos cuantos kilómetros de una de estas playas con ganas de mojar los señuelos y confusos como un chiquillo el primer día de escuela. La primera pregunta esencial que se plantea en la mente es: ¿qué se podrá pescar en un lugar como éste?
Qué pescar
Afortunadamente, analizamos la pesca en playa en nuestro país y por tanto podemos aplicar la máxima de que aquí nos conocemos todos. En este sentido, dentro de las especies más habituales que suelen frecuentar la playa (ya sea mediterránea, cantábrica, atlántica o canaria) tenemos a la lubina y su hermana pequeña la baila, o depredadores mayores como la anjova, con preeminencia de escuelas de ejemplares jóvenes y/o el palometón. También podemos encontrar depredadores demersales de pequeño porte como el sargo, la dorada, la oblada y la herrera, algunas especies de peces planos, y pequeños pelágicos de estación y ocasión como la palometa blanca, jureles, caballas y pequeños túnidos que en su búsqueda constante de alimento pueden penetrar en la playa o quedar a tiro de señuelo un centenar de metros más allá de la orilla. No nos olvidemos de la corvina, otrora común en el Atlántico andaluz y en los ambientes playeros cantábricos, hoy escasa y difícilmente capturable pescando desde tierra.
Conocidas la especies susceptibles de ser pescadas, la siguiente pregunta es cómo atraparlas a lance ligero.
Equipos y señuelos
De manera general, en morfologías litorales de tipo playero y dependiendo de los animales que podamos pescar, del señuelo que tengamos que lanzar y de las características de la playa en cuestión, utilizaríamos dos tipos de equipos básicos que persiguen distintos objetivos y participan de una misma filosofía. Por un lado, un equipo pesado o semipesado para alcanzar distancias de lance importantes, lanzar señuelos de cierto peso y poder pelear una captura de talla. Por otro, un equipillo de spinning ligero para especies menores que cazan más cerca de la orilla y podamos tentar con pequeños minnows o minúsculos vinilos que imiten peces e invertebrados.
En el primero de los casos, lo que se lleva actualmente es una caña de surf spinning en tamaños que pueden ir desde los 3,30 a los 4,20 metros, pensadas para lanzar más allá de la última ola señuelos de 80 y más gramos. Estamos hablando de una vara apta para carretes de spinning tipo 5000 o 6000 según la marca, cargados con multifilamentos de 20 a 45 libras dependiendo de las circunstancias.
En el caso del equipo ligero, lo mismo puede servir una caña de spinning tradicional de entre 2,50 y 3 metros que una caña de black bass de 2 o 2,20 metros de acción rápida y lo suficientemente sensible para detectar las picadas más sutiles. La armaremos con un carrete tipo 2000 o 3000 cargado con nailon o multifilamento de un libraje en consonancia a los peces objetivo.
Si no queremos, no podemos o no tenemos equipos tan específicos, una solución todoterreno que puede adaptarse a distintas situaciones la compone una cañita medio rápida de unos 3 metros, que pueda lanzar señuelos de hasta 2 onzas y un carrete modelo 4000 o 5000 pensado para agua salada.
En cuanto a señuelos, vale casi todo en función de qué es lo que pretendamos pescar y cómo tengamos que pescarlo. Para lanzar mucho y llegar a los depredadores mayores tipo palometón, anjova o lubina que, por regla general, esperan detrás de la última ola o junto a aquella piedra alejada, valen señuelos pesados de superficie tipo poppers, skipping lures y los versátiles jigs.
Para tentar a peces de talla pequeña o mediana, lo ideal son minnows, jigs o cucharillas de 7 a 10 cm, que copien la forma y el movimiento de pequeños peces presa y vinilos que imiten lombrices, gusanos, quisquillas, cangrejillos de arena y al resto de minúsculos animalillos que habitan la arena de la playa y pueden ser removidos por la acción de la ola.
Cuándo pescar
Estacionalmente hablando y en el contexto de nuestro país, con la excepción del archipiélago canario (donde es posible encontrar buena pesca durante todo el año). La mejor época para la pesca se asocia de manera general al período primaveral o veraniego. La temperatura del agua marca de manera importante las épocas de reproducción de casi todas las especies y su presencia litoral se hace mucho más patente lejos del frío invernal. Esta premisa encuentra excepción en el caso de sargos, lubinas y su pariente menor, la baila, que se desenvuelven mejor por razones relacionadas con la freza dentro de los meses invernales. Palometones y anjovas son peces de primavera, verano y principios de otoño, y las pajareras mediterráneas de pequeños pelágicos de abril en adelante.
En función de las condiciones marítimas, los momentos más productivos para pescar especies depredadoras serán aquellos en que la mar se muestre más viva, donde sin llegar al temporal el régimen de olas que le afecta revuelva la arena o golpee las pequeñas rocas disgregando el alimento y moviendo a toda la cadena trófica. Detrás de un camarón o un cangrejillo arrancado de la piedra por el golpe de la ola siempre habrá un sargo o una oblada. Detrás de los movimientos de sargos y obladas siempre estará el acecho de una buena lubina o una anjova.
