Hemeroteca :: 01/03/2005
11/14
Pesca de Mar

El encanto de pescar lo inesperado

Última actualización 01/03/2005@00:00:00 GMT+1
Muchos son los aficionados a la pesca de altura en el Cantábrico que sólo hacen referencia a dos especies: el bonito y la bonita (atún). Si bien es verdad que tal vez éstas sean las más abundantes en la época estival, tal afirmación no es del todo cierta ya que en el mar abierto hay otros peces que no podemos olvidar. En este artículo vamos a ver cuáles pueden entrar también a las caceas dándonos una nota de color a la monocromática pesca del bonito.
Esta es una especie que está presente, por regla general, en todos los mares cálidos y, al no estar catalogado el mar Cantábrico como tal, son muchos los pescadores que se sorprenden cuando les hablas de esta especie. Y es que su presencia en aguas de Asturias se remonta a unos pocos años, aunque tal vez el número de éstas en los años recientes sea una buena carta de presentación para numerosos pescadores.

Este año la abundancia de lampugas era bastante considerable, hasta el punto de no tratarse de una especie eventual para pescar sino de una captura más a la que dedicarse, lo que resulta algo chocante dado que es eminentemente del Mediterráneo. Los libros la sitúan tan sólo en este mar, no citándola en el Cantábrico ninguno de los consultados. Sin embargo, puedo constatar con numerosas capturas que aquí también se encuentran.

A mi entender, este es otro claro síntoma del calentamiento de las aguas, que han hecho del Cantábrico -en principio frío para estas especies- un mar lo bastante templado actualmente como para que se vean cada vez más especies del Mediterráneo por estos lares. Esto da como resultado que las lampugas hayan ido en su peregrinar haciéndose un hueco en el Cantábrico en los últimos años.

Sin duda, su presencia en estas aguas nos ha hecho a todos los pescadores ponernos a estudiar sobre esta especie, la cual llama la atención nada más capturarla porque librea como la que tiene la lampuga muy pocas especies la poseen.

Consultando libros se sabe que en el Mediterráneo, que es donde lógicamente hay tradición en su pesca, se aprovechan de su atracción hacia los objetos flotantes para atraparlas; ponen bidones, garrafas y demás enseres flotando en la mar y las lampugas, viajeras incansables, aprovechan estas zonas de sombra para descansar bajo ellas, lo que los pescadores usan para capturarlas. Esto nos da una clara pista de la técnica que debemos emplear para hacernos con ellas; si oímos que algunos barcos han visto lampugas, sólo debemos buscar en el horizonte objetos que puedan albergar algún ejemplar bajo ellos, pasar las caceas de una banda cerca y cuando estén pasando delante aumentar notablemente la velocidad de la embarcación. No tengáis miedo de darle 9 o 10 nudos al barco, ya que la lampuga es muy veloz nadadora y, si quiere, cogerá las caceas. Si las de una banda no resultan, girar y pasar las de la otra y repetir la operación de acelerar. Hay veces que coger el sol de cara o de espalda es la diferencia para que ataquen o no. También es posible parar cerca del objeto y lanzar con cañas de spinning con un popper y tentarlas con rápidas carreras. Si pican es algo sobrecogedor, y si lo que hay es un bando la diversión esta garantizada.

Sin embargo, no es tan fácil como parece, pues encontrar estos objetos flotando en la inmensidad del océano no es sencillo y en ocasiones depende únicamente del azar. Además, sucede a veces que bajo ellos no hay nada.

La técnica que mejores resultados nos ha dado en el Cantábrico es la siguiente; sabiendo del carácter aventurero de las lampugas ¿dónde mejor para viajar grandes distancias que en una corriente que te impulse? Pues bien, en ocasiones en la superficie del mar se ven corrientes más o menos marcadas, que pueden identificarse con un tono de agua más claro con unas olitas en la superficie, cortas y muy características, en cuyo seno podemos ver plásticos, algas y demás objetos. Existe también otra manera de percibir una corriente, relacionada con una bajada notable en la velocidad del barco de uno o más nudos (o aumento si cogemos la corriente de popa).

Lo mejor es coger la corriente como quien coge una carretera y empezar a curricanear sobre ella con una cierta velocidad. Podemos conseguir aumentarla corriendo la corriente de popa o dándole al barco unos nudos
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