Mi rincón favorito
Última actualización 01/03/2005@00:00:00 GMT+1
El Tuerto es un río poco conocido, incluso para muchos leoneses. El hecho de que en la provincia haya variedad de buenos y afamados ríos trucheros para elegir hace que este pequeño afluente del Órbigo pase desapercibido. Ese desconoci-miento, junto con su nombre, “Tuerto”, le confieren cierto halo de misterio que engrandece su encanto. Pero la pesca no deja de ser en cierta forma una aventura.
Te invitamos a conocerlo.
Entre los montes que separan Las Omañas del Bierzo surgen una serie de pequeñas corrientes como el arroyo Grande de Villarmeriel, que sumando caudales acabarán dando origen al Tuerto. Al poco de nacer, sus aguas son embalsadas en el pantano de Villameca con el fin de asegurar agua suficiente para el regadío de su vega. En la Cepeda, comarca que atraviesa antes de llegar a la histórica ciudad de Astorga, encontraremos el tramo de pesca objeto de este reportaje. Por debajo de esta localidad, la calidad de las aguas sufre ya un acusado descenso, haciendo desaparecer, entre otros habitantes, a las truchas.
El Tuerto no es un río muy caudaloso y es habitual que acuse un fuerte estiaje en algunas temporadas. Ahora bien, esto no tiene por qué suceder necesariamente a final de temporada, porque las reservas de agua del pantano y las sueltas en época de riego van a condicionar el caudal. Durante la primavera, mientras las reservas de agua del pantano no estén garantizadas para la época de riegos, no se dejará al río más que un exiguo caudal y puede suceder que, si no ha llovido suficiente, nos encontremos en abril un chorro de agua más propio de lo que cabría esperar en junio o julio. Por el contrario, en los meses estivales podemos ver los niveles más altos de agua de la temporada. Lo más importante es saber que, al revés que los grandes ríos regulados, el Tuerto se pesca mejor cuando se está desembalsando que si está muy bajo y siempre permite un vadeo cómodo.
En esta provincia eminentemente truchera, el pescador se encuentra fundamentalmente con dos tipos de cursos acuáticos cuando busca la pintona. Por un lado están los grandes ríos de llanura y regulados por embalses, como el Esla, Sil, Órbigo y Porma. Por otra parte, sus tributarios: vivarachos ríos de montaña de mayor o menor porte, pero sin regulación de caudales, como el Omaña, Burbia, Torío o Curueño, por citar algunos. Sin embargo, el Tuerto es un río inusual y rompe esta regla no escrita. No puede ser encuadrado en ninguno de los anteriores patrones. Su personalidad responde a una mezcla de características de las dos clases anteriores y otras exclusivas que, en conjunto, le dotan de un carácter bastante singular. Concretamente, el tramo sin muerte tiene cosas que lo hacen asemejarse a un tramo de montaña y otras más propias de aguas de llanura. Algunas de estas características juegan a favor del pescador y otras no tanto.
Siempre vadeable
Es un cauce perfectamente vadeable durante toda la temporada, incluso cuando el río viene alto. La regulación que sufre no va a impedirnos vadear por exceso de agua, más bien todo lo contrario. A principios de temporada, cuando la mayoría de los cauces no regulados bajan muy crecidos e incluso turbios y los principales ríos regulados son un mar impracticable, el Tuerto será hospitalario con nosotros. El caudal suele venir bajo, y no tendremos ninguna dificultad para vadear. Y el cauce es estrecho, unos 6 o 7 metros. Las orillas están pobladas por salgueras, plantones de chopos y alisos, que en algunas zonas puntuales meten sus ramas hacia el centro del río, cerrándolo y convirtiéndolo en un túnel angosto, si bien esta situación no es frecuente. El río en general no es amplio y requiere que seamos cuidadosos con el lance en muchas posturas, pero se puede pescar a látigo perfectamente. Es más, hay alguna tabla donde podremos soltar línea a gusto.
El sustrato es de canto rodado y con vegetación acuática. Abundan las tablas de corriente suave o lenta, dependiendo del agua que traiga el río, pero aquí nunca tendremos tiempo de aburrirnos perdidos en una gran tabla sin saber hacia dónde dirigir nuestro señuelo. Las posturas están muy marcadas y la alternancia de zonas diferentes es frecuente. Entre tabla y tabla, enseguida encontraremos curvas con corrientes más rápidas, estrechamientos, raseras, pequeños pozos y algún remanso de aguas quietas. Así pues, hay aguas para todos los gustos, lo cual siempre dulcifica la pesca haciéndola más entretenida.
