Hemeroteca :: 01/06/2005
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Editorial
Última actualización 01/06/2005@00:00:00 GMT+1
Hace algunas semanas un nutrido grupo de periodistas nos dimos cita en el conocido encuentro de prensa especializada que se celebra en el embalse de Villagudín (La Coruña), y que en la actualidad sigue siendo el único coto turístico del país. Para ser sincero, era la primera vez que iba a pescar este escenario y la verdad es que en mi fuero interno viajaba con ciertas reservas acerca del tipo de pesca que iba a practicar y las sensaciones que podía experimentar, aun sabiendo que tenía posibilidad de conseguir truchas y salmones de escándalo. Con el paso de los años, uno aprende, selecciona y se vuelve hasta caprichoso sobre dónde y cómo pescar. Y en parte debido a nuestra profesión y la posibilidad de pescar en distintos escenarios, se tiende a cribar mucho el lugar elegido. En mi caso, he de decir que cuando pesco truchas quiero, como todos, el río ideal, cristalino, puro, con esas corrientes y chorros que te hacen esperar una picada inminente, y con ejemplares de la mayor pureza genética posible. Pero también soy permisivo, y cada día más consciente de que hoy en día, en lo que a salmónidos se refiere, hay que llevar una doble vía de gestión: una hacia la conservación de los ríos mejor preparados y otra hacia la captación de otro tipo de pescadores y el alivio del primer tipo de ríos. Esto es, una política inteligente de intensivos. El resultado y la impresión que me traje de vuelta y después de temporadas en las que siempre dedico alguna jornada a este tipo de cotos es que, además de divertidos, son necesarios, ya sea en la forma de Villagudín o en la de coto intensivo más habitual en un tramo de río.

No nos engañemos. Todos preferimos luchar con una trucha común “natural” que con una repoblada o arcoiris al otro lado del sedal, pero hay que saber adaptarse a las circunstancias. En España la regresión de la trucha común no da tregua y en algunas regiones la situación es insostenible. No pueden ofertar tramos de ríos en condiciones, y en muchos casos el hacerlo es una cuestión de imagen. Con este panorama, desde hace años se están incorporando más y más cotos intensivos. Si se gestionan bien y, sobre todo, se colocan en el lugar adecuado, son un excelente método para preservar la trucha común. La Rioja se ha decidido por ellos este año, pero en otras comunidades como Castilla-La Mancha, Andalucía o Cataluña, por poner algunos ejemplos, existe un buen número donde elegir. Cogiendo el ejemplo andaluz para ilustrarlo podemos ver su sentido. Caso de Cazorla. Única zona amplia de esta comunidad donde pervive la trucha común de forma generalizada. Allí se encuentra el río Borosa. Maravilloso. Desde donde hay que dejar el coche es necesario andar unos 5 minutos hasta llegar al primero de sus cotos: un intensivo. Para alcanzar el siguiente, el tradicional, ya hay que ponerle ganas y estar dispuesto a caminar cerca de tres cuartos de hora. Y si queremos llegar al último, de alta montaña, necesitamos estar en buena forma: más de una hora de subida y otro tanto de bajada.

Consecuencia: aquellos que simplemente desean pescar -aunque sean arcoiris- tienen su tramo, cómodo y siempre con peces. Los que valoran una zona del río más alta, con distinta orografía y peces de verdad, se lo tienen que trabajar a base de esfuerzo, que luego tiene recompensa. Pero lo importante es que hay dos opciones, y que la segunda pervive todavía porque el intensivo desahoga al tradicional. No todos los ríos están igual de mal, ni es ésta siempre la solución, pero valga el ejemplo para ilustrar cuál puede ser el futuro que nos espera mientras los planes para recuperar nuestras poblaciones de Salmo trutta dan sus frutos.
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