Hemeroteca :: 01/04/2005
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Mi rincón favorito
Última actualización 01/04/2005@00:00:00 GMT+1
La primera vez que asomé mi cabeza por uno de los puentes del río Llobregat que existen en la Pobla de Lillet, una enorme excitación recorrió todo mi ser. La onírica visión de enormes truchas cebándose en superficie por doquier bloqueó por completo mis sentidos… ¿Podía ser cierto y real lo que mis ojos estaban presenciando? ¡Qué espectáculo! Y aquello no se limitaba a una poza aislada. Había diversos puntos calientes a lo largo de todo el coto donde decenas de truchas seleccionaban su desayuno… Y en qué forma son estas truchas capaces de seleccionar. Apuesto a que si pudiesen hablar, nos describirían una a una las imitaciones que conocen.
Todavía hoy, cuando nos acercamos a La Pobla de Lillet para pasar un buen día de pesca, sentimos una inquieta impaciencia durante los 90 minutos que hay que conducir desde Barcelona para llegar hasta el pueblo. Una desazón que no cesa hasta que asomamos nuestras cabezas al río y confirmamos que las truchas todavía siguen allí. Y en ese preciso instante, quisiéramos estar ya vadeando las aguas, listos para acometer el primer lance. Incluso el tiempo para comprar los permisos parece prolongarse eternamente…
El coto sin muerte de La Pobla de Lillet comprende casi 3 kilómetros a lo largo del Alto Llobregat. El inicio del coto, en su parte superior, coincide con los Jardines Artigas, construidos por el famoso arquitecto catalán Antonio Gaudí, siguiendo su más típico estilo modernista. El río desciende torrentoso desde este monumento arquitectónico en dirección al pueblo por gargantas y pequeños azudes y va incrementando su caudal a medida que diversos afluentes y rieras vierten rumorosos sus aguas en él. Es ésta una zona enclavada en el mismísimo prepirineo, donde el Llobregat es un río pequeño, de aguas rápidas y frías y donde podemos encontrar numerosas e inquietas truchas fario autóctonas de tamaños comprendidos entre los 20 y los 35 cm. Estas truchas, entre las cuales aparecerá de vez en cuando alguna arcoiris nacida en el propio coto, son asustadizas y requieren sigilosos movimientos y una aproximación adecuada a distancias susceptibles de producir lances exitosos. Son truchas apostadas en los finales de las pequeñas corrientes y reciales, y también en los principios de las pozas, que aunque poco profundas, existen en esta zona.

El entorno es muy salvaje y la vegetación es abundante. En muchos tramos, grandes ramas de chopo nos obligarán a acomodar nuestros lances adoptando posturas incómodas y poniendo a prueba nuestras aptitudes con la cola de rata. Estos lances deben realizarse con alta precisión y nuestras imitaciones han de posarse tímidamente en el agua para tener posibilidades de éxito. No cabe duda que nos enfrentamos a una pesca nada placentera. Sin embargo, esto añade una emoción indescriptible a la pesca puesto que no es extraño clavar truchas de más de 30 cm en esta zona. Truchas muy bravas que pondrán a prueba nuestras habilidades manejando bajos de línea del 10 o incluso del 8. Siempre buscando las que se estén cebando en superficie y ofreciéndoles sendas imitaciones de reducido tamaño con una óptima presentación. No olvidemos que aunque las truchas son abundantes, incluso en este tramo, han visto pasar muchas moscas cerca de sus cabezas y reconocen rápidamente imitaciones burdas así como suelen rechazar moscas grandes.

Al final de este tramo, unos 200 metros por encima del pueblo, debemos estar preparados para todo, puesto que en determinadas corrientes donde el agua se acumula en mayor medida hay escondidas agradables sorpresas. Como ya hemos dicho, hay que ser meticuloso en la presentación y silencioso como un lince, pero podemos usar aquí algunas ninfas grandes si no apreciamos movimiento en superficie. Y templad los nervios porque tanto con seca como a ninfa en esta zona donde aparentemente no hay muchas truchas, podemos enfrentarnos a enemigos de talla inesperada pero importante. Y os aseguro que no es fácil manejar entre corrientes y pedregales truchas de 50 cm o más. Así como es también frecuente errar el clavado puesto que estas grandes truchas tomarán nuestras moscas de forma muy, muy suave, como si solamente quisieran acariciarlas.

El tramo urbano
La parte intermedia del coto es la que pertenece al pueblo propiamente dicho de La Pobla de Lillet. Este es uno de los tramos más antiguos sin muerte que existen en Cataluña. En aquellos tiempos en que la pesca con mosca y la pesca sin muerte no eran tan populares, la Federación y la sociedad de pescadores decidieron ubicar el tramo sin muerte en la parte menos atractiva del coto que gestionaban. Con el tiempo, sin embargo, ha resultado ser una de las zonas -yo me atrevería a decir que de toda España- donde el río alberga más truchas y de mayor tamaño. Y no hablamos de grandes truchas repobladas. En su mayor parte son truchas que han nacido y crecido en el río. Todos sabemos lo que significa pescar en el interior de una población pero, por otra parte, no es menos cierto que las calles de La Pobla de Lillet se identifican con la simpática estampa de los mosqueros caminando perfectamente equipados de puente en puente y de acceso en acceso. Los comentarios y las aventuras de la jornada están a la orden del día entre los asiduos.

