Hemeroteca :: 01/04/2005
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Editorial
Última actualización 01/04/2005@00:00:00 GMT+1
En este número damos noticia de dos capturas récord en nuestro país. Una de ellas, una carpa de casi 29 kilos pescada en aguas del embalse de Ribarroja por un par de aficionados al carpfishing, y la otra, un extraordinario ejemplar de black bass de más de 4 kilos de peso cuya morada prefiere guardársela con todo su derecho quien tuvo la suerte de capturarlo. La primera ya ha sido medida y certificado su peso como tal, a la espera del reconocimiento de la IGFA, mientras que la segunda simplemente se midió en una báscula ordinaria, aunque las imágenes tomadas en ese momento con un teléfono móvil dan idea de su tamaño.

Son sólo dos ejemplos de una realidad bastante reciente que evidencia el interés e incluso el fanatismo de algunos por hacerse con un pez récord. Y aunque estos casos concretos no sean el caso, ya que se trata de pescadores aficionados y las capturas fueron fruto de la casualidad, es cierto que los asiduos a una modalidad, con cierto nivel de perfeccionamiento, un buen poder adquisitivo que se lo permita y con posibilidad de dar a conocer sus capturas en círculos de homologación, saben que un pez de estas características puede darlos mucha popularidad. Es más, les da la oportunidad de aparecer en los libros que se editan anualmente con los récords mundiales de cada especie. Pronto, cuando se producen estos hechos, la noticia corre como la pólvora en el entorno más cercano, al poco se conoce ya en otros ámbitos más amplios, en las webs y foros de Internet, y entre las redacciones de las publicaciones del sector. En definitiva, desde hace años suscita interés cada nuevo récord de cualquier pez. Pero más allá del carácter anecdótico y curioso que esto conlleva, es posible también extraer, o más bien extrapolar, algunas realidades que vive la pesca en nuestro país.

Si hacemos una breve labor de búsqueda en la hemeroteca cercana nos daremos cuenta de que casi la totalidad de récords de peso corresponden a especies como el siluro, la carpa, el black bass, y en menor medida también se da noticia de buenos ejemplares de lucioperca o lucio. Sin embargo, no estamos ya tan acostumbrados a dar a conocer truchas que se salen de lo normal, barbos espectaculares o bogas de cierto tamaño. De hecho, la pesca de un salmón de 15 kilos la temporada pasada en el Narcea fue un hecho aislado en la tendencia habitual. ¿Qué implica esto? Sería necesario realizar un estudio más serio o recopilar una gran cantidad de datos para dar veracidad al hecho, pero lo cierto es que cada vez proliferan más las capturas récord de especies foráneas, mientras que las autóctonas parecen haberse estancado en ese sentido. Y no sólo eso: es evidente que nuestras especies (aquellas que son originarias de la Península Ibérica) han dado paso a una mayor proporción de las introducidas, y éstas siguen en proceso de expansión como lo demuestra la circunstancia de que se vayan superando las tallas a medida que pasan los años. A este paso, muy probablemente encontraremos en nuestras aguas lucios del tamaño que se da en Escandinavia o Canadá, basses que se acercan a los 5 kilos como en Norteamérica y luciopercas de la medida centroeuropea. Mientras, también es probable que pescar una trucha común de más de 1 kilo siga siendo casi un regalo del cielo, por desgracia.
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