De la misma manera, serán momentos idóneos para pescar los días posteriores al temporal, cuando el material orgánico removido aún permanezca en suspensión y el mar sea mar de alimento. Los depredadores, mayores y menores, estarán presentes.
En cuanto a mareas, será en el Atlántico y el Cantábrico donde éstas manifiesten efectos reseñables sobre la pesca. En este sentido y en el ámbito playero que analizamos, cabe recordar que las fases de marea provocan movimientos de la fauna piscícola motivada por dos razones fundamentales: porque las corrientes asociadas a los cambios de marea mueven el alimento y por ende la cadena alimentaria, y porque la marea llena supone el poner en disposición acuática ámbitos de playa que habían permanecido secos durante horas y donde los peces se adentran con fines de exploración alimentaria.
Estas premisas esenciales se ven más o menos atenuadas en función del período lunar y la altura de las mareas. De igual modo, la posibilidad de pescar con éxito se puede ver alterada por los factores meteorológicos y ambientales propios del día y la estación. Vientos, oleaje, temperatura del agua y actuaciones humanas coyunturales pueden condicionar la pesca de manera favorable o desfavorable a nuestros intereses en cualquier momento.
En referencia al ciclo diario, los momentos más idóneos para perseguir depredadores en playas a lance ligero no difieren de la norma general que marca el amanecer y el atardecer como los más querenciosos. Si bien en este punto hay que hacer constar que, en función de lo experimentado, en playas de uso público cotidiano la pesca se muestra más efectiva al amanecer, cuando las aguas han reposado durante horas sin que niños en colchoneta, motoristas acuáticos, patines, bañistas y la avioneta que tira los balones que publicitan la crema solar de moda perturben el ritmo biológico de depredadores y depredados. Es la hora y media siguiente a la salida del sol y la hora y media que precede a su puesta cuando, de acuerdo al ritmo de las mareas y las condiciones ambientales de cada playa, inician sus correrías en busca de alimento. Por si sirve de algo, este autor muestra sus preferencias atlánticas por la siguiente combinación: fase lunar de cuarto menguante o creciente, marea llena para vaciante al amanecer y oleaje de corto período con frentes de ola igualmente cortos.
En acción de pesca
Spinning es sinónimo de lanzar y recoger. Hacerlo en una playa, en pleno verano y con sentido, no es difícil teniendo en cuenta varios aspectos.
No es condición imprescindible, pero hay que mojarse. Entrar en el agua unos metros posibilita esa distancia extra en el lance que nos puede dar la captura del día. Por otra parte, el control sobre la línea, el señuelo y todo lo que pulula a nuestro alrededor es mucho más completo de esta manera.
Si buscamos piezas de talla que se alejan de la playa un centenar de metros, lo mejor es buscar un señuelo pesado de superficie y cargar el carrete con hilo trenzado. Ganaremos en distancia y precisión. Palometones o anjovas entran sin remilgos a poppers, deslizadores y paseantes que simulen a una lisa que nada en ruidosos chapoteos. Las lubinas cantábricas susceptibles de capturarse desde playa se conseguirán mejor usando jigs de metal o anzuelos plomados y decorados con fibras varias. Bucktail jigs o pulpitos de silicona son la alternativa actual al tradicional pero aún eficaz chivo. Y no olvidemos que las escasas corvinas son unas de sus mayores fans en ambientes playeros.
Si utilizamos equipos ligeros para tentar a depredadores pequeños y medianos, tal vez debamos de procurar mayor cuidado en la presentación del señuelo. Aquí no importa tanto la distancia como que el engaño caiga en el lugar indicado en el momento preciso. Si hay algo de mar y la ola es crecidita, será mejor esperar a lanzar entre las series sucesivas, cuando por unos segundos el mar quede en espumosa calma. Un pequeño minnow de vivos colores o un shad de vinilo que nade de manera sospechosa puede engañar a bailas y lubinas de manera idéntica. Los bancos de anjovas suelen moverse entre ellas y no dudarán en atacar con menos desconfianza aún a nuestro señuelo. Un paseante talla mini o un pequeño popper nos recreará la vista al verlas atacar con ferocidad en superficie.
En playas con ámbitos rocosos cercanos es obligatorio pescar entre los canales que forman las rocas, donde la espuma de la ola se mezcla con la arena removida. Próximos a la roca se mueven sargos, doradas y obladas susceptibles de ser engañados con un pequeño grub de vinilo camuflado en un montaje discreto.
Por último, no olvidemos realizar lances paralelos a la orilla. Muchas veces el depredador se encuentra cazando mucho más cerca de lo que pensamos y dar media vuelta de vez en cuando para lanzar a nuestros flancos no viene nada mal.
En definitiva, la playa de nuestras vacaciones, esa que parece demasiado humanizada para esconder naturaleza, ofrece durante determinados momentos del día un escenario más que válido para dar salida a nuestra afición en un tiempo en el que los compromisos familiares no permiten grandes dispendios de tiempo para pescar. Hacerlo a lance ligero es posible.