Pero volvamos al río. En una primera ojeada, en cualquiera de las pozas con corriente suave que encontraremos a lo largo del pueblo o debajo de los puentes que cruzan el río, nos haremos una idea de a qué nos enfrentamos. Truchas fario y arcoiris de todos los tamaños y características aparecerán por doquier ante nosotros apostadas detrás de cada piedra, cada recoveco o cobertura en las paredes, en superficie o a medias aguas y, si miramos a conciencia hacia el fondo, descubriremos oscuras figuras que nos pondrán a buen seguro la carne de gallina. El tramo no es apto para cardíacos. Y sin duda hay que ser optimista, pero no desbordar la euforia: las truchas están ahí, activas, cebándose aquí y allá, comiendo tanto ninfas como emergentes, pero eso no significa que de forma fácil vayan a tomar nuestros montajes.

He visto pescadores lanzar todo tipo de moscas sobre una quincena de truchas hambrientas durante 20 o 25 minutos y no tener una sola picada. Y por su puesto, cuando la han tenido ha sido de una de las truchas que repentinamente desde el fondo ha subido fugazmente para tomar una imitación que habrá soltado en milésimas de segundo. Podéis imaginar que el pescador, con la guardia baja, va a fallar esta trucha en el 90 por ciento de las ocasiones. En estas pozas la mayoría de las truchas no son asustadizas. Nos estarán viendo pero permanecerán activas si no es que las estamos pisando materialmente. Hay que afinar la vista y observar con atención qué es lo que están comiendo. En ocasiones se limitan a alimentarse de pequeñísimos quironómidos muy cerca de la superficie del agua. Si no encontramos la imitación perfecta y si no conseguimos que ésta discurra de una forma totalmente natural entre las truchas, perderemos nuestro tiempo. Pero no hay que desesperar. De repente, veremos cómo la trucha a la que tentamos se acerca a nuestra imitación, y nuestra adrenalina subirá por momentos hasta límites insospechados hasta que en el último momento la trucha rechazará la mosca. Esto nos indicará que nos vamos acercando a la presentación y a la mosca que precisamos para engañar definitivamente a una de las resabiadas pintonas que hacemos frente.

Bajo el azud que hay en el centro de este tramo se encuentran las mayores piezas. Es uno de los puntos más calientes del coto. Los antiguos del lugar cuentan que en cierta ocasión un pescador tuvo en su línea durante unos minutos una trucha que podría alcanzar los 8 kilos. Otros dicen que esta trucha ya murió de vieja años atrás. Lo cierto es que hay enormes truchas en este lugar y que normalmente están muy activas. Recuerdo mi última escapada con mi amigo Jorge a la Pobla de Lillet. Nos situamos uno a cada lado del río lanzando nuestras moscas corriente arriba, hacia la caída del agua. Siempre usando mosca seca, por supuesto, conseguimos clavar hasta 7 truchas de más de 45 cm que nos depararon una mañana memorable. No hace falta decir cuál fue la fatiga de nuestros brazos tras lidiar con aquellos formidables adversarios. Creo recordar que todas fueron truchas arcoiris, que son las que más hay en dicha zona. En esta ocasión usamos diminutas imitaciones de hormigas para engañar a las resabiadas truchas que viven bajo el azud de la Pobla.

Zona de corrientes
El coto comprende aún una tercera parte que acostumbramos a denominar “las corrientes de abajo”. Nombre muy adecuado puesto que el tramo se sitúa por debajo de los límites del pueblo y comprende mayoritariamente zonas de corrientes de diferente intensidad. Hay rápidos muy fuertes donde realmente es difícil pescar, pero también hay escondidas grandes truchas, y otros rápidos más suaves donde ciertamente es una gozada pescar con mosca seca a trucha vista. En la parte más alta de este tramo de corrientes es donde tal vez hay menos truchas pero donde a su vez son, en promedio, mayores. Es un tramo para “ninferos”. Buen sitio para practicar la pesca a ninfa al toque con grandes imitaciones de tricópteros y con ninfas lastradas de cabeza dorada. Los estrímeres están prohibidos en el coto, de forma que hay que trabajar con artificiales pesados que se puedan mantener en la corriente a cierta profundidad. Las picadas son fulminantes en esta zona y si conseguimos pescar a trucha vista, la emoción y el disfrute están asegurados. Eso sí, preparémonos para ir río abajo cuando clavemos alguna de las locomotoras negras (grandes fario) o impresionantes arcoiris que se esconden en el fondo de estas corrientes.

Para iniciarse y algo más
Si hay un sitio en España donde iniciarse en la pesca con mosca, creo que éste es, sin lugar a dudas, La Pobla de Lillet. En estas aguas repletas de truchas el principiante podrá desarrollar sus habilidades como lanzador y al mismo tiempo mejorar sus aptitudes en el clavado de las piezas. Aprenderá también cómo se comportan las truchas ante sus señuelos y comprenderá cuándo su imitación es rechazada a causa de un dragado inoportuno, o cuando a pesar de atraer a una trucha, ésta no tome la imitación puesto que no es exactamente el tipo de mosca que está comiendo.

Pero asimismo, el coto de La Pobla de Lillet es extraordinario para los ya avezados en el tema de la pesca con mosca puesto que plantea grandes e inusitados retos al pescador. Truchas exigentes, posturas difíciles, etc. ¡Cuántas truchas de buena talla veremos cebarse bajo unas gruesas ramas en la orilla opuesta a la nuestra y nos permitirán ensayar nuestros mejores lances y nuestra más hermosa presentación! Y aun conseguido esto, no está todo decidido, puesto que la trucha, selectiva como no me cansaré de repetir, nos permitirá ir “mojando” las moscas de nuestra caja hasta vaciarla por completo. Pero eso sí, si tenemos éxito habremos prendido al final de nuestra línea un ejemplar de trucha digno del mejor pescador.

Finalmente, quisiera destacar la amabilidad y buen hacer de la sociedad gestora de este coto. Todo un ejemplo de gestión. Tomen nota algunas sociedades que llevan cualquiera de los maltrechos ríos catalanes.
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