Hemeroteca :: 01/06/2005
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Pesca de Mar

Una técnica de sensaciones

Última actualización 01/06/2005@00:00:00 GMT+1
Con el empleo de equipos ligeros y ultraligeros esta pesca puede ser de lo más entretenida, sobre todo en una época en la que es complicado toparse con una de esas lubinas que llevan la báscula por encima de los seis kilos.

El único inconveniente es que sólo podremos capturarlas de dos maneras: en puertos o en embarcados, lugares en los que es posible recoger el pez
sin necesidad de suspenderlo fuera
del agua y, por lo tanto, perderlo.
Quien se decida a probar esta técnica cuenta con la ventaja de que todo el año se pueden pescar lubinas de este modo, aunque en épocas como el verano y otoño, en las que hay una mayor concentración de alevines junto a la costa, tendremos mejores resultados además de menos problema para hacernos con el cebo.

Si nos decidimos a pescarla desde una pequeña embarcación no tendremos este problema, pero para la pesca desde el puerto la peor época serán los meses de entrada de la angula (cría de anguila), pues a la poca concentración de alevines podemos sumarle que la mayoría de las lubinas se concentrarán en las entradas de los estuarios y rías para comerlas, abandonando el interior de los puertos. Eso ocurre allá por noviembre, diciembre y enero.

Una vez dispuestos para esta pesca podemos optar por dos lugares. El primero, el puerto -dentro de éste ya veremos dónde-, y el segundo, fondeados en una embarcación.

El puerto puede parecer estéril a la vista inexperta, pero en determinados puntos u horas puede ser el sitio más efectivo con diferencia. Varios son los indicios que nos pueden hacer ver que será un buen lugar para pescar las lubinas a cebo vivo. En primer lugar, el ver ejemplares a plena luz del día paseándose por las aguas del puerto, lo que evidencia que comen en él y que el aporte de alimento es tan importante que no precisan ir a otras zonas más fructíferas como rompientes, playas o rías. Las zonas donde podemos ver las lubinas de día si no están cazando serán las partes sombrías bajo pantalanes flotantes o cercanos a la pared de las escolleras, y también mezcladas en los extensos bancos de muiles que pululan por todos los puertos. Otro indicio será la abundancia de alimento; si de día a la sombra de las embarcaciones hay alevines, de noche el número será con toda seguridad mucho mayor. Además, si hay luces que incidan sobre el agua directamente, esto será un poderoso atrayente de los alevines, que a su vez atraerán a las lubinas.

Si las buscamos en una pequeña barca tenemos que fijarnos en otros indicios diferentes, pero dos son los que nunca fallarán. Uno de ellos son las pajareras. Un alboroto de gaviotas y demás aves marinas sobre el mar en las cercanías de la costa nos indicará con seguridad que las lubinas están cerca y alimentándose. También nos fijaremos en las zonas de puntas rocosas que se adentren en el mar, o los rompeolas y espigones en los cuales se formen abundantes remolinos y corrientes en las horas de entrante o vaciante de la marea. Deberemos inspeccionarlas con nuestros cebos, pues seguro hay alguna lubina en las proximidades y con ganas de cazar.

Si en todo tipo de pesca el estar en el sitio y la hora justa es importante, en éste es vital. El sitio lo sabemos, y el momento para la embarcación será cuando las mareas produzcan corrientes, mientras para los puertos los ocasos mejor que los ortos. Y la noche en general mejor que el día. Es en las horas de poca luz cuando los alevines se amontonan bajo las luces del puerto y hacen de este sitio a priori estéril un lugar que bulle de vida con bandos de lubinas cazando alevines. En esta hora será cuando la técnica se muestre eficaz y podamos conseguir numerosas capturas.

Muchas son las evidencias cuando las lubinas u otros peces cazan en las aguas tranquilas del puerto. La más espectacular es cuando los alevines saltan por cientos fuera del agua, en un último intento por escapar del bando de lubinas. Otra es ver a los alevines agrupados en compactas bolas de cebo que no dejan de moverse de modo nervioso cerca de la superficie o cuando forman pasillos por donde se intuye van pasando los depredadores.

Acción de pesca
Una vez que tengamos el cebo capturado, si vamos embarcados nos situaremos en las proximidades de las puntas rocosas que generen remolinos con las mareas. Fondearemos de tal forma que las líneas por la popa vayan hacia la punta con la corriente, y una vez anclados largaremos el cebo vivo con muy poco plomo por la popa y dejaremos que la corriente vaya arrastrándolo despacio. Cuando creamos que está a la altura de la punta, dejaremos de largar sedal y esperaremos unos minutos el toque. Si no se produce, recogeremos y miraremos que el cebo esté vivo y bien enfilado, para volver a lanzarlo así sucesivamente. Con este proceder no debemos utilizar más de dos cañas pues al capturar una lubina tendremos recoger las otras líneas para evitar que se líen. Es muy efectivo montar una caña con pececillo y otra con quisquilla. Cuando hayamos batido bien la zona nos dirigiremos a otra punta para repetir la operación.

Para pescar en el puerto la cosa difiere más. Aquí la paciencia es primordial. Nos situaremos ya al anochecer en aquellos lugares del puerto donde por la luz haya mayor número de pececillos y comenzaremos a pescar. Es muy aconsejable pescar sólo con una caña para evitar líos que se producen al nadar los pececillos y cruzar las líneas. Lo mejor es pescar con una y tener la otra preparada para cuando veamos que las lubinas están pasando en su ronda de caza y lanzar el cebo justo en ese instante, pues es seguro que harán más caso a un cebo recién lanzado que se precipitará hacia el fondo cuando ellas pasan, atacándolo con voracidad y llamándoles la atención más que un pez a medias aguas confundido entre cientos de otros.

En cualquiera de las dos modalidades el freno ha de estar bien suelto y debemos clavar sujetando el nailon con el dedo índice de la mano que sostiene la caña, para soltarlo y dejar que corra la lubina si es de talla, con el fin de evitar la rotura del fino sedal. Con esta modalidad, en algunas noches se pueden hacer abundantes capturas de lubinas de medio kilo, siendo posible incluso conseguir alguna mayor, si bien los ejemplares mayores escasean cada vez más en los entornos portuarios por la presión a la que se ven sometidos. Aunque la esperanza no se debe perder, está claro que con un sedal de 0,12 mm de diámetro y un monstruito de cinco o seis kilos prendido, es donde se nos puede presentar un lance inolvidable, donde el temple y buen hacer del aficionado deberá contrarrestar la fuerza y veteranía del pez.

Además, hay que tener presente que con esta pesca se pueden conseguir otras especies como abadejos, chicharros, caballas y agujas, que pondrán el punto de color a una técnica apasionante donde los nervios del pescador se ponen a flor de piel al ver el banco de lubinas pasar cazando.
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