Predadores
Señuelos que no imitan nada y pescan
Última actualización 01/04/2005@00:00:00 GMT+1
En la pesca de la perca negra existen imitaciones de vinilo de todo tipo de seres. Lombrices, salamandras, ranas, cangrejos... Todos ellos son parte esencial de la dieta del bass y del surtido básico de cualquier pescador. Sin embargo, en las ultimas temporadas un curioso grupo de señuelos con formas antinaturales va ganando protagonismo y adeptos en nuestro deporte, hasta el punto de desbancar a los primeros. Hablamos de las “criaturas”.
Uno de los atractivos de la pesca de la perca negra es poder “pelearnos” con nuestras cajas cuando no estamos en el agua. Creo que no me equivoco al decir que nuestra disciplina es las más fascinante en cuanto al número de imitaciones y colores que existen para tentar a este pez. Miles de señuelos, colores y formas nos permiten pasar relajantes momentos en casa ordenando cebos, preparándonos para la cacería, escapando así del estrés y de la vida rutinaria. Si lo pensamos un poco -y permítanme que me aparte un instante del tema-, el hombre hace pocos cientos de años que ha dejado de cazar para subsistir. En algunas partes del mundo, aún existen culturas en las que la caza y la pesca son el sustento principal de los humanos.
Teniendo en cuenta que hace millones de años que el hombre y sus ancestros se arrastran por la tierra, es curioso cómo algunos no entienden nuestra pasion por la pesca. Creo yo que formará parte de nuestro instinto como especie y es algo de lo que no nos desprendemos tan fácilmente. Retomando el tema, es fácil pensar en técnicas o lugares adecuados para la pesca cuando utilizamos señuelos que imitan a un animal en concreto, como un cangrejo avanza a empujones por el fondo o como un ratoncillo chapotea en la superficie con sus patas. No supone ningún esfuerzo imaginativo y damos vida a nuestra caña con esta idea.
Pero, ¿qué hacemos cuando el señuelo no imita a ningún ser vivo conocido? ¿Cómo funcionan esos “aliens” de vinilo, que parecen sacados de una película fantástica?
La ilusión de la presa
A menudo los pescadores tenemos tendencia a pensar demasiado como humanos al escoger un señuelo. Me explico. Es imposible imaginar exactamente cuál es el estímulo que nuestra imitación ejerce sobre el pez en cada momento. Si pudiéramos hacerlo, seríamos infalibles y siempre conseguiríamos engañar a nuestra presa. El movimiento, la forma, el color, todos estos detalles que para nosotros son tan obvios, son captados por nuestro cerebro de forma muy distinta a como son interpretados por el sistema nervioso del pez. Esto suele hacer que en muchos casos el pescador tenga una tendencia natural a utilizar imitaciones extremadamente realistas, en forma y color, cuando por ejemplo un cebo de colores chillones y antinaturales es la mejor opción.
Este es, por ejemplo, el caso de las spinnerbaits (las cucharillas para el bass) o de las propias cucharas para la trucha. Estos cebos se encargan de fabricar una ilusión óptica al pez, que es interpretada como una presa potencial. Esta es, sin más, la función de las criaturas de vinilo: crear una impresión ante los ojos del bass para que sea interpretada como comida.
Época y condiciones
Podríamos decir que las aguas de nuestro país son especialmente adecuadas para este tipo de imitaciones, ya que funcionan mejor en zonas que no estén ni muy claras ni muy turbias o semitomadas. Estas son las condiciones más comunes en la mayoría de aguas de nuestro país y por ese motivo pueden ser un gran aliado.
El único momento en el que no es aconsejable utilizarlas es durante el invierno o en condiciones de extrema visibilidad. En los meses más fríos, el bass no se siente demasiado atraído por presas con mucho movimiento y una presa tan activa le puede parecer antinatural en pleno letargo o difícil de atrapar, por lo que en ese instante serán mejor otras imitaciones con menos movimiento.
A pesar de este par de excepciones, estas criaturas serán efectivas durante todo el año en cualquier tipo de aguas, incluso en las más castigadas por el sol. Probadlas junto a zonas de vegetación y en lugares de espesa cobertura en los que el bass pueda estar acechando inmóvil a sus presas. No os decepcionará.
Una caída mágica
Pero el atractivo número uno de estos señuelos, su auténtico poder, reside en la caída. Aquello que ocurre en el agua justo después de que el cebo entre en el líquido elemento y que coge al pez desprevenido en su apostadero. Esta es la ventaja de la movilidad extrema de las criaturas de vinilo. Al chocar con el agua, parece que se activen por completo, moviendo todas sus aletas y tentáculos, soltando burbujas tras su impacto con la superficie.
Esa imagen, que recuerda un poco a los documentales que emiten en televisión cuando un martín pescador u otro pajarillo entra en el agua tras un picado y empieza a mover todo su cuerpo, es realmente atractiva. Como dijimos, es imposible saber qué pasa por el cerebro de los peces cuando ven esta imagen, pero lo que está claro es que funciona, y que les lanza a abalanzarse como un león sobre su presa. Como podremos comprobar, la mayoría de picadas ocurren en esos breves instantes, cuando el señuelo esta nadando todavía hacia el fondo. Una vez llegue hasta él, a la base del apostadero que hayáis elegido, dejad que se pose allí. Si no obtenéis ninguna respuesta, hay que dar con la caña un par de “saltitos”, recorriendo la zona, y repetid la operación inmediatamente en otro lugar que os parezca atractivo, sin perder tiempo, hasta que se dé con un buen ejemplar.
Para este ejercicio es recomendable un carrete rápido, que no os haga perder el tiempo en el momento de recuperar la línea para empezar otro lance. También es importante tensar algo el sedal después de que se pose en el fondo, para sentir el cebo. A menudo, algunos basses, sobre todo los más grandes, engullen la criatura cuando pasa frente a ellos y en vez de buscar refugio en las profundidades (para comerse su presa sin que nadie se la quite), permanecen totalmente quietos, como si nada hubiera ocurrido. La picada de estos grandes ejemplares es difícil de percibir.
Por ello, una vez la criatura haya tocado el fondo y descanse unos segundos, levantad muy suavemente vuestra caña unos centímetros. Si notáis cualquier cosa… lo que sea ¡clavad! A veces, una insignificante sensación a través de la caña, como si hubiera algas pegadas al cebo, significa que un gran pez, el auténtico señor de la orilla, ha tragado la criatura. Tened esto en cuenta para que vuestro próximo big bass no os engañe.