Pura fario en cantidad
Las truchas del Tuerto probablemente preserven un alto porcentaje de su acervo genético original. Al no haber coto alguno se ha evitado la contaminación genética procedente de repoblaciones con otras estirpes y la población truchera en este sentido goza de buena salud. Incluso parece que una de las líneas genéticas con que los técnicos de la Junta de Castilla y León trabajan para las repoblaciones procede de esta cuenca. La densidad en el tramo es alta, aunque es cierto que la talla media no lo es tanto. Hay que recordar que estamos en un río pequeño, que suele padecer un fuerte estiaje y esto seguramente limite la presencia de grandes ejemplares, al menos hasta cierto punto. Aunque parece que el furtivismo también tiene su parte de “irresponsabilidad” en este asunto.
Estas pintonas son listas, rápidas y nerviosas como ninguna. Su talla media varía en función de la temporada: unos años aumenta y otros decrece. Generalmente, las más abundantes andan entre los 18 y los 22 centímetros, pero también las hay más grandes, de 24-26, aunque en menor proporción. En las zonas de mayor profundidad y en las posturas más abrigadas también podemos encontrar ejemplares que superan los 30.
Entre canales de vegetación
Dadas las características del tramo, la mejor opción es pescar a mosca seca. A partir del mes de mayo las ovas (esas plantas subacuáticas de tallos alargados, hojas filamentosas y flores blancas que adornan multitud de nuestros ríos) empezarán a proliferar cubriendo gran parte del cauce. Esto, unido al escaso caudal, desaconseja el empleo de la cucharilla o ninfas muy lastradas. Si el río trae agua, la pesca con ninfas ligeras o a mosca ahogada con buldó puede practicarse, no sin ciertas dificultades. Una primavera generosa en precipitaciones, nos brindará la oportunidad de emplear las cucharillas o ninfas plomadas a comienzos de temporada. El resto del año, salvo en los alrededores de las represas, no podremos.
A excepción de alguna tabla concreta, pescar con lances largos va a resultar casi imposible. Tendremos que movernos cuidadosamente para poder acercarnos a nuestras amigas sin que nos vean y realizar lances cortos, entre los 5 y los 10 metros. La abundancia de vegetación subacuática y las ramas de los árboles no nos lo van a poner fácil. Muchas veces las ovas no dejan más que un estrecho y corto pasillo donde colocar nuestra mosca y el recorrido de ésta, antes de que el enganche de la línea sobre las ovas la haga dragar, será corto. Otras veces, sólo dispondremos de un pequeño hueco entre las ramas de los árboles pegadas a la orilla, donde una trucha se ceba. Es una pesca delicada y donde las claves son la precisión y el dominio del lance a corta distancia. Pescar de punta, con la caña en alto y sin que la línea toque la superficie, impedirá el rayado de la mosca, lo que nos permitirá conseguir derivas más naturales.
Agudizar la vista al extremo nos descubrirá detalles, como una cola asomando entre las ovas, que delatarán el lugar donde presentar la mosca. Una caña de 7 pies será más manejable y agradable a la hora de lanzar entre las ramas. Cañas más largas, en torno a los 9 pies, nos permiten efectuar lances de ballesta más largos y controlar mejor la mosca pescando de punta. La numeración de la caña para disfrutar a tope de este lugar es mejor baja: una caña para línea 3 puede ser una buena opción. Cada cuál que elija según crea conveniente. Lo que no se cuestiona es que hemos de ser extremadamente sigilosos y movernos con absoluta discreción si queremos sacar el máximo rendimiento a la jornada.
Zonas muy variadas
Este lugar me parece especialmente recomendable para aquellos que se están iniciando en la pesca a mosca o que ya han dado sus primeros pasos con la cola de rata y quieren mejorar su técnica. Las características del río fuerzan al pescador a prestar atención a su forma de lanzar, a buscar el mejor ángulo para esquivar unas ramas, a hacer bucles más estrechos, a la par que a afinar en la precisión y presentación de la mosca en puntos concretos: pasillos entre las ovas, bajo ramas o palos de la orilla. Todo esto sin ser agobiante, ya que hay zonas sencillas y cómodas donde cualquiera puede hacer sus primeros pinitos. Además, en todo el tramo hay bastantes truchas dispuestas a indicarnos con sus subidas si estamos haciendo bien las cosas, y esto siempre es importante.
