Hemeroteca :: 01/08/2005
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El tramo más mosquero del río Veral

Última actualización 01/08/2005@00:00:00 GMT+1
Hace tres años, coincidiendo con la celebración del Mundial de Salmónidos Mosca, se escogió este tramo para albergar una de sus pruebas. Hoy en día, aunque remozado en su extensión, el coto de Ansó Superior sigue siendo un claro exponente de truchas luchadoras y aguas cristalinas. Un río que gustará a los más mosqueros.
Ubicado en el valle oscense más occidental, el Veral es un río de aguas cristalinas, cauce pedregoso y variado, que alterna torrenteras con pequeños y grandes pozos. Abrigado por un entorno atractivo, angosto y rocoso unas veces, otras abriéndose paso entre verdes bosques, antesala de las primeras cumbres de montaña.

Su caudal es muy variable, dependiendo esencialmente de la bondad del invierno y la primavera, según se haya podido almacenar en la parte superior de su cuenca mayor o menor cantidad de nieve. Careciendo de presas en prácticamente todo su recorrido, tiende a enturbiar sus aguas ante posibles tormentas estivales con la misma facilidad que posteriormente se aclaran, gracias a un constante desnivel, más notable en la mitad superior de su cauce.

Es un río muy agradable para la pesca, accesible en casi todo su recorrido, con una anchura media de unos seis a ocho metros y vadeable en prácticamente todo su curso. En su cauce están ubicados los cotos de Ansó Inferior y Ansó Superior, este último de gran interés para el pescador y escenario frecuente de campeonatos de pesca y selectivos para la más alta competición.

Durante la temporada 2002 su extensión se incrementó hasta los 11,5 km a fin de dar cobertura a los pescadores que disputaban algunas de las mangas del Mundial que se celebró en las aguas oscenses. Actualmente, el coto tiene la extensión original de 7 km de delicioso cauce para practicar la pesca a mosca sin muerte, única modalidad permitida.

Aun siendo bueno durante toda la época hábil, a principio de temporada las aguas suelen bajar muy frías y las truchas se ceban en superficie de manera excepcional tan sólo un rato en las horas centrales del día, y forzando al pescador a tentarlas con ninfas. Durante los meses de mayo a julio el coto se muestra en todo su esplendor, acusando a partir de agosto y hasta su cierre a final de septiembre un notable estiaje que condiciona la pesca, obligando a esmerarse en la presentación para conseguir las deseadas capturas, y mostrándose las truchas más activas con las últimas luces del día.

Es un coto muy “mosquero”, en el que durante los meses templados son frecuentes las eclosiones de plecópteros, tricópteros, ecdyonúridos, ignitas y moscas de mayo, que hacen que las truchas generalmente se muestren predispuestas a tomar moscas. Pero no nos confiemos, las capturas no suelen resultar fáciles y en algunos tramos del coto la fronda de sus márgenes obliga al pescador a agudizar al máximo su buen hacer para engañar a las bravas y numerosas truchas que lo pueblan. Estando autorizada sólo la mosca artificial, es idóneo para la pesca con buldó.

Todo escondites

En este bello coto, que he pescado en diferentes ocasiones, más de una vez se ha dado la circunstancia de que sólo consiguiera cobrar una de cada cuatro truchas que subían por la mosca. A veces lo hacen a gran velocidad perdiendo con ello precisión, sobre todo en aguas corrientes. Otras, en aguas lentas, suben pausadamente y tras escudriñar la mosca en su deriva, la toman ya aguas abajo, dificultando mucho su clavado. Tal vez sean excusas que busca el autor para disfrazar su falta de pericia en situaciones concretas, pero estoy seguro de que muchos lectores se verán reflejados en esta observación.

El coto, postura tras postura, parece estar hecho a la medida de las truchas, no tanto para el pescador, que en ocasiones encuentra en los árboles de las márgenes un obstáculo para lanzar con facilidad al punto deseado. Sin duda ésta es una de las razones por las cuales el coto mantiene una buena población truchera, ya que los peces tienen en prácticamente todo su recorrido un excelente refugio. No hay que quitar méritos a la guardería, que al igual que en la mayor parte de los cotos de la provincia de Huesca, suele ser muy efectiva y entregada a su labor, algo que debieran envidiar muchos acotados de otras provincias.

Es por ello que aun pudiéndose pescar con una caña de mayor longitud, y dado que las imitaciones que se utilizan suelen ser muy ligeras, una caña de 7 a 8 pies para línea 3-4 será más que suficiente para pescar el coto. Con ella, además de manejarnos mejor en el lance por las zonas de márgenes más vestidas, obtendremos un mayor disfrute de cada captura, dada la talla media del coto.

En situaciones de inactividad en superficie, siempre me han dado buenos resultados pequeñas ninfas (números 14 al 18) de cabeza dorada, y se han de tener en cuenta las imitaciones de ninfas de plecópteros, habituales en su cauce. Las de tricópteros suelen resultar muy efectivas durante los meses cálidos, así como las emergentes de buena flotabilidad. En aguas rápidas son muy a tener en cuenta las imitaciones realizadas con pelo de ciervo o CDC, que contribuirán a hacernos más cómoda la pesca y, por lo general, se muestran muy resolutivas en la mayor parte de las situaciones.

En aguas lentas y cristalinas, podemos encontrarnos truchas que se ceban con fruición pero desdeñan una y otra mosca que le presentamos; es la hora de minidípteros, quironómidos y hormigas de alas, que montadas incluso en tamaños generosos suelen ser tomadas sin tapujos.

Algunos pozos albergan una evidente y numerosa población de truchas, y aunque la mayor parte de los ejemplares que veamos o capturemos tenga una talla de entre 15 y 28 cm, conviene recordar que todos los años se captura alguna de trofeo que ronda los 50 cm. Algunos de los pozos con mayor potencial a la hora de encontrar “pepinos” se encuentran en las inmediaciones del límite inferior del coto, en una zona angosta y profunda, aguas abajo del pueblo de Ansó, que fue el tramo que se amplió con ocasión del Mundial del 2002. De todas formas, si el lector decide pescar el coto y no encuentra en él las capturas previstas, conviene recordar la sentencia de un lugareño que me encontré un día de junio poco después de comer en el puente del límite inferior del coto. Con aire cansino y la experiencia de alguien que lleva toda su vida viviendo junto al río me dijo: “ahora no va a coger nada, hay que pescar al atardecer con el mosquito, que es cuando pican bien”. Una últimas recomendación: merece la pena visitar la zona próxima a Zuriza, situada encima del coto, un regalo para los sentidos.
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