Pesca de Mar
Tras la captura del gran trofeo
Última actualización 01/05/2005@00:00:00 GMT+1
La pesca del palometón puede suponer para el pescador lances de excelente lucha y, con ello, jornadas realmente inolvidables. Te contamos dónde y cómo prepararte para buscar su captura con éxito.
La pesca del palometón siempre me ha fascinado. Ya de pequeño solía pasar las tardes de verano a la sombra del faro del puerto de Castellón, escuchando las historias de cuantos allí se juntaban a tentarlos desde costa. Era frecuente que a la entrada de las barcas algún buen ejemplar decidiera engullir la caballa fresca que con mucho cuidado habían ensartado en un anzuelo digno de la pesca del atún. Yo intentaba ayudar en lo posible preparándoles la carnada y, de vez en cuando, me dejaban coger la caña y sentir al pez al otro lado. Eran momentos de nervios. Cada uno me decía que hiciese una cosa y yo, totalmente arrítmico, recogía, tiraba y doblaba las piernas casi al mismo tiempo.
Cuando conseguían llevar un buen ejemplar a tierra, curiosos y pescadores se juntaban alrededor a contemplar el animal, que en algunos casos superaba holgadamente la veintena de kilos. Yo volvía a casa emocionado y soñaba con poder capturar algún día algún ejemplar como los que pescaban mis amigos.
Con el tiempo comenzaron las obras de la ampliación del puerto y ya no dejaban entrar allí a pescar. Las tardes de agosto ya no eran iguales sin la compañía de aquellos amigos que tanto me enseñaron sobre la pesca. Poco a poco descubrí la apasionante modalidad del spinning e invertí los pocos ahorros de los que dispone un estudiante en una Shimano Nexave de acción 15-40 gramos y un carrete del que prefiero no acordarme. Gracias a un buen amigo encontré un lugar en el que los palometones solían acudir a alimentarse: la salida de la central térmica de Castellón.
La clave está en la superficie
Tan sólo disponía de tres o cuatro rapalas y de un Crystal minnow que había encontrado olvidado en una estantería de un comercio de pesca. Siempre que podía, acudía a la salida del chorro de la central a lanzar mis señuelos a la espera de que algún palometón decidiera atacarlos.
Muchas veces observaba cómo un grupito de palometones medianos perseguían mi señuelo pero no se decidían a atacar. No sabía ya qué hacer para que picaran; recogía rápido, a tirones, despacio... pero sin éxito. En uno de los lances la ancoreta quedó enredada con la línea de manera que el señuelo venía dando saltos por la superficie. Para mi sorpresa uno de los palometones lo atacó y, aunque partió la línea, me dio la clave para su pesca.
Como los comercios de mi zona no tenían ni idea de lo que eran los poppers decidí hacer un remedio casero acoplando un tapón de Font vella a un pez artificial de Abu que había comprado por cuatro duros. Volví al lugar de los hechos y os podeís imaginar los gritos que lanzaba al ver cómo una vez tras otra lo atacaban con rabia. Estaba claro que no les importaba mucho que aquello se pareciera a todo menos a un pez: parecía como una competición entre ellos por ver quién le daba caza.
Comienza la diversión
Al palometón le encanta que los señuelos se muevan a toda velocidad, imitando un pez en apuros intentando escapar de algún depredador. En el caso de los señuelos de superficie, la acción de pesca consiste en lanzar hacia el lugar donde creamos que se puede encontrar el palometón y comenzar una recogida rápida, en la que alternaremos tirones fuertes de la caña con otros mas suaves, así como golpes de muñeca y subidas y bajadas de la puntera de la caña. El señuelo responderá con chapoteos, movimientos en zig-zag y continuos cambios de dirección.
Si tenemos la suerte de que algún palometón ande cerca, notará con su línea lateral las ondas que crea nuestro señuelo y lo identificará como comida fácil. Su reacción suele ser perseguir nuestro señuelo a muy poca distancia, casi con el morro pegado a él. Este es el momento de acelerar la recogida aun más si cabe, como si nuestro señuelo fuese una lisa que ha advertido su presencia y quiere intentar cambiar su destino.
La mayoría de las veces el ataque se produce en ese momento y debemos estar atentos para pegar el cachete al sentir el peso del pez en la caña. Al principio, esto no es tarea fácil y, llevados por la emoción, la tendencia es clavar antes de que el animal haya mordido, con lo que le quitaremos el señuelo de la boca. La vista muchas veces nos engaña y hay que templar los nervios y esperar que la caña doble.
A partir de ahora tendremos que ir jugando con la resistencia de nuestro freno y cansar al animal hasta poder vararlo. El palometón suele dar una carrera muy rápida en primera instancia, así que tenemos que tener el freno bien tarado antes de comenzar su pesca. De lo contrario tenemos todas las papeletas para que el pez logre desclavarse (por un freno muy flojo) o parta la línea (por frenos demasiado apretados).
En el caso de los jigs lanzo y dejo que profundicen un poco. Acto seguido pego un tirón fuerte de la caña hacia arriba y dejo que vuelva a hundirse, y así sucesivamente. La velocidad no es lo más importante aquí. Observando el comportamiento de los pequeños bandos de palometones he descubierto que lo que realmente les cabrea es quitarles la comida de la boca. Me explico: lanzo el jig y, mientras cae, los palometones se acercan a curiosearlo acompañándolo en la bajada. Al pegar un fuerte tirón hacia arriba parecen volverse locos y su reacción es atacarlo en plan bestia, tanto que muchas veces se clavan de debajo de la boca o de las agallas. Literalmente, se abalanzan sobre él. Esto vale para los grandes, aunque también es cierto que muchas veces lo atacan cuando está cayendo, por lo que debemos tener siempre la línea tensa para no fallar la clavada.
Captura y suelta
Todos sabemos que la pesca no es lo que era, y sería una lástima que algún día los palometones dejaran de visitar nuestras costas en buen número. Podemos contribuir en la medida de lo posible devolviendo a su medio a este magnífico pez que ha luchado hasta el último momento por recuperar su libertad. Para ello, debemos manipularlo con cuidado una vez fuera del agua, intentando sacarlo con un salabre o agarrándolo por la cola, nunca de las agallas. Si podemos acortar el tiempo de lucha aumentaremos mucho las posibilidades de que sobreviva ya que, si viene extasiado, lo más probable es que muera por asfixia debido al ácido láctico que acumula en sus tejidos. Os aseguro que es de lo más gratificante verlo retornar a las azules aguas para, quién sabe, volver a ofrecernos otra vez su librea plateada aun más entrado en kilos.