Hemeroteca :: 01/06/2005
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Mi rincón favorito

Una excelente opción de alta montaña

Última actualización 01/06/2005@00:00:00 GMT+1
Senarta es un lugar de ensueño. Aguas frías y cristalinas muy próximas al nacimiento de uno de los ríos más emblemáticos del Pirineo oscense, el Ésera, al abrigo de altas cumbres que flanquean un atractivo cauce en un entorno de increíble belleza.
Situado en la cabecera del valle de Benasque, el coto de Senarta es un interesante destino de pesca, como lo demuestran las opiniones de los pescadores, ya que es uno de los cotos más valorados por los lectores de nuestra web trofeopesca.com A lo largo de su recorrido se alternan tramos de suaves corrientes con pozos y cascadas, y también se intercalan zonas abiertas y accesibles con otras angostas y boscosas. Es por ello un coto muy variado y entretenido de pescar, en el que la monotonía no tiene cabida, y en el que el pescador puede elegir el tramo de río que mejor se adapte a su condición física o a la técnica de pesca utilizada.

Su ubicación, a más de 1.000 metros de altura, así como la gran cantidad de nieve que recoge el valle durante los meses de invierno, condicionan las grandes variaciones de caudal que soporta su cauce. Así es que dependiendo de la nieve caída durante el invierno y la primavera, las fechas, y de la benignidad de las temperaturas los días previos al que lo vayamos a pescar, podemos encontrarnos un río con un caudal fuerte o estiado, resultando por lo general mejor para la pesca a mosca con un caudal medio bajo.

El principio de su temporada hábil, habitualmente a mediados de mayo, es muy irregular en su volumen de agua, de manera que cuando realmente se encuentra en su esplendor es una vez finalizado el deshielo, generalmente a primeros de julio. Su accesibilidad es muy buena en gran parte del coto, a través de una cómoda pista que sube por su margen derecha desde el límite inferior del mismo.

Cabe considerar también que, acusándose el estiaje ya en el mes de agosto, sus límpidas aguas exigen al pescador una técnica depurada y una delicada presentación de los señuelos. Los cebos autorizados son todos los legales, aunque tiene zonas de aguas batidas apropiadas para el cebo natural, así como otras francamente diseñadas para el lance ligero o la mosca.

Yo lo pesqué a final de junio, y el año, generoso en nieves, dejó su última gran nevada en el mes de mayo, por lo que se mantenía un caudal vivo que con el transcurrir del día iba aumentando de volumen merced a las altas temperaturas reinantes que fundían el persistente manto blanco de las cumbres.

Pequeñas pero abundantes
En este coto conviven truchas autóctonas con truchas comunes objeto de repoblaciones realizadas hace algunos años, aunque muchas de las introducidas fueron alevines de 12 a 15 cm, por lo que una vez adultas tienen un comportamiento similar al de las truchas oriundas. Aunque lo habitual es encontrar ejemplares de una talla media de entre 15 y 25 cm, en algunas posturas en las que encuentran más defensa puede sorprendernos algún pez de trofeo.

Después de un reconocimiento previo de distintas partes del coto, accedimos a la zona media del mismo, donde con un cauce más ancho se acusaba menos el efecto del fuerte caudal. Las picadas eran frecuentes, especialmente en las zonas orilladas al abrigo de piedras donde había menos corriente.

Se movían sobre todo truchas menudas que en muchas ocasiones fallaban en el intento, subiendo precipitadamente o dificultando su clavado al tomar la mosca aguas abajo. Cambiamos de tramo para pescar las inmediaciones del puente que conduce a los Baños de Benasque. Varios pozos seguidos en los que clavamos una docena de truchas, y en los que se apostaban en las orillas en zonas de media profundidad en las que las turbulencias de la superficie obligaban a realizar una pesca precisa. En ocasiones incluso pescando ocultos mimetizados entre las piedras de las orillas sin lanzar, dejando la mosca en superficie medio metro por delante de las truchas que se encontraban cebándose muy próximas a la superficie.

Pocas capturas a juzgar por Chema, de Guías Dánica, en esta ocasión auténtico lugareño, que me comentó la gran cantidad de truchas que tenía el coto y lo poco movidas que estaban, ya que en ocasiones había llegado a clavar más de una docena en un solo pozo.

Alrededor de las 5 de la tarde subimos a tomar un refrigerio a los Baños de Benasque, desde donde se podía disfrutar de una espectacular panorámica sobre una buena parte del coto. A las 6:30 volvimos a pescar. Subía alguna de vez en cuando, pero todavía no estaban realmente activas. Probamos el estrímer en algunos pozos pero no conseguimos mover ninguna. Tan sólo Chema logró clavar media docena más en los pozos de mayor profundidad con una pesada ninfa de tricóptero.

Ya con el cauce envuelto en sombras y pescando de nuevo a seca, oí la voz de mi compañero: “Pon una seca de plecóptero”, “¿Por qué?”, “He visto volar uno, he cambiado de seca... y tres lances, tres truchas”. Dicho y hecho. En no más de veinte metros tuvimos más de cuarenta subidas, siempre decididas, aunque a veces su propio ímpetu las hacía fallar. En efecto, con la progresiva aparición en el cauce fueron apareciendo más y más truchas que, nerviosas, perseguían los grandes pérlidos desplazándose incluso varios metros para intentar “echarles el diente”.

Otras muchas lo engullían por completo, a pesar de no superar los veinticinco centímetros y tratarse de una mosca de gran porte montada en un anzuelo del 10. Pescamos con tres imitaciones diferentes, con cuerpo de madera de balsa, un stimulator y un montaje clásico -el de mejores resultados-, de cuerpo de liebre, hackle dun y alas de puntas de pluma de riñonada.

Hay que resaltar que era especialmente efectivo cuando en su deriva provocábamos que rayara la superficie. Fue un rato divertidísimo, breve pero muy intenso. También son frecuentes los tricópteros de media y generosa talla y los ecdyonúridos, así como los saltamontes, que en zonas de orillas herbosas y a final de temporada son muy efectivos, sobre todo en corrientes.

Por otro lado y aunque la mayor parte de las capturas son de escasa talla, también existe la posibilidad de sacar alguna trucha de trofeo, especialmente al inicio de la temporada, ya que a pocos metros del límite inferior del coto se encuentra el embalse de Linsoles, de aguas en régimen especial (se puede pescar todo el año), poblado por no muchas pero sí grandes truchas que cada temporada remontan en la época de freza el coto de Senarta para después volver al embalse.

Es un coto delicioso de pescar y con múltiples e interesantes alternativas para días anteriores o posteriores, ya que en un radio de no más de 10 kilómetros podemos pescar dos tramos libres sin muerte -que son hábiles todos los días de la semana-, y en los bellísimos y salvajes ríos de Vallibierna y Estós (libres), además de los embalses de Estós, Eriste y Linsoles, los dos últimos en régimen especial, se pescan todo el año.

Por si fuera poco, en el mismo área tenemos los accesos a los ibones de Batisielles, Bardamina, Villamuerta, Llosas, Vallibierna, Remuñe, Gorgutes o Toro, siendo el acceso a este último un poco complicado por el tema de licencias, ya que en Cataluña dicen que es catalán (incluso expiden permisos para pescar en él), y en Aragón se considera aragonés.

Merece la pena desplazarse, a veces cientos de kilómetros, para conocer esta privilegiada zona, donde podemos practicar nuestro deporte favorito en un entorno natural, natural, salvaje, grandioso... y con truchas, muchas truchas, aunque en este caso la talla media no sea notable.
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