También vamos a encontrarnos con un amplio abanico de zonas diferentes, que abarcan una representación de todos los tipos de aguas que uno se puede encontrar en cualquier río. Desde parados a chorros fuertes, pasando por tablas de diferente velocidad en la corriente hasta alguna poza. Tal vez no haya muchos trofeos pero, cuando uno empieza, creo que es más gratificante e instructivo tener la posibilidad de capturar 10 o 15 truchas, aunque sean modestas, que no una o dos tan grandes como difíciles de conseguir. Esto no quiere decir que no haya truchas bastante buenas por el lugar, incluso algunas viejas señoras, pero sólo si somos capaces de desenvolvernos en las zonas más complicadas nos mediremos con ellas.
Necesitaremos de toda nuestra pericia tanto para llevar la comida hasta su mesa como para sacarlas de sus refugios. Así pues, para el pescador más experimentado también hay retos que vencer aquí.
He visitado este tramo varias veces en los últimos años junto con mis compañeros, tanto a principios como a finales de la temporada y la verdad es que no sabría decir cuándo es mejor época para pescarlo. Desde luego, si queremos usar la cucharilla, la ninfa o la mosca ahogada, está claro: en abril, antes de que la vegetación acuática inunde el río. Pescando en superficie los resultados siempre han sido bastante regulares, indistintamente del mes en que estuviésemos. El día será propicio siempre que el caudal no esté excesivamente bajo; ésto, aunque la lógica diga que es más probable en el mes de julio, dependerá de lo lluvioso del año y de los caprichos del pantano, no hay una regla fija. Normalmente siempre hemos cogido varias truchas, al menos 7 u 8 cada uno, y muchas de ellas pescando a trucha vista, desde muy cerca, lo cual siempre hace la pesca más excitante y entretenida. También ha habido algún día flojillo, pero el bolo siempre se ha salvado.
Todo un descubrimiento
Recuerdo especialmente la primera vez que visité el tramo, que también era la primera ocasión en que pescaba este río. Fue a primeros de junio de 2000. La inquietud por conocer nuevas zonas de pesca hizo que mi compañero y yo nos aventuráramos, mapa de carreteras en mano, en busca del lugar, del que no teníamos más referencias que los límites que figuran en el libro de normas de pesca del año. Por aquel entonces, este era uno de los pocos tramos sin muerte y eso también nos animó a conocerlo. Una vez dimos con el lugar, la primera imagen fue un riachuelo de no más de 6 metros de anchura, cubierto totalmente por la vegetación acuática. Apenas había un centímetro cuadrado donde poner una mosca; era como una fuente repleta de tallarines a las espinacas. Nos planteamos la posibilidad de irnos al cercano Órbigo, aún era pronto y estábamos a tiempo; pero decidimos dar antes una oportunidad al Tuerto. Bajamos andando hasta el límite inferior.
Tras unos primeros metros muy poco pescables metidos en un túnel de ramas, llegamos a una zona lago más abierta donde una corriente se abría paso entre las ovas y alimentaba una poceta. Allí tomó el tricóptero de mi compañero nuestra primera pintona del Tuerto, palmera y de un bonito color amarillo verdoso. Animados seguimos avanzando en busca de posturas. Había que ir despacio, escudriñando el cauce en busca de alguna abertura donde poner la mosca, o taludes en la orilla que tuvieran profundidad suficiente para albergar una trucha al abrigo de las ramas de las salgueras.
En muchos de estos lugares, nuestras moscas, tricópteros principalmente, eran interceptadas apenas tocaban el agua. Las truchas no eran grandes, andaban alrededor de los 20 centímetros, pero su pesca resultaba muy entretenida. En las zonas de mayor profundidad, donde la vegetación acuática no cubría todo el volumen de agua hasta la superficie, podíamos ver colocadas a las truchas, especialmente en las inmediaciones de las represas. En estos sitios no eran fáciles de convencer y nos llevamos algunos rechazos de libro, pero al final cambiando de mosca logramos engañar alguna de mejor tamaño. Pequeñas efémeras carne en un 20 fueron las que mejor aceptaron. Al final, lo que parecía iba a resultar un mal día de pesca se convirtió en una agradable, entretenida e instructiva jornada y un destino más a incluir en la agenda para próximas temporadas. La pesca siempre depara sorpresas.